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María Marín: Vencí COVID y el miedo

Durante la pandemia crecí más que nunca a nivel profesional y esto me parece maravilloso.

María Marín

Leonardo Rodríguez

María Marín

Como soy diabética desde pequeña y además recibí quimioterapia por haber tenido cáncer de seno, sabía que mi sistema inmunológico no estaba en óptimas condiciones y me preocupaba todo lo que podía pasar si me llegaba a contagiar con la COVID-19. Eso fue justamente lo que me pasó hace unos meses.​

Mi odisea comenzó cuando viajé a Puerto Rico para el cumpleaños de una prima en el que se reunió toda mi familia. Estar vacunado era uno de los requisitos para poder asistir y por suerte yo ya me había vacunado.​

Fui a la fiesta un sábado y el domingo compartí con mi familia. El lunes volví a Miami y estaba bien, pero al día siguiente empecé a sentirme cansada. No le presté demasiada atención porque mis días son agitados y trabajo mucho.


Para información actualizada sobre la COVID-19 visita aarp.org/ElCoronavirus


El miércoles me dolía todo el cuerpo y empecé a estornudar como si tuviera un resfrío. Unas horas más tarde tenía dolores horribles en todo el cuerpo. Fue entonces que envié a todos mis empleados a la casa, me hice la prueba de la COVID-19 y me dio positiva. ​

Un tratamiento efectivo

​Realmente no tengo idea de cómo me pude haber contagiado. Nadie que estuvo conmigo en Puerto Rico se enfermó, así que calculo que debe haber sido en el avión.

Sin embargo, mi doctor me aconsejó que ni me preguntara cómo me contagié. El virus está por todos lados y nunca podría averiguar dónde ocurrió el contagio. Siendo diabética, el médico no quiso tomar riesgos y me recomendó una infusión de anticuerpos monoclonales. Lo importante de este tratamiento es que hay que realizarlo durante los primeros siete días después del contagio, y automáticamente detiene al virus.​

Vino a mi casa una enfermera especializada para administrarme el tratamiento. Lo recibí el viernes a las 6:00 p.m. y a la medianoche, como por arte de magia, se me habían ido todos los síntomas. No me dolía más el cuerpo y el cansancio había desaparecido. ​Mientras tanto todo mi equipo de trabajo se había contagiado, desde mi director técnico y la productora hasta la chica que me maneja las redes sociales y la señora que limpia la casa. 

María Marín se recupera de la COVID-19 en el hospital

Héctor Torres

María Marín mientras se recuperaba del coronavirus.

Las complicaciones ​

Cuando te administran la infusión de anticuerpos, los síntomas se detienen inmediatamente. Es como si la infusión le dijera a la COVID-19, “sal, que aquí llegué yo”. Pero con el pasar de los días, el virus regresa.

​A los pocos días empecé a sentir que me faltaba el aire y me costaba respirar. Este síntoma se debe a la inflamación que produce el virus en los pulmones, que puede bajar súbita y peligrosamente los niveles de oxígeno en la sangre. Para bajar la inflamación, el médico me recetó prednisona, un esteroide que hizo que mis niveles de azúcar se fueran a las nubes —¡y yo que soy diabética desde niña! —. Pero el doctor me aseguró en ese momento que era más importante cuidar los pulmones que el nivel de azúcar.​

Controlar el miedo​

Cuando el virus me afectó los pulmones me dio miedo. Ese bandido busca la manera para contraatacar, haciéndole trucos al sistema inmunológico. Es normal sentir miedo, porque una escucha todo lo que le ha pasado a la gente. ​Pero yo soy una persona que siempre ha sabido manejar sus miedos. Estoy convencida de que la mente rige nuestras vidas.​

Además, en el pasado viví momentos de mucho más terror. Mi madre falleció a los 33 años de cáncer de seno, muy jovencita. Yo siempre tuve el temor de tener cáncer, y justamente me dio cáncer. ​Fue un momento difícil. Me hice todo tipo de preguntas. ¿Será que me voy a morir? ¿Hasta aquí llegó mi vida? Sin embargo, logré sobreponerme.​

Vivir con COVID es atemorizante, pero con fe y cuidados se puede solucionar. Hay que descansar mucho. Eventualmente me sentí mejor y consideré que había cruzado al otro lado del río. ​


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Las secuelas​

Una vez que los exámenes de la COVID-19 salieron negativos, me decía a mí misma, Dios mío, ¿qué voy a hacer si me quedo con este cansancio por el resto de mi vida? Porque he oído de personas que cinco meses después, todavía se sienten agotados como si tuvieran el virus. O de repente les molestan las rodillas, o tienen dolor de cabeza, todo tipo de síntomas y dolencias que no tenían antes.

Gracias a Dios no tengo nada. Inicialmente me sentí mal durante unas dos semanas, pero ahora estoy bien. Acabo de regresar de Turquía con un grupo de mis seguidoras, un viaje que se había pospuesto desde el año pasado por la pandemia. Eso sí, sigo tomando religiosamente vitaminas C, D y zinc, como parte de mi rutina cotidiana recomendada por mi médico. Y cuento con una gran red de apoyo, algo fundamental. Soy muy apegada a mi familia y tengo muy buenas amigas de toda la vida. ​Esta cuarentena forzada que vivimos todos me demostró también lo importante que es dedicarse a uno mismo física, mental y espiritualmente. Durante la pandemia crecí más que nunca a nivel profesional y esto me parece maravilloso.​

                                                                                                   —Según relatado a Ernesto Lechner.

María Marín es autora, motivadora, influenciadora, personalidad de radio y televisión; con más de ocho millones de seguidores en sus redes sociales. Actualmente es presentadora del programa de AARP A Todo Volumen ™, que se transmite por Facebook.

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Nota del editor: Este ensayo forma parte de una serie sobre cómo vivimos los latinos en Estados Unidos el brote de coronavirus. A continuación, la lista de perfiles que forman parte de esta serie: