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La relación entre ser mujer y el riesgo de padecer demencia

La enfermedad de Alzheimer es distinta para las mujeres. O eso dicen varios estudios presentados en una conferencia sobre investigaciones.

Mujer mayor armando un rompecabezas, mientras una persona la observa

GETTY IMAGES

In English |  Hace tiempo que se sabe que la mayoría de los 5.5 millones de personas en Estados Unidos que tienen la enfermedad de Alzheimer son mujeres (en la actualidad, 3.4 millones de ellas). Estudios presentados hoy en la conferencia internacional de la Alzheimer’s Association en Chicago ofrecieron algunos posibles motivos que invitan a pensar. Por primera vez, se conectó el riesgo de padecer demencia con factores reproductivos tales como el número de embarazos o abortos espontáneos que ha tenido una mujer durante su vida.

Maria Carrillo, directora científica de la Alzheimer’s Association, comentó lo siguiente: “Siempre hemos hablado sobre los temas de la mujer y hemos dicho que sabemos que dos terceras partes de las personas en este país con la enfermedad de Alzheimer son mujeres. ¿Por qué aumenta el riesgo para ellas? Este conjunto de estudios hoy en día destaca el hecho de que no se limita solo a que las mujeres tengan una vida más larga”.


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Una de las noticias más sorprendentes —dada a conocer entre los hallazgos de dos estudios distintos— fue cómo el embarazo podría ofrecer algo de protección contra la demencia en la madurez de la vida. Las razones de esto podrían ir más allá del papel que desempeña el estrógeno, a aspectos como la manera en la que el sistema inmunitario se regula a largo plazo después de los cambios iniciados por el embarazo.

Pero otros estudios sí se concentraron en el estrógeno, que hace tiempo se ha relacionado con las funciones cognitivas en la mujer. Uno de ellos recalcó lo que se está convirtiendo en el consejo típico, que proviene de muchas investigaciones, sobre el momento adecuado para que las mujeres menopáusicas reciban la terapia de reemplazo hormonal (en resumen: lo más pronto posible).

Por último, en estudios un poco distintos sobre ambos sexos, los investigadores de la University of Illinois en Chicago descubrieron que las mujeres —gracias a ventajas innatas en la capacidad verbal— obtienen puntajes más altos en las pruebas estándares administradas para diagnosticar las etapas iniciales de la demencia, incluso cuando las gammagrafías cerebrales muestran que están en la misma etapa de la enfermedad que hombres con puntajes menores. Sus resultados indican que hace falta tener valores divisorios exclusivos para las mujeres, que sean más difíciles de alcanzar —en este caso particular, por su propio bien—.

A continuación encontrarás más detalles sobre algunos de los puntos clave.

Parece que los embarazos brindan alguna protección contra la enfermedad de Alzheimer, y los abortos espontáneos podrían —o no— aumentar el riesgo de padecer demencia.

En el primer estudio epidemiológico de mayor escala sobre el riesgo de demencia y los antecedentes obstétricos, Paola Gilsanz, científica de Kaiser Permanente Northern California, y Rachel Whitmer, profesora de epidemiología en la University of California, Davis, evaluaron datos recopilados durante una década sobre casi 15,000 mujeres de entre 40 y 55 años. Descubrieron que las mujeres con tres o más hijos tenían un riesgo un 12% menor de padecer demencia comparado con las mujeres que tenían solo un hijo. (Hubo un beneficio pequeño, pero no significativo, por haber tenido dos hijos).

Las científicas especularon, entre otras posibles razones, que esto podría deberse a que los embarazos satisfactorios tal vez reflejen una mejor salud en general para el grupo de mujeres del estudio, quienes dieron a luz durante las décadas de 1960 y 1970. O haber dado a luz más veces podría, en teoría, estar relacionado con haber estado más expuestas a un tipo específico de estrógeno que aumenta drásticamente por los embarazos.

Su estudio además descubrió un riesgo de un 9% mayor de padecer demencia más adelante en la vida por cada aborto espontáneo que tuvo una mujer, y demostró un riesgo de un 28% mayor para las mujeres cuya menopausia natural comenzó cuando tenían 45 años o menos. Si bien las investigadoras indicaron claramente que el suyo fue un estudio observacional, dicen que encaja con una iniciativa mayor de analizar el riesgo de demencia “durante toda la vida” y de estudiar más los motivos por los cuales los hombres y las mujeres tienen diferentes tasas de la enfermedad de Alzheimer.

Como lo explica Whitmer, por mucho tiempo se supuso que los hombres que llegaron a tener 80 y tantos años —quienes no fallecieron debido a enfermedades cardiovasculares— eran sencillamente un grupo más robusto y algo “especial”, y que su fortaleza relativa explicaba por qué más mujeres que hombres tenían demencia. “Pero en los últimos años”, dice Whitmer, “ha habido un conjunto de pruebas que indican que podría haber algo específico relacionado con ser mujer que está conectado a estos factores biológicos de riesgo”. Por eso, “hace falta dar un paso atrás y preguntarse qué es lo que explica, además de sus vidas más prolongadas, que más de las mujeres padezcan demencia”.

En otro estudio, Molly Fox, profesora auxiliar de psiquiatría y ciencias biológicas del comportamiento en UCLA, descubrió una funcionalidad protectora parecida para el embarazo, pues en una encuesta realizada entre mujeres británicas, cada embarazo significó una reducción del 5.5% en las posibilidades de tener demencia en un futuro. La hipótesis de su trabajo fue que el impacto positivo provino de los efectos sobre el sistema inmunitario durante el embarazo, relacionados con cómo este sistema se reorganiza “para tolerar un invasor” —un bebé— “cuyo ADN es un 50% ajeno”. Podría ser, cree Fox, que este efecto inmunodepresor durante el embarazo quizás persista durante toda la vida de esa mujer como una capacidad muy bien afinada de regular la inflamación —y así evitar, digamos, el tipo de inflamación perjudicial de la demencia, relacionada con la acumulación de placas en el cerebro—. 

El tratamiento hormonal puede ser perjudicial —o no— para la capacidad intelectual, dependiendo de cuándo se reciba.

Carey E. Gleason, del Wisconsin Alzheimer’s Disease Research Center en la University of Wisconsin School of Medicine and Public Health, analizó dos estudios distintos sobre el estrógeno y las mujeres menopáusicas sin descubrir ningún efecto negativo en la capacidad intelectual de las mujeres que comenzaron a recibir tratamiento hormonal cuando tenían entre 50 y 54 años. Esto difiere de la conclusión de un estudio muy influyente del 2002 que hizo que la mayoría de los médicos dejaran de recetar hormonas a las mujeres, porque sus hallazgos demostraron diversos daños, entre ellos deterioro cognitivo. Sin embargo, quienes comenzaron su tratamiento entre los 65 y 79 años mostraron disminuciones evidentes en su capacidad intelectual total, memoria de trabajo y funcionamiento ejecutivo.

Dentro del contexto de otros estudios que demuestran que la capacidad intelectual puede disminuir cuando las mujeres llegan a la menopausia, Gleason dice que los hallazgos positivos sobre el tratamiento hormonal más temprano podrían ser útiles. Lo que ella dice que se necesita a la larga es un enfoque “personalizado” hacia el tratamiento hormonal, debido a que otros factores (como si tienes diabetes o eres portadora del gen de la apolipoproteína E, que está relacionado con la demencia) pueden afectar la posible reacción del cuerpo a estos medicamentos hormonales.

Las mujeres pueden “esconder” los síntomas de la enfermedad de Alzheimer por medio de sus mayores destrezas verbales, por lo menos durante las etapas iniciales del trastorno.

Con una prueba de memoria verbal que comúnmente se usa para diagnosticar las etapas iniciales de la demencia, Erin Sundermann, científica de proyectos en la University of California San Diego School of Medicine, descubrió que entre los adultos sanos, las mujeres obtienen mejores puntajes que los hombres en general. Además, parece que las mujeres mantienen esta ventaja durante las etapas iniciales de la enfermedad, conocidas como deterioro cognitivo leve.

En lo que Sundermann describe como “una prueba de memorizar listas donde se pide a los participantes aprenderse y recordar una lista de palabras de inmediato y después de cierto período de tiempo”, las mujeres cuyas tomografías del cerebro demostraron que tenían un deterioro cognitivo leve pudieron recordar 38 de 75 palabras, mientras que los hombres con el mismo deterioro solo recordaron 32.

Sin embargo, en etapas más avanzadas de deterioro cognitivo, la ventaja desapareció. Este hallazgo específico podría ayudar a explicar por qué las mujeres padecen un deterioro más rápido después de recibir un diagnóstico de la enfermedad de Alzheimer; para cuando se diagnostica este trastorno, su enfermedad ha evolucionado mucho más de lo que indicaba la prueba realizada anteriormente. Como dice Sundermann: “Nuestras investigaciones sugieren que a las mujeres se les puede diagnosticar más tarde en la evolución de la enfermedad de Alzheimer comparado con los hombres, porque están mejor equipadas para compensar el daño cerebral y desempeñarse de manera normal en las pruebas de memoria verbal a pesar de los indicios de alteraciones en el cerebro”.

Además, dice que sus investigaciones resaltan la necesidad de tener distintos valores divisorios para los puntajes de las pruebas de diagnóstico para hombres y mujeres. Tenerlos ayudaría a la detección precoz de la enfermedad en las mujeres, preferiblemente durante el intervalo en el que “es probable que los tratamientos disponibles en la actualidad tengan un efecto más beneficioso”. Cuando sus investigadores aplicaron este doble criterio intencional en el laboratorio, la exactitud de los diagnósticos mejoró para ambos sexos.

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