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La mitad de los accidentes automovilísticos fatales ocurren de noche, según los datos (en inglés) del Consejo Nacional de Seguridad, a pesar de que solo el 25% de la circulación del tránsito ocurre a esas horas. Es menos probable que los conductores usen el cinturón de seguridad por la noche, se hayan con mayor frecuencia bajo los efectos del alcohol y son más propensos a la fatiga.
No obstante, hay otro gran problema: la visión.
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Nuestros ojos envejecen a la par con nosotros
Los seres humanos nacen con dos tipos de fotorreceptores en los ojos: conos y bastoncillos. Durante el día, utilizamos los conos, que son las estructuras que nos permiten ver el color. Sin embargo, con el ocaso, cambiamos a una mezcla de conos y bastoncillos; cuando hay muy poca luz, dependemos por completo de los bastoncillos, por lo que todo parece blanco y negro en la oscuridad.
"Al envejecer, comenzamos a perder los bastoncillos antes de perder los conos", explica Cynthia Owsley, presidenta de Oftalmología de la Universidad de Alabama, en Birmingham. Así que, aunque nuestra visión a la luz del día sea aún buena, nuestra visión nocturna se vuelve menos aguda. En las personas con degeneración macular relacionada con la edad, este proceso es aún más pronunciado, señala.
Al mismo tiempo, nuestras pupilas, que regulan la cantidad de luz que entra en los ojos, se encogen con la edad, afirma John Bullough, director de programas del Light and Health Research Center de la Facultad de Medicina Icahn del Hospital Mount Sinai, en Nueva York. "Cuanto mayores somos, más pequeñas son nuestras pupilas", afirma. "Incluso con el mismo nivel de luz, nos entra menos luz al globo ocular". Para cuando llegamos a los 60 años, añade, la parte posterior del ojo solo recibe un tercio de la luz que recibía cuando teníamos 20 años. "El mundo se oscurece día a día", indica. "La única razón por la que no nos damos cuenta es porque sucede de manera muy gradual". A medida que envejecemos, también nos volvemos menos sensibles a los cambios de contraste y, por lo tanto, menos capaces de distinguir los objetos —como las señales de tránsito o los peatones— de su entorno.
Y cuanto más oscurece, más difícil nos resulta ver, sobre todo cuando se trata de percibir objetos al borde de la carretera. Un estudio del Instituto de Investigación de Transporte de la Universidad de Míchigan reveló que las muertes de peatones eran un 22% más probables en las noches de luna nueva —cuando la luna es esencialmente invisible— que en las noches más claras de luna llena. Además, en condiciones de bajo contraste, es difícil calcular la velocidad a la que se mueven los objetos, como otros automóviles, y nuestros tiempos de reacción son más lentos.
Es más, a medida que nos acercamos a los 50 años, casi una de cada diez personas padecerá cataratas, que es visión borrosa provocada por la acumulación de proteínas en los lentes cristalinos que se encuentran detrás de las pupilas. Cuando lleguemos a los 80 años, más de la mitad de nosotros tendremos cataratas. "Todas las personas que vivan lo suficiente, tengan los ojos sanos o no, llegarán a padecer cataratas", observa Bullough.
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