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Investigadores de la enfermedad de Alzheimer se concentran en la medicina de precisión

Ante la falta de una píldora mágica, el futuro del cuidado de la demencia podría hallarse en una variedad de tratamientos personalizados.

Un investigador examina una radiografía de un cerebro

BRIAN B. BETTENCOURT/GETTY IMAGES

In English | Tras los reveses sufridos en los últimos años, hay motivos de optimismo respecto a los tratamientos para la enfermedad de Alzheimer. Biogen está a la espera de que la Administración de Alimentos y Medicamentos apruebe su polémica terapia con anticuerpos, llamada aducanumab. Si recibe la luz verde, el aducanumab sería el primer fármaco disponible para retrasar la progresión de la enfermedad de Alzheimer, no solo para tratar sus síntomas. Por otra parte, Eli Lilly ya había anunciado este año los resultados favorables de un ensayo clínico de fase 2, que indican que su fármaco experimental, denominado donanemab, podría retrasar el deterioro cognitivo en las primeras etapas de la enfermedad de Alzheimer.

Aun cuando los investigadores se aproximan lentamente a un gran avance en este campo, los expertos no están dispuestos a apostar a un solo tratamiento para ayudar a los más de 6 millones de personas en Estados Unidos que padecen la enfermedad de Alzheimer. Se están realizando más de 200 investigaciones y ensayos clínicos financiados por el Gobierno, y es posible que muchos de ellos ofrezcan soluciones que contribuyan a poner fin a esta enfermedad.

Quienes estudian el Alzheimer y las demencias afines "se están dando cuenta cada vez más de que los procesos y las patologías subyacentes que conducen a la demencia pueden ser muy variados", explica Richard Hodes, director del Instituto Nacional sobre el Envejecimiento (NIA), que forma parte de los Institutos Nacionales de la Salud (NIH). Así, es posible que distintas personas necesiten diferentes tratamientos —o bien alguna combinación de estos—, de acuerdo con los factores que impulsen la progresión de su enfermedad.

Este enfoque personalizado, conocido como medicina de precisión, constituye el tema central de una cumbre de los NIH sobre las investigaciones de la enfermedad de Alzheimer (en inglés). Puede ser que hayas oído hablar de la medicina de precisión en el contexto del tratamiento del cáncer, en la cual los médicos reúnen distintos tratamientos para tratar a una persona de acuerdo con sus genes o los cambios genéticos que se observan en su caso de cáncer.

"Estamos descubriendo que tal vez se podría adoptar un enfoque similar con respecto a la enfermedad de Alzheimer", dice Eliezer Masliah, director de la División de Neurociencia del NIA. "No todos los cánceres son iguales. Y creo que, hablando de la enfermedad de Alzheimer y las demencias afines, también podemos decir que no todos los casos son iguales".

Los investigadores exploran distintos 'blancos' en busca de soluciones

Para que los médicos puedan ayudar a prevenir la enfermedad de Alzheimer en las personas en situación de riesgo o ayudar a quienes han recibido un diagnóstico de la enfermedad a evitar sus síntomas debilitantes, los científicos están analizando una variedad de los llamados "blancos de intervención".

Uno de los principales blancos es una proteína denominada amiloide, que se acumula hasta formar placas en el cerebro de las personas con Alzheimer. Tanto el aducanumab como el donanemab —los dos fármacos experimentales que están ahora en las noticias— están diseñados para adherirse a estas placas tóxicas y eliminarlas. Otro blanco muy frecuente, y también un sello distintivo de la enfermedad de Alzheimer, es la proteína tau, que forma ovillos anormales dentro de las neuronas e interrumpe el funcionamiento de las células en el cerebro.

La inflamación se ha convertido también en "un tema de gran importancia y un blanco de los tratamientos", según señala Masliah. Con frecuencia se observa inflamación crónica en el cerebro de quienes padecen la enfermedad de Alzheimer. Según el NIA, esta inflamación ocurre cuando las células microgliales ya no cumplen su función normal de eliminar los desechos y las toxinas del cerebro.

Entre muchos otros blancos, los investigadores también están analizando las conexiones entre las neuronas —llamadas sinapsis— que se desintegran en el curso de la enfermedad, con el fin de descubrir si es posible mejorar su funcionamiento o "restablecer el ritmo de esas conexiones en el cerebro", señala Masliah.

Aun así, "no será suficiente concentrarnos solo en [el amiloide] o solo en la inflamación o solo en las sinapsis", agrega. "Probablemente tendremos que combinar algunas de estas cosas. Y puede ser que esas combinaciones sean distintas para diferentes poblaciones". Las intervenciones centradas en aspectos del estilo de vida, como el sueño o el control de la presión arterial, podrían también formar parte de la solución.


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Un gran avance, cada vez más cerca

Si bien es difícil prever cuándo se contará con tratamientos que impidan o retrasen estos cambios en el cerebro, Hodes dice que se siente "optimista" a la luz del actual ritmo de las labores de investigación.

Los avances en los biomarcadores sanguíneos y los revelados mediante la toma de imágenes —que ayudan a los científicos a pronosticar o detectar la enfermedad de Alzheimer y vigilar su progresión— han contribuido a la aceleración de estas labores, ya que ayudan a los investigadores en la evaluación inicial de los participantes y en el análisis de intervenciones en etapas más tempranas de la enfermedad (lo ideal es hacerlo antes de que aparezcan los síntomas).

La participación es otro factor que puede influir en el cronograma del tratamiento. Con cientos de investigaciones ya en marcha, hay más oportunidades que nunca para que las personas participen en ensayos clínicos o en otras labores de investigación sobre la enfermedad de Alzheimer. (Para informarte sobre las investigaciones cerca de ti en las que podrías participar, visita alzheimers.gov).

"Nos estamos acercando [a un gran avance], y lo estamos haciendo a mayor velocidad”, dice Hodes.

Rachel Nania se incorporó en el 2019 a AARP como reportera sobre temas de salud, después de trabajar varios años como periodista y editora radial en Washington D.C. Recibió los galardones "Gracie Award" en el 2018 y "Edward R. Murrow Award" (a nivel regional) en el 2019, y fue becaria de la National Press Foundation en el 2019 para realizar labores de información sobre la demencia.

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