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¿Qué pasa si tienes una emergencia médica en un avión?

Cómo encara la tripulación los problemas de salud de los pasajeros durante un vuelo.

Mujer con dolor de cabeza en un avión

Konstantin Labunskiy / Alamy Stock Photo

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En el 2012, un ejecutivo de Boeing de 52 años, del estado de Washington, vivió la pesadilla de todo pasajero: sufrió un ataque cardíaco cuando volaba de Dubái a Seattle en la aerolínea United Arab Emirates. La tripulación tenía un botiquín médico que excedía lo básico, con una máquina para electrocardiogramas, pero la señal de wifi era demasiado débil para transmitir los datos a los consultores de MedAire en tierra. Afortunadamente, un técnico de emergencias médicas de Estados Unidos que viajaba en el avión pudo leer la información y transmitírsela a los médicos, quienes determinaron que el paciente necesitaba atención inmediata en un hospital.

El capitán tenía dos opciones para aterrizar según el plan de vuelo: Bakú, en Azerbaiyán, o Teherán, en Irán. Se decidió por Teherán, dado que la ruta le permitía deshacerse de combustible sobre el mar Caspio y luego aterrizar en forma segura. Además, la base de datos de MedAire indicaba que la ciudad tenía hospitales de primer nivel para tratar ese tipo de emergencias. Al llegar había una ambulancia esperando en la pista y el pasajero fue trasladado al hospital. Allí, los médicos le administraron fármacos para prevenir el bloqueo de las arterias y le realizaron una angioplastia. Luego, lo autorizaron a volar a casa y recuperarse en el estado de Washington.

Hay aproximadamente un millón de pasajeros en vuelo, y algunos experimentan crisis médicas en cualquier momento. Si bien no es probable —el promedio es de un incidente por cada 604 vuelos, según Journal of the American Medical Association—, a muchos viajeros les preocupa pensar que podrían tener algún problema de salud mientras están atrapados a 32,000 pies de altura. Las salas de emergencias están muy lejos.

“Esto es una ciudad virtual suspendida en el cielo. Van a ocurrir cosas”, dice el Dr. Paulo M. Alves, director médico global de salud de aviación para MedAire, una empresa con sede en Phoenix. Pero Alves destaca que, cuando se presenta un problema médico, las empresas aéreas tienen varios recursos disponibles, entre ellos el tipo de consulta tierra-a-aire que proporcionan los equipos altamente capacitados de su empresa a las tripulaciones de cabina.


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El resultado es que las muertes son inusuales: solo uno entre 8 millones de pasajeros muere durante un vuelo.

“Los eventos graves con los que nos enfrentamos con mayor frecuencia son paros cardíacos y derrames cerebrales”, dice Taylor Garland, un vocero de la Association of Flight Attendants-CWA en Washington D.C. “Las enfermedades mentales y la adicción [sobredosis] también se están volviendo más comunes”.

Otras emergencias ocurren porque el entorno de la cabina puede exacerbar problemas de salud. Los aviones están presurizados, y las condiciones son similares a estar a entre 5,000 y 8,000 pies de altura, lo que significa que el oxígeno es levemente menor de lo que acostumbran a recibir quienes viven al nivel del mar. Las consecuencias más comunes son desmayos, problemas gastrointestinales y mareos, pero el menor nivel de oxígeno también puede agravar síntomas respiratorios y cardiovasculares. “Estas cosas suceden en la vida de las personas. No hay nada mágico acerca del avión, excepto que estresa un poco el sistema”, dice el Dr. Lewis S. Nelson, presidente del Departamento de Medicina de Emergencia en la Facultad de Medicina Rutgers New Jersey, en Newark.

Preparados a bordo

Para asegurar que los integrantes de la tripulación de a bordo puedan manejar lo inesperado, todas las empresas grandes de aviación les enseñan primeros auxilios básicos, que incluyen la administración de RCP y oxígeno suplementario. “Nuestra tripulación también está entrenada para utilizar desfibriladores externos automáticos”, agrega un vocero de Singapore Airlines.

La Administración Federal de Aviación (FAA) de Estados Unidos no requiere grandes kits médicos a bordo de los aviones, pero sí exige que haya ciertos artículos para ayudar a la tripulación a tratar las emergencias. Los elementos obligatorios son herramientas de evaluación (como estetoscopios), cinta adhesiva, analgésicos, antihistamínicos, broncodilatadores, lidocaína, nitroglicerina, solución salina y torniquetes. También requiere contar con líneas intravenosas (usadas cuando hay un caso de hipotensión a raíz de la deshidratación, una hemorragia u otras causas), pero solo pueden ser empleadas por profesionales médicos calificados. Los pilotos o los asistentes de cabina a veces preguntan por el altavoz si hay alguien a bordo con entrenamiento médico que esté dispuesto a ayudar.

Cuando se requiere mayor asistencia profesional, la tripulación recurre a compañías como MedAire —un proveedor líder de (entre otros servicios) capacitación médica y asistencia para emergencias en vuelo para las aerolíneas— en busca de su experiencia. “Es muy útil tener asesoramiento en vivo de personal médico que comprende los efectos de la altura en la fisiología humana, las limitaciones del entorno del avión y los tipos de entrenamiento que recibimos, y que conoce muy bien el equipo con el que contamos para trabajar”, dice Garland.

MedAire incluso tiene una aplicación que guía a los miembros de la tripulación y a voluntarios a través de los pasos de diagnóstico y recolecta datos para sus especialistas en tierra.

Emergencias

Cuando se produce una emergencia durante el vuelo, que pone en peligro la vida de una persona, el capitán decide si desviará el vuelo, explica Kevin Karpé, director en Diverse Vector Aviation Consulting en San Marcos, California. El desvío se realiza solo en un 7% de los incidentes, según expertos de la Facultad de Medicina de University of Pittsburgh.

Cuando se considera necesario desviar el vuelo, el capitán sugiere una ruta y el mejor momento para iniciar el descenso a los controladores de tráfico aéreo. “Literalmente, quitarán otros aviones del camino para hacer lugar a la emergencia y permitir una trayectoria directa hacia el aeropuerto, y coordinarán con el personal de emergencia para que ingresen al avión tan pronto como sea posible una vez aterrizado”, dice Karpé. De allí, alrededor del 25% de los pacientes son trasladados en ambulancia a un hospital, donde solo ingresan al 9%.


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Cómo puedes protegerte

¿Te preocupa la posibilidad de tener una emergencia en pleno vuelo? Alves dice que la mejor defensa es un buen ataque: si tienes dudas, consulta a tu médico antes de viajar. Hay muchos factores —como estar demorado en el tráfico, acarrear maletas, apresurarse para llegar al aeropuerto o tener aprehensión a volar— que pueden estresar el organismo. A eso se suma la presurización de la cabina, con efectos similares a lo que quienes viven en altitudes bajas pueden sentir cuando llegan a Denver, a una milla de altura, o a otros destinos más elevados.

Otros consejos de expertos médicos: consigue el visto bueno de tu médico para volar si has tenido recientemente una operación abdominal, del cerebro, del pecho o de los ojos. Luego, mantente alerta y notifica al personal de cabina si algo parece no estar bien. Del mismo modo, sé precavido si tienes algún trastorno —incluso si es limítrofe— que depende del oxígeno, como enfermedad pulmonar obstructiva crónica, anemia grave o enfermedades cardiovasculares o respiratorias. También presta atención si estás sentado sin moverte durante cuatro horas o más, porque la inmovilidad puede causar coágulos (trombosis venosa) o una embolia pulmonar. Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) recomiendan usar medias de compresión y mover con frecuencia las piernas si tienes factores de riesgo tales como ser mayor de 40 años, tener sobrepeso o estar en tratamiento de sustitución de hormonas.

“Para resumir, si no estás seguro de tu estado de salud, no vueles”, dice Alves. “No lo hagas, porque te estás exponiendo a los efectos de la altitud, y ahora te encuentras en un lugar remoto con pocos recursos médicos”.

Amanda Castleman es una redactora y fotógrafa independiente que colabora también con AfarNational Geographic y The New York Times. Es la fundadora de la academia en línea Write Like a Honey Badger, que enseña redacción narrativa y promueve la representación en los medios de comunicación.