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Una escapada de cuatro días en Ámsterdam

El itinerario ideal para un viaje rápido esta ecléctica e inolvidable ciudad holandesa.

In English | Ámsterdam tiene tantas facetas, “puede hacer que la cabeza te dé vueltas”, dice Pauline Frommer, directora editorial de las guías turísticas Frommer. “Todo está revuelto en una mezcla vívida y hasta quienes visitan por poco tiempo se van sintiendo como que han tenido una experiencia real aquí”.

The Heineken Experience, ubicada en Amsterdam, es una cervecería histórica y centro de visitantes corporativos.

Rik Hamilton / Alamy Stock Photo

Los visitantes aficionados a la cerveza querrán recorrer la cervecería original de Heineken, que incluya una probadita o dos.

Día 1

Deja el equipaje en el hotel. Encuentra un lugar tranquilo como el Hotel Seven Bridges, un encantador hotel en una casa de 300 años situada al lado del canal que a menudo tiene habitaciones dobles a menos de $200; un precio no exorbitante para el lujo que ofrece. Después explora las vías fluviales que circulan Ámsterdam sobre una embarcación que regularmente sale de muelles cerca de la estación del tren. Posteriormente puedes elegir entre levantar una botella verde en la Heineken Experience, con un recorrido de la cervecería dedicada a una de las cervezas más famosas del mundo, o imaginar que alzas un pincel en el Museo Casa de Rembrandt, donde se siente como que el maestro se acaba de ir. Para la cena, prueba comida indonesia, una cocina popular que refleja las conexiones comerciales históricas del país con el hemisferio occidental en el Restaurant Blauw.

Una mano sostiene una comida tradicional holandesa con pepinillos y cebollas.

Andrei Bortnikau/Alamy Stock Photo

Para un deleite holandés clásico, prueba un arenque crudo con pepinillos y cubierto con cebolla.

Día 2

Si has planeado bien, habrás reservado una visita a la Casa de Anne Frank desde hace meses, porque las filas pueden ser largas. (O verifica en línea cada noche, cuando se distribuyen boletos adicionales). Para todos los que leyeron el diario de Anne relatando la experiencia de su familia escondiéndose de los nazis, una visita es un escalofriante peregrinaje. Después, aprende más sobre la que alguna vez fuera una vibrante comunidad judía de Ámsterdam en el Museo histórico judío de la ciudad y la sinagoga portuguesa del siglo XVII iluminada por velas. O explora el Museo de la resistencia para descubrir cómo el país luchó contra la ocupación nazi. Para cenar, prueba la cocina holandesa clásica en el restaurante casero Moeders (Madres).

Museo de Van Gogh en Amsterdam.

Art Kowalsky/Alamy Stock Photo

Compra tu boleto con anticipación para el Museo Van Gogh, una de las atracciones más populares en los Países Bajos.

Día 3

Como una de las ciudades más ricas del mundo, Ámsterdam del siglo XVII apoyó a una comunidad de artistas. El recién renovado Rijksmuseum, uno de los mejores museos del mundo, exhibe obras de los grandes maestros. Aunque es grande, es fácil navegarlo con guías gratuitas en el teléfono inteligente. Luego rinde homenaje a otro artista local en el Museo Van Gogh. Si el clima es agradable, puedes dividir las visitas alquilando una bicicleta para explorar la ciudad y su esparcido espacio verde en Vondelpark. Esta noche, considera recorrer el distrito del barrio rojo. Lo que una vez fuera una zona peligrosa de la ciudad, ahora es una atracción turística con excursiones a pie, restaurantes llenos y grupos festejando. Aquí y en cualquier lugar de la ciudad también verás “cafeterías” que venden marihuana, hachís y otras drogas. Las actitudes liberales del país escandinavo son aceptables para algunos y desagradables para otros, pero son parte de la personalidad de la ciudad.

Mercado del ayuntamiento en Amsterdam.

imageBROKER / Alamy Stock Photo

Toma un viaje corto a la ciudad de Delft, conocida por su alfarería y por ser el lugar de nacimiento de Johannes Vermeer.

Día 4

En el último día, si tienes tiempo, sal de la ciudad. Si empiezas temprano, una visita a la subasta de flores Royal FloraHolland es impresionante. Los conductores de tranvía zumban alrededor de uno de los edificios más grandes del mundo, entregando tulipanes, girasoles y otras ostentosas plantas recién vendidas a los mayoristas. O toma un tren hacia la ciudad de Delft, una pequeña Ámsterdam que parece que fue pintada por su hijo nativo Vermeer. Es fácil recorrerla a pie o en bicicleta. Pero se recomienda dejar las manos libres para transportar como recuerdo una alfarería de Delft, que todavía se hace ahí.

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