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5 cosas que añoro de la atención médica de antes

En mi infancia, cuando necesitabas un médico, venía uno a tu casa, literalmente. Ya no es así.


spinner image Foto en blanco y negro de un doctor examinando la garganta de una niña
ALAMY

Entremos en tema. Esto es lo que añoro de la “atención” médica.

1. Los médicos hacían visitas a domicilio

Imagina esto: te sientes tan mal que te cuesta levantarte de la cama. Tienes fiebre, la cabeza te está a punto de estallar, y en vez de obligarte a vestirte y conducir hasta el consultorio del médico, solo tenías que llamar al médico y preguntarle si podía venir. En mi infancia, así es como trabajaban los médicos: literalmente iban a tu casa. Las visitas a domicilio se sacrificaron por motivos de eficiencia económica en algún momento de la década de 1960, cuando los médicos comenzaron a atender a los pacientes en su consultorio.

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Hoy en día puedo conseguir que un veterinario venga a mi casa para sacrificar a mi querida mascota, pero solo en contadas circunstancias un médico estaría dispuesto a venir a mi casa a verme a mí (no para sacrificarme). Incluso cuando protesté firmemente cuando me dijeron que fuera a un consultorio médico lleno de gérmenes en pleno pico de la pandemia de COVID-19 y expliqué que estaba inmunodeprimida, lo mejor que pude conseguir fue una videollamada, que me cobraron al mismo precio que una visita al consultorio. No me hicieron ningún examen, ni me pusieron un estetoscopio para auscultarme el corazón ni los pulmones. Parecía muy distinto del Dr. Marcus Welby, porque lo era.

2. Tenías un seguro para cubrir los medicamentos recetados que realmente podías utilizar

Hoy en día es muy posible que si utilizas uno de esos conocidos sitios web de cupones para recetas como GoodRX u Optum Rx de AARP, o si pagas en efectivo en Walmart, te salga más barato que el copago que cobra tu seguro de medicamentos.

Analicemos esto un momento, por favor: ¿por qué han de ser más baratos mis medicamentos recetados si no utilizo la cobertura del seguro que pago?

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3. Ibas a ver a un médico, no a un enfermero profesional

En primer lugar, quisiera decir que adoro y respeto al personal de enfermería. Son la base de nuestro sistema de atención médica. Con frecuencia son ellos quienes hacen que los hospitales funcionen con puntualidad. Pero si tengo algún problema grave de salud, quiero consultar con la persona más capacitada del lugar. Y esa persona es un médico, no un enfermero profesional.

Si bien los enfermeros profesionales tienen más formación que los titulados, tienen menos preparación que un médico. Es cierto que pueden hacer mucho de lo que hacen los médicos, y en 26 estados y en el Distrito de Columbia se les permite incluso recetar medicamentos sin la aprobación o el consentimiento de un médico, según la Facultad de Enfermería de la Universidad de Duquesne. Sin embargo, en mi opinión, se trata de un complemento y no de un sustituto del médico.

La American Medical Association (AMA), que representa a los médicos, parece estar de acuerdo conmigo. O quizá a los médicos no les guste que los enfermeros invadan su terreno. Según un documento de trabajo que publicó el National Bureau of Economic Research y que difundió la AMA, un estudio de tres años reveló que cuando los enfermeros profesionales ofrecían atención de emergencia sin supervisión ni colaboración médica en el sistema de la Administración de Salud de Veteranos, la estadía de los pacientes aumentaba un 11% y la cantidad de hospitalizaciones evitables de 30 días aumentaba un 20% en comparación con la atención de los médicos de emergencia.

Sin embargo, no cabe duda de que los enfermeros profesionales son una presencia cada vez mayor en la medicina actual. Están allí por una razón que considero aterradora: nos enfrentamos a una inminente escasez de médicos y recurrimos a los enfermeros profesionales para llenar ese vacío. Ya está ocurriendo. Si eres un paciente, te puede atender mucho más rápidamente un enfermero profesional que un médico.

Y sí: ganan mucho menos que el que lleva “M.D.” detrás de su nombre.

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4. No existía la telemedicina

Si bien es cierto que es mejor que nada y una gran ayuda para las comunidades rurales que no tienen acceso directo a la atención médica, en mi opinión la telemedicina toma demasiados atajos. Para quienes no saben, “telemedicina” significa que recibes una llamada telefónica de un médico que nunca te ha visto antes. Hace poco fui a visitar a mi hija, una adulta joven por lo general saludable, cuando contrajo lo que para mí era claramente una infección urinaria. Su seguro le ofrecía una llamada gratuita de un médico en cuestión de una hora o una visita en persona al cabo de unas semanas. También podía pagar unos $3,000 de su bolsillo y acudir a un centro de urgencias que no pertenecía a la red.

Eligió la cita por telemedicina, y un médico le habló por teléfono durante seis minutos, la mayor parte del tiempo para confirmar los datos de su seguro. Mi hija le dijo que pensaba que tenía una infección urinaria y le describió los síntomas. Luego él le recetó un antibiótico y remitió la receta a la farmacia.

Ella se sintió aliviada. Pero yo estaba enfurecida. ¿Por qué? La mayoría de las infecciones urinarias requieren un análisis de orina para hacer el diagnóstico, algo que ciertamente no hicieron por teléfono.

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5. Alguien llamaba para darte los resultados de tu estudio

Tal vez se demoraba unos días, pero al final recibía una llamada del médico para informarme sobre los resultados de mis estudios. Cuando llamaban por teléfono, podía hacer mis preguntas, hablar de lo que me preocupaba y juzgar su preocupación por la urgencia de su voz. Todo eso desapareció y se sustituyó por una aplicación llamada MyChart, en la que se espera que yo misma busque los resultados de los estudios y no moleste al amable médico con mis preguntas fastidiosas.

Recuerdo cuando mi ginecóloga me dijo que si no recibía noticias de ella, significaba que mi mamografía había salido bien. Si las noticias no eran buenas, me enviaría una postal para decirme que pidiera una cita. Y si no respondía a la tarjeta, con el tiempo alguien se daría cuenta y me llamaría. Sí, claro.

¿Has ido a un consultorio médico últimamente? Los míos son todos una locura. Nunca puedes comunicarte por teléfono sin esperar mucho tiempo y sin que se corte la llamada, los médicos siempre llegan tarde y te pueden hacer esperar para atenderte. El personal médico literalmente corre entre las salas. El estrés del personal es evidente, y reina el caos.

Esas son precisamente las circunstancias en las que se cometen errores. Y también son las mismas condiciones en las que alguien pretende —de forma poco realista— que los pacientes creamos que si no nos dicen que los resultados son malos, debemos suponer que son buenos. No, no me lo creo. Al menos publiquen los resultados en MyChart.  

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