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Veterinario voluntario

Una mano para las mascotas necesitadas.

Kwane Stewart, veterinario voluntario acaricia a un perro

YURI HASEGAWA

In English

Durante la Gran Recesión, me mudé a una ciudad en el Valle Central de California y trabajé como veterinario en un refugio de animales. Recibíamos muchísimos animales y no podíamos albergarlos a todos, pero como éramos un refugio municipal, tampoco podíamos rechazarlos. Tristemente, tenía que aplicar la eutanasia a decenas de animales todos los días. Me rompía el corazón. Comencé a sentir que estaba perdiendo ante los ojos de Dios. Empecé a sentirme culpable y a padecer de ansiedad. Buscaba algo para salir de esa situación emocional.

Luego todo cambió en un momento. Fue hace unos 10 años. En mi camino al trabajo, siempre me detenía para comprar gasolina y café en el mismo lugar. Con frecuencia veía ahí a un hombre sin hogar. Su perrita sufría de una enfermedad de la piel. Soy como la mayoría de las personas; pasé junto al hombre sin hablar con él. Pero no podía quitar la vista de esa pobre perrita. Después de quizás un par de semanas, me detuve y le pregunté al hombre sobre la perra. Cuando me acerqué a ella, casi parecía que había sufrido quemaduras. Tenía costras y enrojecimiento y una infección. Parecía que podía haber sido algo grave, pero sabía que era solo un problema provocado por las pulgas. Así que le dije: “Voy a regresar con medicamentos”, y se los entregué al día siguiente. Un par de semanas después, me encontré de nuevo con él. La perrita se había transformado. Su cabello había vuelto a crecer y meneaba la cola. El hombre empezó a llorar y me dijo: “Gracias por ayudar, por no ignorar”.


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A mí también se me empezaron a humedecer los ojos. Cuando todos te ignoran y lo que más amas está sufriendo, pero nadie te ayuda, es muy difícil. Decidí buscar personas que no pueden obtener ayuda para sus mascotas y ayudarlas. Dedicaba una parte de mi salario a medicamentos y procedimientos. Cuando tenía que derivar un caso, por lo general podía convencer a mis colegas para que redujeran sus tarifas.

Con el tiempo, dejé de trabajar en el refugio y me uní a un consultorio, y también fundé una organización sin fines de lucro para brindar cuidado a las mascotas de las personas sin hogar. Lo más importante que he aprendido a lo largo de los años es que debes acercarte a todos sin juzgar, sin idea preconcebidas. Estas personas son solo personas. No son diferentes a los demás. Por alguna razón, han terminado en un mal lugar. Puede que hayan tenido un pasado familiar difícil. Puede que hayan tenido algún tipo de adicción. Es posible que hayan tomado malas decisiones —¿quién no lo ha hecho?—, pero tal vez no hayan tenido el tipo de apoyo que necesitaban para salir de su situación. Por lo tanto, poder ayudar a los animales que tanto aman es algo práctico que puedo hacer que les quitará un peso de encima. La bondad no puede resolver todos los problemas, pero puede resolver muchos de ellos.

Kwane Stewart, de 51 años, es el director médico de Papaya Pet Care en San Diego y cofundador del proyecto sin fines de lucro Project Street Vet, que brinda atención, tratamiento y apoyo gratuitos a las mascotas de personas sin hogar o con dificultades económicas.

Leslie Quander Wooldridge es una escritora colaboradora que cubre finanzas personales, bienestar y relaciones. Su trabajo también ha sido publicado en The Washington Post y Men's Health, y anteriormente se desempeñó como editora principal en Sisters From AARP.