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  • La batalla de Tony Bennett contra el Alzheimer

    Durante cuatro años el cantante y su familia han mantenido en secreto la enfermedad y ahora rompen su silencio.

    Por John Colapinto

    Photo By Kelsey Bennett

    Durante cuatro años el cantante y su familia han mantenido en secreto la enfermedad y ahora rompen su silencio.

    Por John Colapinto

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Primera parte: “Solo se trata de otro regalo”

Una tarde a principios de noviembre, llegué al hogar de Tony Bennett en el piso 15 de un edificio en el borde sur del Central Park en la ciudad de Nueva York. El gran ventanal del amplio apartamento de tres habitaciones mostraba una vista impresionante del parque e inundaba las habitaciones con una luz constante proveniente del norte, “el sueño de un pintor”, como dijo una vez Bennett. Esto es importante, porque además de ser uno de los mejores cantantes del mundo, él también es un artista visual serio. Durante el último cuarto de siglo, ha pasado innumerables horas en este santuario, una habitación convertida en estudio de arte adonde me llevó a verlo su esposa, Susan. A todas luces, es el espacio de un artista que trabaja: las paredes empapeladas con bosquejos, una mesa desordenada con montones de pinceles y tubos de pintura doblados, un caballete al lado de la ventana con una obra en curso —un dibujo en blanco y negro del parque, que evoca hábilmente los lejanos edificios con trazos impresionistas de carboncillo—.

Bennett estaba sentado en un escritorio al lado de la pared, con su silla volteada hacia las ventanas, y ojeaba un libro ilustrado de gran formato que tenía en el regazo. Estaba elegante, con una chaqueta azul sobre una camisa de cuello abierto, pantalones oscuros y zapatillas deportivas blanca. A los 94 años, su apariencia era asombrosamente juvenil y fácilmente reconocible: los ojos azules de párpados grandes, el perfil romano, el cabello canoso bien peinado. Sin embargo, lo que faltaba era la sonrisa fácil y siempre presente que ayudó a caracterizarlo como el simpático cantante, ídolo de su generación; más accesible que el volátil Sinatra o el cómicamente “borracho” Dean Martin. En vez de eso, su expresión tenía la impasividad de una máscara que apenas cambió a una conciencia tenue cuando Susan —quien tiene 54 años, es delgada y de buen porte— le puso una mano en el hombro, se inclinó y dijo: “Este es John, Tone. Vino a hablar con nosotros del nuevo álbum”. Le habló en el oído, quizás un poco alto, en un tono alentador y enfático, como si intentara llegar a su esposo a través de una barrera que había aparecido entre él y el resto del mundo.

De hecho, eso era lo que hacía. Él me miró a los ojos, inexpresivo, antes de volver a mirar su libro sin decir nada.

Tony Bennett tiene la enfermedad de Alzheimer, el tipo más común de demencia relacionada con la edad. Esta enfermedad está caracterizada por una pérdida progresiva de la memoria que le quita a quienes la padecen muchos de los dones que todos damos por sentado —el habla, el entendimiento, los recuerdos atesorados, el reconocer a los seres queridos— y los deja completamente dependientes de sus cuidadores. Bennett, a quien se le diagnosticó la enfermedad de Alzheimer en el 2016, por ahora se ha librado de la desorientación que puede inducir a los pacientes a salir de casa y deambular, así como de los episodios de terror, furia o depresión que pueden acompañar el alarmante distanciamiento de la realidad que conlleva este trastorno. Por cierto, es posible que nunca llegue a tener estos síntomas. Pero no quedan dudas de que su enfermedad ha evolucionado. Hasta sus momentos cada vez más escasos de claridad y conciencia revelan lo hondo de su debilidad. En un momento dado, mientras Susan y yo permanecíamos de pie conversando, él apartó de repente la vista del libro en su regazo y, con su sonrisa familiar, me preguntó con su típica voz suave y aterciopelada: “¿Cómo está el tiempo afuera?”. Si no hubiera sabido que él y Susan acababan de regresar de llevar a pasear a su perro en el parque, quizás no hubiera sospechado que algo andaba mal.

(Haz clic en el botón CC del video para seleccionar los subtítulos en español)
 

Esta pérdida de la memoria a corto plazo es una característica del inicio furtivo de la enfermedad de Alzheimer, pero la memoria a largo plazo también desaparece de forma progresiva. Por eso fue todavía más conmovedor el hecho de que el libro que captó tanto su atención era Tony Bennett Onstage and in the Studio (2018), un volumen lujosamente ilustrado con fotos de todas las etapas de su vida, a partir de cuando era bebé. Miraba fijamente sus páginas, no como si fueran recuerdos cálidos, sino como un hombre a quien le cuesta trabajo recordar por qué estas imágenes parecían familiares. Si bien todavía puede reconocer a sus familiares, según Susan, no siempre está seguro de en dónde está o lo que sucede a su alrededor. Objetos mundanos tan familiares como un tenedor o un juego de llaves del hogar pueden ser completamente misteriosos para él.

Diez minutos después de mi llegada, el hijo mayor de Tony, Danny, se unió a nosotros en el estudio. “Hola, Pop”, dijo. Tony alzó la vista, con una pequeña sonrisa, y saludó con la cabeza antes de regresar en silencio a su libro de fotos. El afable Danny, de 66 años, quien lleva puestos jeans negros y una chaqueta estilo Nehru, ha sido el representante de su padre durante los últimos 40 años. Danny desempeñó un papel decisivo en el renacimiento de la carrera de Tony a mediados de la década de 1990, gracias al cual el cantante (quien entonces tenía casi 70 años) se convirtió en una inesperada estrella del canal MTV. Esto culminó en un premio Grammy al mejor álbum por Tony Bennett: MTV Unplugged. Desde entonces, Danny ha planeado y organizado un torrente constante de memorables grabaciones de dúos entre Tony y John Mayer, K. D. Lang, James Taylor, Sting, la difunta Amy Winehouse y Lady Gaga, quien se ha convertido en una protegida devota. Su primer dueto fue electrizante (“The Lady Is a Tramp” en el 2011); un momento que le cambió la vida a Gaga, cuando la veinteañera estrella del rock glamuroso y del tecno pop se dio cuenta, bajo la tutela de Tony, que ella era (como él) también una cantante de jazz —alguien que puede inspirarse en una melodía y con facilidad improvisar giros armónicos de belleza deslumbrante—. “El hecho de que Tony me vea como una cantante de jazz por naturaleza todavía es algo que me asombra”, dijo hace poco Gaga.

En el 2014, Lady Gaga y Tony grabaron Cheek to Cheek, un álbum de clásicos que al lanzarse alcanzó el primer puesto de la lista de los 200 principales éxitos de pop y rock de la revista Billboard. Este es el tipo de éxito intergeneracional que sencillamente no puede ignorarse. Poco después empezaron a hablar sobre un segundo álbum. Las canciones se grabaron entre el 2018 y principios del 2020, durante sesiones bastante separadas. Después de varias demoras, la colaboración al fin se está preparando para lanzarse esta primavera. Las demoras se debieron al creciente estrellato de cine de Gaga (en A Star Is Born) y su carrera de grabaciones como solista (que incluyó el lanzamiento de sus álbumes recientes Joanne y Chromatica), por no mencionar la pandemia de COVID-19.

Según Susan, Tony ya mostraba signos evidentes de la enfermedad cuando él y Gaga empezaron a grabar el nuevo álbum en Electric Lady Studios de Nueva York, dos años después del diagnóstico. De hecho, Susan no estaba completamente segura de que Tony podría hacerlo. “Intentaremos”, recuerda que le dijo a Danny. “Eso es lo único que te puedo decir. Lo intentaremos”.

Antes de su enfermedad, Tony era conocido como un perfeccionista meticuloso y determinado en el estudio de grabación. El documental del 2012 The Zen of Bennett (filmado tres años antes de la aparición de los síntomas) incluye un momento electrizante en el que Tony, quien intentaba calmar a una nerviosa Amy Winehouse durante su dúo en “Body and Soul”, le dijo bruscamente al productor Phil Ramone, quien se atrevió a intervenir desde el micrófono del estudio: “No. ¡No te metas! Deja que ella y yo lo resolvamos”. En otra parte, le habla con brusquedad a Lee Musiker, su arreglista de música y pianista, por usar un tempo demasiado rápido para “The Way You Look Tonight”, que practicaban para un dueto con Faith Hill. “No puedo ser una versión descartable”, dijo Tony. “¡Quiero hacer algo inmejorable con esta canción!”.

Tony Bennett  con Lady Gaga

Kelsey Bennett

Lady Gaga y Tony Bennett en un estudio de grabación en 2019.

Pero la presencia de Tony durante la grabación del nuevo álbum con Gaga fue mucho más callada. En secuencias documentales sin editar de las sesiones, él habló rara vez, y cuando lo hizo fue de manera vacilante; a veces, parecía perdido y desconcertado. Gaga, quien es evidente que sabe de su enfermedad, mantuvo sus oraciones cortas y sencillas (como recomiendan los especialistas en la enfermedad de Alzheimer cuando alguien habla con pacientes que la tienen). “Suenas muy bien, Tony”, le dijo en un momento. “Gracias”, fue la respuesta de una palabra de él. Gaga dice que piensa “todo el tiempo” en su gira del 2015. Tony la miró en silencio. “¿No nos divertíamos todas las noches?”, le preguntó Gaga. “Sí”, contestó él, vacilante. El dolor y la tristeza en el rostro de Gaga fueron obvios en esos momentos. Pero nunca tanto como en una secuencia extraordinariamente conmovedora en la que Tony (un hombre a quien ella llama “un increíble mentor, amigo y figura paterna”) cantó como solista parte de una canción de amor. Gaga lo miraba desde su propio micrófono. Su sonrisa se convirtió en temblor, se le aguaron los ojos, se tapó la cara con las manos y empezó a sollozar.

El nuevo álbum contiene dúos suntuosos y espléndidos, en los que la voz de ambos cantantes es magnífica. Pero hay una tarea relacionada con el álbum que Tony evidentemente no puede hacer: las entrevistas promocionales. (Cuando le pregunté: “¿Está emocionado por el nuevo disco con Gaga?”, se me quedó mirando fijamente en silencio). Esto ha planteado un dilema para quienes se encargan de la vida y la carrera de Tony, en su mayoría Danny y Susan. Juntos decidieron romper el silencio sobre su enfermedad, pues tienen muchos deseos de que la mayoría de la gente oiga y disfrute el que podría ser el último álbum de Tony Bennett. Tuvieron que tomar esta decisión sin la opinión de Tony, ya que él, dijo Susan, es incapaz de comprender este trastorno, y mucho menos de tomar decisiones trascendentales sobre si divulgarlo públicamente.

No es fácil para ninguna familia romper el silencio entorno al diagnóstico de la enfermedad de Alzheimer de un ser querido. Al igual que el cáncer y las enfermedades mentales, la enfermedad de Alzheimer lleva consigo un estigma, pues se tiene un terror especial a este trastorno incurable que implacablemente separa a sus pacientes de los lugares, los eventos y las personas que los anclaron a su vida. Muchos la tratan como una sentencia de muerte inmediata y se apartan del mundo, instados a hacerlo por familiares que temen a la enfermedad y a su evolución impredecible y, a veces, socialmente incómoda. Hace poco, los investigadores expresaron gran preocupación sobre las malas consecuencias de esta estigmatización. La Dra. Gill Livingston, una psiquiatra del University College London que se especializa en demencia, dijo que el silencio sobre la enfermedad de Alzheimer solo hace que se acumulen ideas erróneas y estereotipos en relación con este trastorno, lo que crea un círculo vicioso que lleva a más estigmatización y miedo. “Dejarse llevar por el pánico y esconderse realmente no ayuda”, dijo “Queremos que la gente sea lo más franca posible, consigo misma y con su familia, para que tengan apoyo en las cosas que no pueden hacer y reciban ayuda para vivir una vida relativamente plena. El apoyo marca una gran diferencia”. Sin embargo, un esfuerzo reciente para crear conciencia sobre la enfermedad puede haber fallado hasta cierto punto, porque las personas tienden a escuchar solo el mensaje alarmante de que es incurable y progresiva —y no que los enfermos que reciben apoyo cariñoso y atención médica puntual pueden mantener buena calidad de vida y bienestar durante años—.

“Él está haciendo tantas cosas, a los 94 años, que mucha gente sin demencia no puede hacer. Ciertamente, es un símbolo de esperanza para alguien con un trastorno cognitivo”.

—Dra. Gayatri Devi, neuróloga quien diagnosticó la enfermedad de Tony en el 2016.

Cada vez resulta más importante que se escuche ese mensaje más esperanzador. Más de 5 millones de personas en Estados Unidos tienen la enfermedad de Alzheimer. Es probable que esa cifra, según los médicos, aumente a porcentajes epidémicos a medida que los boomers de menor edad (los nacidos entre 1954 y 1964) empiezan a tener más de sesenta y cinco o setenta y tantos años. Todo esto significa que guardar silencio sobre la enfermedad de Alzheimer pronto será igual de imposible para la sociedad como se volvió ahora para la familia de Tony Bennett. Y su historia con esta enfermedad, como el resto de su larga vida, es inspiradora. El que Tony haya mantenido tan buena calidad de vida es testimonio del apoyo que recibe de su familia, su equipo médico y sus amigos. Además, da crédito a lo que Lady Gaga le dijo a Danny cuando él le informó que estaban pensando en romper el silencio sobre la enfermedad de Tony. “Quise consultar con ella para asegurarme de que no tendría problema”, dijo Danny, “porque ella siempre lo cuida. Ella dijo, ‘por supuesto, solo se trata de otro regalo que podemos darle al mundo’”. 

Ayuda para tu ser querido

Uno de los aspectos más crueles de la demencia es el estigma que la rodea, según Sarah Lock, vicepresidenta sénior de Política y Salud Cerebral de AARP. Los sentimientos de vergüenza o desesperanza pueden hacer que la gente ponga resistencia a recibir un diagnóstico o se niegue a someterse a tratamiento. Aunque en la actualidad no existe una cura para la enfermedad de Alzheimer, “hay mucho que la gente puede hacer para retrasar los síntomas y mejorar su calidad de vida”, explica Lock. “Si las personas se enteraran de eso, podríamos ahorrar mucho en costos de tratamiento y salvar vidas”.

Según el Consejo Mundial sobre la Salud Cerebral, estas seis actividades clave pueden aplazar la aparición de la enfermedad de Alzheimer y aliviar el transcurso de la enfermedad:

  • Mantener los lazos sociales
  • Desafiar el cerebro
  • Manejar el estrés
  • Hacer ejercicio con frecuencia
  • Comer bien
  • Tener un sueño reparador
  • Para obtener más información sobre cómo desarrollar y preservar la memoria y la cognición, visita aarp.org/CerebroSano 

Un estilo de vida saludable por sí solo no resuelve los desafíos que presenta la demencia para los pacientes y sus familias. AARP ofrece un centro de recursos en línea (aarp.org/cuidar) para quienes cuidan de seres queridos vulnerables. En colaboración con la Alzheimer’s Association, AARP creó un sitio web en inglés para buscar recursos comunitarios, Community Resource Finder (communityresourcefinder.org), con enlaces a programas, eventos, servicios médicos y otros tipos de ayuda para los pacientes con demencia y sus cuidadores.

Tony Bennett, Danny y Dae con la mascota Pat, en 1957

New York Daily News Archive via Getty Images

Tony con sus hijos, Danny y Daegal y su mascota, Pat, en 1957.

Segunda parte: Su compás siempre fue su familia

Nació en Queens, Nueva York, en 1926, con el nombre Anthony Dominick Benedetto. Es nieto de inmigrantes de la provincia italiana pobre de Calabria. Su padre, quien tenía una tienda de comestibles, murió debido a una enfermedad del corazón cuando Bennett tenía solo 10 años. La madre viuda de Bennett tuvo que mantener a la familia de cuatro integrantes con su sueldo de costurera. Si bien Bennett había obtenido una plaza en una escuela secundaria para aspirantes a artista en el Upper East Side de Manhattan, abandonó la escuela a los 16 años para ayudar a mantener a la familia. Trabajó como ayudante de periódico y después como mesero cantante y solista de una banda. Luego, en 1944, cuando cumplió 18 años, fue reclutado en el Ejército y lo enviaron a Europa durante los atroces últimos meses de la Segunda Guerra Mundial.

En la primera línea del frente en Alemania, esquivó bombas y metralla, cavó trincheras en suelo congelado y vio morir a amigos —adolescentes como él—. Poco antes del Día de la Victoria en Europa, ayudó a liberar un campo de concentración en Landsberg, cerca de Dachau. Su experiencia, unida a los prejuicios raciales a los que fue sometido por compañeros soldados estadounidenses (por su patrimonio italiano y por volverse amigo de soldados negros), consolidó sus ideas sobre lo maligno de los prejuicios. Años después, fue uno de los pocos artistas blancos que se unieron a la marcha por la igualdad de derechos de Martin Luther King Jr. en Selma, Alabama. 

Tony Bennett en uniforme militar en 1946

Cortesía Tony Bennett

Partió en barco hacia su hogar en Nueva York en agosto de 1946, el mes en el que cumplió 20 años. Como parte de las fuerzas de ocupación en Alemania, entretuvo a sus compañeros soldados, cantó con una orquesta grande especializada y pulió sus habilidades. Pero al regresar a casa, no pudo conseguir trabajo como artista principal. Con el nombre artístico “Joe Bari”, dio conciertos en clubes pequeños sin que le pagaran, se enamoró del nuevo sonido de bebop y empezó a usar la voz para imitar el saxofón de Charlie Parker y el piano de Art Tatum. Aprovechó el GI Bill (Proyecto de ley del soldado) para estudiar bel canto, las técnicas de respiración y articulación que usan los cantantes de ópera para lograr crescendos vocales altos sin forzar la voz.

A la larga, consiguió empleo en el lujoso Shangri-La en Astoria, que lo llevó a invitaciones a programas de radio. Pero la oportunidad que le cambió la vida apareció cuando Pearl Bailey, una popular cantante y actriz, le pidió que cantara con ella en un club en Greenwich Village llamado Village Inn. Bob Hope llegó para escucharlo y lo invitó para que cantara durante sus próximas presentaciones en Nueva York. Hope tuvo una exigencia: Joe Bari, un nombre sencillo, no era el adecuado para un cantante con la elegancia y el estilo de Tony. De inmediato, Hope editó unas cuantas sílabas del nombre original del cantante y lo cambió a Tony Bennett.

Se ha demostrado en estudios que, para prevenir la enfermedad de Alzheimer y mitigar sus efectos, es beneficioso consumir una dieta mediterránea (mucho aceite de oliva, frutas y verduras frescas, legumbres y pescado). Susan, como la cuidadora principal de Tony, lo ha mantenido en esa dieta. También supervisa su régimen de ejercicio de tres días por semana, pues sabe que, al parecer, tener un mejor flujo de sangre retarda la evolución de la pérdida de la memoria. Unos minutos antes de las 4 p.m. del día en que visité, el entrenador de Tony, un extrovertido joven llamado David, puso al cantante a hacer una serie de ejercicios que hubieran desafiado a alguien con treinta años menos. Empezaron con ejercicios para la parte superior del cuerpo, en los que Tony tiraba de bandas elásticas gruesas. Luego pasaron a ejercicios aeróbicos: Tony trotó de ida y de vuelta por los pasillos. Después, ejercicios para la parte inferior del cuerpo: subir y bajar de un cajón de seis pulgadas de alto, además de seis tandas de sentadillas. Aunque no habló, Tony siguió las instrucciones de David y hubo un momento, mientras permanecía sentado para recobrar el aliento, en que de repente le agarró la mano a Susan. Ella le dio un apretón de manos. “Se siente bien hacer ejercicio, ¿no, mi amor?”, dijo.

“Sí”, contestó Tony.

“¡Bien!”, respondió Susan.

La devoción de Susan por Tony es admirable, y data de antes de que lo conociera. Nacida en San Francisco en 1966, era una admiradora poco probable de su música. Cuando los demás chicos se interesaban por Elton John o los Rolling Stones, Susan llamaba a las estaciones de radio locales a pedir que tocaran las canciones de Tony y les rogaba a sus padres que la llevaran a sus conciertos. A la larga, fue líder del capítulo local de su club de admiradores. Heredó esa fascinación, ya que su madre, Marion, también había sido admiradora de Tony durante mucho tiempo. Marion fue una de las “Tonymaniáticas” originales, el ejército de adolescentes que, a principios de la década de 1950, ayudó a Tony a volverse famoso por primera vez. Marion tenía 14 años en 1950 cuando Tony, justo después del triunfo de presentarse junto a Bob Hope, firmó un contrato de grabación con Columbia Records. Un año más tarde, tuvo su primer éxito, “Because of You”, una balada aterciopelada que permaneció como número uno por 10 semanas y atrajo a sus conciertos tantas fanáticas que gritaban que la policía puso barricadas en los lugares de presentación.

Durante los próximos 10 años, Tony tuvo un éxito tras otro, entre ellos “Cold, Cold Heart” y “Rags to Riches”. En 1955, lanzó un sofisticado álbum de jazz, Cloud 7, acompañado por una combinación de batería, bajo, piano, guitarra eléctrica apagada, saxofón y trompeta. Ese mismo año, tomó una decisión que sería típica para un hombre cuyo compás siempre fue su familia: Bennett contrató a su hermana, Mary, como su representante. Hasta que las exigencias de la maternidad la obligaron a dejar ese cargo una década después, Mary ayudó a guiar la carrera de su hermano, lo que incluyó el lanzamiento, en 1962, de su canción más conocida y uno de sus sencillos de mayor venta: “I Left My Heart in San Francisco”. 

Tony Bennett en un concierto en 1965

Silver Screen Collection/Getty Images

Con eso, Bennett alcanzó la estratosfera del estrellato internacional. Pero entonces, llegó la invasión de cantantes británicos. De repente, el estilo de cantar, el repertorio de canciones, el corte de cabello y la ropa de Tony —de hecho, toda su generación (en 1964, tenía 38 años)— se volvieron obsoletos. Aún peor: no estaban en la onda. Y todavía peor: convencionales. En un abrir y cerrar de ojos, las ventas de sus discos se desplomaron y sus conciertos se acabaron. Mientras tanto, su primer matrimonio, con una belleza de Cleveland llamada Patricia Beech, se arruinó. Se habían casado en el apogeo de la Tonymanía y tuvieron dos hijos uno tras otro (Danny en 1954 y su hermano Daegal, un nombre escandinavo que a Patricia le gustaba, al año siguiente). Pero las giras constantes de él habían abierto una brecha entre la pareja y luego el bajón de su carrera la ensanchó. Se separaron en 1965 y después se divorciaron.

La mala suerte seguía llegando. Columbia Records exigió que todos los artistas cantaran música de rock. Tony se negó. Pero en 1970, con su carrera a punto de terminarse, se rindió y lanzó Tony Sings the Great Hits of Today. Ha dicho que la primera vez que escuchó el álbum, literalmente, vomitó. Se negó a grabar otro álbum y en 1971 se marchó de Columbia. Unos años después, empezó su propio sello discográfico, Improv, y en 1975 y 1977, lanzó dos álbumes de jazz muy respetados con el atormentado genio de piano Bill Evans. Desafortunadamente, los álbumes no tuvieron éxito.

Para ese entonces, Bennett se había casado con la aspirante a actriz Sandra Grant. Sus hijas, Joanna y Antonia, nacieron en 1969 y 1974, y la familia se mudó a Los Ángeles. Allí, Tony adoptó el estilo de vida de celebridades, con fiestas interminables y cocaína que “manaba tan libremente como la champaña” (como él lo expresó en su autobiografía del 2007, The Good Life). En 1977, Improv fracasó y Tony quedó endeudado. Su amada madre murió (“Estuve tan abrumado por una tristeza profunda que de verdad me pregunté si me estaba enloqueciendo”) y el IRS, con quien Tony tenía pagos atrasados, inició medidas para embargar su casa en Beverly Hills. En mitad de esta vorágine, Tony, mareado después de beber alcohol y drogarse, se desmayó en la bañera mientras se daba un baño. Sandra lo sacó y lo reanimó, y poco después empezó un proceso de divorcio. Él había tocado fondo. Pero también sabía cuál era la única manera de resolverlo: la familia.

En 1979, sus hijos, Danny y Dae, quienes en aquel entonces tenían 25 y 24 años, ya habían estado trabajando durante una década como músicos itinerantes de rock. Como dijo Danny, “y por supuesto, crecimos en la industria. Siempre fui bueno para contratos y asuntos legales y Dae, quien había pasado a la producción, tenía muy buenos instintos”. Tony les pidió a ambos hijos que fueran a Los Ángeles, donde perdió el control y confesó: “Estoy perdido”. No tenía idea de cómo arreglar su situación financiera ni de cómo reanudar su carrera muerta. Danny, quien comenzó a ser el representante de Tony, elaboró un plan de pago de tres años con el IRS, recortó los gastos de Tony y lo mudó de vuelta a la ciudad de Nueva York. Luego, se concentraron en la música.

Seguro de que gente de su propia edad y más joven solo necesitaba escuchar la música de su padre para enamorarse de ella, Danny logró que se reconocieran el nombre y el rostro de Tony al convencer a SCTV, un programa de comedia popular entre los estudiantes universitarios, para que incluyera a Tony en un episodio. Consiguió una trama para Tony Bennett en The Simpsons y logró que lo invitaran al programa de David Letterman. También redujo las presentaciones de Tony en Las Vegas (demasiado insignificantes). Organizó apariciones más de moda en Bottom Line y Village Vanguard en la ciudad de Nueva York, y un concierto en Carnegie Hall.

Columbia Records quiso que Tony regresara y Danny supervisó un contrato de grabación muy ventajoso para su padre. En 1986, Tony lanzó su primer álbum con Columbia en 14 años: The Art of Excellence. En una época en la que Huey Lewis aseguraba a los chicos que “está de moda ser convencional”, Tony Bennett, bien peinado y con traje, volvió a estar en la onda. MTV lo incluyó en su programa de premios musicales junto a integrantes de Red Hot Chili Peppers. Pero cuando los programadores de MTV empezaron a hablar con entusiasmo sobre Tony cantando las canciones de rock de estos jóvenes, Danny les hizo saber la exigencia incuestionable de su cliente: los duetos están bien, pero los jóvenes cantan la música de Tony. MTV captó el mensaje. Cuando Elvis Costello y K. D. Lang se unieron a Tony para la grabación de su sesión MTV Unplugged en abril de 1994, cantaron con él temas del gran cancionero estadounidense. El álbum resultante, Tony Bennett: MTV Unplugged, se convirtió en uno de los grandes éxitos de ventas de su carrera. Según escribió The New York Times: “Tony Bennett no solo salvó la brecha entre generaciones, la destruyó”. Tony usó las ganancias de Unplugged para “un lujo”, como escribió después: un “bonito apartamento al sur de Central Park” —el apartamento donde lo visité el otoño pasado—. Cuando él se mudó allí, Susan lo acompañó. 

“El canto es todo para él. Todo. Le ha salvado la vida muchas veces”.

—Susan Benedetto, esposa de Tony

Ellos se habían enamorado en 1985, cuando Susan, quien tenía 19 años, usó sus credenciales de club de admiradores para ir tras bastidores en uno de sus conciertos. A los 58 años, Tony era casi 40 años mayor que ella. Pero Susan, según se dice, ya era una persona singularmente serena y sensata. Eso queda perfectamente claro cuando se refiere al colapso de drogadicción de Tony a fines de la década de 1970. “Esto fue antes de mis tiempos”, dijo, “porque yo nunca lo hubiera tolerado”.

Se acostumbraron a vivir juntos en Nueva York, donde él se dedicó a sus dos pasiones, pintar y cantar, y ella terminó sus estudios y se convirtió en maestra de Ciencias Sociales. Ambos fundaron Exploring the Arts, una organización benéfica que recauda dinero para las escuelas públicas. En el 2001, crearon la Frank Sinatra School of the Arts en Queens, el municipio natal de Tony. Su prolongado divorcio de Sandra por fin concluyó en el 2007, y entonces Tony y Susan se casaron. Tony, quien tenía casi 81 años y todavía se presentaba más de 100 veces al año, le pidió a su nueva esposa que lo acompañara en sus giras. “Yo dije, está bien. ¡Oblígame!”, recordó Susan. “Es una gran vida”. Esa existencia bendecida continuó hasta un día en el 2015 en el que Tony le dijo a Susan que no podía recordar los nombres de los músicos cuando estaba en el escenario. “Así que le hicimos una lista que puso sobre el piano”, afirmó Susan, “pero no estaba contento con eso”. Sin embargo, ella no se preocupó. Pensó que era por envejecimiento normal. Después de todo, hacía poco que él había cumplido 90 años. Pero Tony evidentemente sabía que algo andaba mal. Quería consultar a un médico.

Preguntas que debes hacer al recibir un diagnóstico de demencia

La información puede orientar a los pacientes y sus familias a medida que navegan los próximos pasos.

Un diagnóstico de demencia, tanto el tuyo como el de un ser querido, puede hacer que todas las personas involucradas se sientan abrumadas, ansiosas e inseguras sobre lo que puede deparar el futuro. Es importante reunir toda la información que puedas de tu médico, empezando con preguntas clave, compiladas por el Alzheimer’s and Dementia Care Program de University of California en Los Angeles (UCLA ADC), que ayudan a los pacientes con demencia y a sus familiares a navegar los complejos aspectos médicos, sociales y emocionales asociados con su diagnóstico.

  1. ¿Qué tipo de demencia tengo?
  2. ¿Cuál es la diferencia entre la enfermedad de Alzheimer y la demencia?
  3. ¿Cuál es la causa de mi demencia?
  4. ¿Qué síntomas, aparte de la pérdida de memoria, puedo esperar, y cuál será el ritmo de deterioro?
  5. ¿Qué puedo hacer para frenar el declive? (¿Qué medicamentos son eficaces y qué resultados puedo esperar obtener de ellos? ¿Qué cambios de estilo de vida pueden ayudar?).
  6. ¿Qué planes debo hacer ahora para prepararme para cuando disminuya mi capacidad de tomar decisiones?
  7. ¿Cómo debo seleccionar a un familiar o amigo como cuidador?
  8. ¿Debo informar a otras personas sobre mi diagnóstico?
  9. ¿Cuáles son las probabilidades de que mis hijos tengan demencia? ¿Hay algo que puedan hacer para evitarlo?
  10. ¿Qué tipo de ayuda hay disponible para orientarme en cuanto a mi enfermedad? ¿Dónde puedo conseguir más información al respecto?

Para ver más preguntas que puedes hacer a tu médico después de recibir un diagnóstico de demencia, haz clic aquí.

Tony Bennett frente a un piano

Kelsey Bennett

Tercera parte: Honestidad y amor completos  

La Dra. Gayatri Devi, neuróloga en Lenox Hill Hospital de Manhattan, diagnosticó la enfermedad de Tony en el 2016. Ella ha estudiado la enfermedad de Alzheimer durante 25 años y es autora del libro The Spectrum of Hope, que describe este mal como un “trastorno del espectro” que varía mucho de una persona a otra. Según Devi, la calidad de vida, la evolución de la enfermedad y el tiempo que vive un paciente dependen primero del tipo de cerebro que traigan a la situación. “Y Tony Bennett”, me dijo, “trajo un cerebro increíblemente versátil”. Tiene algunos “problemas cognitivos, pero múltiples áreas adicionales de su cerebro todavía son resistentes y funcionan bien”, afirmó. “Él está haciendo tantas cosas, a los 94 años, que mucha gente sin demencia no puede hacer. Ciertamente, es un símbolo de esperanza para alguien con un trastorno cognitivo”.

Además de tomar los medicamentos estándar para la enfermedad de Alzheimer (inhibidores de la colinesterasa que regulan la concentración de los mensajeros químicos del cerebro para el funcionamiento normal de la memoria) y seguir su régimen de dieta y ejercicio, según Devi, el alto nivel de funcionalidad y el bienestar continuos de Tony son atribuibles a su fuerte apoyo familiar —y en particular al de su cuidadora principal, Susan—. “El nivel de devoción me ha dado una lección de humildad”, me dijo Devi. “Ella también espera mucho de él. Pienso que su experiencia como maestra ayuda, pero ella también está muy enamorada de él. Y él cumple sus expectativas”. Devi mencionó momentos en los que Tony, en la sala de espera de su clínica, es reconocido por un admirador. “Susan dice, ‘¡Tony B., uno de tus admiradores te está saludando!’. Y él se voltea hacia la persona, con sus ojazos azules, sonríe de manera característica y dice, ‘¿Cómo estás?’ o ‘¡Gracias!’. El carisma y el magnetismo se encienden”. Esos momentos de conexión y conciencia son beneficiosos, señaló Devi, porque estimulan el cerebro. 

Tony Bennett y su esposa Susan, en Nueva York en 2019

Angela Weiss/AFP via Getty Images

Cuando empezó la cuarentena por COVID-19 en marzo pasado, Susan tuvo que despedir a su asistente para minimizar la posible exposición de Tony al virus. Eso solo aumentó su dependencia total y a toda hora en ella. El estrés de cuidar a un paciente con la enfermedad de Alzheimer puede ser agudo. Debido a que Tony no deambula, Susan lo puede dejar con otra persona por una hora para hacer mandados, pero, por lo demás, permanece con él en el apartamento. “Tengo mis momentos y pueden ser muy difíciles”, dijo. “No es divertido discutir con alguien que no te entiende”, afirmó con una risa triste. “Pero me siento mal hablando de eso, porque somos mucho más afortunados que tantas personas con este diagnóstico. Tenemos un equipo muy bueno. Danny maneja los asuntos de negocio de Tony. Tenemos médicos excelentes; David nos ayuda con los ejercicios”. Y Tony mismo se mantiene contento y feliz. Ha sido así desde el diagnóstico, que él enfrentó con calma. “Eso fue porque él ya no entendía”, contó Susan. “Me preguntaba: ‘¿Qué es la enfermedad de Alzheimer?’. Y yo le explicaba, pero él no captaba. Me decía que se sentía bien. Era lo único que él podía procesar, que físicamente se sentía muy bien. Así que en su vida nada cambió. Cualquier cosa que cambió era algo de lo que no era consciente”.

Algo que no cambió fue el amor de Tony por la música y el canto. El extraño poder de la música de llegar hasta a los pacientes con demencia grave, despertar recuerdos y restablecer conexiones con quienes los rodean, está bien documentado, pero no se entiende mucho. El documental Alive Inside (2014) muestra a pacientes en hogares de ancianos con demencia grave que salen de la inmovilidad y el silencio cuando les dan iPods y auriculares con la música favorita de su juventud. Un paciente, un hombre callado de 94 años, empieza a hablar con locuacidad sobre su niñez y puede recordar a su hija olvidada después de una sesión de escuchar a su adorado Cab Calloway. El neurocientífico y músico Daniel Levitin, autor de los éxitos de librería This Is Your Brain on Music y Successful Aging, menciona que lo que posibilita recuperar recuerdos que de otra manera no son accesibles en una mente afectada por la enfermedad de Alzheimer es el atractivo principalmente emocional de la música. Incluso los pacientes gravemente afectados a menudo pueden recordar las letras y las melodías de canciones que amaron durante la adolescencia, una época de gran emotividad y autodescubrimiento cuando el cerebro en desarrollo “etiqueta” recuerdos como particularmente destacados e importantes. Esto podría explicar el hecho asombroso de que, después de su diagnóstico, Tony Bennett continuó sus giras intensas. Cantaba su repertorio de 90 minutos de música sofisticada con tanto garbo, precisión y profesionalismo que el público y los críticos nunca sospecharon que estaba enfermo.

Devi, su neuróloga, animó mucho a Danny y Susan a que mantuvieran a Tony cantando y presentándose durante el mayor tiempo posible, mientras estuviera contento haciéndolo. “Eso lo mantuvo alerta y también estimuló su cerebro de forma significativa”, me dijo Devi. Tanto Susan como Danny dijeron que tras bambalinas, Tony podía parecer completamente desconcertado sobre dónde estaba. Pero en el instante en el que escuchaba la voz del locutor que anunciaba “Damas y caballeros... ¡Tony Bennett!”, se transformaba a la modalidad de interpretación, caminaba con aire resuelto a las luces del escenario, sonreía y agradecía los aplausos del público. Y empezaba a cantar. Sin embargo, Susan pasó cada concierto después del diagnóstico preocupada de que a él se le olvidaran las letras, sintiera pánico o se confundiera en el escenario. “Yo era un manojo de nervios”, afirmó. “¡Pero él siempre cumplió!”.

Y así fue hasta su última presentación pública, el 11 de marzo del 2020, en el Count Basie Center for the Arts en Red Bank, Nueva Jersey. Después de eso, todos los conciertos tuvieron que suspenderse por la pandemia de COVID-19. La magnitud del beneficio terapéutico de esas presentaciones para Tony pronto fue obvio cuando su mundo se encogió a los límites de su apartamento. “Esto ha sido un verdadero golpe desde un punto de vista cognitivo”, me dijo Devi. “Antes de la pandemia, su memoria era mucho mejor. No es el único. Tantos de mis pacientes han sido afectados negativamente por el aislamiento, la incapacidad de hacer las cosas que les importan. Para alguien como Tony Bennett, la gran euforia que siente al cantar fue muy importante”.

Por eso, Devi recomendó que Tony siguiera practicando. Dos veces por semana, Lee Musiker, su pianista desde hace tiempo, quien vive a solo tres minutos de distancia a pie, va al apartamento y acompaña a Tony en su repertorio de 90 minutos. El día que yo estaba visitando, Musiker llegó y se asomó al estudio de arte donde yo estaba sentado con Susan, Danny y Tony. “Hola”, dijo. “Iré a alistarme”. Susan llevó a Tony del estudio a la sala de estar contigua, un espacio enorme con un piano de cola negro Bösendorfer. En la parte alejada de la sala, debajo de una enorme ventana con vistas al parque, había un conjunto de sofás y sillas debajo de un gran lienzo pintado por un amigo de Tony, el conocido artista inglés David Hockney. Esto era una práctica, no una presentación, por lo que Tony estaba mirando a su acompañante y de espaldas a la mesa del comedor cercana donde permanecíamos sentados Susan, Danny y yo.

Musiker colocó una lista impresa del repertorio sobre el piano frente a Tony, pero ellos no la siguieron. De hecho, el primer acorde que tocó Musiker fue una sorpresa; venía de una canción que no estaba en la lista y que Tony no había cantado mucho en los últimos años. Sin embargo, de inmediato, increíblemente, abrió la boca y de allí salió una corriente de notas ricas y resonantes, que subían de la parte baja de su registro. El tono melancólico se adaptaba perfectamente a la letra, que cantó con su articulación famosamente clara: “Maybe this tiiiime, I’ll be luckyyyy …". La canción era “Maybe This Time” de John Kander y Fred Ebb, que Liza Minelli volvió famosa con la película Cabaret en 1972, que fue cuando Tony la grabó, con una interpretación sensacional que reprodujo ese día. La canción subió de intensidad a medida que la letra anhelante y la melodía pesarosa aumentaron hasta un registro alto, tres octavas completas desde el punto donde comenzó, intensificando en volumen y poder hasta que él llenó la sala con un canto en crescendo: “Debe pasar, pasar en algún momento. Tal vez esta vez, ¡ganarééééé!”. 

El top 10 de Tony

Tony Bennett

Kelsey Bennett

1950: Boulevard of Broken Dreams
El primer sencillo de Tony con Columbia 

1951: Because of You
Primer éxito número 1 

1953: Rags to Riches
Más tarde introdujo la película Goodfellas

1959: Smile
Una versión inmejorable del clásico de Charlie Chaplin 

1962: I Left My Heart in San Francisco
Balada nostálgica de un par de desconocidos 

1965: The Shadow of Your Smile
Saca lágrimas con notas bajas como un oboe

1965: Fly Me to the Moon
Una versión espeluznante y melancólica

1975: But Beautiful
Refleja su dolor y dudas a los cincuenta y tantos años

2011: Body and Soul (con Amy Winehouse)
Una improvisación de jazz desgarradora

2011: The Lady Is a Tramp (con Lady Gaga)
Estos dos se divierten tanto que es obvio. —J.C.

Incluso ahora, la neurociencia no puede explicar cómo un hombre cuya voz al hablar se ha vuelto tan vacilante —cuyos recuerdos sobre eventos, personas y lugares desaparecieron en gran parte— puede, cuando escucha la entrada de una canción, alzar la voz y cantar de manera tan bella y expresiva. Lo único que se puede mencionar es que, como ha señalado Levitin, la música y el canto provienen de áreas del cerebro totalmente distintas de las asociadas al habla y el lenguaje. Los sentimientos poderosos que desencadena la música pueden conectar a los oyentes con sus recuerdos emocionales profundos, incluso aquellos inaccesibles para la mente consciente.

Y así prosiguió, durante la próxima hora, un concierto milagroso que fue, muy literalmente, un obsequio para quienes observaban y un recorrido por el carril de los recuerdos.

“¿Qué tal una de Duke Ellington?”, dijo Musiker. Y enseguida, la voz de Tony se elevó hacia el techo como las notas de una encantadora trompeta apagada.

“In my solitude,” cantó, “You haunt me/ With dreadful ease/ Of days gone by./ In my solitude/ You taunt me/ With memories/ That never die”.

En “Boulevard of Broken Dreams”, el primer sencillo que Tony grabó para Columbia en 1950, a los 23 años, terminó la canción con un bel canto pleno de los que hacen temblar las ventanas. Asombrosamente, lo reprodujo en ese momento: “… and dance along the boulevaaaaaahd of brooooooken dreams!” En “Fly Me to the Moon”, subió la voz suavemente al aire igual que en su espléndida grabación de 1965, y en “The Lady’s in Love With You”, de ritmo rápido, cantó con destreza la complicada letra como si estuviera improvisando. Terminó su interpretación de “Smile” (“...though your heart is breaking …”) con un prolongado “smiiiiiiiiiiile” que motivó a Susan a usar una expresión que a Tony le gustaba decir cuando lograba una versión inmejorable de una canción: “Preciso así”, dijo. Musiker sacudió la cabeza maravillado, miró a Tony y se golpeó el corazón con el puño.

“Esto es”, le dijo a Tony. “El corazón”.

“Cada vez”, dijo Tony, su primera reacción verbal espontánea de la tarde. A medida que prosiguió la práctica, intercambió cada vez más comentarios cortos con Musiker. Al fin de una versión vehemente de “When You’re Smiling”, Musiker como broma se refirió a su público de tres personas como 3 millones de personas. “En realidad”, agregó, “una vez dijiste que hasta si una persona... ¿Te acuerdas de que dijiste esto hace años?”.

“Oh, sí”, contestó Tony.

“Si hay una persona en el club” dijo Musiker.

“Entonces le das todo”, dijo Tony. “De esa forma es muy íntimo”.

Después, cuando hablé con Musiker sobre lo que hace especial a Tony, dijo: “El entrenamiento vocal adecuado y el sentido innato de un músico, no el de un cantante. Como un instrumentista, escucha todo. Me deja pasmado constantemente. Además, honestidad y amor completos”.

La manera, a menudo milagrosa, en la que la música puede reconectar a los pacientes que tienen demencia con familiares y amigos, recuerdos y el pasado, lamentablemente, es temporal. La lucidez, los recuerdos y la conversación podrían durar unos cuantos minutos. Pero, para quienes anhelan la antigua conexión, a quienes desesperadamente les hace falta la chispa animada de un ser querido, hasta estos vistazos breves de la persona a quien conocían, estas conexiones efímeras, llegan como una bendición. Para Susan, el placer obvio que siente Tony al cantar es un regalo preciado. “Ojalá siguiera pintando, pero eso no lo ha atraído como el canto”. Ella dice que el paisaje en carboncillo que estaba en su caballete era algo fuera de lo común. Pero no el canto. Todavía no. “El canto es todo para él”, me dijo Susan, mientras empacaba para irme. “Todo. Le ha salvado la vida muchas veces. Muchas. A través de divorcios y cosas. Si alguna vez deja de cantar, entonces sabremos [...]”. Se le hizo un nudo en la garganta y no pudo continuar.

Dos días antes, el actor Sean Connery había muerto, a los 90 años, debido a demencia. La viuda de Connery dijo que en sus últimos meses él no había podido comunicarse, pero que afortunadamente, había fallecido calladamente mientras dormía. “Espero que así sea para Tony”, dijo Susan. “Ojalá que solo se duerma una noche y eso sea todo. Espero y rezo porque no se empeore de una manera muy mala”. Se quedó callada por un momento. Luego sonrió. “Hay mucho de él que me hace falta”, señaló. “Porque ya no es el Tony de antes”. De nuevo, se le hizo un nudo en la garganta y bajó la vista. Después se recuperó, alzó la vista y sonrió. “Pero cuando canta, es el Tony de antes”.

Lo que estamos haciendo

AARP tiene un compromiso a largo plazo de luchar contra la demencia. Nuestras iniciativas en curso incluyen las siguientes:

Dementia Discovery Fund: AARP contribuyó $60 millones a este fondo de capital de riesgo para investigación y desarrollo de tratamientos de vanguardia.

Consejo Mundial sobre la Salud Cerebral: un consejo de investigadores y especialistas en políticas que se reúnen con regularidad para hablar sobre hallazgos recientes relacionados con la salud cerebral y convertirlos en acciones sencillas que el público puede tomar para mantener la salud cerebral. El consejo fue creado en el 2015 por AARP y Age UK.

Alliance to Improve Dementia Care: AARP es miembro fundador de esta coalición, convocada por el Milken Institute Center for the Future of Aging. La alianza, anunciada el año pasado, busca crear consenso para mejorar la atención de salud y los sistemas de cuidados a largo plazo para quienes viven con demencia.

Alzheimer’s Disease Data Initiative: como miembro de esta coalición de grupos de investigación y defensa de derechos convocada por Bill Gates, AARP busca conectar a investigadores con los datos que necesitan para desarrollar nuevos tratamientos y herramientas de diagnóstico para la demencia.

UsAgainstAlzheimer’s: el verano pasado, AARP se unió a este grupo de más de 80 organizaciones de salud y defensa de derechos para ejercer presión sobre el Gobierno federal a fin de que tome medidas de prevención contra la demencia. El objetivo es crear una iniciativa nacional parecida a las iniciativas para disminuir las enfermedades del corazón.

Staying Sharp: esta plataforma digital de AARP (aarp.org/stayingsharp  —en inglés—)  ofrece consejos y ejercicios para ayudar a mantener saludable tu cerebro.

El periodista John Colapinto ha escrito por muchos años para The New Yorker y Rolling Stone, y es autor del éxito de librería de no ficción As Nature Made Him. Su libro sobre la voz humana, This Is the Voice, se publicó en enero.

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