Skip to content
 

La vida después del cuidado: Amelia Cerbelli

Nuevas tradiciones familiares, centrarse en el trabajo e implementar una estrategia para salir de deudas fueron metas después del fallecimiento de su madre.

Un foto montaje de Amelia Cerbelli junto a su madre y familia.

Cortesía de Amelia Cerbelli

Durante más de dos meses, Amelia Cerbelli vivió junto a la cama de su madre; primero en el hospital y luego en un centro de rehabilitación.

Amelia, residente de Bushkill, Pensilvania, tomó una licencia no remunerada de su trabajo como supervisora de operaciones, y aunque los visitantes ocasionalmente le llevaban comida, se sentía deprimida y subsistía mayormente de queso y galletas. 


Ahorra un 25% el primer año cuando te unes a AARP con opción de renovación automática. Obtén acceso al momento a descuentos, programas, servicios y toda la información que necesitas para mejorar tu calidad de vida.


Para cuando su madre, Amelia Linares, falleció en diciembre del 2016 de la enfermedad de Creutzfeldt-Jakob —un trastorno cerebral degenerativo que lleva a la demencia y a la muerte—, Cerbelli había perdido 20 libras y tenía problemas financieros. Desafortunadamente, como muchas otras personas, ni ella ni su madre habían hecho planes para pagar por cuidados paliativos, un seguro o los gastos funerarios. Amelia decidió volver a trabajar de inmediato debido a los crecientes gastos y porque ella y su esposo, que está discapacitado, necesitaban los ingresos.

“No teníamos nada, no teníamos dinero en el banco”, dice Amelia. Ella y su esposo cobraron certificados de depósito y retiraron fondos de jubilación para cubrir los gastos funerarios y ponerse al día con las cuentas atrasadas.

“Tomó varios años recuperarme económicamente”, dice Amelia, ahora de 62 años. 

El camino hacia la recuperación

Después de unos cuatro meses de luchar contra la depresión por la muerte de su madre, y de sentir pesimismo en torno a su futuro financiero, Amelia decidió que iba a tratar de recuperarse.

“Me centré en trabajar, en retomar mi vida, y no me preocupé por nada más”, dice.

En la primavera del 2017, Amelia se dedicó a encontrar soluciones para las enormes deudas. Se sentó frente a su computadora y creó hojas de cálculo. Trazó una estrategia de cómo y cuándo eliminar cada deuda, se sumergió en la investigación sobre las finanzas personales y finalmente llegó a un punto en el que podía empezar a ahorrar, comenzando con solo $5 cada dos semanas.

Hoy, no tiene deudas y finalmente da un suspiro de alivio.

Ella enfatiza que la restauración emocional no fue menos difícil después de perder a su madre, con quien compartía un vínculo estrecho.

Los nietos de Amelia Cerbelli.

Cortesía de Amelia Cerbelli

“Lo que me mantuvo estable emocionalmente fue que mis nietos me necesitaban. Mi hijo trabajaba de noche, así que me aseguré de que sus hijos se bañaran y de que las tareas escolares se hicieran correctamente. Los nietos me mantuvieron cuerda”.

— Amelia Cerbelli

Por más de dos meses antes de que su madre falleciera, Amelia rara vez vio a su esposo, hijos y nietos mientras mantenía vigilia en el hospital y, más tarde, en un centro de rehabilitación que quedaba a una hora de su hogar. Durante este tiempo, ella atendió todas las necesidades emocionales de su madre enferma, pero encontró que su propio bienestar emocional sufría.

“Dejé de hacer todo... comer... no podía ducharme en el centro de rehabilitación... me aseaba en un lavabo, con un paño”, dice. “Dormía en mantas en el piso porque no podía usar la cama al lado de mi madre, ya que siempre entraban nuevos pacientes”.

El deterioro de la salud de su madre se aceleró cuando, al ingresar a un hospital para hacerse análisis de sangre, tropezó y se golpeó la cabeza.

“De camino al hospital estaba lúcida”, dice Amelia, que estaba con su madre ese día y la vio caer. “Se cayó y se golpeó la cabeza contra la puerta corrediza... gritó su nombre, donde nació, eso es todo lo que siguió repitiendo. Yo trataba de sostener su cabeza y su cuerpo, mi madre no estaba bien”.

Cuando su madre murió, Amelia se sintió desorientada.

“No podía dormir por la noche, miraba y esperaba que ella saliera de su habitación”, dice. “Se me hizo muy difícil en el trabajo, simplemente comenzaba a llorar”.

Pero Amelia tuvo un punto de inflexión cuando retomó las actividades con sus nietos, quienes eran un elemento constante de su vida diaria.

“Lo que me mantuvo estable emocionalmente fue que mis nietos me necesitaban”, dice Amelia. “Mi hijo trabajaba de noche, así que me aseguré de que sus hijos se bañaran y de que las tareas escolares se hicieran correctamente. Los nietos me mantuvieron cuerda”.

Trabajar horas extra e incluso las molestias leves en el trabajo, señala, mantuvieron su mente ocupada.

Amelia Cerbelli junto a su madre Amelia Linares, en el dia de su graduación.

Cortesía de Amelia Cerbelli

Amelia Cerbelli junto a su madre Amelia Linares, en el dia de su graduación.

El torbellino de las responsabilidades “me impidió entrar en una depresión profunda”, dice.

“Soy el tipo de persona que se deprime por un tiempo, luego recupero la compostura y sigo adelante porque tengo demasiadas personas que dependen de mí”.

Recuperar el equilibrio

Poco a poco, Amelia recuperó su pasión por celebrar hitos como cumpleaños y graduaciones, y observar las tradiciones festivas con alegría.

También se esforzó en crear nuevas tradiciones familiares, como pasar los últimos días de verano cada año en un parque acuático con sus nietos antes del regreso a la escuela.

Amelia y su esposo, Michael, se enfocaron en dedicar más tiempo a las actividades en pareja. Comparten y disfrutan juntos de programas de televisión y películas, y viajaron en crucero casi dos años después de la muerte de su madre.

“Esa fue una idea espontánea”, dice Amelia, quien suele planificarlo todo. “Michael dijo, ‘¿Por qué no nos vamos en un crucero?’ No había ido de vacaciones desde que mi madre se enfermó. Pensé, ‘no sabemos cuánto tiempo tenemos en esta tierra’, así que nos fuimos en crucero y lo pasamos muy bien”.

Pero también dedicó tiempo a sí misma, a hacerse manicuras y pedicuras con regularidad y a rezar por lo menos 30 minutos al día.

“Es importante tener cosas que esperamos con ansias”, explica. “Siempre lloraré por mi madre. Siempre la voy a recordar. Cuando veo cosas que le pertenecían, se me salen las lágrimas. El dolor nunca desaparece realmente, pero tomas lo que aprendiste de ellos, su legado, y puedes seguir adelante”.