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Mi mamá quiere que yo sea su cuidador, pero no quiere mudarse cerca de mí para hacerlo más fácil

Por qué pasan estos estancamientos y cómo la empatía y la planificación pueden aliviar la tensión.


Ilustración de una mujer cansada con una maleta entre dos fondos uno con un aeropuerto y otro con una madre mayor en una sala.
Vidhya Nagarajan

Los editores les pidieron a los participantes en el Grupo de conversación para cuidadores familiares, de AARP (en inglés) y a otros cuidadores que enviaran preguntas urgentes que les gustaría que el terapeuta familiar y psicólogo clínico Barry Jacobs abordara en esta columna. Jacobs abordó este tema tan polémico.

Yo tengo el poder legal para las decisiones médicas y financieras de mi madre y me estoy encargando de casi todo por ella a distancia porque vive lejos de mí. Me estresa mucho tener que viajar tan seguido a su casa. Por desgracia, ella se niega a mudarse más cerca aunque eso me ayudaría a vivir mi propia vida. ¿Cómo puedo equilibrar su necesidad de quedarse donde está con mi necesidad de tener menos estrés como su cuidador?

—N.S., Waynesboro, Pensilvania

(Esta carta fue editada por longitud y claridad).

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Jacobs: Entiendo tu frustración. Muchos hijos adultos que cuidan a padres que están envejeciendo tienen una conversación inútil tras otra con ellos sobre mudarse más cerca. Desde el punto de vista del hijo adulto, una mudanza así tendría mucho sentido práctico y lógico. Así podrían acompañar con más facilidad a su padre o madre a las citas médicas, recogerles los víveres y los medicamentos, y disfrutar de su compañía. Estar más cerca geográficamente también podría llevar a una mayor cercanía emocional. Y, como sugiere tu pregunta, la mudanza ayudaría al hijo adulto a evitar el trastorno de viajar con frecuencia a la casa del padre o madre.

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Sin embargo, la razón más convincente para que un padre o madre se mude es una que muchos hijos adultos piensan, pero normalmente no dicen en voz alta: creen que sería más justo. Ya que estoy haciendo sacrificios por ti, podría estar pensando un hijo adulto, entonces lo mínimo que puedes hacer es sacrificarte dejando tu casa y mudándote más cerca de mí para que cuidarte sea menos estresante.

Pero lo que le parece justo al hijo adulto puede parecerle injusto e intolerable al padre o madre. “Ya es bastante duro envejecer y perder algunas de mis capacidades”, podría responder un padre o madre. “¿Cómo te atreves a intentar agravar esas pérdidas quitándome la comodidad de mi hogar y la compañía de mis amigos cercanos, solo para que a ti no te incomode viajar?”.

El padre o madre podría agregar con indignación: “Ya odio depender de ti porque eso me hace sentir que ya no soy un adulto capaz. Aprecio que quieras ayudarme, pero seré una carga todavía mayor para ti si vivo cerca. Entonces me sentiré aún peor”.

Estos estancamientos generacionales pueden parecer imposibles de resolver. Algunos padres nunca aceptan mudarse, o lo hacen solo bajo una presión enorme después de una crisis. Yo pasé por esto hace 16 años con mi madre. Cuando mi esposa y yo le sugerimos por primera vez que se mudara de Florida para vivir a menos de 1 milla de nuestra casa en Pensilvania y así poder apoyarla a ella y a mi padrastro con demencia, respondió con vehemencia: “Preferiría vivir en la calle”. Más adelante, cuando unas circunstancias médicas y financieras graves la obligaron a mudarse, se quedó resentida por eso.

Por suerte, hay mejores maneras de animar a tu mamá a que con el tiempo decida mudarse. Requieren cantidades iguales de empatía, pragmatismo y planificación a futuro para que lo que a ti te parece justo también le parezca justo a ella.

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Primero reconoce las pérdidas

Un viejo aforismo de la terapia familiar dice: “Conéctate antes de confrontar”. En otras palabras, necesitamos sentir empatía hacia los demás para que sientan que estamos con ellos antes de pedirles que hagan un cambio difícil.

En ese sentido, cualquier conversación fructífera con tu mamá tiene que comenzar con tu reconocimiento sincero de las pérdidas que ella experimentaría al mudarse. Dile que sabes que ama su casa, sus amigos y la vida que ha llevado. Dile que puedes entender sus temores de perder todo eso y de verse lanzada a un ambiente nuevo y extraño con una mayor dependencia de ti. Es solo cuando ella sienta que entiendes lo que está en juego para ella que podría empezar a escuchar tus preocupaciones.

Cuestiona con suavidad la minimización

Para no quedar mal, todos tratamos de restarle importancia a nuestras debilidades. Los adultos mayores que van perdiendo facultades y están decididos a quedarse en sus hogares hacen lo mismo, a menudo minimizando el impacto de cómo están cambiando (por ejemplo, “Todavía puedo oír la mayor parte de lo necesario”; “Todavía puedo subir las escaleras si voy muy despacio”). Si tu mamá está haciendo esto, felicítala por las adaptaciones que está haciendo, pero señálale discretamente que quizás no funcionen para siempre.

Por ejemplo, podrías decir: “Me da mucho gusto que hayas decidido dejar de conducir de noche porque tus ojos ya no aguantan el resplandor del tráfico que viene de frente. Pero el hecho de que tu vista esté cambiando me preocupa, porque hasta la conducción durante el día puede volverse más difícil para ti”.  No estás restándole valor a lo que ella todavía puede hacer. Solo estás señalando que está pasando por cambios no deseados, que muy probablemente van a continuar.

Describe un punto de quiebre

Sin sonar alarmista, menciona que se acerca un punto de quiebre inevitable: “Mamá, por más que queramos aferrarnos a cómo están las cosas hoy, también tenemos que planear para mañana. Va a llegar un momento en que la combinación de tus limitaciones cada vez mayores y el estrés creciente que yo siento al estar yendo y viniendo a tu casa va a ser demasiado para las dos. Entonces, mudarte más cerca de mí será necesario”.   ¿Aceptará esto de buena gana? Probablemente no. Puede que te diga que todos los días hace lo mejor que puede y que los desafíos de mañana los resolverá mañana. Pero tú debes mantenerte firme en que, porque te importa, los dos deberían pensar en los siguientes pasos para mantenerla segura y bien. También podrías recordarle que tú no controlas las circunstancias en las que ella se encuentra. (Lo hacen el envejecimiento y, posiblemente, las enfermedades). Tú estás ahí para ayudarla a planearlas y adaptarse a ellas con tu apoyo.

Vende la idea de la mudanza

Por último, deberías mostrarle a tu mamá que mudarse no necesariamente será una pérdida total; también puede traer beneficios. Si vive cerca de ti, entonces puedes conducir para llevarla a tiendas, bibliotecas y eventos recreativos, los tipos de lugares a los que quizás ahora le cueste llegar. Podrías cocinarle la cena y celebrar las fiestas con ella más fácilmente. Podrían pasar tiempo juntos. Ella podría participar en los grupos de adultos mayores de tu comunidad y, con suerte, hacer nuevas amistades. También puedes ayudarla a mantenerse en contacto con sus viejos amigos por teléfono y video.

También es crucial decirle que quieres ayudarla a preservar su independencia, incluso si vive cerca. Mudarse a tu comunidad no te pone a cargo de ella. Te da una mejor oportunidad de acompañarla durante esta etapa de su vida.

Por más atractivo que trates de hacer que todo esto suene, la pérdida de su hogar todavía puede dolerle profundamente. Por favor, hazle saber que entiendes su dolor. Aun mientras te esfuerzas por ayudarla a vivir lo más plenamente y feliz que pueda en su nuevo hogar, atesorarás con ella la vida que tuvo.

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