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Los sobrevivientes de COVID-19 enfrentan trastorno de estrés postraumático y ansiedad

Los expertos dicen que las hospitalizaciones en la unidad de cuidados intensivos, que a menudo los pacientes enfrentan solos, conllevan problemas de salud mental, sobre todo en pacientes mayores.

Médicos, con equipo de protección, tratan a un paciente en una cama de hospital

GETTY IMAGES

In English | Para Charlene Fugate, de 70 años, de Indianápolis, el problema empezó en marzo con una persistente infección respiratoria que necesitó dos tratamientos con antibióticos y un inhalador para ayudarla a respirar. Después de varios días, se dio cuenta de que “le era cada vez más difícil” aguantar la respiración durante los diez segundos que los esteroides tardaban en llegar a sus pulmones. Para cuando su esposo la llevó al IU (Indiana University) Health West Hospital, también padecía de dolores de cabeza, fiebre y tos.

Antes de que hubieran pasado tres horas de su llegada a la sala de emergencias, Fugate estaba conectada a un respirador, con una infusión intravenosa, una sonda de alimentación y un catéter, y la transfirieron a la unidad de cuidados intensivos (UCI) del IU Health Methodist Hospital con un diagnóstico de COVID-19. Pasó tres días en la UCI y otros cuatro días en otra unidad del hospital antes de regresar a casa. Sin embargo, tres meses después, su recuperación aún continúa.

Además de sentirse débil y a veces faltarle el aire, Fugate todavía no ha superado la difícil experiencia emocional por la que pasó.


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Poco después de salir del hospital, comenzó a revivir los momentos en la UCI, recuerdos fragmentados que describe como angustiantes y aterradores. Y la atormenta el recuerdo de haber tenido que mandarles mensajes de texto a sus familiares, quienes esperaban fuera del área de ingresos de la sala de emergencias, para decirles que la habían conectado a un respirador, y de pensar que nunca los iba a volver a ver. El no recordar qué sucedió después de eso también la perturba. “No recuerdo tres días enteros”, dice. “Sé que cuidaron de mí y que tenía buenos enfermeros, pero realmente no sé qué sucedió en esos días”.

A pesar de que Fugate sobrevivió la peor experiencia de su vida, dice que también vive con el abrumador temor de volver a enfermarse, ya que nadie sabe todavía si después de tener COVID-19 se es inmune a la enfermedad. “Dejar a mis hijos y a mi esposo; aún no estoy lista para eso”, dice Fugate, quien ya regresó a su trabajo como coordinadora de contabilidad. “Trabajo con muchos jóvenes —de entre veinte y treinta años— y no parecen tomar esto tan en serio como nosotros, las personas mayores. ¿Practicaron el distanciamiento social? ¿Usan mascarillas fuera de aquí? ¿Miden sus signos vitales?”.

Fugate toma medicamentos para combatir la ansiedad y ha hablado con un capellán del hospital acerca de su experiencia cercana a la muerte. “Me dijo que sufro de un tipo de angustia y de un tipo de trastorno por estrés postraumático (TEPT)”, dice.

La historia de Fugate se ha vuelto muy común entre los pacientes de COVID-19, particularmente entre los que pasaron tiempo en cuidados intensivos. Toda persona que ha estado en la UCI es propensa a tener problemas emocionales, cognitivos y físicos a largo plazo, conocidos en conjunto como "síndrome poscuidados intensivos", o SPCI, “un problema muy común debido al cual los pacientes y sus cuidadores sufren un deterioro de su calidad de vida hasta por dos años después de haber sobrevivido una enfermedad grave”, dice el Dr. Sikandar H. Khan, osteópata, neumólogo y médico de cuidados críticos, quien supervisa el Critical Care Recovery Center de IU Health en Indianápolis, una de las cada vez más numerosas clínicas que se enfocan en los problemas de salud a largo plazo de los pacientes de cuidados intensivos.

Aunque la prioridad de los proveedores de atención médica es, como debe ser, mantener a los pacientes vivos, “según lo que sabemos sobre los sobrevivientes de otras enfermedades de insuficiencia respiratoria, como la gripe, la neumonía bacteriana grave y la sepsis, los pacientes tendrán muchos síntomas de trastornos del estado de ánimo”, dice Khan. “Y estamos viendo cosas similares en los sobrevivientes de COVID-19”.

Una ‘tormenta perfecta’ para los problemas de salud mental

Alrededor del 30% de los pacientes de cuidados intensivos tienen síntomas nuevos o peores de ansiedad, entre el 25 y el 30% informan tener síntomas de depresión y el 20% tienen síntomas de trastorno por estrés postraumático (TEPT), dice Megan Hosey, psicóloga de rehabilitación y profesora auxiliar de Medicina Física y Rehabilitación de Johns Hopkins Medicine en Baltimore.

Además, dice Hosey, los estudios “sugieren que hasta un tercio de las personas [que recibieron tratamiento en la UCI] también presentan síntomas parecidos a los de una lesión cerebral traumática moderada”, una tasa similar a la de los soldados que regresan de zonas de guerra. Esto puede incluir lapsos de memoria y debilitamiento de las habilidades de “función ejecutiva”, como la planificación y la resolución de problemas.

Estos efectos pueden magnificarse en los pacientes que padecen de delirio, un estado de confusión y desorientación que está frecuentemente acompañado de alucinaciones.

“Los pacientes a menudo tienen distorsiones perceptivas muy vívidas”, dice el psicólogo James Jackson, subdirector del ICU Recovery Center de la Facultad de Medicina de Vanderbilt University. “En lugar de no recordar nada, a menudo recuerdan cosas que no sucedieron o cosas que sí sucedieron, pero tienen una interpretación distorsionada de ellas. Eso se convierte en la base de un trauma muy significativo para ellos”. El delirio es particularmente común entre las personas que fueron sedadas, como suelen ser los pacientes de COVID-19 conectados a un respirador en los centros de atención crítica.

De hecho, todos los problemas persistentes relacionados con las estadías en la UCI pueden agravarse en los pacientes de COVID-19, dicen los expertos.

“Los pacientes de COVID-19 tienden a pasar más tiempo conectados a un respirador mecánico y a tener estadías más largas en la UCI”, dice Jackson. “Incluso sin COVID-19, esas cosas son sumamente problemáticas”.

Y debido a lo contagioso que es el virus, los pacientes están casi siempre solos mientras luchan por su vida. “A la mayoría de los pacientes de la UCI los ayuda mucho la presencia de su familia, pero en el caso de los pacientes de COVID-19, sus familiares no están a su lado”, señala Jackson. “Los pacientes dicen sentirse desolados y olvidados. Es la tormenta perfecta para una crisis emocional”.

La aparición repentina de síntomas graves de COVID-19 no ayuda. “En el caso de muchos diagnósticos potencialmente mortales, como el cáncer, la enfermedad tiene una línea de tiempo más larga que permite que los pacientes se ajusten y adapten”, afirma Jackson.


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Las dificultades después de la enfermedad

Después de salir del hospital, los pacientes deben aprender a aceptar la nueva realidad, sobre todo si padecen de limitaciones físicas. “Para algunos de nuestros pacientes mayores que están próximos a jubilarse, el futuro no se ve tan prometedor como antes de contraer COVID-19”, dice Khan. La recuperación de muchos pacientes se ve eclipsada por el miedo a infectarse de nuevo.

Es por eso que las clínicas de recuperación de cuidados intensivos tienen un enfoque holístico en cuanto al tratamiento de pacientes de COVID-19 y otros pacientes; estas clínicas cuentan con médicos, enfermeros, farmacéuticos, psicólogos, fisioterapeutas, terapeutas ocupacionales y hasta capellanes. Por ejemplo, “los pacientes a menudo dicen sentir ansiedad cuando tienen dificultad para respirar”, señala Hosey. “Un psicólogo necesita trabajar con un fisioterapeuta o un médico para determinar cómo aumentar las fuerzas del paciente con cautela, ya que tener experiencias de logro al retarse a sí mismo mientras lo guían es lo que reducirá la ansiedad del paciente”.

En IU Health, John Shepard, director del programa de conciencia plena, podría recetar técnicas relajantes de respiración, por ejemplo. “Pero primero le enseñas al paciente que sentir ansiedad es completamente normal, sobre todo cuando ha pasado por una experiencia traumática”, dice.

La buena noticia es que los problemas de salud mental de este tipo casi siempre se pueden tratar con distintas terapias, como la terapia cognitivo-conductual (TCC), y el paciente puede experimentar alivio de sus sentimientos de tristeza y ansiedad. Según los médicos, los antidepresivos y los medicamentos para combatir la ansiedad pueden disminuir los síntomas emocionales cuando se recetan correctamente. Algunos centros también ofrecen grupos de apoyo dirigidos por psicólogos que ayudan a los pacientes a entender que no están solos.

Para Charlene Fugate, con el tiempo ha habido una mejora gradual. Está recuperando las fuerzas y le están retirando poco a poco el oxígeno suplementario que necesitaba cuando recién salió del hospital. Y de a poco está recuperando su equilibrio emocional. “Mi compañero de trabajo me dijo que ahora estoy más calmada”, señala. “Poco a poco estoy volviendo a ser yo misma”.

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