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Informe de AARP: Casi el 40% de los hispanos que cuidan de un ser querido son milénicos

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El farmacéutico que le dice no a los medicamentos

Armon B. Neel Jr. les muestra a los pacientes —y a sus médicos— el camino a una mejor salud con menos medicamentos.

Farmacéuta que trabaja para asegurar que las personas mayores no sean mal medicadas

Marc Asnin/Redux

Durante más de 40 años, Armon B. Neel Jr., farmacéutico geriátrico certificado, ha evaluado los medicamentos que toman las personas mayores o que les recetan sus médicos.

In EnglishNota del editor: Según una investigación realizada por Jerry Gurwitz, jefe de medicina geriátrica de la University of Massachusetts Medical School, todos los años cerca de 38 millones de adultos mayores estadounidenses experimentan graves complicaciones —muchas veces con riesgo letal— debido a los medicamentos que toman. Y el problema parece estar empeorando, no mejorando.

Vea también: Alimentos que combaten el dolor

Según la Agency for Healthcare Research and Quality (AHRQ, Agencia para la Investigación y la Calidad del Cuidado de la Salud), el número de estadounidenses que se tratan en hospitales por problemas relacionados con los medicamentos aumentó de 1,2 millones en el 2004, a 1,9 millones en el 2008, y más de la mitad de las personas que fueron hospitalizadas tenían sobre 65 años. Un estudio reciente estimó que casi 1 de cada 7 estadounidenses de 65 años o más toma, al menos, un medicamento inadecuado.

Por casi 50 años, Armon B. Neel Jr., farmacéutico geriátrico certificado (en inglés), ha estado cuidando a pacientes mayores, muchas veces en hogares de cuidado, para evaluar la variedad de medicamentos que están tomando o que se les administra bajo órdenes médicas.

El siguiente artículo acerca de Neel —que ahora tiene 72 años y no piensa en la jubilación— apareció por primera vez en el ejemplar de septiembre del 2004 del AARP Bulletin. Hemos actualizado el perfil y lo hemos vuelto a publicar, ya que muchos ciudadanos mayores siguen siendo sobremedicados, a un enorme costo personal y financiero. Próximamente, Neel escribirá regularmente una columna de consulta titulada
“Ask the Pharmacist” (Consulte al farmacéutico), para AARP.org.


Ruby Gifford, de 86 años, hace una consulta con Armon B. Neel Jr. por temor y, tal vez, hasta por desesperación.

Gifford (su nombre ha sido cambiado en este artículo para proteger su privacidad) no se ha estado sintiendo bien, y la lista de síntomas que la llevaron a visitar el consultorio de Neel, en Griffin, Ga., bien podría hacerla aparecer como hipocondríaca a los ojos de muchos médicos.

Los problemas van desde episodios de mareos y caídas a osteoartritis y dolor de espalda, desde una incontrolable hipertensión y frecuencias cardíacas erráticas a ansiedad y depresión. También estaban los sarpullidos, urticaria y otros síntomas de alergias que no parecen venir de ninguna parte. La hija de Gifford, de 60 años, la llevó a la cita del miércoles por la mañana, y las dos esperan ansiosamente en la sala de conferencia de Neel, dónde él se reúne con los pacientes.

Neel no es médico. Es un farmacéutico cuya especialidad es determinar si la gente está tomando la medicación correcta —y en las dosis correctas— para lo que los aqueja. Neel no ha trabajado detrás del mostrador de una farmacia desde comienzos de la década de 1970, cuando dejó de vender medicamentos para dedicarse a una profesión que, a menudo, lo haría chocar con los médicos que los recetan.

A continuación: Demasiados medicamentos, demasiadas caídas. >>

Neel pide ver el diario de presión sanguínea que Gifford ha estado llevando durante las últimas semanas, junto con todos los medicamentos que ha estado tomando. La mujer se agacha, saca una bolsa de plástico repleta de medicamentos recetados y la coloca sobre la mesa. Luego saca otra bolsa llena de medicamentos de venta libre.

Demasiados medicamentos, demasiadas caídas

Neel interroga a Gifford acerca de los medicamentos recetados, uno por uno. Le pregunta acerca del Ultracet, un analgésico que está tomando. “Nunca sufro de dolor de cabeza”, explica. “Todos mis dolores provienen de las caídas”.

“Cuénteme acerca de las caídas”, pide Neel. “Cuénteme cuánto tiempo después de haber comenzado a tomar estas pastillas fue que comenzaron”.

Neel guía a Gifford, suavemente, a través de todo el inventario. Le explica que el Aldactone, el medicamento que ha estado tomando para la presión arterial, no es la mejor opción en su caso, y, de hecho, podría ser la responsable de algunos de sus otros problemas de salud. Mientras examina los antecedentes de Gifford, observa que su médico, en intentos por controlar la hipertensión, ha probado cuatro inhibidores ACE diferentes, dos betabloqueantes y dos alfabloqueantes. Nada ha funcionado, y Gifford ha tenido reacciones alérgicas a todos ellos. Neel parece estupefacto.

“No había necesidad de pasar al segundo, después de que el primero le ocasionó daño”, señala. “Son de la misma familia. En su lugar, usted necesita un bloqueador de los canales de calcio”.

Acto seguido, Neel le apunta al Mobic, el antiinflamatorio no esteroideo (AINE) que el médico le había recetado para la osteoartritis. “Hay ciertos medicamentos que, simplemente, no hay que darles a las personas de mayor edad”, explica, y los AINE están entre ellos. Resulta que el médico le recetó, además, otro AINE, en la forma de gotas para los ojos: Voltaren. “Hay un producto más nuevo y mejor que esto”, señala Neel.

Gifford parece aliviada, pero, al mismo tiempo, molesta. “No quiero volver con esa médica”, dice. “Nunca verificó nada antes de recetármelo”.

Neel promete escribir un informe con todo lo observado para el final de la semana. “Algunas de estas cosas”, dice, señalando todas los medicamentos diseminadas sobre la mesa, “podríamos, simplemente, tirarlas a la basura”.

A continuación: Un rebelde con causa. >>

Neel sale más tarde para visitar dos hogares para el cuidado de adultos mayores en la zona rural de Georgia, donde revisará las historias clínicas de docenas de residentes y seguirá con su larga cruzada contra la sobremedicación de los residentes geriátricos en instalaciones de cuidados a largo plazo.

Neel hace esto dos o tres días a la semana, casi todas las semanas, y ha estado haciéndolo desde 1968, cuando decidió centrarse exclusivamente en la consultoría clínica. Es uno de los pocos miles de farmacéuticos consultores del país que se especializa en identificar, resolver y prevenir problemas relacionados con los medicamentos que afectan y afligen a las personas mayores.

“Uno ve tantas propuestas cortadas con el mismo molde para el cuidado de las personas mayores”, señala Neel. “Casi el 100% de las personas que veo como pacientes externos están sobremedicados, porque los que me consultan son los que están teniendo problemas. Si voy a un lugar de cuidados a largo plazo, hablamos de alrededor del 80%”.

Por lo general, los niveles de medicación en los hogares para el cuidado de adultos mayores pueden ser reducidos a la mitad o incluso más. “Si lograra el manejo adecuado de la terapia de medicamentos”, señala Neel, “habría menos internaciones, menos admisiones hospitalarias, menores costos laborales relacionados con la atención, y una mejor calidad de vida para los residentes”.

Un rebelde con causa

Neel es un rebelde con causa: concretamente, promover la idea de que el farmacéutico debe servir y proteger a las personas que toman los medicamentos que ellos dispensan. “A mí me paga el paciente, no el médico”.

La vena renegada viene de lejos. Por ejemplo, en 1963, sólo dos años después de haberse graduado de la facultad de farmacia, Neel abrió una botica en Griffin que, al igual que un consultorio médico, tenía una recepción alfombrada y una sala de consultas separada. También estableció programas de asesoramiento prenatal y clínicas de hipertensión y diabetes. Él creía que la nueva propuesta ganaría elogios; en cambio, muchos de sus pares lo ridiculizaron.

A fines de la década de 1960, a pedido de un amigo, Neel comenzó a realizar algunas consultas clínicas en hogares para el cuidado de adultos mayores, y lo que vio lo escandalizó y lo transformó.

A continuación:
Una epidemia de sobremedicación. >>

“Aquí había una población totalmente nueva, y nadie tenía ni la menor idea de cómo cuidarla”, recuerda. “En ese entonces, podías ver que traían Mellaril [un poderoso antipsicótico] en camiones. Lo utilizaban como un inhibidor químico. En esa época, los hogares para el cuido de adultos mayores no recibían demasiada ayuda, de modo que su mejor opción era medicar a los pacientes. Yo sabía que esto era inhumano, y lo combatí desde el primer día”.

El miércoles por la noche, Neel está conduciendo hacia un motel familiar en la zona rural de Georgia, donde se había alojado varias veces. No queda lejos de un hogar estatal que Neel cuenta entre sus clientes institucionales.

A las 9 de la mañana del día siguiente, Neel está en un pequeño escritorio, cerca de la oficina del director de enfermería. Ha llevado consigo su computadora portátil, la impresora portátil y una cantidad de formularios en blanco y de material impreso. Parece conocer a todos por su nombre.

Una epidemia de sobremedicación

Al médico que se desempeña como el director del hogar de cuidados especializados no parece preocuparle el enfoque de Neel al encarar las revisiones de medicación, una tarea que exige la ley federal y que a menudo es vista como algo rutinario. El médico no le habla a Neel, y prefiere tratar con él mayormente a través del personal de enfermeros.

Durante el día, Neel escribirá sus sugerencias relacionadas con la medicación en unos formularios que él mismo diseñó (impresos en papel rosado, de modo que se destaquen claramente en los expedientes médicos de los pacientes), y que obliga al médico del paciente a marcar una casilla que dice “Accept” (Acepto) o “Reject” (Rechazo), antes de firmarlo y fecharlo.

El director médico rechaza, casi sin excepción, las sugerencias de Neel. Evidentemente, le ofende ser cuestionado por un farmacéutico, algo que, según Neel, es bastante común. Neel encuentra preocupante la falta de compromiso.

“Él está aquí una vez por mes”, señala Neel. “Tal vez, cinco minutos por paciente. Es todo lo que se le exige a un director médico”.

Neel comienza a avanzar a través de una alta pila de carpetas azules con hojas sueltas que contienen las historias clínicas de los pacientes y otros antecedentes médicos. Hoy está revisando los expedientes de residentes que están tomando nueve o más medicamentos recetados simultáneamente.

A continuación: Estrechar el vínculo >>

Es importante por, al menos dos motivos, que Neel —o alguien como él— revise la medicación que recibe la gente.

En primer lugar está la seguridad. Los riesgos de los efectos adversos aumentan exponencialmente con el número de medicamentos que reciben, en parte porque indican la presencia de numerosas enfermedades u otros problemas médicos, y debido a que proporcionan una oportunidad para que interactúen los medicamentos con la enfermedad, y los medicamentos entre sí.

En segundo, el costo. “La regla empírica”, afirma Neel, “es $100 por medicamento”.

Esto es por paciente, por mes. Así, el costo para alguien que tome, digamos, 15 medicamentos diferentes —muchos de las cuales podrían ser innecesarios y hasta perjudiciales— es de $1.500 por mes, o $18.000 al año.

[Nota del editor: Hoy, Neel señala que esta cifra se ha duplicado en los siete años transcurridos entre el 2004 y el 2011, llegando a $200 diarios día y $36.000 anuales.]

Estrechar el vínculo

Para hoy, en primer lugar, está la historia clínica de un hombre de 68 años que está tomando muchos medicamentos, entre ellos Nitrofurantoin (nitrofurantoína), un antibacteriano que se receta para infecciones del tracto urinario. Neel ingresa la edad del hombre, su peso, su altura y los datos de su análisis de sangre en una calculadora programada con determinadas fórmulas que utiliza una y otra vez. Explica que los niveles tóxicos de los medicamentos terminarán afectando el organismo del hombre, porque sus riñones no son tan eficientes como solían serlo.

¿Por qué lo recetaría un médico? “Porque”, explica Neel, “funciona en personas jóvenes”.

La siguiente historia clínica es de una mujer de 89 años que toma 13 medicamentos recetados diferentes, Zantac entre ellos, lo que inmediatamente alerta a Neel. No hay análisis químicos de sangre en su expediente, pero, rápidamente, Neel computa que su depuración renal probable es de 32,5 centímetros cúbicos por minuto. “Esto me avisa en forma inmediata que ella no debería estar tomándolo”, señala.

Neel escribe su sugerencia al médico: “Dosis de Zantac demasiado alta/podría llevar a un paro hepático… que podría resultar en graves episodios adversos para el paciente”.

Neel abre el siguiente expediente, el de una mujer de 82 años que toma 17 medicamentos diferentes, incluido uno recetado para la diabetes tipo 2, llamado metformina.

Primero queda atónito, luego se enoja. Lee la sugerencia que él escribió hace seis semanas: “El uso de metformina está contraindicado en pacientes con una depuración de creatinina en suero menor que 60 cc/min, y expone al paciente a un alto riesgo de acidosis láctica, que es fatal en la mayoría de los casos”.

Un poco más tarde, Neel se une al personal para almorzar en la cafetería y pasa mucho tiempo empapándolos de detalles sobre los residentes que podrían resultarles de utilidad para su trabajo. Al regresar del almuerzo, Neel se detiene para visitarlos en sus habitaciones o en el pasillo.

A continuación: “Le devolví la vida”. >>

“Le devolví la vida”

Tan pronto como llega al lugar, busca a un residente de 73 años que ha vivido en el hogar por cinco años. El hombre, que padece mal de Parkinson avanzado, se alegra instantáneamente.

Cuando Neel estudió su historia clínica por primera vez, el hombre estaba tomando 20 miligramos de Zyprexa —un antipsicótico—, una dosis diaria que, se mire por donde se mire, es sobrecarga terapéutica; ahora toma 2,5 miligramos diarios, y, según Neel, pronto podría dejar el medicamento por completo.

Todos los síntomas que presentaba el hombre —los gritos ininterrumpidos, protrusión lingual, movimiento de fricción (un temblor característico del Parkinson, que se manifiesta en un movimiento continuo de adelante hacia atrás del pulgar y los dedos de las manos) — han desaparecido, y, ahora, algunas veces viene y se sienta tranquilamente cerca de Neel, mientras él trabaja.

El médico que supervisaba el tratamiento de este hombre les había dicho a Neel y a las enfermeras que nunca volvería a caminar. Sin embargo, ahora camina… y camina… y camina. Visita a otros residentes en sus habitaciones y le gusta  sentarse cerca del puesto central de enfermería, el centro de toda la actividad. “Le devolví la vida”, dice Neel con total naturalidad.

Neel revisa unas pocas historias clínicas más, generando más pequeñas papeletas rosadas con sugerencias, cada una numerada secuencialmente, mientras avanza.

En otro hogar, a cuyo director médico Neel conoce desde hace más de 30 años, es claro el éxito del enfoque colaborador.

“Si sugiero por escrito pintar la nariz de azul”, bromea Neel, “cuando vuelvo la próxima vez, el paciente tiene la nariz azul”.

En este hogar, el costo de los medicamentos por paciente ha bajado hasta cerca de $14 diarios, el más bajo de Georgia.

A continuación: Consulte al farmacéutico. >>

Neel estará de regreso en Griffin antes de la hora del almuerzo, donde, antes de tomarse una semana de vacaciones con su esposa, hijos y nietos, terminará de escribir el informe que le prometió a Ruby Gifford. Todavía no sabe si el médico de Gifford se enojará por la decisión de haber buscado su ayuda y si se negará a leer siquiera el informe de 17 páginas de Neel.

De modo que Armon Neel pronto ayudará a Gifford a encontrar un nuevo médico. Él no es de los que evade su responsabilidad.

“Siempre me llevé bien con las personas mayores”, cuenta. “Siempre fueron especiales para mí”.

Una sonrisa pícara se dibuja en su cara. “Y ahora realmente me gustan, ya que soy uno de ellos”.


Colofón: Ruby Gifford murió en septiembre del 2010, a los 92 años, seis años después de que Neel la ayudara a encontrar un nuevo médico. El paciente con Parkinson avanzado murió a comienzos del 2011, a los 81 años. Todas las otras personas que aparecen en este artículo están vivas a julio del 2011. Como parte de su trabajo, Neel todavía llena las papeletas rosadas con sugerencias para cada residente cuya historia clínica revisa; hace poco superó las 400.000.


Bill Hogan, periodista establecido en Washington, es productor de AARP.org. Él y Armon B. Neel Jr., PharmD. (Doctor en Farmacia), GCP, son coautores del libro Are Your Prescriptions Killing You? How to Prevent Dangerous Interactions, Avoid Deadly Side Effects, and Be Healthier With Fewer Drugs (¿Lo están matando sus medicamentos? Cómo prevenir interacciones peligrosas, evitar los efectos secundarios mortales y estar sano con menos medicamentos), que será publicado el año que viene por Atria Books, una división de Simon & Schuster. Neel y Hogan también estarán colaborando en la columna “Consulte al farmacéutico”, una nueva presentación de AARP.org. (Vea el recuadro de abajo.)

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