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Dakota del Norte ofrece empleos bien remunerados a trabajadores mayores

Sector petrolero impulsa salarios y desarrollo.

Kent Stafford trabaja el turno de la noche en una plataforma petrolera en Dakota del Norte, donde ha crecido la oferta de empleo.

LUCEO

Kent Stafford trabaja en el turno nocturno, en una plataforma de fracturación hidráulica de Ensign, en las afueras de Williston, Dakota del Norte.

In English | Mientras el sol se ponía en las planicies del noroeste de Dakota del Norte, Charles McKinney, de 55 años, se despertaba en el dormitorio atestado de literas de un pequeño remolque de metal estacionado en un campo de heno. McKinney y otros cinco hombres empezaron a prepararse para su turno nocturno de doce horas en una torre de perforación de petróleo. Todo lo que vestían —overoles térmicos, botas con puntera de acero, gruesos guantes, cascos— estaba cubierto de petróleo.

Vea también: Consejos para buscar trabajo.

La cuadrilla caminó una corta distancia hasta la torre de perforación de 136 pies de altura, donde trabajan con pocos descansos, a temperaturas a menudo bajo cero. El grupo del turno diurno se encaminó a su remolque para comer, ver televisión e irse a la cama.

Casi la mitad de la cuadrilla de McKinney, conformada por 13 hombres, tiene más de 50 años de edad, incluido un hombre de 61 años. Estos son algunos entre los miles que buscan empleo y han llegado a la Cuenca de Williston desde el 2008, cuando nuevas técnicas de perforación liberaron lo que podría ser el mayor hallazgo petrolero en Estados Unidos.


Los empleos bien remunerados en el sector petrolero han disparado el crecimiento y aumentado la paga en otros sectores, en especial en la construcción, tiendas, hoteles y restaurantes. Escuelas atestadas de alumnos pelean por contratar maestros. El hospital de Williston planea agregar de 50 a 100 empleos y ha traído médicos, enfermeras y técnicos desde lugares tan remotos como Alabama, Texas y California.

Las personas de más edad se cuentan entre los grandes ganadores del próspero mercado laboral. Los hombres y mujeres de más de 50 años representaron más de una cuarta parte de las nuevas contrataciones en el área de Williston en el 2010.

En la cuadrilla de McKinney, solamente él y el jefe de plataforma Wayne Nelson, de 59 años, tienen amplia experiencia en perforación. Todos los hombres soportan la semana de más de 80 horas de trabajo físicamente exigente, en condiciones inhóspitas y con largos viajes semanales al volante para ir a sus hogares, por una simple razón:

“Me pagan $42 por hora, y tengo muy buenos beneficios médicos y jubilatorios”, explica  McKinney. A pesar de que hace 13 años se le diagnosticó esclerosis múltiple, trabaja en la torre de perforación para mantener a los 6 miembros de su familia. El trabajo es una semana en el pozo y una semana fuera. McKinney maneja todas las semanas seis horas hacia y desde su hogar en  Spearfish, Dakota del Sur. “Espero poder seguir haciéndolo durante 10 o 15 años más”, dice McKinney, quien hace poco fue promovido a jefe de plataforma.

La edad no es un factor en el trabajo, comenta Tim Madden, de 40 años, jefe en otra plataforma. Los practicantes empiezan ganando $25 por hora, dice, y “si tienes algo de sentido común y estás medianamente en buena forma, puedes hacer el trabajo”. Sin embargo, agrega, resulta difícil encontrar empleados suficientes. La mayoría de los interesados llegan a él por referencias. El proceso de solicitud incluye una breve entrevista telefónica que abarca experiencia y opciones de transporte.

La formación rocosa Bakken ha traído un frenético crecimiento a la región. Esta delgada franja de esquisto bituminoso, rico en petróleo, a casi dos millas por debajo de la Cuenca de Williston, se extiende desde Dakota del Norte y Montana hasta Saskatchewan, y podría contener hasta 24.000 millones de barriles de petróleo. Williston, epicentro del auge, casi ha duplicado su población a 20.000 habitantes desde el 2007.

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“Nuestra red de alcantarillados, carreteras, fuerzas de seguridad y vivienda están excedidos en su capacidad”, explica el alcalde E. Ward Koeser. “Debemos planificar y trabajar como locos para ponernos al día. Pero algún día seremos una ciudad mejor. Es bueno tener problemas a raíz del crecimiento y no de la decadencia, que es algo contra lo que luchamos por mucho tiempo”.

La vivienda escasea. Miles de trabajadores nuevos viven en sus autos, furgonetas o expanden “campamentos”  provisionales de vivienda. Algunas compañías petroleras albergan a sus trabajadores en hoteles; la mayoría están reservados por meses y hay construcciones nuevas por toda la ciudad. Los alquileres se han disparado. Un antiguo residente, Jerry Schwan, de 70 años, fue testigo de cómo el valor de su alquiler se cuadruplicó en dos semanas. “Probablemente estaría viviendo en mi camioneta si mi exesposa no me dejara vivir con ella”, dice.

El transporte es un problema. Los caminos están atestados de camionetas, semirremolques, camiones cisternas y camiones remolcadores. Se está llevando a cabo una expansión de los sobrecargados oleoductos y líneas de tren, incluido el oleoducto Keystone XL que transportaría crudo a las refinerías de Texas.

La controversia por el impacto ambiental de la fracturación hidráulica o "fracking" que se está dando en otras partes del país no se ha instalado en Williston, donde la mayoría de los pozos petroleros se hallan por debajo de los acuíferos subterráneos. “A la mayor parte de los pobladores no nos preocupa el proceso de fracturación hidráulica”, explica John Liffrig, quien creció en Williston y es dueño de una empresa inmobiliaria allí.

Los veteranos están asombrados ante la rápida transformación del pueblo. “Nadie quiere trabajar por menos de $25 la hora. Todos llegan con un sueño”, opina la dueña del hotel y restaurante El Rancho, Cindy Aafedt.

Pero para otros residentes, en especial los de más edad, este auge ha sido una pesadilla; consideran que produce un crecimiento insostenible; demasiado crecimiento, demasiado rápido. La calidad de vida que apreciaban en un pueblo rural y agrícola donde las familias se conocían por su nombre durante generaciones ya no existe. El enojo y la frustración abundan por los precios de la vivienda, el delito, el tráfico, el ruido, un presupuesto público que da muestras de insuficiencia, servicios agotados y una atmósfera general de tensión.

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