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Efectos secundarios de medicamentos recetados

Algunos fármacos provocan otras afecciones que no están relacionadas con los problemas de salud original.

In English | Los síntomas fueron repentinos y severos: opresión en el pecho, vértigo y náuseas. “Pensé que estaba sufriendo un ataque cardíaco”, relata Lynn Golden, científica jubilada, de 59 años, quien vive en Maryland. Golden acudió a toda prisa a la sala de emergencias, y pasó dos días en el hospital, donde le realizaron exámenes exhaustivos que arrojaron resultados negativos. Dos días más tarde descubrió la causa: un inesperado efecto secundario de un medicamento recetado que había comenzado a tomar tres semanas antes, por una afección leve de tiroides.

Vea también: 9 medicamentos que debe utilizar con precaución

Píldoras al aire de un envase de medicamentos semanales. Los efectos secundarios de los medicamentos prescritos.

Fotografía por Chris Mueller/Redux

Para evitar los efectos secundarios de otros medicamentos recetados, de ser posible, primero intente hacer ejercicio y cambiar su dieta.

La experiencia de Golden es un ejemplo clásico de cómo los medicamentos pueden causar otras afecciones que no tengan relación con los problemas de salud para los que fueron recetados. Y, muchas veces, al desconocer esta situación, los pacientes consultan a los médicos por este “nuevo” problema de salud, sólo para que les receten otro medicamento que podría producirles aún más efectos secundarios.

Este síndrome es conocido como una “cascada” de medicamentos. No está tan bien estudiado como otros problemas más graves causados por medicamentos recetados —como cuando medicamentos aparentemente seguros llegan a causar la muerte—, pero es una preocupación que crece. Los expertos estiman que diez millones de personas están sufriendo este problema todos los días, muchas veces sin conocer la causa. “Hay mucha gente tomando medicamentos para tratar los efectos secundarios de otros medicamentos”, señala el médico Gordon Schiff, internista de la Harvard Medical School (Escuela de Medicina de Harvard) y subdirector del Brigham Center for Patient Safety Research and Practice (en inglés), de Boston. “Muchas veces, esto tiene sentido y, tal vez, el medicamento inicial es fundamental. Sin embargo, cuando se están tomando medicamentos para tratar los efectos secundarios de otro medicamento que se está tomando para tratar los efectos secundarios de otro fármaco, termina siendo como una especie de castillo de naipes”.

Según un reciente estudio realizado por la Agency for Healthcare Research and Quality (en inglés) (AHRQ, Agencia para la Investigación y la Calidad del Cuidado de la Salud), los efectos adversos de los medicamentos son responsables de que, todos los años, casi 4,5 millones de estadounidenses concurran al consultorio médico o a la sala de emergencia, más que por afecciones comunes como una inflamación de garganta o una neumonía. El Institute of Medicine (Instituto de Medicina) de la National Academy of Sciences (Academia Nacional de Ciencias) (en inglés) calcula que más de 2 millones de veces por año se producen reacciones severas a medicamentos  entre pacientes hospitalizados, y son la cuarta causa principal de muertes en hospitales, superada sólo por las enfermedades cardíacas, el cáncer y los derrames cerebrales.

Siguiente: Las reacciones leves a los medicamentos recetados pueden resultar perjudiciales. >>

Sin embargo, según los expertos, las reacciones fatales o severas que muchas veces se informan son sólo la punta del iceberg. “Existen decenas de millones de reacciones más leves, algunas de las cuales son bastante perjudiciales para las personas, a pesar de que médicamente se las considere menores”, señala Donald W. Light, sociólogo médico y editor de The Risks of Prescription Drugs (Los riesgos de los medicamentos recetados), un libro que examina las pruebas existentes sobre los problemas provocados por los medicamentos.

Los síntomas más leves como la somnolencia, el insomnio, dolores musculares, mareos, náuseas y cuadros de depresión podrían ser más problemáticos que peligrosos. Sin embargo, sostiene Light, los estudios muestran que los medicamentos que afectan el equilibrio de las personas o que hacen que sus reacciones sean más lentas son una importantísima causa de caídas y accidentes en las calles. Hasta los problemas gástricos o el dolor muscular pueden afectar seriamente la movilidad y el humor, lo que dificulta el trabajo, las actividades y las relaciones familiares.

Se supone que los medicamentos están diseñados para atacar un problema médico específico, pero rara vez lo logran.

¿Por qué los medicamentos recetados para una afección específica provocan otros problemas de salud? Los errores que cometen médicos, farmacéuticos, hospitales —y los mismos pacientes— son un gravísimo problema. Sin embargo, incluso si se evitaran todos los errores, ciertos problemas complejos permanecerían, como: las interacciones desfavorables entre distintos medicamentos recetados a un mismo paciente por distintos médicos; medicamentos recetados para usos no aprobados por la Food and Drug Administration (FDA, Administración de Alimentos y Medicamentos); y un sistema imperfecto para la prueba de medicamentos nuevos que permite la comercialización de productos que luego resultan tener efectos secundarios perjudiciales.

Además, se supone que los medicamentos están diseñados para atacar un problema médico específico, pero rara vez lo logran. “Afectan a muchos órganos”, afirma Schiff. “Son moléculas muy complejas que ingresan en sistemas de órganos también muy complejos del cuerpo humano”.

Esto es particularmente cierto en el caso de los adultos mayores. “A medida que envejecemos, se producen cambios en todos los sistemas de órganos, y estos pueden afectar el modo en que los medicamentos son procesados en el organismo”, señala Mary Ann Zagaria, consultora farmacéutica de Norwich, Nueva York, y parte del directorio de la Commission for Certification in Geriatric Pharmacy (en inglés) (Comisión de Certificación para Farmacia Geriátrica). “Un régimen medicamentoso que era apropiado para una persona a los 60 años, no necesariamente es bien tolerado a los 70 u 80”.

Según los Centers for Disease Control and Prevention (en inglés) (CDC, Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades), más del 75 % de los estadounidenses mayores de 60 años toma dos o más medicamentos recetados, y un 37 % toma, al menos, cinco. Sin embargo, las personas mayores muy raras veces son incluidas en pruebas clínicas, que prueban la seguridad y efectividad del medicamento.

Siguiente: Los medicamentos “nuevos” no son más efectivos que los “antiguos”. >>

Una de las razones por la que se excluye a las personas mayores, es que el efecto específico de un nuevo medicamento puede ser “más difícil de detallar” cuando se lo prueba en personas que probablemente presenten otras afecciones, señala el médico Michael Steinman(en inglés), profesor adjunto en la University of California (Universidad de California), en San Francisco. “Además, desde el punto de vista de una compañía farmacéutica, resulta ventajoso estudiar un medicamento en personas más jóvenes, más saludables, con menos probabilidades de presentar efectos secundarios”. El resultado, añade, es que los médicos están "atados de manos" por no saber “cómo funcionan estos fármacos en personas mayores y más enfermas, quienes las necesitan con más frecuencia”.

Otros métodos efectivos de tratamiento —ejercicio, terapia física y cambios en la dieta— pueden mejorar muchas afecciones, como la presión sanguínea alta y la diabetes.

Otros métodos efectivos de tratamiento —ejercicio, terapia física y cambios en la dieta— pueden mejorar muchas afecciones, como la presión sanguínea alta y la diabetes.

Los fabricantes de medicamentos gastan miles de millones de dólares para convencer a los médicos que receten los productos más nuevos y más costosos, y a los pacientes mayores, para que los compren. Sin embargo, estudios realizados demostraron que seis de cada siete medicamentos “nuevos” no son más eficaces que los “antiguos”, y son más riesgosos, porque no han estado en el mercado el tiempo suficiente como para acumular un historial lo suficientemente extenso que demuestre que es un producto seguro.

Actualmente, muchos médicos son más cautelosos. Schiff es uno que predica lo que él denomina “recetar de manera conservadora”. Su primera sugerencia a los médicos es que “piensen más allá del medicamento” y consideren otros métodos de tratamiento efectivos —ejercicio, terapia física y cambios en la dieta— que pueden mejorar muchas enfermedades, como la hipertensión y la diabetes.

Aun así, a los pacientes les resulta más sencillo tomar una píldora por día que hacer dieta o ejercicio. También es más fácil para los médicos recetar píldoras, especialmente en los casos en que el paciente tiende a querer hacer valer su dinero cuando visita un consultorio. “El paciente dice: ‘Me tomé un día en el trabajo, vine hasta aquí, quiero un antibiótico’, ya sea que lo necesite o no”, afirma Schiff.

No debe sorprender que médicos sobrecargados de trabajo, que atienden a un paciente en, tal vez, 15 minutos o menos, no detecten que un síntoma determinado está relacionado con un medicamento que la persona ya está tomando, y lo atribuyan a un nuevo problema médico.

Por el contrario, según Zagaria, quienes ejercen su profesión —consultores farmacéuticos independientes capacitados para ayudar a pacientes adultos mayores a administrar todos sus medicamentos— “asumen, automáticamente, que un síntoma nuevo en un paciente podría estar relacionado con la medicación, a menos que pueda demostrar lo contrario”.

Siguiente: Cómo evitar las reacciones de los medicamentos. >>

Sin embargo, no siempre es sencillo darse cuenta si un síntoma está relacionado con un medicamento, una interacción entre medicamentos, una enfermedad subyacente o un problema médico completamente distinto. Algunas veces, si se sospecha de un medicamento, la única manera que el médico tiene de estar seguro de que el medicamento es la causa del problema, es dejar de administrarlo y ver si el síntoma desaparece, lo que podría resultar viable para algunas enfermedades, pero no para otras.

“Los pacientes pueden ser sus mejores defensores al advertir a su médico que un síntoma dado podría ser un efecto secundario de un medicamento”, señala Steinman. “Los pacientes se conocen a sí mismos mejor que nadie”.

Patricia Barry es redactora principal de AARP Bulletin.

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