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La voz de Darth Vader en Broadway

James Earl Jones le da vida a un nuevo personaje en la obra <i>Driving Miss Daisy (Paseando a Miss Daisy)</i>.

In English | James Earl Jones se encuentra tras bastidores en el Golden Theater de Times Square, terminando una merienda de melón antes del espectáculo. Faltan tan sólo dos horas antes de que salga al escenario con Vanessa Redgrave en la obra de Broadway, Driving Miss Daisy, y habla sobre algunos de los retos de su vida, o, como él los llama, posibilidades.

Entre ellos, el hecho de que, siendo niño luchó contra una tartamudez debilitante. Por eso, no es una sorpresa que al hombre con una de las voces más reconocibles de la galaxia, le haya traído recuerdos la película ganadora del Oscar este año, The King’s Speech (El discurso del rey).

“La diferencia entre el príncipe de Inglaterra y yo es que él tenía tartamudez de bloqueo mientras que la mía era de repeticiones. Yo repito”, dice Jones. “Un tartamudo de bloqueo simplemente se traba en las palabras. Por eso se impacientan. Les cuesta sacar el sonido. Los tartamudos como yo repiten persistentemente el sonido”.

Jones se sentía tan aflijido e inseguro durante su adolescencia que prácticamente dejó de hablar durante años. Recuerda las burlas de sus compañeros de escuela. “Estaba en la escuela dominical un día. No hay muchos chistes en la Biblia, pero oía a los chicos reírse a carcajadas”.

Sus abuelos le permitieron dejar de asistir a la iglesia, y Jones dice que “se dio por vencido” hasta que una maestra de la secundaria utilizó la magia de las palabras para estimularlo a que volviera a hablar.

“Escribía poesías”, dice, “y mi maestra descubrió que yo las podía recitar. Ella me dijo ‘si te gustan esas palabras, debieras poder pararte frente a la clase y recitarlas. Son tus palabras. Díselas a la clase. Si no, sospecharé que no las escribiste tú’ ”.

En la actualidad, Jones es parco cuando le sugieren que su voz es especial. “No sé qué de especial tiene mi voz”, dice. Pero, independientemente de lo que piense de ella, su voz le consiguió el papel que lo convirtió en un ícono.

Aunque fue al actor británico David Prowse, quien mide 6 pies y 7 pulgadas, a quien le dieron el papel del villano Darth Vader en la trilogía de George Lucas, Star Wars (La guerra de las galaxias), Lucas necesitaba una presencia más autoritaria para la voz del personaje.

“Cuando George montó la película, se dio cuenta de que David tenía voz de tenor; consideró utilizar a Orson Welles, pero pensó que Orson sería demasiado reconocible. Así que me escogió a mí pensando que la audiencia no me reconocería”.

“Cada acción que tomas en tu vida, es un viaje”, dice Jones, quien objeta el uso de la palabra “reto”. “A veces, hay una cuesta en ese viaje, y tú subes esa cuesta. Esa cuesta, puede que la llames ‘reto’. En la vida, he evitado las etapas del pánico que experimentas cuando piensas, ‘vaya, esto será un reto’, al ver las cosas como posibilidades y no como retos”.

<p>“La amargura no te permite progresar. Crea un pequeño cáncer dentro de ti”</p>

La perspectiva de Jones es interesante cuando se considera cómo fue criado por una abuela parte afroestadounidense y parte nativo estadounidense, que era “la persona más racista que jamás he conocido”.

“La vida no había sido fácil para ella, y odiaba a todo el mundo”, dice Jones. “A los blancos primero, entonces a los nativos estadounidenses por haber tenido esclavos negros, y luego a los negros por dejar que todo esto ocurriera. Nadie se libraba de su furia. Nos preparó para ser racistas, y tuvimos que aprender a ser diferentes. Tuvimos que aprender a pensar por cuenta propia, que es lo mejor que ella hubiera podido hacer por mí”.

Jones —quien continuará con Driving Miss Daisy hasta el 9 de abril, y a quien acaban de anunciar como la estrella de la obra de Broadway a estrenarse próximamente, The Best Man, de Gore Vidal, en la que representará a un expresidente ficticio— ha hecho un enorme progreso como actor y como persona, con su filosofía de que es contraproducente ver las vicisitudes de la vida a través de un lente de rencor. El actor, quien no da indicios de desacelerar su activo ritmo de trabajo a los 80, ha encontrado la receta perfecta para exprimir hasta la última gota de felicidad de la vida.

“La amargura no te permite progresar. Crea un pequeño cáncer dentro de ti”, dice. “Eso incluye todos los sentimientos negativos, incluso la ansiedad ante los retos”.

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