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Reseña: 'We the Animals' (Nosotros los animales)

La risa y el amor se mezclan con el sufrimiento.

In English | Urgencia: Es lo que impulsa al lector a través de esta delgada novela debut, de 125 páginas, de Justin Torres, lo que resulta reconfortante dada su ausencia en mucha de la ficción contemporánea.

Foto: Marisa Zanganeh

We the Animals comienza con la voz de un narrador cuya identidad desconocemos: el varón más joven de una familia de cinco miembros que vive al norte del estado de Nueva York: su madre, su padre y sus dos hermanos mayores. Son tiempos difíciles y los niños están hambrientos… de comida, risas y amor. La madre trabaja el turno de madrugada en una cervecería, y muchas veces confunde el día con la noche, por lo que ordena a los niños que se cepillen los dientes o se pongan sus pijamas en medio de la tarde, amenazándolos cuando la contradicen. En sus mejores momentos, su padre puertorriqueño cocina mientras baila con los niños al ritmo de Tito Puente, pero en sus peores, golpea a la madre y abandona a la familia por días.

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Como  una manada, estos niños permanecen unidos para sobrevivir a las privaciones que sufre la familia, mientras causan sus propias clases de estragos. Como si quisiera subrayar la indisciplinada solidaridad de los hermanos, el narrador los describe como “una bestia de tres torsos” y, muchas veces, relata desde el punto de vista plural del título: “nosotros”. Sin embargo, a medida que la novela avanza y el narrador revela su verdadera naturaleza, el “nosotros” de tres torsos se convierte en un amputado “yo”, y el lector comprende que la vida para esta familia nunca volverá a ser igual. Intercalados entre tanto dolor hay, sin embargo, momentos de gran ternura ganada con dificultad, mientras la familia lucha por amarse con cortes y heridas tanto literales como simbólicos para probarlo.

Con capítulos tipo viñetas e inquietudes propias de la transición a la madurez, las comparaciones con The House On Mango Street de Sandra Cisneros son inevitables. Como aquel clásico moderno, estos 19 capítulos son más que la suma de sus partes. No hay interpretaciones sencillas ni conclusiones claras. De tono intimista, We the Animals resuena con la verdad. En esta entrevista con AARP VIVA, Torres, de 31 años —egresado del Iowa Writers’ Workshop y actualmente beneficiario de la beca Wallace Stegner para escritores de la Stanford University— reconoce la naturaleza semiautobiográfica del libro, en tanto marca distinciones importantes entre la ficción y la realidad. Que Torres haya sido capaz de explotar el difícil terreno de su niñez y producir esta joya tan bien tallada que es su novela debut es una razón más para que los lectores tomen nota de este nuevo escritor y su libro.

Preguntas y respuestas con Justin Torres

P. ¿Cómo describirías We the Animals?

R. En un cierto punto, me di cuenta de que estaba escribiendo una historia acerca del cambio de la adolescencia a la madurez, debido a que había acumulado muchos de estos momentos episódicos. Pero no me interesaba escribir la típica historia del desarrollo hacia la madurez, en la que la interpretación que hace un personaje sobre él mismo, y de su lugar en el mundo evoluciona con el tiempo, y emerge, finalmente, completamente formado. Mi experiencia con mi familia, y como niño, es que uno pierde su identidad dentro de la familia. Esta novela trata de los hermanos y de los momentos que te obligan a una toma de conciencia. En cuanto a la trama, no me interesaba presentar los hechos organizados en un eje temporal, a la manera de la narrativa tradicional; en cambio, sí hay muchas pequeñas tramas. La novela tiene una estructura fragmentaria y analiza una serie de momentos concentrados.

P. Entre los elementos que caracterizan la llegada de la madurez, se encuentra el del narrador anónimo en lucha con su sexualidad. ¿Refleja la experiencia del narrador su propia experiencia como hijo en una familia de varones?

R. Definitivamente. Según mi propia experiencia, la sexualidad no era algo de lo que se hablara en nuestra casa, y, ciertamente, al criarme en un hogar con varones, eso era una muralla. No declaré mi sexualidad; hicieron que la declarara. Con el tiempo, mi familia aceptó el hecho de que fuera homosexual, y esto ya no es un problema. Pero el mundo ha cambiado mucho desde que declaré mi homosexualidad.

P. ¿Cómo ha respondido tu familia a tu obra?

R. Mi madre leyó el libro y le encantó. Lloró mucho mientras lo leía. Le tomó un tiempo aceptar que es ficción y no autobiografía. Solía decir: “Eso nunca sucedió”, y yo le respondía: “Por supuesto que no, es ficción”. Hace poco me dijo algo realmente tierno. Dijo que leer el libro le hizo recordar la importancia de apreciar el presente, el “aquí y ahora”. Hubo épocas de su vida en las que estaba tan ocupada intentando llevar comida a la mesa, algo que siempre le costó tanto, que no se había dado cuenta de que había habido momentos de risa como los del libro. Uno de mis hermanos lo leyó, pero no hablamos sobre el tema. Mi otro hermano no creo que lo haya leído; no solemos hablar. No creo que mi padre lo haya leído, y realmente no sé qué pudiera parecerle el libro.

P. ¿Ha cambiado tu concepto de familia con el pasar de los años?

R. Sí. Ahora que soy un adulto, sin dudas tengo una nueva familia formada por mis amigos, y esto es algo que tomo con mucha seriedad. Como homosexual, te ves forzado a repensar el concepto de familia. Estos amigos, convertidos en familia, han tenido experiencias similares, y nos entendemos y nos apoyamos mutuamente. Me acabo de comprometer con mi pareja, y estamos pensando en tener hijos, lo que dará origen a una nueva familia.

P. ¿Te ves como un escritor latino, como parte de un grupo?

R. Absolutamente. Estoy orgulloso de identificarme con la comunidad latina, especialmente con la comunidad de escritores latinos. En un sentido más amplio, estoy interesado en la literatura que está haciendo la gente de color y aportando a esa rica tradición. Me veo a mí mismo en esa trayectoria. Sin embargo, al mismo tiempo, es un asunto delicado. Hubo épocas en que me sentí marginado de la comunidad latina a nivel personal, pero nunca como escritor. Me veo totalmente como un escritor latino. Esas inquietudes están en mis escritos y no quisiera que fuera de otra manera.

P. ¿Has sido influenciado por otros escritores latinos?

R. Por Junot Díaz, obviamente; pero, en general, ¿quién no ha sido influenciado por él? Me comparan mucho con Sandra Cisneros. Estructuralmente, este libro es parecido a The House on Mango Street, pero probablemente ha pasado una década entre que leí su libro y escribí mi novela. Rigoberto González es un escritor al que admiro mucho. Jaime Manrique, Manuel Muñoz, y la lista continúa.

P. En la novela, usted cubre mucho terreno emocionalmente difícil. ¿Espera que su libro brinde consuelo a los lectores o que los haga sentir un poco menos solos?

R. Hubo momentos de mi vida en los que los libros literalmente me salvaron. Cuando fui internado en un hospital psiquiátrico durante la secundaria, sentía que los libros eran el único camino de salida, mi única manera de escapar. De niño me apasionaba la lectura, principalmente porque eso me permitía concentrarme y mantenerme apartado de lo que pasaba a mi alrededor. Como escritor, si no escribes para conectarte profundamente con los lectores, entonces no estoy muy seguro de por qué escribes. No juzgo a otros escritores, pero, para mí, el escribir tiene que tener un significado más allá de un libro bien logrado. La novela no va a conmover a todo el mundo, eso es seguro, pero para mí será suficiente si conmueve a un solo lector. Claro que quise brindar consuelo a los lectores, y hacer algo bello es muy bueno para el escritor, y espero que también sea catártico para el lector.

P. ¿En qué está trabajando actualmente?

R. Estoy trabajando en mi próximo libro. Estoy en las primeras etapas y va lento. Desde la publicación de mi libro, he escrito un par de historias; una fue publicada en The New Yorker y otra va a salir en Harper’s. Estas historias han sido importantes para mí porque no estoy escribiendo directamente sobre la niñez y porque uno escribe un libro y es bien recibido, pero uno se pregunta si los lectores seguirán interesados.

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