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<i>The Tree of Life</i>

Un ambicioso esfuerzo por representar el ciclo de la vida.

Brad Pitt y Laramie Eppler en the Tree of Life

Cortesía Merie Wallace/ Fox Searchlight Pictures

Brad Pitt y Laramie Eppler protagonizan The Tree of Life (El árbol de la vida).

 
Dirigida por Terrence Malick
Clasificada PG-13 (mayores de 13 años y menores acompañados por los padres), duración: 138 minutos
Protagonistas: Brad Pitt, Sean Penn y Jessica Chastain

In English | El célebre director Terrence Malick, a quien algunos llaman el J.D. Salinger del cine debido a su aislamiento, tiene fama de pensar y repensar sus películas y de cortarlas despiadadamente. A los 67 años, su obra como director comprende sólo cinco películas, y la última, The Tree of Life, aparece seis años después de la anterior, The New World (El nuevo mundo). Quizás no debería haberse tomado tanto tiempo. Filme artístico hasta decir basta, The Tree of Life sin duda provocará impaciencia en muchos espectadores a los 30 minutos de comenzar, y dura dos horas y 20 minutos. Lo más triste es que los que permanecen hasta el final no recibirán la recompensa de descubrir lo que quiere comunicar Malick. No estoy seguro de que tenga algo que comunicar.

Vea también: Fair Game, protagonizada por Naomi Watts y Sean Penn.

En el primer cuarto del film, conocemos a los O'Brien, arquetípica familia estadounidense de clase media de los años cincuenta que encabezan un padre abiertamente severo y explosivo (Brad Pitt), y una madre idealizada y pasiva (Jessica Chastain, quien se ve demasiado joven para el papel).

El papel de los tres hijos del matrimonio lo representan niños de Waco, Texas (donde se rodó la película), que no tienen experiencia dramática alguna. En escenas larguísimas, vemos al grupo relacionarse: juegan a la pelota, se mecen, se sientan a la mesa de la cocina. "Vemos" es aquí la palabra clave. Visualmente, la película es impactante. El director de cinematografía, Emmanuel Lubezki, está nominado para cuatro Óscares. Pero hay poco diálogo. La madre apenas habla, lo que me enfureció, pues parece reforzar el estereotipo de que las mujeres deben ser calladas. En lugar de hablar, de vez en cuando los personajes de Malick susurran en voz superpuesta —"¿Lo sabías?" "¿Qué soy para ti?"—, cosa que sólo desconcierta más a los espectadores. Nunca se sabe bien quién habla o a quién se dirigen. La falta de diálogo impide que los personajes interactúen y se desarrollen. Por consiguiente, la (supuesta) evolución del drama no conmueve al público.

Descubrimos por deducción que uno de los hijos muere de adolescente, pero nunca nos dicen cómo. Y nos hacen saber que el mayor (interpretado en la edad adulta por Sean Penn, quien aparece en el film no más de 10 minutos) llega a vivir una infeliz existencia como empresario moderno. Hacia el final de The Tree of Life, la familia se reencuentra en una borrosa escena en la playa que representa —creo— el cielo.

Y eso es todo lo que se puede descifrar de la trama.

A continuación: Malick despliega su versión del comienzo del universo. >>

Intercaladas con las imágenes de esta familia, hay escenas de ciencia ficción: el "big bang", placas tectónicas que se deslizan, mares que chocan, estrellas que explotan. Hacia el principio de la película, y durante no menos de 15 minutos, vemos la versión de Malick del comienzo del universo, acompañada de música orquestal del compositor francés Alexandre Desplat. No se dice una palabra, no se ve un ser humano (aunque sí presenciamos algún tipo de interacción entre dos dinosaurios). Amebas se transforman en medusas y de repente nos vemos a la entrada de una casa tejana en que la madre de los O'Brien clama a Dios al saber que ha perdido a su hijo.

The Tree of Life se estrenó a principios de mayo en el Festival de Cine de Cannes, y el público se escindió en dos bandos: la mitad la ovacionó, la mitad la abucheó. Aunque se llevó la Palma de Oro del festival, es improbable que el film barra con los premios a este lado del Atlántico.

Cuando estaba en la universidad estudiando creación literaria, escribí un artículo pretencioso sobre el suicidio, que rayaba en lo tedioso y condescendiente, y que por puro autoconsentimiento titulé "Soliloquio de un extraño". En ese momento pensé que era una obra maestra. Me tomó años darme cuenta del acertado comentario —sencillo e hiriente— de mi catedrático: "¿Quieres ser tan fuerte como una cuchilla? Cuenta una historia". Un cineasta puede ser un artista. Un cineasta puede inspirar, hacer que uno piense. Pero sobretodo, hacer cine se trata de narrar una historia, algo que Malick nos priva en The Tree of Life.

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