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6 formas sorprendentes en que la COVID-19 cambió las amistades

Los adultos mayores anhelan volver a las relaciones en persona.

Tres mujeres sonríen mientras se abrazan

SABRINA BRACHER/GETTY IMAGES

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​Como sucede con una planta o un ser vivo, cuanto más cuidado y atención se dedica a las amistades, más se fortalecen y más conexión sienten las personas. Así pues, cuando llegó la COVID-19 y el término “distanciamiento social” se convirtió en la nueva norma, las amistades se pusieron a prueba. Debido a las burbujas sociales que se formaron para limitar la exposición al virus, algunos vínculos se consolidaron. Otros, tras meses de interacción limitada o nula, se debilitaron o se perdieron del todo.

“La gente se vio obligada a replantearse el valor de la amistad, porque realmente se puede comprender el valor de algo cuando nos lo quitan”, señala Marisa G. Franco, psicóloga, experta en amistad y autora de Platonic: How the Science of Attachment Can Help You Make —and Keep— Friends. “Puedes ver el modo en que te afecta”.

En una encuesta reciente que llevó a cabo AARP sobre las amistades entre los adultos mayores de 50 años, más de la mitad de los participantes afirmaron que, desde que comenzó la pandemia, el fortalecimiento de las relaciones con los amigos y la familia cumple una función más importante en su vida.

Según Franco, las investigaciones destacan un fenómeno interesante que se produce cuando las personas pasan tiempo juntas. Los sentimientos se magnifican, y se intensifican tanto las emociones positivas como las negativas.


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Al mismo tiempo, durante los días más sombríos de la pandemia, “muchos sentíamos que teníamos un margen emocional limitado”, comenta Franco. “Nos sentíamos apagados. Pienso que todo esto revela lo importante que es el vínculo social para sentir que mantenemos nuestro equilibrio”.

Aquí describimos seis formas en que la COVID-19 produjo cambios en las amistades.

1. Existe un interés renovado por restablecer los vínculos

La pandemia cambió la forma en que nos sentimos con respecto a las amistades. La encuesta de AARP sobre las amistades entre los adultos de 50 años o más concluyó que el 67% de quienes conocieron a alguien que enfermó gravemente o murió a causa de la COVID-19 y el 59% de quienes no conocieron a nadie que muriera o estuviera gravemente enfermo ahora afirman que los vínculos sociales y el tiempo que pasan con sus seres queridos son más importantes para ellos.

Durante los primeros días de la pandemia, Donna Flanagan, de 62 años, quien vive sola en San Antonio, pensó mucho en reanudar viejas amistades que se habían disipado.

“Ese tiempo me hizo reflexionar y pensar con quién no había hablado en un tiempo y con quién quería volver a conectarme”, indica.

Flanagan actualizó su cuenta de Zoom para poder celebrar reuniones virtuales más largas con amigos y familiares, y se puso en contacto telefónico con su mejor amiga de la escuela intermedia y secundaria. La amistad no había sido tan intensa desde hacía décadas, cuando Flanagan se mudó de Chicago —su ciudad natal— a Texas, y se mantuvo conectada solo mediante tarjetas navideñas anuales y conversaciones en las reuniones de exalumnos.

Si bien las dos amigas no hablan con tanta frecuencia ahora que la pandemia entra en su tercer año y la vida cotidiana se aproxima un poco más a la normalidad, se envían mensajes de texto con constancia. La amiga de la infancia de Flanagan le envía fotos y le cuenta las novedades de su familia y de algunas de las personas que ambas conocieron en la escuela secundaria.

“Tenemos mucha historia”, dice Flanagan. “Ahora, cuando vaya a casa, sin duda nos reuniremos. Quizá he estado allí un millón de veces y no la he llamado en los últimos 25 años. Ahora quiero conocer a sus hijos, y todo eso”.

2. Usamos más la tecnología para mantenernos conectados

Las videollamadas por Zoom, los mensajes de texto, el correo electrónico y otras formas de tecnología han sido invaluables durante la pandemia para afianzar las amistades, explica Rebecca G. Adams, de 69 años, socióloga y gerontóloga de la Facultad de Salud y Ciencias Humanas de University of North Carolina Greensboro.

“Cuanto mayor es la frecuencia de interacción con los demás, más cerca nos sentimos de ellos”, sostiene Adams. “Las personas que no cruzaron la brecha digital —las que no tienen acceso a la comunicación electrónica o no saben utilizarla— tienen menos recursos”.

3. Deseamos encontrarnos en persona

A pesar del temor al contagio de COVID-19, anhelamos las interacciones cara a cara. La encuesta de AARP reveló que más del 75% de los participantes preferían socializar en persona en vez de hacerlo en línea.

Los participantes de la encuesta también manifestaron que preferían reunirse con pequeños grupos de amigos y seres queridos en vez de asistir a grandes encuentros que pudieran incluir a personas que no conocían bien o a desconocidos.

4. Se intensificaron las amistades íntimas

En general, el efecto de la COVID-19 en las amistades parece depender del nivel de afinidad que existía entre las personas antes de que se difundiera la noticia del virus en el 2020.

Según Franco, cuando se trata de nuestro círculo más íntimo —que suele brindarnos el mayor apoyo—, esas amistades se consolidan en los momentos de mayor vulnerabilidad y dificultad, de modo que se afianzaron durante la COVID-19.

Las amistades ocasionales, que a menudo se forjan al encontrarse por la ciudad o en reuniones grupales, se fueron deteriorando.

“No solo hemos perdido amigos casuales, sino que no hemos tenido la oportunidad de hacer nuevos amigos para reemplazarlos”, observa Adams. “Pienso que nuestras redes se hicieron más pequeñas, más densas y más estrechas simplemente por el desgaste”.

Los vínculos con los vecinos y los miembros de la comunidad también se han deteriorado. En la encuesta de AARP, los adultos de más de 50 años indicaron que si bien el fortalecimiento de los vínculos con los amigos íntimos y la familia siguió siendo importante o cobró mayor importancia durante la pandemia, para ellos el fortalecimiento de los vínculos con los vecinos o los miembros de la comunidad fue menos importante.


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​5. Las actitudes hacia la COVID-19 provocaron la pérdida de algunas amistades

El distanciamiento físico y la separación que causó la COVID-19 no fueron los únicos factores que dificultaron y, en algunos casos, acabaron con algunas amistades.

Brian Moffitt, de 57 años, de Rochester, Nueva York, no cortó completamente el vínculo que tenía con un amigo al que solía ver dos veces por semana antes de la pandemia, pero tampoco se esmera en hacer planes para encontrarse. A pesar de que él y su amigo comparten los mismos puntos de vista con respecto a la COVID-19, su amigo se volvió tan crítico y molesto con la gente que tenía otra actitud frente a la pandemia —sobre todo en lo que respecta a las vacunas— que le resultaba menos agradable pasar tiempo con él.

“No sé si él se da cuenta de que lo trato de otra forma, porque no me he alejado totalmente de él, pero me mantengo más distante que antes”, explica Moffitt, ingeniero clínico. “En realidad, ya no tengo interés en hacer cosas con él”.

De hecho, según la encuesta de AARP, en los casos en los que la COVID-19 provocó un cambio en las amistades, para muchos ese cambio no fue positivo: el 28% de los participantes de 50 años o más indicaron que la relación con sus amigos se debilitó durante la pandemia. Esto fue especialmente cierto en el caso de las personas de 50 a 59 años, el 34% de las cuales manifestó que los vínculos se habían debilitado.

​​6. Las amistades masculinas se resintieron

En algunos casos, las amistades entre hombres cambiaron porque ellos no suelen compartir sus sentimientos como las mujeres, señala Geoffrey Greif, profesor de la Facultad de Trabajo Social de University of Maryland y autor de Buddy System: Understanding Male Friendships.

La recomendación de Greif para los hombres es que sean lo más comunicativos posible, sin que por ello se sientan incómodos.

“No es necesario llegar a un punto que te incomode”, explica, pero les pide a los hombres que se desafíen a sí mismos. “Si estás en un nivel 5, intenta llegar a un 6, pero no pases a un 10. Date la oportunidad de avanzar un poco, pero no pienses que de repente debes compartir tus pensamientos y sentimientos más profundos”.

Franco, quien considera que la amistad se relega a un segundo plano con demasiada frecuencia con respecto a los vínculos románticos, se complace al ver que la conversación se centra en lo que nos sustenta.

“Por mucho que nos hayan inculcado el mensaje de que solo necesitamos a una persona para sentirnos enteros, eso no es necesariamente cierto”, señala. “Necesitamos una comunidad entera para sentirnos completos”.

Robin L. Flanigan es una escritora que colabora con artículos sobre salud mental, educación y temas de interés humano para varias publicaciones nacionales. Trabajó como reportera para diversos periódicos y sus escritos también se publicaron en People, USA Today y Education Week. Es autora del libro infantil M is for Mindful.