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Cuando un nuevo cliente entra por la puerta virtual de la trabajadora social Dani Rodwell, lo más probable es que ellos piensen que ya saben qué problema de salud mental tienen. Como especialista en trastornos neurodivergentes como el trastorno por déficit de atención e hiperactividad (ADHD), Rodwell frecuentemente ve a personas cargadas con estadísticas, estudios y anécdotas personales para apoyar sus sospechas alimentadas por las redes sociales.
Podrían mencionar a la influyente Jessica McCabe, quien describe señales de ADHD en un video de YouTube con 3.8 millones de vistas. "No puedes quedarte quieto. Te muerdes las uñas. Inicias una relación y te olvidas de ir a clase, o al trabajo, o de comer", dice ella. "Haces clic en tu bolígrafo una y otra vez. Tus metas a largo plazo cambian al menos una vez al mes".
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O tal vez se toparon con la gigante del autoayuda Mel Robbins, quien habla sobre su propio diagnóstico tardío de ADHD en su pódcast súperexitoso. "¿Si no te haces las pruebas adecuadas y lo enfrentas, sabes lo primero que le pasa [a las mujeres]?", dice ella. "Desarrollas ansiedad".
Estas voces populares no están necesariamente equivocadas. Y tampoco, por lo general, lo son los clientes de Rodwell.
“Se están conectando con este contenido por una razón, y [supongo] que el 90% del tiempo después de toda esa investigación, suelen tener razón”, dice ella. “Resulta en un diagnóstico”.
Ese es el lado positivo de que la información de salud prolifere en las redes sociales: las conversaciones pueden aumentar la conciencia sobre muchos trastornos de salud mental y física malentendidos. También ayudan a las personas con síntomas pasados por alto a sentirse validadas y a dirigir a los seguidores hacia ayuda en el mundo real. Varios estudios muestran que los influyentes de salud en redes sociales tienen el potencial de mejorar la salud pública al promover hábitos como buscar exámenes médicos apropiados, seguir una dieta saludable y hacer ejercicio.
Pero también hay desventajas significativas, incluso peligrosas. En un estudio del 2025 publicado en JAMA Network Open, por ejemplo, los investigadores encontraron que los influyentes están repartiendo información “abrumadoramente” engañosa (en inglés) sobre pruebas médicas en Instagram y TikTok. Después de analizar casi 1,000 publicaciones sobre exámenes como escaneos de MRI de cuerpo completo y pruebas de microbioma intestinal, encontraron que la mayoría eran promocionales, no referenciaban evidencia científica, tenían claros intereses financieros y no mencionaban posibles daños. Y aun así, alcanzaron a casi 200 millones de seguidores.
— Estudio del 2025, JAMA Open Network
De manera similar, un artículo reciente en BMJ encontró que el consejo de salud de los influyentes en redes sociales tiende a tener sesgos debido a la falta de experiencia médica y la influencia de la industria, así como sus propios intereses empresariales y creencias personales. “Tales consejos pueden causar daño psicológico, físico, financiero y sistémico, desde autodiagnósticos inexactos y tratamientos inapropiados hasta gastos innecesarios y mayores costos de atención médica”, escriben los autores del estudio.
Rodwell, cofundadora de NeuroSpark Health, ha visto algunos de estos efectos negativos en su práctica y en su familia. Después de que su madre compró un curso de sanación de traumas de $400 que encontró en redes sociales, llamó a Rodwell para pedir ayuda para descargarlo. Lo que Rodwell la ayudó a hacer en su lugar fue llamar a la empresa para pedir un reembolso.
“Cuando estás desplazándote y luchando con algo, y alguien dice que tiene respuestas que finalmente podrían ayudarte y si solo pagas esta cantidad, tus problemas se resolverán mágicamente, eso es muy tentador”, dice Rodwell. “Es como una píldora mágica”. El problema es que no funciona.
Las redes sociales y los adultos mayores: ¿Quién está en riesgo?
La mayoría de las investigaciones sobre consejos de salud en redes sociales se centran en cómo afectan a los jóvenes. Pero los adultos mayores de 50 años también pueden quedar atrapados en Instagram y Facebook, y algunos de ellos son incluso más susceptibles que sus contrapartes más jóvenes a la desinformación de salud (o información que es erróneamente inexacta o incompleta) y la desinformación (información que es intencionalmente engañosa) mientras están allí.
La encuesta de tendencias tecnológicas AARP Tech Trends (en inglés) del 2025 encontró que 9 de cada 10 adultos de 50 años o más usan redes sociales, con un 72% que usan Facebook y el 33% acceden a Instagram.
"El adulto mayor promedio no es tan diferente del joven promedio, pero por alguna razón, hay un grupo de personas que tienen un alto compromiso con esta [información engañosa en redes sociales] que tienden a ser mayores de 60 años", dice Ben Lyons, profesor asociado de Comunicación en la Universidad de Utah, donde estudia la intersección de los medios, la política y la comprensión pública de la ciencia.
Después de todo, con más tiempo libre puede venir más desplazamiento, con más complicaciones de salud puede venir más interés en remedios, y con menos destreza digital pueden venir más puntos ciegos.
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