Skip to content

Vota: temas críticos como Medicare y el Seguro Social están en juego

¿Necesitas ayuda para preparar tus impuestos? Visita Tax-Aide.
Impuestos: ¿Eres chofer de Uber? También tienes que pagarle al IRS
Impuestos: Tienes hasta el 17 para rendir tu planilla, Tax-Aide te ayuda.
Descuentos: Restaurantes ofrecen increíbles ofertas para la cena
 

Luchar contra el cáncer pese a todos los pronósticos

Edie Sundby continúa con fe y una actitud positiva.

Nota: Para ver los subtítulos en español, presione el botón de "CC".

In English l A tan solo cuatro días de ser sometida a una cirugía de alto riesgo para extirpar un cáncer que se ha diseminado a sus pulmones, Edith Littlefield Sundby (Edie para sus amigos) desarrolla sus actividades favoritas. Asiste al servicio de las 7:30 a. m. en la Iglesia Episcopal St. James by-the-Sea, cerca de su hogar, en el norte de San Diego. Allí, se sienta en el lugar de siempre, próximo al ventanal de vidrio coloreado que muestra la imagen de Jesús en el huerto de los olivos. Después camina hasta el centro de yoga ubicado en las proximidades, en donde ella ha estudiado durante 24 años. Luego, por trigésima vez, escucha el CD Successful Surgery (cirugía exitosa) de Belleruth Naparstek. “Resulta muy hipnótico, con visualización guiada y afirmaciones”, comenta Edie. “Cada vez que lo escucho, me siento más relajada y con un mayor sentido de aceptación. En este momento, lo que realmente deseo es hacerme esta cirugía”.

Vea también: ¿Sabe usted qué es el cáncer y sus síntomas?

Edie Sundby toma una caminata por la playa con su marido - Luchar contra el cancer

Foto: Brad Swonetz

Algunas semanas antes de su operación, Edie y Dale hacen su caminata costera favorita en Torrey Pines.

Es muy probable que la cirugía torácica a la que será sometida Edie implique extirparle la totalidad de su pulmón derecho, lo cual disminuirá enormemente su capacidad respiratoria y su habilidad para soportar una actividad física vigorosa. Como resultado, esta mujer de 61 años, que ha logrado vivir cinco años más allá del pronóstico que le dieron los médicos cuando le diagnosticaron un cáncer de estadio IV en el 2007, decide que terminará su día con lo que podría ser su caminata final.

Vistiendo una camiseta turquesa, leggins y botas para senderismo, Edie se pone en marcha en una playa cubierta de algas que se extiende a lo largo de una milla, al pie de los majestuosos acantilados y cañones coloreados por el coral, del parque estatal de Torrey Pines. Con los audífonos de su iPod ajustados por debajo de los rizos de su corte de pelo estilo pixie o duende, parece deslizarse sobre la arena. Dale Sundby, su marido desde hace 37 años y empresario en tecnología, la alcanza y la toma de la mano, manteniéndose a la par de su vigoroso ritmo. “El ritmo natural de Edie es siempre así, activo y enérgico”, explica luego. “Ella no conoce otra manera”.

Sus médicos emplean términos como caso atípico, anomalía estadística, incluso milagro, para describir a Edie, si bien admiten estar viendo una mayor cantidad de personas con estadios avanzados de cáncer sobrevivir períodos de tiempo mucho más prolongados que los pronosticados. A lo largo de toda su enfermedad, Edie se negó a bajar los brazos y se obligó a ella misma y a su equipo médico a luchar, en una forma que resultó ser tanto agresiva como poco común. Cuando el Dr. Joseph Shrager, le advirtió que había una probabilidad del 5 % de no sobrevivir la extirpación de su pulmón —y, posteriormente, que sería afortunada de poder caminar una milla entera— ella le respondió que procediera. “El riesgo para mí reside en no hacerlo”, explica. “Y… ¿quién sabe? Quizá con la música adecuada o una actitud diferente, o simplemente caminando sin prisa en lugar de andar a los saltos por todo el cañón, aún esté en condiciones de hacerlo después de pasar por esto”.

No sería la primera vez que Edie les ha demostrado a los incrédulos que estaban equivocados. Con el tema de Elvis Presley “Only Believe” resonando en sus oídos, se esfuerza en la rocosa escalinata que conduce desde la playa hasta el parque ubicado en la parte superior. Una vez en la cima, se vuelve y contempla el horizonte: la bola de fuego naranja del sol que se precipita hacia las aguas. “¡Dios mío, qué día glorioso!”, exclama Edie. “He estado haciendo esta caminata por más de doce años y todavía es, para mí, un ritual mágico. No bien pongo un pie en la arena, me siento bendecida. Esta es la manera en que me curo”.

Su voz se torna un susurro. “Desde el momento en que comencé a lidiar con esta catastrófica enfermedad, hablo mucho más y a más velocidad”, dice. “La razón de ello es que tengo mucho por decir, muchos sentimientos”. Sus ojos se humedecen. “El cáncer ha intensificado todo”.

Edie, que siempre se describía a sí misma como “arrogantemente saludable”, atribuyó una molestia en la parte inferior de su espalda y un cuadro de diarrea a un parásito. Corría marzo del año 2007, y acababa de regresar a California del Sur desde Chennai, India, en donde ella y una de sus hijas gemelas, Stefanie, en ese entonces de 18 años, habían pasado cinco semanas como voluntarias en una escuela primaria.

Efectuó una consulta con un médico, quien, luego de confirmar que se había infectado con un parásito, también la siguió examinando para cerciorarse de si tenía algo más. Transcurridos diez días y luego de realizarse varios estudios, el médico le pidió que fuera a su consultorio. Ella estaba sola; Stefanie estaba en su trabajo y su otra hija, Whitney, estaba en clase en Standford University; Dale estaba en Ucrania, comenzando un nuevo emprendimiento. “Tienes algo desarrollándose en tu zona abdominal”, comenzó el médico, “y parece ser cáncer”.

Siguiente: Edie se entera de que le quedan tres meses de vida. »

Sentada en la camilla del consultorio, Edie hizo una inspiración profunda y preguntó: “¿Cuánto?” Recordando ese momento hoy, se toca la pancita. “Me confirmó que estaba diseminado. Él dijo: ‘En varios lugares’. Inmediatamente supe que se había hecho metástasis”.

Había tanto como cincuenta tumores de rápido crecimiento en su vesícula biliar —lugar donde los médicos creían que se había originado el cáncer— así como en su hígado, colon, intestinos y pulmones. Lo destacado, de entre todos los detalles que le confió el doctor ese día, era la existencia de un tumor que aparentaba tener siete pulgadas de longitud. “¡Uy!”, fue todo lo que Edie pudo exclamar. El médico le dijo que probablemente le quedaran solo tres meses de vida. “Me dijo que la enfermedad era incurable, con limitadas opciones para su tratamiento, y que solo servirían para demorar lo inevitable”, recuerda Edie. “Me aconsejó que pensara en los cuidados paliativos y comenzara a planificar los cuidados para enfermos terminales”.

Estupefacta, Edie salió a los tropiezos al estacionamiento y llamó a Dale desde el teléfono de su automóvil. El enlace intercontinental no era bueno. “Dale, acabo de ver al doctor y estoy llena de tumores”, le balbuceó precipitadamente. “Es cáncer. Necesito que regreses a casa”.

Por unos pocos segundos, la línea permaneció en silencio. Entonces Dale dijo: “OK, estoy en camino”, e inmediatamente inició un viaje de dos días, que lo llevó de nuevo junto a ella. Al principio, y mientras aguardaba su retorno, entró en pánico. En un intento por retomar algo de control, comenzó a escribir acerca de su vida. Criada como bautista sureña, se volcó también hacia la oración. “Transcurridos esos dos días”, dice, “alcancé una sensación de cierre. Si mi vida iba a finalizar en tres meses, lo aceptaba. Por supuesto, es una aceptación filosófica, pero experimenté una gran paz”.

Edie puede haber aceptado la presencia del espectro de la muerte, pero no por ello iba a dejar de seguir viviendo. Siempre había sido una luchadora.

Creció en un pequeño pueblito, Cyril, Oklahoma, hija de granjeros en dificultades. En total, eran doce niños (más pares de manos disponibles para cosechar algodón), y Edie era la segunda más joven. En una familia tan grande, no hubo algo así como padres pendientes de sus hijos, y ella tuvo que aprender a cuidarse de sí misma. Trabajó mucho para superar sus pocas probabilidades de abandonar Oklahoma. A pesar de haberlo logrado, mantiene un estrecho contacto con un círculo de amigos de su pueblo natal, quienes, al enterarse de su batalla contra el cáncer, formaron un grupo de oración por ella. “Nos autodenominamos guerreros oradores”, dice Ronald Janousek, maestro jubilado. “Edie y su familia no siempre tuvieron lo mejor, pero ella nunca tuvo nada malo que decir acerca de nadie, y es una mujer de una gran fortaleza”.

En el verano siguiente a egresar de la escuela secundaria, Edie vendió Biblias puerta a puerta para ayudar a pagar la universidad. Un representante de ventas típico promediaba unas tres ventas diarias, pero Edie superó esa marca en forma rutinaria y alcanzó, para ese entonces, la sorprendente cifra de $10.000 antes de encaminarse hacia University of Oklahoma. Luego de graduarse, obtuvo un empleo en IBM, en donde, en 1975 durante una sesión de capacitación, conoció a Dale. “Competimos entre nosotros durante toda esa sesión para ser el número uno”, recuerda Edie. “¡Dale me aventajó por muy poco! Ambos nos caracterizábamos por nuestra ambiciosa disposición para asumir riesgos, pero también nos reíamos mucho”. Se casaron cinco meses después y se mudaron juntos a Moline, Illinois.

Edie era la mejor persona del sector ventas que Dale haya conocido. “Esto se debe al hecho de que ella es muy consciente”, observa Dale. “No malgasta un solo día”. Igual de carismático, Dale terminó al frente de la oficina de IBM en Palo Alto, justo cuando Silicon Valley estaba despegando, y Edie aceptó un puesto como ejecutiva en AT&T, en San Francisco. Sin embargo, en 1984, decidieron abandonar sus trabajos corporativos y aventurarse como emprendedores en software, y se establecieron en San Diego, en donde, en 1988, tuvieron a sus gemelas. Experimentaron un enorme éxito en los negocios, así como también algunos fracasos, y nunca perdieron su impulso. En el 2007, con Whitney en la universidad y Stefanie tomándose un año sabático, eran optimistas acerca de su nuevo proyecto: el desarrollo de una plataforma de servicios financieros empleando programadores de software en Ucrania.

Entonces apareció el cáncer.

Siguiente: Combate contra el pronóstico de un cáncer terminal. »

Las noticias se difundieron rápidamente entre los amigos de Edie. A las pocas horas, un miembro de 94 años de la congregación de la comunidad de St. James llamaba a la puerta de su casa. “Edie”, expresó suplicante, “Tienes que pelear. ¡Pelea! ¡Pelea! ¡Pelea! ¡Pelea!” Edie comenzó a leer de todo —desde la Biblia hasta The Art of Living (El Manual de Vida) de Epicteto— y a coleccionar citas inspiradoras como las de Gilda Radner y Randy Pausch, autor de The Last Lecture (La última clase).

Edie en la iglesia junto a su pastor unas semanas antes de su cirugía - La lucha contra el cáncer

Foto: Brad Swonetz

Edie con su pastor en la iglesia de St. James, en La Jolla.

Edie llegó a la rápida conclusión de que, dado que el cáncer es la más común de las enfermedades, no tiene ningún sentido preguntarse por qué le tocó. “Era más realista preguntar: ‘¿Por qué no a mí?’ ”, explica. Un paso más adelante en esa misma línea de pensamiento, ella consideró el pronóstico “terminal” que le habían dado y concluyó: “Sí, el cáncer metastásico avanzado de estadio IV es sinónimo de muerte ‘estadísticamente cierta’. Sin embargo, ¿es eso siempre así?” Tras una pausa, responde con firmeza: “No”.

No bien Dale llegó a la casa, se sumergieron en una búsqueda en internet. “Supe que la diferencia entre la vida y la muerte era encontrar a un médico que no creyera totalmente en las estadísticas y que estuviese dispuesto a tratar al paciente por fuera del protocolo cuando se justificara”, dice.

Unos días después, fue sin cita programada al consultorio del Dr. George A. Fisher, el gastroenterólogo oncólogo que atendió a Steve Jobs, en el Stanford Cancer Institute. Él revisó la historia clínica de Edie y, poniendo su brazo sobre sus hombros, le dijo: “No puedo curarla, pero sí tratarla”. Fisher comenzó, de inmediato, a suministrarle a Edie una agresiva combinación de medicamentos quimioterápicos, un régimen que él indicaba fuera de la prescripción autorizada, a fin de permitirle beneficiarse con las nuevas medicinas desarrolladas para tratar otros cánceres más comunes que su poco frecuente adenocarcinoma de vesícula biliar. Doce semanas y cuatro infusiones de quimioterapia más tarde, los análisis revelaron que el 80 % del cáncer había desaparecido. Fisher consideró que estos resultados eran “sorprendentes”, pero le advirtió: “Un 20 % del cáncer aún está allí y podría causarle la muerte bastante rápido. Su hígado parece la Vía Láctea”.

Edie haciendo yoga un par de semanas antes de la cirugía  - La lucha contra el cáncer

Foto: Brad Swonetz

Edie adapta las posturas de yoga basándose en los puntos fuertes de su cuerpo.

Edie y Dale persisten. “Seguimos haciendo preguntas, si no logramos obtener las respuestas que queremos”, comenta Dale.

Varios médicos a quienes consultaron consideraron que su cáncer era inoperable. Sin embargo, Edie, quien junto con expertos en la materia, cree que “toda la esperanza reside en cortar todas las vías para que el cáncer se desarrolle”, no daría marcha atrás. Finalmente, considerando los increíbles resultados logrados con la quimioterapia, el Dr. Jeffrey Norton, jefe de cirugía oncológica de Stanford, acordó intentar extirpar quirúrgicamente lo que quedaba del cáncer. “En ese momento, supe que tenía una posibilidad”, dijo Edie.

En julio del 2007, Norton le realizó a Edie una incisión de 14 pulgadas desde la mama hasta el hueso pélvico y extirpó su vesícula biliar, una parte sustancial de su hígado y varios ganglios linfáticos.

En su libro It's Not About the Bike (No se trata de la bicicleta), Lance Armstrong escribió: “Si te puedes mover, no estás enfermo”, y esta frase se convirtió en el mantra de Edie. De modo tal que, no habiendo pasado aún diez horas desde su exitosa cirugía, se obligó a sí misma a ponerse de pie y a caminar. Tan pronto como lo consiguió, retomó su costumbre de caminar por los cañones en Torrey Pines y la práctica del yoga, para lo cual debió adaptar las posturas para lidiar con sus molestias y dolores.

Durante casi cuatro años más —mientras estuvo, técnicamente, en remisión— Edie continuó recibiendo quimioterapia (en total, setenta y nueve tratamientos, 836.000 miligramos de sustancias químicas bombeadas dentro de su cuerpo). Ella pudo hacerlo, en parte, gracias a su seguro, una póliza médica para casos de enfermedades catastróficas que cubrió el 80 % del costo del tratamiento. (Al ser trabajadores autónomos, ella y Dale optaron por este tipo de plan que, por lo general, es más económico que un plan con cobertura total de salud). Incluso así, ese 20 % de copagos directos restantes, a su cargo, representaron decenas de miles de dólares. Más aún, a la larga, Dale decidió abandonar el proyecto en Ucrania, sabiendo que no podría comprometerse con la actividad, mientras ayudaba a Edie en su lucha. Los resultados desde el punto de vista financiero fueron “traumáticos”, explica Dale. “Pero, como familia, estamos dispuestos a seguir con esto hasta el final, a gastar lo que sea necesario. De eso se tratan los votos realizados y los compromisos asumidos”.

Cada ocasión en la que Edie sufría un retroceso, se embarcaba en lo que ella definió como “una búsqueda espiritual”. Durante el verano del 2009, debilitada por la quimio, ella y Dale viajaron en una casa rodante a lo largo de los parques nacionales del oeste. “La naturaleza salvaje me ayuda a olvidarme de todo”, explica Edie. “Allí, no pienso en el cáncer, me siento saludable”. En otras dos oportunidades, se embarcaron en un viaje de campamento, la última vez en el 2011, cuando el cáncer regresó.

Los cuatro tumores que indicaban que la enfermedad de Edie estaba activa nuevamente fueron detectados en sus pulmones durante una tomografía computarizada de rutina, en marzo del 2011. Luego, una masa apareció en su hígado. “No es gran cosa”, le dijo Fisher a Edie. “Nos introduciremos allí y removeremos los tumores del pulmón. Luego, nos volveremos hacia el cáncer del hígado y le daremos una tunda”.

Siguiente: La intervención quirúrgica es considerada muy peligrosa. »

Sin embargo, debido a que el tumor en el hígado estaba rodeado de vasos sanguíneos vitales, se decidió finalmente que la intervención quirúrgica era demasiado peligrosa. Edie no se quedó lamentándose luego de recibir la novedad; ella retomó la búsqueda de alternativas.

“Cada vez que mi mamá recibe una mala noticia, ella la analiza para determinar cuán mala es en realidad y, luego, determinar el mejor modo de acción”, dice Stefanie. “Ella hace todo de a un paso a la vez”.

Edie y su equipo médico decidieron intentar con una batería de medicamentos quimioterápicos diferentes y con un nuevo instrumento de radiación dirigida —el acelerador lineal TrueBeam— para destruir las células cancerosas en sus pulmones e hígado. En el 2012, Edie viajó dos veces al MD Anderson Cancer Center para obtener una segunda opinión del Dr. Steven Curley, cirujano oncólogo especializado en cáncer de hígado. En los primeros días de agosto, tras comparar estudios por imágenes y advertir pocos cambios en el tamaño del tumor hepático, determinó que existía una probabilidad muy alta de que la quimio y la radiación hubieran eliminado el cáncer allí. Estos hallazgos le dieron a Shrager, en Stanford, la luz verde para operar el pulmón, y programó la intervención de Edie para unas semanas después.

Edie en el hospital antes de la cirugía con su esposo y una de sus hijas - La lucha contra el cáncer

Foto: Brad Swonetz

Edie en el hospital antes de la cirugía, con su marido y una de sus hijas.

El 28 de agosto, día previo a su operación, Edie y Dale volaron a Palo Alto y se alojaron en un apartamento puesto a su disposición por Stanford. A la mañana siguiente, en la oscuridad previa al amanecer, con Stefanie ya en la ciudad, llegaron a la sala de espera de pacientes internados del hospital y se acurrucaron en sillas adyacentes. Edie lleva puesto una camisa color crema, pantalones de yoga y botas de senderismo. Observando su iPhone, sonríe ante el texto que ella y Dale le enviaron a Shrager el día anterior y que dice: “¡Hoy, en el pulmón! Mañana, ¡afuera!”.

Tan pronto como Edie fue acomodada en una camilla, Dale y Stefanie se reunieron alrededor de ella y llamaron a Whitney, que estaba trabajando en un proyecto en Chicago. Rezaron todos juntos y Edie les dijo: “Si no salgo de esta, manténganse unidos”. Se volvió hacia Dale: “Dile al Dr. Shrager que quiero que me lo saque todo. Sé que está preocupado ante la perspectiva de tener que extirparme todo el pulmón, pero yo asumo la responsabilidad. He tenido una vida completa. Dile que simplemente lo saque, porque si no lo hace así, todo esto es inútil”.

Edie es la primera en afirmar que no hay una sola manera de cambiar las probabilidades a favor de uno cuando se trata de combatir el cáncer. “No se trata solamente del yoga, la oración, la quimioterapia, el médico, ni de los pensamientos positivos”, dice. Ella sabe esto, en parte, porque sus médicos le han confiado haber visto sucumbir a personas con una actitud muy positiva, mientras que otras —algunas pesimistas, entre ellas— sobreviven.

De todos modos, los miembros del equipo médico que atiende a Edie reconocen la presencia, en su caso, de algunos aspectos que le han permitido a ella desempeñarse como lo ha hecho. Fisher cita las mejoras producidas en los medicamentos quimioterápicos. “Las terapias del pasado eran tan desagradables que los pacientes, invariablemente, tenían que interrumpirlas, ya que no había calidad de vida para ellos”, explica. “Las nuevas quimioterapias le permiten al paciente mantener un tratamiento lo suficientemente prolongado —con una razonable calidad de vida— para alcanzar la tercera base”.

Además, y gracias a la respuesta extremadamente positiva de Edie a la quimio, sus doctores fueron capaces de intentar la remoción quirúrgica del cáncer residual. “Esto no es algo que suceda muy a menudo entre pacientes con un cuadro de metástasis”, afirma Fisher. Reconoce que el pensamiento positivo “es siempre bueno, aunque solo sea para ayudarle a uno a sobrellevar el tratamiento. De todos modos, no criticaría a nadie propenso a llorar”.

Aún así, los expertos admiten que Edie continúa sorprendiéndolos e inspirándolos. “Es uno de los pacientes más dinámicos, inteligentes y bien informados que he tenido”, afirma Shrager.

La cirugía duró casi seis horas. Cuando Shrager salió del quirófano, era todo sonrisas. A la postre, no necesitó extirpar todo el pulmón, tan solo el lóbulo superior y algunas áreas de los lóbulos medio e inferior. El informe de patología de los tejidos y ganglios linfáticos extirpados arrojó un resultado negativo para el cáncer activo. “Cuando vi a Edie por primera vez, pensé que la enfermedad le iba a brotar por todos lados”, admite Shrager. “Cuando esto no sucedió, todavía pensaba que había una probabilidad del 50 % de que le tendría que extirpar el pulmón derecho completo. Pero la quimio había barrido con la totalidad del cáncer. Eso es algo muy, muy inusual”.

Siguiente: ¿Cuáles son las probabilidades de sobrevivir a un cáncer de vesícula biliar? »

Fisher afirma que la probabilidad de sobrevivir cinco años para una persona que padece cáncer de vesícula biliar avanzado y tan diseminado como en el caso de Edie está muy por debajo del 5 %. Quizá debido a eso Shrager se aventure a decir que Edie podría llegar a estar “curada”. Pero cuando más tarde esa misma noche, Dale le da a su aturdida esposa el fantástico resultado de la cirugía, las palabras a las que ella se aferra son: “Tu capacidad pulmonar debería ser muy próxima a la normal”.

Durante cinco años, Edie ha aprendido a tener en cuenta hasta las más pequeñas de las bendiciones. “Al tener cáncer, la vida cobra un nuevo nivel de conciencia”, explica. “Todo se vuelve más precioso: nuestro tiempo, nuestra familia, nuestros amigos, la fe e incluso el trabajo. El cáncer me ha permitido conseguir paz”.

Edie sentada en su apartamento en Palo Alto después de la operación - La lucha contra el cáncer

Brad Swonetz

Edie se recupera de la cirugía en su hogar de Palo Alto.

Días después, mientras se recupera en su apartamento de Stanford, Edie comienza a asimilar el hecho de que su exitosa operación afectará su futuro y hace una evaluación. Ella está ansiosa de que Dale pueda retomar sus actividades empresariales. Quiere darles a Stefanie, que está próxima a obtener un título en neurociencia en Stanford, y a Whitney, que se ha graduado como especialista en neurofilosofía, un respiro. “La vida con una enfermedad catastrófica es una catástrofe para toda la familia”, dice. “Los hijos y el cónyuge viven cada día de nuestra enfermedad preparándose psicológicamente para la muerte. El luto anticipado resulta, a menudo, abrumador”.

Edie quiere también concederse algún tiempo para vivir la vida aparte de la enfermedad. Ella alberga la esperanza de, para principios del 2013, estar en condiciones de lanzar Skin Jolie, una línea de productos de belleza que ha estado desarrollando. De todos modos, planea permanecer vigilante, sometiéndose a estudios en forma periódica y manteniendo un ojo sobre ese punto sospechoso que ha aparecido en su tiroides. Si el cáncer surge de nuevo, ella se pondrá en acción.

Sentada en una silla reclinable en su apartamento, Edie vuelca un sobrecito de azúcar en su taza de té. Ella sonríe. “¡Yo sé que el azúcar causa cáncer!” Volviéndose seria, pregunta: “¿Si creo que puedo estar curada? No lo apostaría. No quiero llegar a eso tan rápido. Creo que estoy en el camino hacia la cura. Nos estamos aproximando”.

Finalmente, Edie afirma, los pacientes de cáncer atípicos como ella comparten una esperanza común: de que sobrevivirán el tiempo suficiente para estar allí cuando se produzca el gran descubrimiento. “Simplemente esperamos que llegue el día en que despertemos y nos encontremos con el titular del diario que diga que han encontrado la cura”, afirma. Mientras tanto, a medida que más amigos que conoció a lo largo del camino en los centros de cáncer y de quimioterapia sucumben, ella sigue en la lucha. Diez días después de su cirugía de pulmón, ella y Dale parten para realizar una caminata de 3,7 millas en “The Dish”, donde un empinado sendero serpentea alrededor de un radiotelescopio, al pie de las colinas de Stanford. El ondulante terreno a sus alrededores está salpicado con robles y molles. Diminutas ardillas cavan sus madrigueras en los matorrales, un ciervo pastorea en la cima de una colina y una tarántula se escabulle, atravesando el sendero.

Edie se pone sus audífonos y recorre la primera cuesta. Ella reconoce que sus pulmones le arden. “De repente, y en forma asombrosa, soy capaz de respirar profundamente”, dice. “Con Elvis cantando gospel, es sencillo completar la caminata. Me siento tan afortunada”.

De pie a su lado, Dale sonríe. “Edie tiene un deseo tan grande de vivir”, exclama. “Nunca he conocido a nadie con una voluntad tan imperiosa por vivir, nunca”.

“Lucho por mantenerme con vida, no porque tenga miedo de morir, si no porque amo vivir”, dice Edie, su voz de nuevo convertida en un susurro. “Le agradezco a Dios por cada día de esta vida, y quiero que en ella haya más, si bien eso nunca se sabe. Lo que sí sé es que hoy, en este momento, estoy viva. Y eso es todo lo que tenemos: el momento presente”.

¿Qué

0 | Add Yours

Deje su comentario en el campo de abajo.

Debe registrarse para comentar.

LEE ESTE ARTICULO