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Llanto de Luna: Recordando a Tito Rodrí­guez

Vivió solamente 50 años, y sin embargo nos dejó una discografí­a de proporciones casi mitológicas. Junto a Machito y Tito Puente, fue uno de los tres pioneros que hicieron estragos en los clubes de Nueva York – especialmente el mí­tico Palladium – forjando los cimientos de la música que después conocerí­a la fama bajo el nombre de “salsa“.

El puertorriqueño Tito Rodrí­guez fue un protagonista esencial de la música tropical, especialmente por su estilo suave y acaramelado para entonar melodí­as. Cultivó lo que yo llamo “el sonido tierno de los años 50”, con mágicos temas de tres minutos como este que escuchamos aquí­. “Mi mulata sí­ es candela, cuando quiere bailar cha cha chá”.

Tito nació en Santurce, Puerto Rico, en 1923 y falleció en 1973, fulminado por una leucemia. Grabó docenas de discos, a veces editando varios LPs en un solo año. Trabajó con varias compañí­as y eventualmente estableció su propia disquera, TR Records, en 1969.

Pese a ser dueño de una de las voces más aclamadas del género latino, grabó muchos discos instrumentales, en los que se limitaba a tocar percusión. Éste mambo con tintes exóticos es uno de mis favoritos, acercándolo en estilo al otro gran Tito de la época, el timbalero Puente.

Su obra es muy variada, aunque la mayorí­a de melómanos recuerda a Tito Rodrí­guez como un impecable bolerista. Inolvidable fue su canción emblemática, pero el cancionero de Tito incluye muchos otros boleros, todos exquisitos, con aterciopeladas orquestaciones para cuerdas y orquesta tropical. Llanto de luna es uno de los más cautivantes, un tema que no ha envejecido con el pasar de las décadas.

Durante los últimos años de su vida, Tito regresó a Puerto Rico, donde lanzó su propio programa de televisión. Afortunadamente, los archivos de este show fueron adquiridos por el salsero Gilberto Santa Rosa – gran admirador de Rodrí­guez – cuya intención es preservarlos para la posteridad.

Además de subrayar la calidad de Tito como vocalista y percusionista, el programa demuestra que era un animador carismático, para nada pretencioso y dotado de un jovial sentido del humor. Nos despedimos de Tito con un segmento donde aparece haciendo de las suyas con su grupo y varios invitados. Inolvidable.

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