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Michael J. Fox regresa a la TV

El actor, de 51 años, progresa con un poco de suerte, mucho amor y humor ante su enfermedad de Parkinson.

Michael J. Fox fotografiado por Jeff Lipsky en la ciudad de New York.

Foto: Jeff Lipsky

Durante el otoño, Michael J. Fox protagonizará una serie de la cadena NBC sobre su vida con la enfermedad de Parkinson.

In English| Técnicamente, Michael J. Fox no debería estar divirtiéndose tanto como lo hace en estos días. Cuando al actor le diagnosticaron la enfermedad de Parkinson a los 30 años después de detectarle un temblor en su dedo meñique, sus médicos le dijeron que le quedaban 10 años de trabajo, como máximo. Eso fue hace 21 años. "La implicancia era que iba a estar inválido", afirma Fox.

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Sin dudas, la enfermedad del actor ha avanzado. Durante una larga y honesta conversación en su oficina de la ciudad de Nueva York sobre su salud, su carrera, su familia y sus iniciativas filantrópicas, el cuerpo de Fox nunca deja de moverse. Su rodilla derecha se balancea, sus manos tiemblan, sus hombros suben y bajan.

"Es como si tu giroscopio se desactivara", dice cuando le preguntan qué se siente tener el mal de Parkinson. "Puedo estar tembloroso. Puede estar lento. Puedo despertarme con festinación" —un movimiento acelerado involuntario de los pies— "y pienso, 'Hoy va a ser un día difícil'". En un momento, Fox, de 51 años llama a su asistente para que le traiga una píldora de amantadina, que ayuda a calmar el trastorno de movimientos relacionados con el mal de Parkinson, conocido como disquinesia. "Siento cuando ese tipo de sensaciones están por venir", afirma. Pero su determinación es permanente.

"Hay una idea que descubrí hace algunos años que me encanta", dice. "El crecimiento de mi felicidad es directamente proporcional a mi aceptación e inversamente proporcional a mis expectativas". A pesar de que la enfermedad de Parkinson ha debilitado su voz, la cara de Fox parece casi la misma que apareció en el programa de TV Spin City y de sus películas Back to the Future. "Esa es la clave para mí. Si puedo aceptar la verdad de 'Esto es lo que debo enfrentar —no lo que espero sino lo que estoy experimentando en este momento'— entonces tengo toda esta libertad para hacer otras cosas".

Heather Locklear y Michael J. Fox en el programa de televisión Spin City

Foto: Everett Collection

Fox protagonizó Spin City con Heather Locklear antes de dejar el programa en el 2000 para dedicarse a buscar una cura para la enfermedad de Parkinson.

A seguir riendo

Para Fox, la aceptación se traduce en una perspectiva positiva. Mientras otros verían las devastadoras consecuencias físicas y emocionales, él da gracias por lo que tiene. Le llevó años lograrlo, pero en ocasiones lo único que puede hacer ahora es reír.

"Incluso cuando sus síntomas son muy intensos, se enfurece si le tienen lástima", dice el actor Denis Leary, viejo amigo de Fox, coprotagonista de Rescue Me y compañero de deportes. "He caminado por el pasillo con él con esos movimientos espasmódicos y me ha dicho, 'Ten cuidado, podrías terminar con un codo en la cara'".

Por cierto, Fox tiene un gran repertorio de humor negro. Bromeando dice, ¿quién necesita un cepillo de dientes eléctrico si tienes una mano vibradora? Y en cuanto a afeitarse con una navaja, "No soy un suicida", bromea Fox. Su juego de golf —sí, Fox todavía juega— sufre más por el ridículo que de otra cosa. "La gente dice, 'Quédate quieto sobre la pelota'. Y yo pienso, 'Sí, vete al diablo'". Hasta una caja de cereal es graciosa. "Cuando empiezo a servir, no sé lo que puede suceder", afirma. "Cuando me doy cuenta estoy desparramando All-Bran por toda la cocina".

La nueva serie de Fox por la cadena NBC, que se estrena este otoño, en la que encarnará a un presentador de noticias de Nueva York, esposo y padre de tres hijos cuya familia y carrera se ven conmocionadas por el mal de Parkinson, se basa en su vida con la enfermedad. Esto no quiere decir que la enfermedad de Parkinson sea algo gracioso.

Michael J. Fox, con su esposa Tracy Pollan y sus hijos en Disneyland

Foto: Paul Hiffmeyer/Disneyland/AP

Los paseos en familia pueden ser un desafío, pero Fox (con su esposa Tracy Pollan y sus hijos, Esmé, los mellizos Schuyler y Aquinnah, y Sam en Disneylandia en el 2009) dice que trata de vivir día a día.

Fox y su esposa desde hace 24 años, la actriz Tracy Pollan de 52 años y sus cuatro hijos —Sam, 23, los mellizos Aquinnah y Schuyler, 18, y Esmé, 11— enfrentan desafíos diarios. Las salidas en familia deben planificarse en función de los horarios en que Fox debe tomar su medicina.

"A veces los niños necesitan la ayuda de su papá y él les dice, 'No me siento muy bien en este momento'", dice Pollan, que reconoce que ella es más aprensiva que su esposo. "Pero por otro lado, cuando se siente mejor lo primero que hace es estar con sus hijos. Les enseña a ser pacientes y compasivos".

En la oficina de Fox hay recuerdos de una vida disfrutada a pleno: una foto del actor tocando la guitarra en un evento para recaudar fondos con The Who. Fox en el hielo con la leyenda del hockey Bobby Orr. Estatuillas que rinden homenaje a cada aspecto de su trabajo. Cada elemento despierta la efusividad propia de un niño, como si Fox no pudiera creer en su propia suerte.

"El otro día Tracy y yo conversábamos sobre todas las personas que conocemos que desde mi diagnóstico han muerto de cáncer o han padecido cosas terribles", explica. "Si hace 10 años les hubieran dicho que podían tener eso o lo que tengo yo, habrían elegido mi enfermedad. Es decir que todos tenemos nuestras propias penurias".

Cómo convertirse en Michael J. Fox

Michael Andrew Fox —la "J" se la agregó años más tarde; pensó que sonaba mejor— nació en Edmonton, Alberta, el 9 de junio de 1961. Su padre, Bill, trabajó como jockey y fue sargento del ejército canadiense; su madre, Phyllis, era empleada del departamento de personal.

Mike, como lo conocen sus parientes y amigos, era el cuarto de cinco hermanos. Fox era demasiado pequeño para vivir su sueño de convertirse en un jugador profesional de hockey sobre hielo. Por eso se dedicó a la actuación y a los 16 años obtuvo un papel en una comedia de Canadian Broadcasting Corporation llamada Leo and Me, en la que encarnaba a un niño de 12 años. Dos años más tarde, abandonó la escuela secundaria y viajó a Los Ángeles con su padre, donde participó en la serie de Alex Haley-Norman Lear Palmerstown, U.S.A antes de interpretar a Alex P. Keaton en Family Ties en 1982.

"Negocié el acuerdo desde una cabina telefónica que estaba afuera de Pioneer Chicken, con el anhelo de tener $1.99 para comprar un combo de alitas y bizcocho", recuerda Fox.

Family Ties, sobre el choque de valores entre padres liberales, exhippies y sus hijos conservadores, duró siete temporadas. El presidente Ronald Reagan dijo que era su programa de TV favorito, y Fox, que ganó tres Premios Emmy por ese papel, aprovechó su éxito para comenzar su carrera cinematográfica con clásicos como Teen Wolf y la trilogía de Back to the Future. Luego, cayó en la bebida y el derroche.

"A los 21 años ganaba seis cifras por semana. A los 23, tenía una Ferrari", afirma. "Era una locura. Nunca pude entenderlo". En 1986 conoció a Pollan, una linda joven de Long Island y hermana del autor de The Omnivore's Dilemma, Michael Pollan, cuando ella participó como actriz invitada en Family Ties encarnando el papel de su novia. Se casaron en 1988. Con la insistencia y el aliento de Tracy, Fox dejó la bebida en 1992, lo que le significó una nueva perspectiva sobre su éxito.

"Uno no es simplemente un ganador de la lotería", dice Fox. "Tienes que respetar tu trabajo y el de los demás y cómo llegaste hasta allí".

Volver al futuro

Actualmente, incluso con una afección que suele distorsionar el sueño de los pacientes, Fox duerme bien y se levanta alrededor de las 8 a.m. Saca a pasear a su perro, Gus ("o él me saca a pasear a mí", admite Fox, contemplando fijamente al inmenso gran danés a sus pies), y luego despide a los niños que se van a la escuela.

El actor, que recibe el tratamiento disponible para todos los pacientes con el mal de Parkinson a pesar de tener recursos financieros que otros no tienen, ha respondido extremadamente bien a la medicación y no necesitó terapia física, algo inusual para quien se le diagnosticó la enfermedad hace tanto tiempo. Incluso la toma diaria de píldoras (una preocupación permanente para la mayoría de los enfermos del mal de Parkinson) "no son tantas en comparación con la mayoría de las personas", dice Fox. Al igual que con otros tantos misterios de la enfermedad de Parkinson, los científicos no saben por qué algunos pacientes reaccionan mejor que otros al tratamiento.

"Siempre tengo presente que hay otras personas que no se sienten tan bien y no pueden expresarse como lo hago yo", dice Fox. "Eso no es un factor menor en la forma en la que he podido lidiar con esto".

Fox y su familia viven siete pisos arriba de su oficina en Manhattan en un edificio construido antes de la guerra que mira al Central Park. Es un lugar espacioso que muy pronto parecerá más amplio. Los mellizos se van a la universidad en el otoño y solo quedará Esmé en el hogar. Lo bueno es que Fox y Pollan pasarán más tiempo juntos. En las etapas iniciales del mal de Parkinson, Fox ocultó su diagnóstico por miedo a que esta noticia redujera sus ofertas de trabajo, y también se mantuvo alejado de Pollan.

"Tracy quería acercarse y ayudarme pero yo me resistía", afirma. Al final, la enfermedad nos ha unido más. Como dice Fox, "Cuantos más problemas solucionas en conjunto y más experiencias y risas compartes, más unido te sientes".

Para su cumpleaños número 50, en el 2011; Pollan compiló un anuario para Fox, que nunca se graduó de la escuela secundaria. Él dice, "Ella logró que todas estas personas lo firmen, desde Tony Bennett a Bruce Springsteen hasta mi maestra de sexto grado y mis amigos de la infancia". Fox se emociona cuando habla del apoyo de Pollan. "Sí," afirma, "mi esposa es fantástica conmigo".

El mal de Parkinson es una enfermedad idiopática, es decir que los investigadores no saben qué provoca que las células del cerebro que producen dopamina se degeneren y desencadenen síntomas como temblores, lentitud y rigidez. El caso de Fox es inusual porque la edad promedio del síntoma inicial es cerca de los 60 años. Los factores genéticos y ambientales, como la exposición a pesticidas y metales pueden afectar, a pesar de que la conexión es incierta.

Fox dice, "Cuando era más joven solía pescar en ríos que tenían papeleras en las orillas, pero uno nunca sabe".

Un campeón por su causa

El actor a veces dice en broma que la enfermedad de Parkinson es un regalo que sigue aceptando. En realidad, la enfermedad de Fox lo ayudó a dar a los demás.

Desde el año 2000, la Michael J. Fox Foundation for Parkinson's Research ha tratado de entender esta afección y mejorar las opciones de tratamiento para alrededor de 1 millón de personas en EE. UU. que viven con el mal de Parkinson. La fundación ha aportado alrededor de $325 millones para estudios de investigación y ha apoyado a cientos de científicos en más de 20 países y 60 ensayos clínicos. Actualmente, toda la atención está centrada en una prometedora terapia quirúrgica que involucra una proteína cerebral especializada llamada neurturin, que podría desacelerar o detener los síntomas del mal de Parkinson en lugar de disimularlos temporalmente. Durante las pruebas, se comprobó que el neurturin ayuda a rejuvenecer las neuronas dañadas por el mal de Parkinson y restablece las funciones.

(En 1998, Fox se sometió a un procedimiento llamado talamotomía, que destruye una parte del cerebro que controla algunos movimientos involuntarios. Este procedimiento alivió temporalmente los síntomas en su lado izquierdo pero comenzó a experimentar temblores en su lado derecho y decidió no someterse a ninguna otra intervención hasta que se encuentre una solución definitiva).

"La atención que Michael ha despertado en relación con la investigación del mal de Parkinson ha desencadenado una completa revolución", dice el director ejecutivo de la fundación, Todd Sherer. "Las compañías farmacéuticas están más concentradas que nunca en encontrar tratamientos rápidamente, y curar la enfermedad de Parkinson es la principal prioridad para algunas de las mentes más destacadas en neurociencia".

Fox ha declarado ante el Congreso y ha respaldado iniciativas para duplicar el presupuesto de los National Institutes of Health (NIH, Institutos Nacionales de Salud) en materia de salud al mismo tiempo que aboga por acelerar el desarrollo de los medicamentos. "Lo último que Michael quisiera es un proyecto por vanidad", dice Deborah W. Brooks, cofundadora y vicepresidenta ejecutiva de la fundación. "Su actitud siempre ha sido, 'Hagámoslo bien. La gente confía en nosotros'".

La iniciativa actual de Fox es el Fox Trial Finder (foxtrialfinder.org), un recurso en internet que conecta a los pacientes con ensayos clínicos en su localidad. Menos del 10 % de los pacientes con el mal de Parkinson se inscriben en ensayos clínicos, en parte por problemas de movilidad, depresión y la apatía que generalmente provoca la enfermedad. "Cuanta más gente participe en los ensayos", dice Fox, "más rápido progresa nuestro trabajo y se acelera la investigación clínica".

Regreso a la TV

Quizás el indicio más inequívoco del progreso de Fox es que vuelve a trabajar. Incluso sin un episodio piloto de su nueva comedia, la cadena NBC aceptó realizar 22 episodios, un voto de confianza que según los críticos solo está reservado para dos personas en la televisión: Fox y Bill Cosby.

"Como amigo, me preocupé un poco cuando Mike anunció que iba a realizar un programa de TV y me pregunté si estaría en condiciones de afrontar tanto trabajo", dice Denis Leary. "Pero cuando hablas con él y escuchas su entusiasmo piensas, 'Es imposible detener a este hombre'". Es un sentimiento común.

En los últimos años, Fox obtuvo muy buenas críticas por sus participaciones en las series de TV The Good WifeCurb Your Enthusiasm. En ambas, la enfermedad de Parkinson formaba parte del papel. "Es demasiado difícil de ocultar", afirma. "Podría hacerlo en una escena o dos pero con el correr del tiempo no podría controlarlo. Siempre y cuando encarne a una persona con el mal de Parkinson, puedo hacer cualquier cosa".

Fox sabe que regresar a la TV podría ser agotador, así que ha acordado "algunas concesiones", como la incorporación de algunos días libres cuando no está en escena. También está anticipándose a nuevas aventuras: visitar las pirámides egipcias está en su lista de temas pendientes. Quiere que sus hijos sean felices y verlos alcanzar objetivos importantes. Sobre todo, está tratando de no tomarse a sí mismo —o a su enfermedad— tan en serio. Como con los aplausos, por ejemplo.

"Si concurro a un evento y aplaudo", dice con una sonrisa, "mi mente dirá, 'Deja de aplaudir', pero solo sigo haciéndolo. Tracy dice, 'Siempre eres el último en dejar de aplaudir'. Lo juro, no es por reconocimiento, es por desintegración. Frente a eso tienes que reírte".

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