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¿Te fatiga demasiado usar Zoom?

Los expertos explican por qué las videollamadas pueden ser agotadoras y cómo prepararte para sacarles provecho.

Mujer que usa una computadora portátil para una videoconferencia con varias personas

FG Trade/Getty Images

In English | Pantallas borrosas, eco de audio y problemas cuando es tu turno de hablar y no te das cuenta. Estas son solo algunas de las molestias que pueden acompañar a las conversaciones en plataformas como Skype, FaceTime y Zoom.

En un momento en que las personas dependen cada vez más de las herramientas de videoconferencia para mantenerse conectadas, los expertos dicen que está surgiendo otro tema entre los que las usan: sentimientos de fatiga y agotamiento.

“Es agotador para la mente”, expresa Vaile Wright, director sénior de innovación en el cuidado de la salud de la American Psychological Association (APA). “Tratas de escuchar, tratas de participar, tratas de leer las señales no verbales, de saber quién habla y cuándo, eres muy consciente de que te están observando, y casi no puedes evitar mirarte, todo al mismo tiempo”.

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Aunque los usuarios podrían suponer que las videoconferencias son agotadoras porque carecen de señales de la vida real, como el lenguaje corporal —lo que significa que hay que trabajar más duro para seguirle el ritmo a la conversación—, Wright y otros expertos dicen que, de hecho, estas llamadas pueden ser agotadoras por la razón opuesta: porque convierten las partes de las conversaciones en persona que suceden de forma subconsciente y poco frecuente, como el contacto visual sostenido, en un torrente de información.

“En el mundo real, las reglas efectivas del lenguaje corporal —como cuánto acercarte a alguien y cuándo mirarlo a los ojos— se hacen de forma muy juiciosa”, dice el profesor de Comunicaciones Jeremy Bailenson, director fundador del Virtual Human Interaction Lab de Stanford University. “Lo que sucede con estas plataformas es que toman una señal que se usa muy poco en persona —por ejemplo, mirar a los ojos de alguien— y lo aplican a gran escala constantemente”.

¿El resultado? Como dice Bailenson: “No siempre se trata de que más es más”, lo que significa que la naturaleza constante y cercana de las videollamadas, en lugar de ser estimulante, puede hacer que incluso las personas más extrovertidas se sientan examinadas en exceso y se les dificulta establecer conexiones.

Pero, con la necesidad de depender de la videoconferencia para mantenerte al día con los amigos, la familia y las obligaciones laborales que probablemente persistan durante algún tiempo, los expertos dicen que los pequeños cambios pueden ser la clave para mejorar nuestras interacciones en la pantalla.


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La práctica hace al maestro

“Mi primer consejo es que practiquen”, afirma Bailenson, quien recientemente organizó una exitosa fiesta de cumpleaños para su hija —que requirió la coordinación con un artista local, además de miembros de la familia en todo el país— por video.

Recomienda que te pruebes anticipadamente cualquier plataforma que vayas a usar y que te des tiempo para acostumbrarte al software y configurar el fondo y tu alrededor. 

Si es necesario, dice, pídele a un amigo o familiar dispuesto y conocedor de la tecnología que te dé un tutorial, o incluso que haga una llamada de práctica contigo.

Establece los parámetros y el protocolo. Es clave

La psicóloga social Juliana Schroeder, profesora adjunta de la Facultad de Negocios Haas de University of California-Berkeley, dice que establecer parámetros y protocolos de llamada (como mantener los micrófonos de las personas silenciados a menos que estén hablando) puede ayudar a que todo funcione sin problemas, aunque reconoce que el hecho de tener que seguir diferentes reglas para diferentes grupos puede ser agotador.

Una manera de disfrutar lo mejor de ambos mundos es la de empezar con “una pequeña dosis de video” —unos minutos para que todos se vean y se saluden— y luego pasar a una llamada telefónica.

La mentora personal y consejera de vida Natalie Caine dice que otra manera de hacer agradable las llamadas es la de designar anticipadamente un coordinador de la conversación (alguien que, por ejemplo, pregunte a todo el mundo cómo le va), y luego estructurar la llamada sobre un determinado tema, como compartir recetas familiares, en lugar de depender de charlas superficiales. (De igual manera, Wright recomienda usar el tiempo de la videoconferencia para hacer una actividad compartida, como ver una película, jugar un juego o cocinar).

“Es mucho más significativo y conectado”, dice Caine, “algo que la gente anhela durante el aislamiento”.

Encuentra la mejor manera de concentrarte

Aunque no sea posible en todos los tipos de videollamadas, como las reuniones de trabajo, Schroeder dice que también ha oído hablar de gente que se las arregla para mantener el cuerpo activo, incluso hacer ejercicio, mientras están en videollamadas.

Puede sonar ilógico, pero participar en una actividad física separada (o incluso levantarte para estirarte durante el curso de una llamada) puede ayudar a disminuir la sensación de fuga de cerebros que puede producirse al centrar tanta atención en la pantalla, así como los garabatos o caminar sin pensar ayudan a muchas personas a mantenerse concentradas en el teléfono.

Establece límites de tiempo y sé honesto

¿Otro consejo de los expertos? No te sientas obligado a programar las videollamadas durante una hora entera, ni te avergüences de interrumpirlas antes de tiempo si la conversación no da para más.

Una manera de disfrutar lo mejor de ambos mundos, dice Bailenson, es empezar con “una pequeña dosis de video” —unos minutos para que todos se vean y se saluden— y luego pasar a una llamada telefónica. 

Los expertos coinciden en que el hecho de que la tecnología de video esté disponible no significa que debas sentir la necesidad de abandonar las llamadas telefónicas y otras formas de mantenerte en contacto.

Ser honesto con respecto al método de comunicación que prefieres, dice Wright, puede abrir la puerta para que otros también expresen lo que sienten. “Lo cierto es que si empezamos a hablar de esto, apuesto a que más gente diría que siente igual”, expresa.

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