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  • Los poderes poco conocidos de la equinácea

    Tiene efectos antivirales, favorece la curación de heridas y reduce la inflamación.

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    Tiene efectos antivirales, favorece la curación de heridas y reduce la inflamación.

Seguramente has escuchado hablar de la equinácea, la planta a la que se le atribuyen propiedades inmunomoduladoras que ayudan a prevenir el catarro común o a reducir la duración del que ya tienes.

Como médico, siempre he sido un poco escéptica ante los supuestos beneficios que se atribuyen a tal o cual planta. Sin embargo, ante el hecho de que la equinácea figura en los primeros lugares en la lista de suplementos dietéticos que se consumen en Estados Unidos, —con ventas anuales que, se estima, superan los 130 millones de dólares—, consideré relevante determinar los beneficios reales de esta especie. La equinácea es ampliamente usada por los nativos del Medio Oeste de América del Norte desde tiempos remotos para tratar múltiples padecimientos, excepto el resfriado.

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Hay nueve especies de equinácea, pero tres son las más comúnmente usadas por sus potenciales beneficios en la salud humana: purpurea, angustifolia y pallida. Desde principios del siglo XX, aumentó el interés por esta planta, especialmente en Europa. Hay muchas investigaciones, pero todavía los resultados no son convincentes. La equinácea se usa de diferentes formas. En unos casos se aprovecha la raíz, en otros las hojas y otros utilizan una combinación de diferentes partes de la planta.

La equinácea para humanos está disponible en cápsulas o en líquido para consumo por vía oral. También existe en forma de ungüento para aplicar sobre la piel. Por lo general, se recomienda un promedio de tres gramos al día de la planta o de su raíz. Las sustancias activas de la equinácea incluyen derivados del ácido cafeico, considerado un potente antioxidante y alquilamidas que contribuyen a fortalecer las defensas.

El extracto de equinácea purpurea, actúa como inmunomodulador sobre los linfocitos T, un tipo de glóbulos blancos que ejercen la función de mediadores de la respuesta inmune contra microorganismos que se replican dentro de las células, como es el caso de los virus.

Justamente entre los beneficios más conocidos que se atribuyen a la equinácea figura el combate al catarro común, ya sea para prevenirlo o para reducir su intensidad y duración. Hay múltiples investigaciones dirigidas a comprobar este efecto con resultados variables. Hace 10 años, se publicó una revisión de artículos que confirmaron la utilidad de los suplementos con equinácea en el tratamiento del catarro ocasionado por rinovirus. Se encontró que tiene la capacidad de ayudar a reducir tanto la incidencia como la duración del catarro común. Sin embargo, dicha publicación contaba con algunas limitaciones, y la investigación sobre la equinácea continuó con criterios más estrictos y con resultados inconstantes.

La realidad es que hasta el momento no hay manera de confirmar que el consumo de equinácea reduzca los síntomas del resfriado. Una de las revisiones más extensas a las múltiples publicaciones concluye que el consumo preventivo de equinácea podría reducir solo entre un 10 y un 20% la posibilidad de contraer el catarro común.

El efecto inhibidor en la replicación viral es uno de los atributos de la equinácea. Científicos estudiaron el beneficio de la equinácea en personas con los llamados fuegos labiales ocasionados por el virus del herpes simple. Se encontró que tiene un efecto antiviral sobre el desarrollo de la infección recurrente por herpes simple tipo 1 cuando se administra antes de la aparición de la lesión.

La equinácea también se emplea en forma tópica para favorecer la curación de heridas, así como cuando se necesita reducir la inflamación. Un reciente estudio, realizado en Hungría, revela que el extracto de equinácea purpúrea resulta benéfico en el tratamiento de la dermatitis atópica, un padecimiento crónico de la piel que se manifiesta por erupciones que provocan gran comezón.

Los investigadores encontraron que, gracias al efecto antiinflamatorio y restaurador de la barrera de grasa en la capa superficial de la piel, podría considerarse un nuevo ingrediente en el tratamiento de la dermatitis atópica.

Si bien la ingesta a corto plazo de equinácea se considera segura, —siempre y cuando la persona no tenga contraindicaciones alérgicas a la planta—, puede resultar contraproducente para quienes tienen enfermedades autoinmunes. Al aumentar las defensas del organismo se incrementa el daño celular ocasionado por los anticuerpos del individuo contra sus propios tejidos.

El futuro de los usos médicos de la equinácea parece prometedor. Los científicos buscan llegar a una estandarización que resultaría en un mejor control de calidad en las diferentes etapas de su cadena de producción, desde el cultivo hasta el empaquetado para la venta final.

El Centro Nacional de Salud Complementaria e Integral de Estados Unidos financia una investigación para identificar los componentes activos y estudiar en el cuerpo humano el efecto de sustancias presentes en bacterias que viven en las plantas de equinácea.

Antes de usar equinácea, consulta con tu médico para asegurarte de que no haya contraindicaciones para ti.

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