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El aire más limpio podría ser mejor para el cerebro

Una nueva investigación relaciona la mejor calidad del aire con la reducción del riesgo de demencia.

Hora pico de tráfico en una autopisa y niebla

PATRICK HERRERA/GETTY IMAGES

In English | Los beneficios de mejorar la calidad del aire van más allá de respirar mejor y tener árboles más felices. Una nueva investigación presentada en la Conferencia Internacional de la Alzheimer's Association (AAIC) del 2021 muestra que un aire más limpio también puede mejorar la función cognitiva y reducir el riesgo de que una persona sufra de demencia.

Durante mucho tiempo, se ha vinculado la mala calidad del aire con la mala salud. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), el aire contaminado aumenta el riesgo de infecciones respiratorias, enfermedades cardíacas y cáncer de pulmón. La contaminación del aire también se ha vinculado en varios estudios a un mayor riesgo de demencia, incluida su forma más común, la enfermedad de Alzheimer. Sin embargo, nuevos hallazgos indican que mejorar la calidad del aire podría revertir esos riesgos.

En un informe presentado el 26 de julio, investigadores analizaron a más de 2,200 mujeres de entre 74 y 92 años, inscritas en un importante estudio en Estados Unidos durante un período de 10 años, entre el 2008 y el 2018. Ninguna de las mujeres tenía demencia al inicio del estudio, y la calidad del aire en todo Estados Unidos había mejorado mucho en los 10 años anteriores al estudio.


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En las zonas en las que el aire era aún más limpio —donde los niveles de partículas finas (que pueden incluir sustancias químicas emitidas por las obras en construcción y las centrales eléctricas, por ejemplo) y los contaminantes relacionados con el tráfico estaban por debajo de la norma establecida por la Agencia de Protección Ambiental—, los investigadores descubrieron que el riesgo de demencia disminuyó un 14% y un 26% a lo largo de un período de seguimiento de aproximadamente seis años. También se observaron mejoras en otras áreas, como la memoria y la atención. En los participantes que vivían en zonas con mejor calidad del aire también se ralentizó el deterioro cognitivo.

"Cuanto mayor es la mejora [de la calidad del aire], más lento es el deterioro que observamos", dijo a AARP Xinhui Wang, una de los investigadores del estudio y profesora adjunta de Investigación en Neurología de la Facultad de Medicina Keck de University of Southern California. Y los beneficios para el cerebro se observaron independientemente de la edad, el nivel de educación, y factores como las regiones geográficas en las que vivían los participantes o si tenían enfermedades cardiovasculares.

"El beneficio es prácticamente universal", añadió Wang.

En otro estudio presentado en la AAIC, los investigadores examinaron las relaciones entre tres tipos comunes de contaminantes del aire y las placas amiloides, que son una característica distintiva de la enfermedad de Alzheimer. Mediante el análisis de los datos de un estudio observacional realizado en Estados Unidos con más de 3,000 participantes, y utilizando sus direcciones para seguir las tendencias de la contaminación en el área hasta 20 años antes del estudio, los investigadores descubrieron que los adultos mayores que estaban expuestos a niveles más altos de los tres contaminantes del aire durante un período de tiempo más largo tenían niveles más altos de beta amiloide en la sangre. Esta proteína es un componente principal de las placas pegajosas que se acumulan en el cerebro de las personas que padecen la enfermedad de Alzheimer.

"La conclusión de nuestra investigación sería que reducir la exposición a la contaminación del aire podría proteger el cerebro", dice Christina Park, estudiante de doctorado del Departamento de Epidemiología de University of Washington que colaboró en el estudio. "Y creo que, a diferencia de otros factores de riesgo de demencia, como la genética, la contaminación del aire es algo que potencialmente podemos modificar".

De hecho, los expertos han descubierto una serie de factores a los que llaman factores modificables que afectan el riesgo de demencia. Se trata de comportamientos o circunstancias que el ser humano, en teoría, puede modificar. Todo —desde el control de la presión arterial hasta la socialización, pasando por la dieta y el ejercicio— desempeña un papel fundamental en la salud del cerebro, según demuestran los estudios. Además de la contaminación del aire, otros factores medioambientales, como el ruido y la falta de espacios verdes, también se han relacionado con el deterioro cognitivo.

"Ahora sabemos que las personas pueden hacerse cargo de su salud cerebral para reducir el riesgo de deterioro cognitivo o demencia a medida que envejecen. Pero estos estudios son una prueba más de que nuestras comunidades, junto con los sectores público y privado, tienen un papel muy importante que desempeñar a la hora de ayudar a las personas a elegir comportamientos más saludables y a reducir las amenazas a la salud cerebral, para empezar", dijo Sarah Lenz Lock, vicepresidenta sénior de AARP para Política y Salud Cerebral. Lock es también directora ejecutiva del Consejo Mundial sobre la Salud Cerebral (GCBH, en inglés), el cual analiza las últimas investigaciones sobre la demencia y las traduce para que los adultos mayores tengan la información que necesitan para mantener y mejorar su salud cerebral. Por ejemplo, el GCBH debatió cómo los niveles de luz y ruido en los vecindarios desfavorecidos afectan negativamente los patrones de sueño (en ingllés).


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"Se trata de un progreso emocionante que nos muestra que podemos cambiar los determinantes sociales de la salud a los que nos enfrentamos todos y reducir el número de personas que tendrán que lidiar con la demencia en el futuro", añade.

Los expertos siguen sin saber cuáles son los posibles mecanismos en juego cuando se trata de la contaminación del aire y la progresión de la demencia, dice Claire Sexton, directora de programas científicos y de divulgación de la Alzheimer's Association. Algunos lo atribuyen a otros peligros para la salud que pueden derivarse de la mala calidad del aire, como las enfermedades cardiovasculares, que son un factor de riesgo de demencia. Otra idea: las partículas contaminantes más pequeñas pueden desencadenar una respuesta inflamatoria en el organismo, y la inflamación se ha asociado con el desarrollo de demencia.

Sexton señala que es necesario investigar más sobre la relación entre la contaminación del aire y la salud del cerebro. "Pero la evidencia es cada vez mayor", dice. "Si estos [estudios] pueden reproducirse en otras muestras, entonces realmente estarán demostrando el potencial que pueden tener las políticas que mejoran la calidad del aire".

Y dado que se calcula que el 90% de las personas de todo el mundo respiran un aire que no cumple con las normas de la OMS, "esto podría ser solo la punta del iceberg de cómo combatir la contaminación del aire podría afectar el riesgo de demencia", afirma Sexton.

Actualmente, unos 50 millones de personas en todo el mundo viven con demencia.

Rachel Nania escribe sobre atención médica y políticas de salud para AARP. Anteriormente fue reportera y editora de WTOP Radio en Washington, D.C. Recibió un Premio Gracie y un Premio Regional Edward R. Murrow, y también participó en un programa sobre demencia con la National Press Foundation.

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