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Conoce tus derechos cuando llame el cobrador de deudas

Se han adoptado normas más estrictas de protección al consumidor durante la crisis de la pandemia.

Ejemplo de una carta de la demanda de una agencia de recaudación de deudas al lado de un cortapapel con el signo de dólar.

iStock / Getty Images

In English | Los consumidores que tienen dificultad para hacer sus pagos mensuales a causa de las secuelas del coronavirus han recibido mucha asistencia de los prestamistas de autos, los emisores de tarjetas de crédito, los titulares de hipotecas y las empresas de servicios públicos. Pero el negocio de cobrar viejas deudas continúa sin disminuir, con algunas pocas excepciones. Dada la bien merecida reputación de la industria de intimidar o engañar a los consumidores, es esencial que los deudores comprendan sus antiguos y nuevos derechos en virtud de la ley cuando tratan con los cobradores de deudas.

Alivio de la deuda durante la pandemia

Tras el brote de COVID-19, se han implementado nuevas protecciones en distintos niveles del Gobierno. El Departamento de Educación de EE.UU. ha suspendido el cobro de deudas durante al menos 60 días a partir del 13 de marzo. Y el estado de Nueva York ha suspendido el cobro de varias deudas, incluidas las facturas médicas impagas y deudas relacionadas con la educación.

Sin embargo, los cobradores de deudas privadas siguen adelante. Los senadores Sherrod Brown (demócrata por Ohio) y Elizabeth Warren (demócrata por Massachusetts) han pedido a los cobradores que detengan toda actividad, y han presentado iniciativas para forzar el cese. Pero ACA International, el grupo comercial de cobradores de deudas, dice que hacerlo perjudicaría a los consumidores, a la economía y a los empleados de las agencias de cobro de deudas.

El director ejecutivo de ACA International, Mark Neeb, dijo a AARP que los cobradores de deudas cumplirán la promesa de tratar a los consumidores con compasión y ofrecerán ayuda caso por caso. “Nuestros miembros han trabajado con los consumidores durante desastres naturales y otros momentos de incertidumbre, para lo que han recurrido a programas de capacitación y de dificultad financiera bien establecidos para ayudar a los consumidores a hacer los arreglos que mejor se adapten a su situación financiera individual durante una emergencia”, afirmó. “Estos programas apelan a que los cobradores muestren empatía... y los equipan con una variedad de opciones para minimizar la carga financiera de los consumidores”.

Un objetivo: los deudores de más edad

La deuda de las personas mayores se ha disparado en los últimos años, convirtiéndolos en el principal objetivo de los cobradores inescrupulosos. Los deudores mayores a menudo tienen un alto sentido de obligación moral de pagar deudas, lo que los hace marcas fáciles, o simplemente quieren evitar el estrés, explica Richard Eisenberg, editor en jefe de Next Avenue, un servicio de noticias para personas mayores. “La gente dice 'sí, podría luchar, pero ya no tengo ganas'”, comenta.

Los cobradores de deudas cuestionables se aprovechan de los lapsos de memoria de las personas mayores, advierte Michael Bovee de Resolve, un servicio de información de deudas. La gente piensa: “Sí, tenía una cuenta en US Bank en aquel entonces”, dice. “Los estafadores pueden presionarlos para obtener algún tipo de pago que no deben”.

Por último, las personas mayores son el único grupo de edad que todavía está dispuesto a contestar el teléfono, dice Liz Weston, planificadora financiera y columnista de NerdWallet: “Creo que ese es un problema real”.


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Estrategias para los consumidores

Los cobradores de deudas que te persiguen tienen una bolsa de trucos para poner en práctica. Pueden llamarte por deudas “zombis”, esas viejas facturas impagas que deberían ser incobrables porque el estatuto de limitaciones ha caducado. Pueden acumular penalidades. Los cobradores pueden amenazar con embargarte los cheques del Seguro Social, que están fuera de los límites en la mayoría de los casos. Incluso pueden acosar a los cónyuges para que paguen las deudas de sus parejas recientemente fallecidas, aun cuando el superviviente no tiene una responsabilidad real.

Ya sea que se trate de un cobrador de deudas demasiado agresivo o de un estafador descarado, utiliza estas técnicas y estrategias para protegerte.

Primero, no hagas nada. Nunca tienes que hacer nada en respuesta a una sola llamada telefónica. “Tranquilo. No estás en llamas”, dice Bovee. “La gente no llama desde los escalones del tribunal para advertir que están a punto de presentar una demanda. La presentan y ya”. Cualquiera que exprese ese tipo de urgencia casi con seguridad es un estafador, dice.

Incluso si la deuda parece legítima y el cobrador tiene información precisa sobre ti, no aceptes hacer ningún pago, aconseja Daniel Edelman, un abogado de Chicago especializado en derechos del consumidor. “Solo porque alguien sabe tu nombre no significa que es legítimo”, explica. “El hecho de que alguien te llame por una deuda que una vez tuviste no significa que sea legalmente ejecutable ahora. Y las filtraciones de datos pueden dar suficiente información para que alguien haga una acusación plausible”.

Haz preguntas, obtén respuestas. Solicita el nombre y la dirección de la compañía que te llama. A menudo, eso puede ayudar a separar a los estafadores de los cobradores legítimos, y puedes usar esa información para comprobar si la empresa tiene la licencia adecuada (la mayoría de los estados se la exigen a las agencias de cobro). Un punto de partida es la página web del NMLS (Sistema Nacional de Licencias Multiestatales) —en inglés—. Si la empresa que cobra la factura no es el acreedor original, Bovee recomienda llamar al acreedor original para confirmar que el cobrador tiene derecho a hacer el cobro. Y poco después de tener noticias del cobrador de deudas —tienes 30 días según la ley federal— envía una solicitud por escrito al cobrador pidiendo información detallada sobre la deuda, conocida como “carta de validación de deudas”. El cobrador debe detallar la deuda original, los intereses y las tasas, enviar una copia de un estado de cuenta final de facturación y proporcionar pruebas de que existe una base válida para el cobro. La CFPB (Oficina de Protección Financiera del Consumidor) tiene una excelente carta que puedes usar como modelo. 

Crea un historial. Pon por escrito todas las solicitudes que envíes a los acreedores, envíalas por correo certificado y guarda copias. Mantén un registro de todos los contactos que los acreedores tengan contigo, cuándo, dónde y qué dijeron. Esto puede ser útil si te llevan a los tribunales o si necesitas presentar una queja contra ellos.

No seas débil. Si un cobrador pide un pequeño pago de una vieja deuda como “muestra de fe”, piénsalo dos veces y no dejes que apelen a tu sentido del honor. Las leyes estatales hacen inaplicable la mayoría de las obligaciones de reembolso después de cierto tiempo (en inglés), por lo general de tres a seis años. (La deuda estudiantil es una excepción importante). Pero en algunos estados, incluso un pequeño pago de una deuda zombi puede desencadenar un reajuste del reloj de la ley de prescripción, así que ten cuidado.

Y no te apresures a pagar el monto total cuando te contacte una empresa de cobros Si el acreedor original ha vendido tu deuda a una empresa de cobros, ese cobrador normalmente ha pagado centavos de dólar por el derecho a cobrarla, dice Weston. Tal vez $10 o $20 por una factura impaga de $500. “Así que no le des demasiado a un cobrador de deudas si realmente no puedes pagar esa factura”, recomienda. “Casi nunca hay una buena razón para pagar lo que dicen que debes”. En su lugar, negocia una cantidad menor, con una promesa escrita de que la obligación ha sido saldada.


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Pide silencio. Una vez que los cobradores reciben el caso, pueden tratar de abrumarte con llamadas, correos electrónicos y cartas con la esperanza de que pagues para que no te molesten más. Pero no tienes que pagar. En cualquier momento del proceso —cuando recibes el primer aviso, mientras esperas una nueva validación o incluso más tarde— puedes pedirles que dejen de contactarte. En la actualidad, tienes derecho a decirles por escrito a los cobradores de deudas que dejen de contactarte (el CFPB también tiene un buen ejemplo de carta). Esta es una herramienta poderosa y útil; los cobradores que no cumplan con la solicitud pueden ser multados.

Pero no los ignores. Si tu deuda es válida, terminar la comunicación con una empresa de cobros no resuelve el problema a largo plazo. Un acreedor puede llevarte a los tribunales; si no te presentas, tu acreedor podría recibir una sentencia en tu contra no sujeta a los estatutos habituales de prescripción de deudas. Otras opciones incluyen planes de pago, tal vez elaborados con la ayuda de un asesor de deudas, o la declaración de quiebra. Considera también que, como muchas personas mayores, podrías ser lo que se conoce como “a prueba de juicios”, explica April Kuehnhoff, abogada del NCLC (Centro Nacional de Leyes del Consumidor). Dado que los cheques del Seguro Social y de la Administración de Veteranos y algunos activos, incluidas las cuentas de jubilación, están protegidos, es posible que los cobradores no tengan de dónde recuperar, incluso si te demandan y ganan un juicio. Enviar una “carta a prueba de juicios”, de la que se pueden encontrar muestras en el sitio web del CFPB y en otros lugares, a veces puede poner fin a todo el proceso, dice.

Pide refuerzos. Si un cobrador te está estafando o acosando, considera la posibilidad de obtener ayuda legal. En muchos estados, la oficina del fiscal general tiene líneas directas para las personas mayores, y ese suele ser el mejor lugar para empezar, dice Kuehnhoff. Puedes presentar una queja al CFPB en internet o llamando al 855-411-2372. O puedes contactar a un abogado especializado en deudas del consumidor; un buen lugar para comenzar la búsqueda es en el sitio web de la NACA (Asociación Nacional de Abogados del Consumidor —en inglés—).

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