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Sobre la cocina de mi abuela

Noni continúa alimentando a su familia <br>en cuerpo y alma.

In English | Mi abuela—mi Noni— era una mujer recatada. Se recogía las canas en un moño y usaba vestidos que abotonaba en la clavícula. Hablaba poco inglés y la comida era su manera de comunicar su amor. Los domingos nos congregábamos en su cocina en tandas, según la misa a la que habíamos asistido. La cacofonía de tíos y primos, junto con el aroma de la comida, ya creaba una fiesta, aun antes de que hubiéramos probado un bocado.

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Noni alimentaba a todos. Servía platos de ricos polpette (deditos empanizados de carne molida y papas), rebanadas calientes de focaccia, crujientes triángulos de ternera empanizada. En el otoño, nos ofrecía higos de su árbol, secados al sol en cajas de huevos en el porche trasero de su casa.

Abuela italiana que conoció el hambre cuando era niña, llenó a su familia con comida y sus recuerdos

Foto cortesía de Cynthia Cima-Ivy

Noni alimentaba el cuerpo y alma.

Disfrutábamos del pesto antes de que se pusiera de moda y apareciera en todas partes. Dice la leyenda familiar que durante la Gran Depresión de los años 30, el intenso olor del pesto que Noni añadía a la sopa minestrone atraía hasta su casa a los vagabundos que viajaban en los vagones del tren que pasaba a un cuarto de milla de distancia. Siempre daba comida a estos hambrientos.

Mi abuela conoció el hambre de niña en Italia, y apreciaba muchísimo la abundancia de alimentos que este país ofrecía. Siguió siendo ahorrativa y sabía usar todos los cortes de carne, incluso los "exóticos", y cultivaba un huerto.

En casa utilizábamos el sistema de medidas estadounidense, pero Noni usaba la palma de la mano y las puntas de los dedos. De niños, disfrutábamos del exquisito placer de hacer con el dedo gordo las impresiones que sostenían el aceite en la masa de focaccia.

Mi hijo nació muchos años después de la muerte de mi abuela, pero cuando por fin le quitaron los aparatos de los dientes, pidió que le hiciéramos la focaccia de Noni. Sus platos son parte del legado que nos dejó. Las manos de mi hijo ya son más grandes que las mías, pero siempre le dejo hacer las impresiones en la focaccia y juntos pensamos en mi abuela. Todavía nos alimenta.

De interés: 5 errores que cometen los abuelos y cómo evitarlos. »

Cynthia Cima-Ivy es una lectora de Menlo Park, California.

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