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Hombro congelado: síntomas, causas y tratamientos

Los médicos explican por qué no conviene esperar a que desaparezcan las molestias de esta dolencia propia de la mediana edad.

Un hombre con una mano en su hombro en señal de dolor

MANUSAPON KASOSOD/GETTY IMAGES

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Puede aparecer tras una lesión o de forma inesperada: un día te despiertas con un dolor intenso en el hombro y, en las semanas siguientes la articulación se vuelve tan rígida que la amplitud de movimiento se ve afectada de forma grave.

Esta misteriosa afección, conocida como hombro congelado (y también como hombro rígido y capsulitis adhesiva), suele aparecer entre los 40 y los 65 años y afecta más a las mujeres que a los hombres. "Es un proceso interesante y solo ocurre en los hombros; no vemos rodillas ni codos congelados", dice el doctor Brian Feeley, profesor de Cirugía Ortopédica de University of California en San Francisco.

El problema surge cuando la cabeza del húmero, que es el hueso de la parte superior del brazo, encaja en una cavidad poco profunda del omóplato, más concretamente, en la cápsula del hombro, que es el fuerte tejido conjuntivo que rodea la articulación. "El nombre de capsulitis adhesiva dice mucho, porque la cápsula [del hombro] es el problema: hay una inflamación de la bolsa en la que se encuentra el hombro, y "adhesivo" quiere decir que se atasca después de algún tiempo", explica la doctora Beth Shubin Stein, cirujana ortopédica adjunta y codirectora del Women’s Sports Medicine Center en el Hospital for Special Surgery de la ciudad de Nueva York.

Las tres etapas de un hombro congelado

En la fase inicial, el hombro simplemente duele y el dolor empeora gradualmente. La segunda etapa es la de congelación, en la que el hombro pierde amplitud de movimiento y "la cápsula se engrosa debido a la inflamación", señala Shubin Stein. En la tercera etapa, llamada fase de descongelación, se produce una mejora gradual de la amplitud de movimiento del hombro. El tiempo que se pasará en cada etapa es impredecible y varía significativamente de una persona a otra; sin embargo, la sanación puede necesitar de seis meses a dos años o más.

Las causas exactas del hombro congelado siguen siendo un misterio, por lo que a menudo se le denomina idiopático (es decir, de causa desconocida). Lo que sí se sabe es que implica un elemento probable de inflamación, que desencadena la liberación de sustancias químicas que irritan la articulación, lo que causa dolor, explica el doctor Jon J.P. Warner, codirector del MGH Shoulder Service en Boston. "Eso, a su vez, provoca la liberación de otras sustancias químicas que causan rigidez o congelamiento y la aparición de cicatrices". La mayoría de las veces, el hombro congelado afecta al brazo no dominante, y si alguien desarrolla un hombro congelado idiopático en un hombro, tiene un mayor riesgo de padecerlo en el otro lado más tarde, dice Warner.

Factores de riesgo del hombro congelado

La investigación ha descubierto que las personas con diabetes tienen una propensión cinco veces mayor a desarrollar capsulitis adhesiva, y las personas con trastornos tiroideos tienen un riesgo casi tres veces mayor de padecer la enfermedad. El hombro congelado es, por lo general, más común en las mujeres, y puede ocurrir después del tratamiento del cáncer de mama o de una cirugía cardíaca, explica Warner. Parecería que existe una predisposición genética al hombro congelado, lo que significa que puedes tener un mayor riesgo si un familiar de primer grado lo ha padecido.

En el 2013, Stacey Marnell, trabajadora social y consejera escolar que vive en Takoma Park, Maryland, experimentó dolor y rigidez gradual en su hombro derecho, que progresaron hasta el punto de no poder levantar el brazo por encima del nivel del hombro. "Mi médico me dijo que tenía una triple amenaza de hombro congelado porque tengo diabetes tipo 1, tomo medicamentos para la tiroides y soy una mujer menuda", dice Marnell, de 67 años. "Me sentía desesperada porque me limitaba todo lo que podía hacer: no podía subirme las cremalleras ni abrocharme los botones de la espalda, o abrir una ventana o secarme el pelo".


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Cómo abordar el problema

Un médico puede diagnosticar un hombro congelado basándose en la descripción del paciente sobre el momento en que empezaron los síntomas y cuándo se produce el dolor, así como mediante un examen físico. La identificación de la pérdida de movimiento activo (poder mover de manera voluntaria el brazo y el hombro afectados en determinadas direcciones) y la pérdida de movimiento pasivo (cuando el médico intenta mover el brazo u hombro en diferentes direcciones pero no puede) es clave para hacer el diagnóstico adecuado, dice Warner. Se toman radiografías para descartar la posibilidad de que una artritis en el hombro sea la causa de la limitación del movimiento.

"Durante mucho tiempo, el tratamiento fue la 'negligencia benigna', porque si no se hace nada, acabará desapareciendo", dice Shubin Stein. "Pero esos dos años son un período miserable". Y a veces el proceso de recuperación es más largo y puede dejar a la persona con pérdidas permanentes en la amplitud de movimiento, añade.

Hoy en día se abordan más casos, aunque "el tratamiento es complicado porque son muchas las cosas que funcionan, si bien nada lo hace a la perfección", dice Feeley. El objetivo es "aumentar la amplitud de movimiento en el hombro afectado y disminuir la cascada de inflamación y formación de cicatrices en la cápsula". El enfoque general del tratamiento incluye medicamentos antiinflamatorios —tomados por vía oral o administrados en forma de inyección de cortisona en la articulación del hombro si el hombro congelado está en una fase inicial— y fisioterapia. Con la fisioterapia, se realizan ejercicios específicos para estirar suavemente los tejidos del hombro y mejorar la amplitud de movimiento mediante la rotación externa y los estiramientos cruzados del brazo, por ejemplo.

¿Existe una relación entre la COVID?-19 y el hombro congelado?  

A partir de anécdotas sobre supervivientes de COVID-19 de mediana edad que desarrollaron posteriormente un hombro congelado, los investigadores exploraron la posible relación en un estudio publicado en el número de julio del 2021 de la revista Journal of Shoulder and Elbow Surgery. Confirmaron lo que ellos denominan una posible relación entre la enfermedad y la afección del hombro. Curiosamente, los que tuvieron una infección asintomática o leve de COVID-19 presentaron mayores tasas de hombro congelado.

La teoría de los investigadores es que la relación puede deberse a la infección directa que causa la COVID-19 de células que están fuera del tracto respiratorio, así como a "una hipercitocinemia y una inflamación sistémica que pueden repercutir en casi todos los sistemas orgánicos, incluidos los tejidos musculoesqueléticos".

Aunque no ha visto este patrón en su consultorio, el cirujano ortopédico Feeley dice: "Tiene sentido que algunas personas que contraen COVID, una enfermedad que provoca una intensa reacción inmunitaria, acaben con un hombro congelado. Podría haber una relación [con el virus], pero eso no se ha definido de forma clara". Algunos expertos también han sugerido que ciertos factores, como el sedentarismo mientras la persona está enferma con COVID-19, podrían desempeñar algún tipo de papel.

El hombro congelado de Maria Leonard Olsen comenzó como un leve dolor en su hombro derecho. A partir de ahí, poco a poco le fue resultando más difícil levantar el brazo a medida que las molestias empeoraban. "Es un dolor extraño y pulsante; es muy intenso, y luego simplemente desaparece", dice Olsen, de 58 años, abogada y escritora de Bethesda, Maryland. El pasado julio, vio a un cirujano ortopédico que hizo el diagnóstico, le puso una inyección de cortisona y la envió a terapia física dos veces por semana. "Ahora estoy un 50% mejor", dice, tanto en términos de movimiento como de dolor.

Si los tratamientos más conservadores no ayudan, la cirugía puede ser una opción durante la segunda etapa del hombro congelado. En un procedimiento llamado liberación capsular artroscópica, un cirujano ortopédico libera la cápsula articular endurecida y elimina las adherencias (tejido cicatricial), explica Warner. La cirugía suele ir seguida de una intensa terapia física con el fin de ayudar al paciente a mantener la amplitud de movimiento recuperada.

Para tratar su hombro congelado (el derecho), Marnell acudió a fisioterapia y se sometió a punción seca, que consiste en insertar agujas superfinas en los músculos, tendones, ligamentos u otros tejidos para aumentar la amplitud de movimiento y reducir el dolor. La combinación ayudó un poco, pero no del todo. Mientras tanto, su hombro izquierdo comenzó a endurecerse y no respondía a los estiramientos, la fisioterapia, los masajes ni la acupuntura. (Aunque hay pocas pruebas científicas de que la acupuntura o la aguja seca ayuden, estas técnicas pueden ser útiles como terapias complementarias, dice Shubin Stein). En el 2015, Marnell se sometió a una cirugía artroscópica en su hombro izquierdo para romper el tejido congelado, seguida de una intensa terapia física. En la actualidad, tiene una movilidad casi total en ambos hombros.

Para maximizar la recuperación del hombro congelado, es importante un diagnóstico temprano, dicen los expertos. Si el dolor de hombro te despierta por la noche, si estás perdiendo la amplitud de movimiento (especialmente al rotar el hombro hacia adentro), o si los movimientos rápidos con la parte superior del brazo te duelen más que los lentos, acude al médico. "La intervención temprana y el tratamiento diligente hacen que este proceso sea mucho más rápido si lo detectamos antes de que se produzca la cicatrización", dice Shubin Stein.

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Stacey Colino es una escritora galardonada que se especializa en salud, psicología y ciencia. Su trabajo ha sido publicado en The Washington Post, U.S. News & World Report, Prevention, Newsweek, Parade y muchas otras revistas nacionales.