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Harrison Ford: un héroe de Hollywood

Desde hazañas heroicas en la pantalla, hasta rescates de la vida real, la labor de este legendario actor nunca acaba.

In English  |    Harrison Ford aterriza su jet Citation verde en la pista del aeropuerto de Santa Mónica, y se dirige a sus elegantes oficinas con vista al área de aterrizaje. El canoso actor de películas de acción luce en forma y atractivamente curtido. Lleva una pequeña argolla de plata en su oreja izquierda, de la cual se quejan por internet los fanáticos de Han Solo, atribuyéndola a un vestigio pasado de moda de una crisis de la edad madura.

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Ford se acomoda en una silla del salón de conferencias y deja la puerta entreabierta para no perder de vista a su avioneta mientras su copiloto se prepara para guardarla en el hangar. Abre con desespero unos envases de bebidas de proteínas y explica, “no he tenido oportunidad de comer todavía”.

Son casi las 5 p. m., y más temprano en el día voló a Jackson Hole, Wyoming, donde tiene un rancho, para asistir al funeral de su amigo Blake Chapman, quien falleció piloteando una avioneta en medio de una tormenta de nieve. “Un vaquero y piloto profesional de 73 años. Un gran hombre. Pasamos bastante tiempo volando juntos sobre los bosques”. Aunque Ford sufre la pérdida de su amigo, encuentra consuelo en saber que “vivió haciendo lo que quería, hasta el último momento”.

Quizás el reflexionar sobre la mortalidad ha provocado en él una disposición más apacible; durante nuestra conversación, Ford no muestra rastros de la irascibilidad por la que él y sus personajes son famosos. Aunque hubiera preferido llevar pantalones vaqueros en vez del traje azul marino que vistió en el funeral, está de buen humor y relajado; incluso, podríamos decir que amable. Rápidamente muestra su humor sardónico: “Más gente muere por pateaduras de mulas que las que mueren en accidentes de aviación en todo el mundo”, dice con su usual sonrisa torcida. Responde a las preguntas deliberadamente; cuando se desvían hacia temas personales, con monosílabos. “Soy bueno dando respuestas imprecisas”, concede.

Al igual que Blake Chapman, Ford vive la vida que desea vivir. Como uno de los hombres más ricos de Hollywood, con una fortuna estimada en $300 millones, Ford disfruta de privilegios —y de retos— que su amigo nunca tuvo. Pero compartían un código de honor cimentado en los valores estadounidenses fundamentales de confiabilidad, una independencia que raya en la terquedad, y el compromiso de dar lo mejor de sí en cualquier quehacer. “Me da gusto ser útil”, dice. La clave de su personalidad es que Ford era un carpintero que se convirtió en estrella de cine, pero que nunca dejó de ser carpintero; literal y metafóricamente. A sus 68 años, es exitoso como actor de películas, hombre de familia, aviador, filántropo y constructor.

Actualmente, Ford es un clásico. Según él dice, “como un par de zapatos viejos”. Tres años después de haber ganado $65 millones por su más reciente película de Indiana Jones, puede atribuirse una de las carreras actorales más encantadoras, al haber interpretado a un sinnúmero de personajes muy queridos, en películas que trascienden los tiempos. En las series de Star Wars (La guerra de las galaxias) e Indiana Jones, así como en sus grandes éxitos de taquilla, como The Fugitive (El fugitivo), Presumed Innocent (Presunto inocente) y Clear and Present Danger (Peligro inminente), Ford interpretó al hombre ordinario, al héroe renuente que se involucra en situaciones extraordinarias. “Él es auténtico”, dice su amigo de muchos años Tom Brokaw, “la misma clase de persona que ves en la pantalla. Me meto en problemas cada vez que uso esta expresión, pero Harrison es un hombre estimado entre otros hombres. Él no es un galán de Hollywood de ninguna manera. Disfruta de una buena pelea de vez en cuando, y tiene un extraño sentido del humor”.

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Todavía le encanta hacer películas. “Me gusta la actuación probablemente más que antes”, dice Ford. “Me encanta trabajar y resolver problemas con la gente dentro de la trama”. Pero la transición de poder escoger entre una variedad de personajes de acción y encontrar papeles interesantes para un hombre de su edad ha sido difícil. El fracaso de Morning Glory (Un despertar glorioso), una comedia protagonizada junto a Diane Keaton, en la cual su personaje, un presentador de noticias, vano y entrado en años, se une a un programa matutino, le afectó bastante a Ford, de acuerdo a sus amigos y compañeros de la industria. “Sólo quiero hacer buenas películas que la gente quiera ir a ver”, dice. “Detesto hacer películas que la gente no ve”.

Ford está ansioso de que el público vea su nuevo filme, Cowboys & Aliens, un improbable híbrido entre una película de vaqueros y una sobre la invasión de extraterrestres, que él espera sea un éxito. Le agradó dejar de afeitarse para la película, usar un sombrero sucio y galopar por las gloriosas praderas de Nuevo México. “No hay nada mejor”, dice riéndose.

El director Jon Favreau dice que Ford era el actor perfecto para interpretar al coronel Woodrow Dolarhyde, un malgeniado ranchero que en 1875 controla al desértico pueblo de Absolution. “Harrison es como John Wayne en el otoño de su carrera”, dice Favreau. En películas como The Searchers (Centauros del desierto) y True Grit (Valor de ley), Wayne siempre triunfaba sobre un hombre más joven.

En este caso, el hombre más joven es Daniel Craig, el actor principal de la película. “Le doy un enorme crédito a Daniel”, dice Ford. “Me hizo espacio en su película para crear un personaje que probablemente fue tan divertido interpretar como cualquiera de mis papeles anteriores”. Ford afirma, algo convincentemente, que pasar la batuta de actor principal es liberador. “El actor principal tiene una responsabilidad especial hacia la audiencia. Yo puedo eludir eso, y es maravilloso”.

En el set, Ford compartió con el elenco, que incluía a Sam Rockwell, Paul Dano y Olivia Wilde, sus anécdotas sobre la industria. A pesar de sus problemas ortopédicos a causa de una profesión llena de carreras, saltos y caídas, cabalgó tan duro como los demás. “Harrison estaba en mejor condición física que cualquiera de nosotros”, dice Wilde. “Tiene los músculos marcados”.

En su vida personal, según sus amigos, nunca lo habían visto tan feliz. El año pasado se casó con la actriz Calista Flockhart, de 46 años, con quien llevaba una relación de 10 años. Juntos están criando a Liam, el hijo de 10 años de ella. “Sí, soy su papá”, dice Ford con un afecto obvio. Aunque preferiría vivir en Wyoming, la vida doméstica y la paternidad lo han aferrado a Los Ángeles, donde Flockhart participa en la serie de televisión Brothers & Sisters (Cinco hermanos) y Liam asiste a la escuela.

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La estabilidad hogareña le permite a Ford satisfacer sus necesidades de aventura más que nunca. En 1995 cumplió su deseo de toda una vida de conseguir su licencia de piloto. “Quería saber si podía aprender algo nuevo”, dice, “especialmente algo verdaderamente desafiante en el campo técnico, que requiriera destrezas prácticas”. Completó un adiestramiento riguroso tanto en naves de ala fija como en helicópteros, y ha hecho alrededor de 4.500 horas de vuelo. En la actualidad, su flota incluye un helicóptero, un avión de cabina abierta de 1929, y un jet trasatlántico. Ford vuela él mismo hasta las localidades de sus películas, transporta a su familia de vacaciones, y ha hecho muchos vuelos trasatlánticos. “La aviación reinventó mi vida por completo”, dice. Como piloto, puede reclamar cierta privacidad al escapar a los paparazzi que persiguen a las celebridades en los aeropuertos públicos. Volar también le permite evadir tratos especiales; un aspecto de la fama que le desagrada. “Cuando vuelo, tengo que seguir las reglas como todos los demás”, dice. “No me hacen concesiones especiales por ninguna razón. Sólo soy otro piloto. Me encanta”.

La aviación le ha abierto un mundo lejos de la insularidad de Hollywood. Ford ha estado activo con los Young Eagles (una organización que expone a los niños a la magia de volar), dándole a los niños cientos de vuelos en sus aviones. También participa en misiones humanitarias y de rescate. En el 2000, como miembro del Wyoming’s Teton County Search and Rescue Volunteers (Voluntarios de búsqueda y rescate del condado de Teton, en Wyoming), salvó a una excursionista deshidratada perdida en las montañas; la joven mujer quedó estupefacta cuando Indiana Jones bajó en su helicóptero Bell 407. Al año siguiente, Ford rescató a un “Boy Scout” de 13 años que se había separado del grupo y había pasado una noche lluviosa perdido en los bosques cercanos al Parque Nacional Yellowstone. Aunque el niño no obtuvo el autógrafo de Ford, le dijo a sus amigos que logró algo mejor: un abrazo. Luego del terremoto de Haití en el 2010, Ford voló a médicos y suministros al remoto pueblo de Hinche, sobrevolando la pista a baja altura para espantar a las cabras y gallinas, antes de finalmente aterrizar. En vez de visitar las áreas devastadas que estaban llenas de reporteros, Ford se mantuvo un perfil bajo. “Fue una pequeña aportación”, dice.

Como ambientalista desde hace tanto tiempo, ¿cómo justifica quemar tanto combustible de avión? “Aunque tengo ocho aviones”, contesta en broma, “sólo vuelo uno a la vez”. Retomando su seriedad, señala a su Citation y dice: “tengo en mi avión el motor más eficiente que se puede tener”. Por los pasados 20 años, Ford ha contrarrestado su impacto ecológico con esfuerzos a favor de Conservation International, un grupo ambientalista sin fines de lucro. Como vicepresidente de la organización, se reúne con presidentes corporativos y líderes internacionales. “Tiene una capacidad intelectual extraordinaria y la aplica intensamente para que podamos ser efectivos alrededor de todo el mundo”, dice el presidente de Conservation International, Peter Seligmann. Por ejemplo, Ford ha ayudado a la organización a persuadir a Walmart para que venda productos de alimentos sostenibles.

Ha apartado para conservación casi la mitad de su rancho de 800 acres en Wyoming, al pie de las montañas Tetons, bordeando al río Snake. Al prohibir la caza del alce en su propiedad, ha creado un refugio para los animales que viven en ella. “Adoro la ética del Oeste”, dice. Comenta que el ministro, en el funeral de esta mañana, destacó las 10 virtudes del Oeste bajo las cuales Blake Chapman vivía, que incluyen: “termina lo que comiences, sé firme pero justo, enorgullécete de tu trabajo, y haz lo mejor que puedas”, dice Ford. Con la madurez, dice que está mejorando su manera de vivir de acuerdo a estos valores.

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Tiene cuatro hijos adultos de sus primeros dos matrimonios, así como tres nietos. Oriundo de las afueras de Chicago, llegó a Los Ángeles como un actor en ciernes en 1964, al abandonar la universidad, acompañado de su Volkswagen Beetle, y recién casado con su novia de universidad, Mary Marquardt. La pareja, que se divorció en 1979, tiene dos hijos, Ben, ahora de 44 años, y Willard, de 42. Ford mantenía a su familia con pequeños trabajos como actor y como un carpintero de primera. “Tuve a mi primer hijo a los 24 años”, dice. “Bebés criando a bebés no es un espectáculo muy bonito”.

Su gran oportunidad como un adolescente aficionado a los automóviles en American Graffiti (Locura de verano) en 1973 hizo que George Lucas lo escogiera en 1977 para protagonizar Star Wars (La guerra de las galaxias). Pocos años después, al interpretar el papel del coronel Lucas en Apocalypse Now (Apocalipsis ahora), conoció a la asistente de Francis Ford Coppola, Melissa Mathison, quien se convertiría en guionista (mejor conocida por E.T.: The Extra-Terrestrial (E.T., El extraterrestre)) y en su segunda esposa en 1983. Durante sus años de mayor fama, Ford a menudo pasaba tiempo filmando en localidades lejanas mientras sus dos hijos, Malcolm, ahora de 24 y Georgia, de 21, asistían a la escuela en la Ciudad de Nueva York. Pasaba días festivos largos con ellos en Wyoming, pero las separaciones eran difíciles. “Mis esposas han sido buenas madres”, dice con genuino aprecio.

Ford y Flockhart se casaron el pasado mes de junio, en medio de la filmación de Cowboys & Aliens, en la mansión de Santa Fe del exgobernador de Nuevo México, Bill Richardson, quien ofició la ceremonia (Liam fue el portador de los anillos). El novio vistió vaqueros Wrangler y la novia, un sencillo vestido blanco descotado de verano. ¿Alguna razón especial por la que escogió ese momento para casarse por tercera vez? “Porque habíamos vivido juntos por 10 años y me pareció como que nos íbamos a llevar bien”, dice Ford escuetamente. Pausa. “Y yo la amo, y ella quería casarse, y yo quería casarme”.

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Ford y Flockhart son una pareja muy cariñosa y efusiva. De vez en cuando asisten a eventos de Hollywood, pero prefieren quedarse en casa que caminar sobre la alfombra roja. Asisten a los juegos de fútbol de Liam, y el año pasado lo llevaron a recoger golosinas el día de Halloween (Flockhart vestida de Miss Piggy mientras que Ford estaba irreconocible como una enorme monja con un hábito negro). También se le ve luciendo camisetas hechas por Liam, con el mensaje de “Feliz Día de los Padres”. “Con los años, he aprendido mucho sobre cómo ser un padre apropiado”, dice.

La pareja recientemente compró una mansión al oeste de Los Ángeles, supuestamente por $12,5 millones, y Ford está supervisando la renovación del hogar. Se siente en su elemento en ese trabajo, ocasionalmente martillando él mismo. Es meticuloso; pobre de cualquier subcontratista que no haga un trabajo de calidad. ¿Les pide a los trabajadores que deshagan el trabajo y comiencen de nuevo? “Sip”, dice él.

Ford planifica enfocarse en este proyecto de construcción hasta que él, Calista y Liam se muden a finales del verano. No le preocupa no tener ningún nuevo papel alineado. “He sido enormemente afortunado”, dice. “He tenido una larga carrera”. Eventualmente, le encantaría que llegaran a él papeles interesantes. Le gusta sorprenderse con guiones fantásticos. “Me gusta esperar a que algo caiga del cielo”, dice.

El Citation está en el hangar, y el jefe se dirige a casa, hacia su esposa y su hijo. Antes de irse, le preguntamos cuáles considera que son las cosas más importantes en la vida. “La gente y el trabajo”, dice. Luego de una pausa, añade, “y aprender”. Después de todos estos años, ha alcanzado un balance impresionante: los pies en la tierra y la cabeza en las nubes.

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