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Una nueva investigación relaciona el cerebro con los intestinos

Los investigadores analizan cómo, exactamente, una dieta saludable podría reducir el riesgo de demencia.


spinner image Ensalada servida en un plato
Getty Images

La conferencia de la Alzheimer's Association del año pasado fue noticia con la publicación de estudios que muestran que una dieta saludable, junto con otros factores del estilo de vida, pueden reducir tu riesgo de demencia en un tercio. Para averiguar por qué exactamente ese podría ser el caso, los investigadores han buscado respuestas, entre otros lugares, en el microbioma intestinal, los billones de microorganismos que viven en nuestro tracto digestivo. Ciertos cambios en estas bacterias se han relacionado con diversas enfermedades inflamatorias y autoinmunitarias, como la obesidad, la diabetes y la enfermedad inflamatoria intestinal (enfermedad de Crohn). Pero los científicos también descubrieron que algunos tipos de bacterias microbianas pueden promover la acumulación en el cerebro de proteínas específicas conocidas como proteínas amiloideas y tau, que están relacionadas con la enfermedad de Alzheimer. En estudios con ratones, los cambios en la dieta que alteran el microbioma a su vez reducen las placas amiloides, disminuyen la inflamación y, ¡bingo!, mejoran la memoria.

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La investigación publicada en la conferencia de hoy sugiere otro vínculo a lo largo del tracto digestivo: que la capacidad de una persona para metabolizar ciertos lípidos —sustancias similares a la grasa que se encuentran en la sangre y en el tejido corporal y que, en realidad, constituyen la mayor parte del cerebro— también puede afectar el riesgo de desarrollar Alzheimer y otras demencias. "Si el cuerpo tiene problemas para producir o mover lípidos, eso puede afectar la estructura cerebral y su función", explica Heather Snyder, directora principal de Operaciones Médicas y Científicas de la Alzheimer's Association.

Aunque esta investigación todavía es incipiente, tiene el potencial de ser innovadora. "Puede ayudarnos a desarrollar mejores pruebas diagnósticas para la enfermedad en el futuro, así como a entender mejor por qué algunas personas progresan rápidamente en un año y otras más lentamente, en 15 años", explicó Jagan Pillai, neurólogo de Cleveland Clinic.

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Dos de los estudios analizaron el impacto de los lípidos en el riesgo de Alzheimer. Un estudio, el de los investigadores de University of Pennsylvania y Duke University, descubrió que los niveles bajos de ciertos tipos de lípidos, plasmalógenos, se relacionan con un mayor riesgo de Alzheimer. (Algunos de estos plasmalógenos también contienen dos ácidos grasos omega-3 que son vitales para la salud cerebral). El segundo estudio, realizado en University of California (Davis), observó a 800 adultos mayores, algunos sanos, otros con deterioro cognitivo leve y otros con la enfermedad de Alzheimer. También encontraron que las personas con Alzheimer tenían muchos problemas con el metabolismo de los lípidos, como dificultad para absorber los lípidos que contienen EPA y DHA. Además, darles a estos pacientes suplementos de aceite de pescado no logró normalizar estos lípidos.

"Estos estudios parecen mostrar que si, por cualquier razón, el cuerpo tiene problemas para producir ciertos lípidos, esto impacta lo que sucede en el cerebro", explica Snyder. Esto también explicaría por qué los suplementos de aceite de pescado han tenido resultados mixtos en los ensayos clínicos cuando se trata de prevenir la demencia. "Algunas personas simplemente no son capaces de absorberlos, por razones desconocidas", dice Snyder.

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Un tercer estudio, de Indiana University, analizó los ácidos biliares —sustancias producidas por el hígado que ayudan a descomponer la grasa— en los adultos mayores que tenían Alzheimer en etapa temprana o estaban en mayor riesgo de la enfermedad. Descubrieron que los niveles altos de ciertos ácidos biliares aumentaban en las personas con la enfermedad y se relacionaban con el declive cognitivo, la reducción del metabolismo de la glucosa en el cerebro y una mayor atrofia cerebral, así como niveles más altos de proteínas amiloideas y tau. "Todavía tenemos mucho de qué hablar: ¿Estos cambios en los ácidos biliares causan cambios en el cerebro, o es al revés (que algo que sucede en el cerebro lleva a alteraciones en la digestión)?", se pregunta Snyder. "Pero esta información se podría usar para desarrollar mejores pruebas diagnósticas para la enfermedad de Alzheimer".

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Existen más de 40 genes de riesgo diferentes asociados con el Alzheimer. El último estudio, realizado en el Erasmus Medical Center de Rotterdam, analizó algunas de estas variaciones genéticas y encontró que dos de ellas —incluida la apolipoproteína E4 (APOE E4)— estaban significativamente asociadas con niveles más bajos de componentes del colesterol que ayudan a mantener las membranas de las células cerebrales sanas y fuertes. Otros genes se asociaron con mayores o menores niveles de ciertos ácidos biliares. "Los investigadores del Alzheimer no han prestado mucha atención a este tipo de marcadores en el pasado, pero esta investigación sugiere que tal vez deberíamos hacerlo", afirmó Gary Small, profesor de Psiquiatría y Ciencias del Biocomportamiento de la Facultad de Medicina David Geffen de UCLA. "Esto podría ayudarnos a entender cómo estos mecanismos subyacentes contribuyen a la enfermedad de Alzheimer, y, de esta manera, revelar estrategias para tratamientos más efectivos".

Aunque gran parte de esta investigación es intrigante, todavía es muy incipiente, advierte Small. Mientras tanto, "el microbioma es, sin duda, un área de estudio muy interesante en este momento, no solo para el Alzheimer, sino también para la salud cerebral y el estado de ánimo", señala. Mientras tanto, puedes ayudar a mantener todos los órganos, incluidos el hígado, el tracto gastrointestinal —y ¡claro! el cerebro— en excelente forma al consumir una dieta rica en frutas, verduras, granos enteros y grasas saludables, como pescado graso y aceite de oliva, al mismo tiempo que limitas las grasas saturadas y los azúcares.

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