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Gloria y Emilio: Ritmo y romance

La pareja habla de su música, sus proyectos y el poder del amor.

Gloria Estefan con su esposo Emilio Estefan en su casa de Miami, Florida en 2013

Foto: Art Strieber

El amor por la familia y del uno por el otro (durante 35 años) es el pilar del éxito de Emilio y Gloria Estefan.

In English |  En uno de esos días gloriosos de Miami que empequeñece a las tarjetas postales, Gloria y Emilio Estefan, la más prominente y poderosa pareja de la ciudad, se encuentran parados en el salón de entretenimiento estilo marroquí de su mansión de Star Island, posando para un fotógrafo. De fondo se escucha música del nuevo CD de Gloria titulado The Standards, una interpretación romántica y multilingüe del cancionero estadounidense. La pareja comienza a moverse, bailando en su sitio. De buenas a primeras, Emilio mueve su mano, que hasta ahora estaba puesta en la diminuta cintura de su esposa, y la coloca un poco más abajo en su ajustado vestido.

"¡Se está aprovechando!" exclama Gloria, fingiendo protestar en tono seductor, reconocible al instante, como la voz que define el mundo de la música en Miami.

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A mediados de la década de 1980, Gloria y Emilio, que en la actualidad tienen 56 y 60 años respectivamente, se impulsaron sobre la escena nacional con su banda de música fusión latina, Miami Sound Machine, en la que Gloria era vocalista principal y Emilio teclista. Cultivaron un apasionado ritmo cubano bailable con el que alcanzaron grandes éxitos, con sus canciones originales Conga y Rhythm Is Gonna Get You. Su fusión de música pop, disco y salsa vendió 100 millones de álbumes y le concedió a Gloria siete premios Grammy. También pavimentó el camino para la explosión de la música fusión latina durante la próxima década, principalmente a través de los artistas que Emilio (que tiene sus propios 19 premios Grammy) puso en primer plano, incluyendo a Ricky Martin, Jennifer López, Marc Anthony y Shakira.

Todo esto convirtió a los Estefan —ambos inmigrantes cubanos que llegaron al sur de Florida con prácticamente nada— en ultra ricos, más allá de la imaginación. Hoy su patrimonio neto se estima en un valor de alrededor de los $700 millones, no solo por sus negocios en el mundo del entretenimiento, sino también a través de promociones comerciales y sus audaces inversiones inmobiliarias.

Gloria Estefan con su esposo Emilio Estefan en su casa de Miami, Florida en 2013

Foto: Art Streiber

"La edad te da algo que no puedes comprar", dice Emilio.

De hecho, su historia de reinvención personal y profesional es tan extraordinaria, que este año los Estefan firmaron un contrato para que se escriba una obra musical de Broadway sobre sus vidas. "¡Estoy tan emocionada!" dice Gloria, entusiasmada, sentada en su estudio de escritura ("mi guarida"), donde las paredes están cubiertas por fotografías. "Hay tantos argumentos. Es una historia universal, es una historia de inmigrantes y es una historia de amor. En Estados Unidos, si tú crees en ti mismo, estás decidido y perseveras, tú vas a tener éxito".

Sin lugar a dudas, la mansión privada de los Estefan no es solo un testamento a la opulencia. Es una casa de amor —del uno para el otro, para su familia y para el país que, según la pareja, les permitió ser todo lo que son—. Gloria insistió en esperar hasta tener el dinero necesario en efectivo antes de comprar la propiedad: "Tenemos esa mentalidad de inmigrantes. No creemos en tener hipotecas".

"Mi éxito no es cuestión de dinero", explica Emilio, un hombre sociable con una sonrisa abierta. "Pero los bienes raíces... como inmigrante, siempre se desea tener algo como respaldo. Algo te puede suceder, y no deseas que tus hijos tengan que pasar por lo que tú pasaste".

Emilio Estefan tenía 14 años cuando se fue de la Cuba de Fidel Castro. Con su padre voló a España, el país natal de su madre, para obtener una visa. Un año más tarde, en 1968, se mudó para Miami, donde él, su padre y 15 primos compartían un estrecho apartamento. Hábil en tocar varios instrumentos musicales, Emilio pronto se dio cuenta de que su talento podría ayudar a su familia. "Vi a un señor que tocaba el acordeón por las noches en un restaurante local", recuerda. "Entré y les pregunté, '¿Les importa si vengo durante la hora de almuerzo? Toco el acordeón, y solo pido que me den comida para mí y mi papá'".  El trabajo le alimentó el cuerpo y el alma. "La música me protegió del dolor. Necesité nueve años para ganar lo suficiente para traer a mi mamá y mi hermano mayor de Cuba a Miami. Esos fueron nueve años separados de mi familia".

Castro tomó el poder en 1959, cuando Glorita, como llamaban a Gloria, tenía 18 meses. Hasta ese momento, sus padres —Gloria, una maestra, y José Manuel Fajardo, un policía que desfiló con los vehículos de la caravana de la esposa del entonces presidente cubano Fulgencio Batista— disfrutaban una vida idílica en La Habana. Fajardo, afirma su familia, era un idealista político: incorruptible y fiel a Batista. Así que, a la primera oportunidad tras la revolución, huyó al exilio en Miami con su esposa y Glorita. Se unió secretamente al esfuerzo respaldado por Estados Unidos para derrocar a Castro, la polémica invasión de la Bahía de Cochinos en Cuba. Gloria Fajardo aprendió a preparar la cena con Spam, se paraba en colas para recibir queso del Gobierno y esperaba noticias.

Cuando las fuerzas armadas cubanas vencieron a los invasores en 1961, José pasó casi dos años encarcelado antes de ser puesto en libertad como parte de un intercambio entre Estados Unidos y Cuba. Su dura experiencia afectó de tal modo a su hija que décadas después la inspiró en su propio activismo político. En 1992 Gloria formó parte de la comisión de las Naciones Unidas que publicó el primer informe sobre los derechos humanos en Cuba. Y en el 2010, dirigió una marcha desde Miami en apoyo de un movimiento de oposición al gobierno cubano. "Como inmigrante aprecio, mucho más que el estadounidense promedio, las libertades que tenemos en este país", dice ella mientras acompaña a un invitado a la cocina para brindarle un refrigerio. "El silencio es el gran enemigo de la moralidad. No deseo que se repitan en la historia nuestros errores".

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Día de la boda Gloria y Emilio. Se casaron el 1 de septiembre de 1978 en Miami. Emilio tenía 25 años y Gloria tenía 20 años.

Foto cortesía de Emilio y Gloria Estefan

Gloria tenía 20 y Emilio 25, cuando se casaron en Miami el 1 de septiembre de 1978.

Desde 1963, Gloria se ha impulsado a deshacer agravios; en esa época su padre ya se había hecho ciudadano y oficial militar estadounidense estacionado en la Base de la Fuerza Aérea Lackland en San Antonio. Gloria estaba en primer grado allí, tratando de adaptarse y encajar a pesar de no hablar bien el inglés. Después de que un compañero de clase la llamara estúpida, no perdió tiempo en dominar su segundo idioma, ejemplo de la determinación que la caracterizaría. "Seis meses después", dice ella, radiante, "le robé el premio de lectura".

Cuando desplegaron a su padre a Vietnam, Gloria y su mamá regresaron a Miami, donde la joven Gloria comenzó a destacarse como cantante. Le enviaba grabaciones a su padre, y José respondía con la promesa: "Serás una estrella".

Pero en poco tiempo diagnosticarían a su padre con esclerosis múltiple. (Hasta el día de hoy, la familia piensa que el Agente Naranja, el defoliante al cual fueron expuestas las tropas estadounidenses, provocó sus enfermedades). Gloria, apenas una adolescente, se encontró encargada de cuidarlo mientras su madre trabajaba y estudiaba para obtener sus credenciales de maestra. "Quería ser fuerte para mi mamá, pero fue muy difícil para mí", dice Gloria. "Si alguna vez tuve momentos sombríos en mi vida... bueno, quería morirme. La música fue un gran escape".

Aun así, Gloria sacó notas tan sobresalientes en la escuela secundaria y luego en la University of Miami que la aceptaron para estudiar derecho internacional en la Sorbona en Francia.

Pero había conocido a un joven.

Gloria conoció a Emilio Estefan en la primavera del año en que se graduó de la secundaria, en una sesión de improvisación musical en casa de amistades. Quedó impresionada: Emilio formaba parte de una banda llamada Miami Latin Boys y trabajaba como mercadólogo en Bacardi. Ese verano, se volvió a tropezar con él en la recepción de una boda, donde interpretaba con su banda. "Me detuve sonriendo, pensando 'Caramba, ¡este muchacho tiene algo muy carismático!'".  Durante un descanso, Emilio la invitó a cantar con él en el escenario, y antes de que terminara la noche, le pidió que se uniera a la banda. Poco tiempo después, a Gloria, que nunca había tenido novio, la cortejaban en serio, a pesar de la oposición de su madre, que no deseaba en absoluto que su hija abandonara sus planes académicos. "Dios mío, Emilio —es un soñador que hace de sus sueños realidad—", dice Gloria hoy día acerca de su único amor.

Se casaron en 1978. "Siempre sentí", dice Gloria, "que nuestro destino era estar juntos".

Tras la ceremonia, ella y Emilio pasaron por el hospital para visitar a José Fajardo, que no había reconocido a su hija en años. La joven pareja vestida de novios despertó viejos recuerdos. "Glorita", dijo, mirándola.

La enfermedad de Fajardo cobró su vida en 1980, el mismo año que Nayib, el hijo de los Estefan, nació.

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La revelación de su calle en 1985.The placa de la calle se encuentra en Miami (89 SW 10 Terraza)

Foto cortesía de Emilio y Gloria Estefan

Los Estefan en 1985, inaugurando el cartel creado en su honor.

La Miami Latin Boys, ahora conocida como Miami Sound Machine, tenía muchos seguidores fanáticos hispanos leales y con Gloria como vocalista grabaron su primer álbum con canciones en español en 1980. Pero cuando su compañía discográfica se rehusó a promocionarlos más ampliamente, Emilio por su cuenta presentó su canción bailable Dr. Beat en 1984 a las emisoras de radio dominantes. Pronto la canción se oía por toda Inglaterra y Holanda. "Fuimos a Europa y ¡teníamos a miles de personas bailando!" dice Emilio, parado en su patio en Biscayne Bay. "La reacción fue tan increíble".

En el avión de regreso de Holanda, el percusionista de Miami Sound Machine, Kiki García, escribió Conga y dos semanas tras haberse puesto en venta, la canción se encontraba en la lista de los 10 sencillos más populares y vendidos en Estados Unidos. Miami Sound Machine estaba en camino al éxito.

Para finales de los años 80, los álbumes de la banda alcanzaban ventas multiplatino, bajo el nombre Gloria Estefan and Miami Sound Machine y luego, solo Gloria Estefan. Emilio, como su mánager, estratégicamente guió a Gloria hacia una carrera como superestrella solista. Al mismo tiempo, lanzó su sello discográfico Crescent Moon para grabar la próxima oleada de artistas latinos. "Los Estefan crearon la oportunidad para que la música pop con ritmos latinos alcanzara formar parte del paisaje musical estadounidense permanentemente", dice John Lannert, exjefe de la oficina de Billboard para Latinoamérica.

Pero en 1990, cuando los Estefan estaban en su cúspide comercial, ocurrió una tragedia. La familia de tres, durante una gira de promoción, se encontraba viajando de noche por autobús en medio de una tormenta de nieve cerca de Scranton, Pensilvania, cuando un camión que excedía el límite de velocidad chocó con ellos. El golpe lanzó a Gloria, que en ese entonces tenía 32 años, hacia el otro lado del autobús. Al oír el aterrorizador sonido de la caída, Emilio, que salió ileso, corrió a su lado mientras ella gritaba, "¡Se me ha quebrado la espalda!"

Años después, al recordar la escena, Emilio todavía se emociona. "Todo estaba tan oscuro", comienza. "'¡No, no!' dije. Entonces, '¿Dónde está mi hijo? ¡Nayib! ¡Nayib!'".   Momentos después, el chico de nueve años —que se quebró la clavícula durante el accidente— echó un grito. Emilio lo recogió y lo acurrucó al lado de su madre. "Hasta con el dolor que estaba sufriendo, ella lo consoló", dice él. "'Todo saldrá bien, mi niño. Es solo un accidente'. Es una mujer muy fuerte".

En el hospital a Gloria la conectaron a equipos de soporte vital. Los médicos informaron a Emilio que por un milímetro había evitado cortarse la médula espinal y que, si vivía, no podría más bailar o ponerse zapatos con tacones. Más tarde, en un hospital en Nueva York, a donde la trasladaron, un equipo más optimista de cirujanos insertaron dos varas de acero de 8 pulgadas para soportar su columna vertebral, y Gloria declaró, "Voy a luchar con todo lo que pueda para volver a mi vida".

Hoy día, con calzado de tacón de 4 pulgadas, bromea, "¿Cómo se puede levantar a Gloria Estefan?" Hace una pausa humorística y responde: "Con un imán".

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Gloria Estefan con su madre y su hija en su casa en Miami, Florida, 2013

Foto: Art Streiber

Gloria Estefan disfruta de su hogar con su madre, Gloria, su hija, Emily, y su bulldog, Isaac.

Pero por las primeras semanas tras el accidente, Gloria no podía valerse por sí misma y necesitaba alguien que la cambiara de posición, la vistiera y bañara. Recibió buenos deseos de sus seguidores desde todo el mundo. "Aprendí de primera mano cuál es el poder de las oraciones", dice Gloria. "El público nunca sabrá cuánto me ayudaron sus buenos pensamientos".

Un año más tarde, volvió al escenario.

En la época del accidente, los Estefan habían estado planeando tener otro hijo, pero debido a las lesiones internas que sufrió, Gloria comenzó a tener problemas para concebir. Por fin, tras someterse a tratamientos de fertilidad y cirugías, quedó embarazada, y Emily nació a finales de 1994. Hoy, su madre dice, "Esta niñita me asombra".

En la actualidad Emily, de 18 años, es percusionista de una banda llamada Groove Dogz. (Gloria se encarga del transporte y montaje de su equipo). Comenzará sus estudios en Berklee College of Music en Boston este otoño, y su madre afirma que es la mejor músico de la familia.

Nayib, que ahora tiene 32 años, escribe canciones y fabrica cajas para instrumentos musicales electrónicos. Al igual que a su padre, que produjo un documental sobre la historia de la música cubana, le interesa la cinematografía y espera algún día filmar su propia película.

Ambos hijos están orgullosos de la manera en que sus padres usan su fama como medio para ayudar a otras personas. Por ejemplo, en 1997 la pareja fundó la Gloria Estefan Foundation para ayudar a las víctimas de lesiones de la médula espinal y respaldar a niños económicamente necesitados. "Mis padres desean difundir el bien por el mundo", dice Emily, "para diseminar mensajes de amor y esperanza".

A medida que se pone el sol de Miami, Gloria y Emilio reúnen a la familia en su hogar. Gloria, abuela orgullosa, hace gorgoritos —"¡Oh, Sasha!"— mientras quita a su nieto de 10 meses de los brazos de Nayib, que vive al cruzar la calle con su esposa, Lara Coppola (de la familia Coppola del cine).

Con el bebé de cabello castaño presente, sus abuelos pausan para reflexionar sobre su extraordinaria odisea. "La edad brinda algo que no se puede comprar", dice Emilio. "Brinda sabiduría, equilibrio y paz".

 

Gloria se encuentra sintiéndose liberada en formas que no esperaba. "Esta es la época de mi vida cuando me encuentro haciendo lo que quiero, cuando quiero", dice ella. "Es hora de pensar en mí". 

Mucho de lo que Gloria desea hacer está relacionado con su liderazgo cívico en Miami, donde a ella y Emilio son considerados no solo ciudadanos accesibles sino buenos vecinos. Cuando hace 10 años la industria musical sufrió un descenso y la pareja encontró difícil mantener a sus 3,000 empleados, les encontraron trabajo en sus hoteles en South Beach y Vero Beach y en sus restaurantes en Miami, Hollywood y Orlando. En la actualidad Gloria está haciendo campaña para restaurar el Miami Marine Stadium, una maravilla de la ingeniería que ha estado cerrado desde 1992. Su arquitecto, Hilario Candela, es cubano. "Nuestra cultura, la cultura de nuestros padres y abuelos, desaparecerá de la faz de la Tierra si no lo salvamos", dice Gloria, inclinándose para acariciar uno de los siete perros de la familia. Vuelve a hablar, su voz llena de melancolía: "Hay algo que me atrae a Cuba y su situación, aunque tengo más de 50 años aquí. El amor que siento por mi patria, que ya no es la misma, influye cada aspecto de quien soy".

Emilio también siente que debe llamar la atención a su cultura natal. Forma parte de una comisión que está explorando la creación de un museo nacional latino en Washington, D. C. y está produciendo su primera película de largometraje, una comedia sobre la aceptación y comprensión de culturas y la diversidad. Además, escribió The Rhythm of Success—How an Immigrant Produced His Own American Dream (Ritmo al éxito: cómo un inmigrante produjo su propio sueño americano), y colaboró en el libro The Exile Experience: Journey to Freedom (El exilio cubano: un viaje a la libertad). Como embajador remunerado de AARP, Emilio ha surgido como la persona a quien consultar por las empresas que desean alcanzar al mercado hispano. "Estoy haciendo las cosas más importantes de mi vida ahora", dice él.

Pero al final, lo que importa son esas cosas pequeñas de la vida. En el salón de entretenimiento de la pareja, la interpretación de Gloria de “What a Difference a Day Makes” se escucha por el estéreo. Es la primera canción que cantó con la banda de Emilio, cuando nadie hubiera podido adivinar lo que les esperaba a estos amantes latinos exilados. "Qué diferencia hace 30 años", le dice Gloria a su esposo.

Ella y Emilio se abrazan y terminan su baile.

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