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Una familia se entrega a la misión de informar a una comunidad negra después de enfermarse de COVID-19

Su objetivo es lograr que la gente tome seriamente las precauciones contra el coronavirus.

Foto de la familia Johnson-Nixon

Cortesía de la familia Johnson-Nixon

Kirstin y Charles Johnson-Nixon (centro) y sus hijos Judah, Raphael y Caleb (de izquierda a derecha) esperan impedir que otros se contagien con el coronavirus.

In English | Cuando la COVID-19 devastó el país la primavera pasada, la familia de Kirstin Johnson-Nixon sufrió las consecuencias probablemente más que la mayoría. Hospitalizaron a sus padres y a su papá lo sometieron a un tratamiento con respirador artificial por un tiempo. Kirstin y su esposo Charles cayeron enfermos en casa con fiebre, escalofríos y tos. Dos de sus hijos dieron positivo en la prueba de detección, pero solo tuvieron síntomas leves.

Durante todo este proceso, lo que más le preocupaba a Johnson-Nixon era la posibilidad de no volver a ver a sus padres y el miedo de que fallecieran solos.

"Ese era mi mayor temor", dijo en una conversación sobre su experiencia de haber sobrevivido la COVID-19. "Logras vivir hasta los 86 y 87 años y luego te mueres solo".

Ahora que todos se están recuperando, Kirstin y Charles, de 55 y 57 años, respectivamente, han decidido compartir su experiencia con las repercusiones físicas y emocionales de la enfermedad, y exhortar a otros a seguir las mejores prácticas como el uso de mascarillas y el distanciamiento social. Su mensaje cobra especial urgencia en la comunidad negra, que ha sufrido el mayor impacto de la COVID-19. Un análisis de Kaiser Health News reveló que murieron cinco veces más adultos negros de 65 a 74 años por COVID-19 que blancos dentro del mismo grupo de edad.


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La pareja espera contrarrestar el sentimiento de desesperanza que manifiestan muchas personas negras, así como la desconfianza que sienten hacia la comunidad médica.

"La reacción es: ¡otra vez lo mismo!", dice Kirstin. "Apareció otra cosa que nos afecta más de lo que afecta a cualquier otro grupo".

Por ese motivo es más importante dar a conocer el mensaje, explica Charles.

"Me he propuesto la misión de hacerle entender a la gente que tenemos que tomar esto seriamente y cambiar la forma de hacer las cosas", señala Charles, vicedirector de una escuela intermedia al sur de Minneapolis. "Me gustaría decirle esto a la gente: 'Me pasé 12 días pensando que acabaría en el hospital y moriría. Por eso es importante que tu hijo use una mascarilla'".

Dar a conocer su experiencia personal

En mayo, la COVID-19 azotó a la familia Nixon-Johnson con toda su fuerza.

Los dos padres de Kirstin fueron hospitalizados. La enfermedad atacó los pulmones de Charles y de Kirstin y les provocó fiebres aterradoras. Dos de sus tres hijos dieron positivo en la prueba. Caleb, de 17 años, perdió su sentido del olfato. Raphael, de 14 años, que tiene asma, tuvo problemas para respirar. Judah, también de 14 años, se hizo la prueba, pero el laboratorio la perdió. Aunque no tuvo síntomas, la familia lo vigiló de cerca y lo mantuvo en cuarentena por consejo del médico.

Todos sobrevivieron, pero aun meses más tarde, sienten los efectos secundarios persistentes, ya sea volver a vivir el terror de la fiebre, tener dificultades para respirar o sobrellevar el olfato disminuido. De todos modos, se sienten bien como para advertir a otras personas de sus dificultades con la COVID-19.

Al poco tiempo de que Charles y Kirstin se recuperaran en junio, fueron entrevistados en una estación local de televisión para describir su experiencia. "Fueron 14 días de miseria", le dijo Charles al periodista. En julio el African American Leadership Forum invitó a la familia a participar en una reunión comunitaria virtual con un médico, una enfermera y un activista comunitario para hablar de la enfermedad. En agosto, Charles intervino en un seminario en línea con el capítulo Alpha Phi Alpha de su antigua universidad, North Carolina Central University.

Kirstin, quien es trabajadora social en el distrito escolar Minneapolis Public Schools, habló ante un grupo de trabajadores sociales escolares sobre el impacto que la enfermedad tuvo en su familia. En la primavera próxima, planea hablar en un encuentro organizado por trabajadores sociales en el Capitolio estatal, y la historia de la familia se publicó en varios medios periodísticos.

'Una ola que te embiste'

En su iglesia, en el trabajo y en toda su comunidad, la familia Johnson-Nixon difunde su lucha contra la COVID-19 porque cree que la gente está subestimando la enfermedad. Sin embargo, reconocen que para muchas personas que tienen que seguir trabajando para pagar su vivienda, alimentos y otros artículos esenciales, no es fácil evitar riesgos. "Muchas personas de nuestra comunidad consideran que mantenerse sanas y seguras es casi un asunto secundario", señala Charles.

Pero el mensaje de la pareja sigue siendo claro: toma todas las medidas de prevención que sean posibles, porque pasar por la enfermedad es peor de lo que te imaginas.

Los Johnson-Nixon siguen dándole prioridad a su salud y vigilando atentamente los síntomas que perduran.

"Para mantener mi salud fuerte, tengo que hacer algunas cosas", explica Kirstin. No ha recuperado su capacidad pulmonar completa, que la afecta cuando sale a caminar por el vecindario, y siente que las alergias son peores que antes.

Charles tiene un ataque de tos todas las mañanas y con frecuencia debe parar a recuperar el aliento después de subir escaleras. Y todavía siente la sensación extraña que se apoderaba de su cuerpo cuando le subía la fiebre en los peores momentos de la enfermedad. "Es casi como si te embistiera una ola y no puedes hacer nada para detenerla", comenta él.

Incluso sus hijos han sentido el impacto perdurable de la COVID-19. A Caleb le costó recuperar el sentido del olfato. Cuando le volvió, "todo tenía el mismo olor, como un hedor corporal mohoso", dice Kirstin.

Raphael está usando un inhalador más que de costumbre y es menos activo. "Ahora sabe en todo momento dónde tiene el inhalador", observa Kirstin. "No era así antes".

Los padres de Kirstin siguen padeciendo dificultades. El papá todavía necesita oxígeno, y la demencia de la mamá parece haber empeorado. A pesar de todo, dice ella, "agradece cada día" que su familia esté viva y en vías de recuperación.

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