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La milagrosa bomba cardíaca

El implante da nueva vida a los pacientes con insuficiencia cardíaca terminal.

In English | “Padecía insuficiencia cardíaca. Me estaba muriendo. Así de simple”, recuerda Bill Sowden, de 80 años. “Me dijeron que me quedaban entre cuatro y seis semanas de vida. Empecé a poner mis asuntos en orden. Hasta elegí la música para mi funeral”.

Bill Sowden, 80, canta con su esposa Diane en Edina, Minnesota el 22 de octubre de 2011.

Fotografía por Jenn Ackerman

Bill y Diane Sowden tienen un motivo para cantar después de que el implante de la bomba cardíaca le salvó la vida a Bill.

Ya transcurrieron más de cinco años. Hace poco, un lunes, Sowden estuvo ensayando tres horas con Alive & Kickin', uno de los cuatro grupos vocales en los que canta. Cuando no se está preparando para una interpretación musical o saliendo a cenar con Diane, su esposa, está diseñando un sitio web para la pequeña empresa de distribución que fundó.

Sowden hoy está “vivito y coleando” gracias a una bomba en miniatura denominada Left Ventricle Assist Device (LVAD, dispositivo de asistencia del ventrículo izquierdo en inglés), implantado justo por debajo de su corazón.

Vea también: Como funciona un corazón biónico.

Este dispositivo toma sangre de la cámara inferior del corazón y la bombea hacia la aorta, desde donde es impulsada a todo el organismo. Un cable flexible que sale de su abdomen conecta la bomba con un controlador y un paquete de baterías que transporta en una funda sobre el hombro. La bomba de Sowden es la misma que exhibió el vicepresidente Dick Cheney en la reciente gira que emprendió para promocionar su libro.

Hasta la fecha, el HeartMate II ha sido implantado en más de 8.000 pacientes cardíacos, según datos aportados por Thoratec, la compañía con base en California que fabrica este dispositivo. La bomba de tecnología avanzada cuesta $80.000. Los costos quirúrgicos y médicos asociados con su implante y el seguimiento de los pacientes elevan aún más esta cifra. Cabe advertir que tanto Medicare como los aseguradores privados brindan cobertura a aquellos pacientes que son candidatos para el implante.

El dispositivo es una nueva esperanza para las personas con insuficiencia cardíaca, una enfermedad que se produce cuando el corazón pierde la fuerza para bombear la sangre en forma normal. Más de cinco millones de estadounidenses sufren de insuficiencia cardíaca. A veces denominada insuficiencia cardíaca congestiva, esta es una enfermedad progresiva que priva a los órganos de la sangre oxigenada que necesitan para funcionar. “Llegó un punto en el que no podía dar más que unos pasos sin que me quedara sin aliento”, dice Sowden. “No podía subir las escaleras. Apenas podía levantar los brazos”.

La bomba que mantiene a Sowden con vida es la última de una serie de dispositivos diseñados para reemplazar el mal funcionamiento de un corazón debilitado. La tarea no ha sido para nada fácil. “Las primeras bombas eran demasiado grandes para ser implantadas en pacientes de pequeña contextura, incluidas muchas mujeres, y no duraban mucho tiempo, ya que se desgastaban en unos dos años”, dice el Dr. Andrew Boyle, director médico de los Programas de Insuficiencia Cardíaca, Trasplante Cardíaco y Apoyo Circulatorio Mecánico del Aurora St. Luke's Medical Center, de Milwaukee.

Siguiente: El riesgo de complicaciones ha disminuido con la nueva bomba cardíaca. »

Josh M. Morris y su esposa Ana María al frente del Yankee Stadium en el Bronx, NY, 23 de octubre de 2011.

Fotografía por Gina Levay

Los Morris, fotografiados frente al Yankee Stadium, disfrutando de ‘entradas adicionales’ en la vida.

“El HeartMate II realmente cambió mi vida”, afirma el Dr. Robert Adamson, director médico del Programa de Trasplante Cardiovascular del Sharp Memorial Hospital, de San Diego. A diferencia de las bombas anteriores, este dispositivo, aprobado por la FDA (Administración de Alimentos y Medicamentos) para uso a largo plazo en el 2010, no bombea de la misma manera que el corazón, extrayendo la sangre de la cámara cardíaca. En cambio, gira velozmente como una pequeña turbina a reacción e impulsa el flujo de sangre hacia todo el organismo. La bomba es mucho más pequeña —apenas del tamaño de la pila de una linterna—, lo cual permite que pueda implantarse aun en pacientes de pequeña contextura. Tiene una única parte móvil, lo que la hace mucho más duradera. Puede llegar a tener una vida útil de diez años o más, según pruebas de laboratorio.

Cuando el daño al corazón es irreversible, la bomba ayuda a ganar tiempo hasta que se pueda disponer de un órgano donado para realizar un trasplante cardíaco.

Estudios llevados a cabo demuestran que, con la nueva bomba, el riesgo de infecciones y de otras complicaciones ha disminuido considerablemente. En un análisis, dos de cada tres pacientes aún seguían vivos dos años después de realizado el implante; esta es una cifra sorprendente, dado que los receptores casi siempre se encuentran en la etapa terminal de la insuficiencia cardíaca. Cuanto mejor es el estado de salud del paciente, mejores son sus probabilidades de supervivencia. “La mayoría de las muertes se produjeron dentro de los primeros meses de efectuado el implante en pacientes que estaban demasiado enfermos para poder soportar la cirugía y la recuperación”, aclara Boyle. “Luego de esos primeros meses, la curva estadística se ameseta, lo que significa que si los pacientes son lo suficientemente fuertes para superar la cirugía y la recuperación, lograrán sobrevivir y mejorarse”.

El primer paciente de Boyle que recibió el dispositivo fue un hombre de 79 años con insuficiencia cardíaca congestiva, a quien se le practicó el implante en el marco de un ensayo clínico, en el 2005. “Probablemente, en ese entonces, mucha gente habrá considerado que el paciente era muy mayor para recibir el implante”, explica Boyle. Seis años y medio más tarde, a los 86, está cada vez más fuerte”. Por cierto, en un estudio reciente, en el que se comparan los resultados obtenidos con pacientes menores de 70 años y pacientes mayores de esa edad, se determinó que casi no existen diferencias en lo que concierne a la supervivencia o a la calidad de vida.

Dado que el dispositivo restaura el flujo sanguíneo normal hacia los órganos a través de todo el cuerpo, en muchos pacientes mejora las funciones renal y hepática. En algunos casos, el corazón puede incluso autorrepararse, en especial cuando se trata de pacientes más jóvenes cuya insuficiencia cardíaca fue provocada por un virus que infectó los músculos del corazón, una enfermedad denominada cardiomiopatía viral. Una vez que el corazón recobra su fuerza, la bomba puede ser retirada.

Cuando el daño al corazón es irreversible, tal como sucede en la mayoría de los casos de insuficiencia cardíaca congestiva, la bomba puede ganar tiempo hasta que se pueda disponer de un órgano donado para realizar un trasplante cardíaco. Antes de sufrir un infarto a los 47 años, Michael-Joshua Morris, de la ciudad de Nueva York, era sumamente activo. Luego del infarto, apenas caminaba unos diez pasos y comenzaba a tener dificultad para respirar, debiéndose apoyar en su esposa, Anne Marie. Hace dos años, le implantaron el dispositivo. “Lo que el infarto me quitó, me fue devuelto con el LVAD”, dice Morris, quien aún tiene la esperanza de ser sometido a un trasplante cardíaco.

Siguiente: El dispositivo que puede cambiar una vida. »

Beverly Thurman, de 64 años, de Columbus, Ohio, utiliza una bomba de corazón para tener una mejor calidad de vida.

Fotografía por Maddie McGarvey

Beverly Thurman estaba ‘tan enferma que deseaba hacer cualquier cosa para sentirme bien nuevamente’. Ahora se siente ‘de maravilla’.

Muchos pacientes de edad más avanzada que sufren de insuficiencia cardíaca no son candidatos para el trasplante por su complicado estado de salud. Es probable que la bomba cardíaca sea la única opción. “Todo se derrumbaba rápidamente”, recuerda Beverly Thurman, de 64 años. Tras años de padecer insuficiencia cardíaca progresiva, sus riñones y otros órganos, privados de sangre, comenzaron a fallar. Debido a que en su torrente sanguíneo había desarrollado anticuerpos que atacarían todo tejido o cuerpo extraño, el trasplante cardíaco no era una opción. Cuando los médicos del centro médico de Ohio State University sugirieron implantarle una bomba cardíaca, Thurman no lo dudó. “Estaba tan enferma que quería hacer cualquier cosa para sentirme bien nuevamente”.

Casi dos años después, Thurman afirma que se siente “maravillosamente bien”. Antes de que le implantaran la bomba, apenas podía caminar, pero ahora realiza caminatas a paso ligero por su barrio de Columbus paseando a su nuevo cachorrito. Junto a su pareja, están planeando un viaje a Los Ángeles. “Todo está perfecto”.

No a todos los pacientes que padecen insuficiencia cardíaca se les puede implantar el dispositivo. Los candidatos deben ser lo suficientemente saludables para soportar la cirugía y capaces de llevar adelante la compleja rutina que implica recargar las baterías y mantener esterilizado el área del abdomen por donde atraviesa el cable. Pero para aquellos pacientes que están en condiciones de recibir el implante, este puede cambiar sus vidas. La diminuta bomba ha resultado ser tan eficaz y confiable que muchos de los pacientes de edad más avanzada que antes estaban demasiado enfermos para ser intervenidos quirúrgicamente, ahora pueden soportar una cirugía de reemplazo de cadera u otros procedimientos quirúrgicos similares que les permitan mejorar aun más su calidad de vida.

Para implantar la bomba, los cirujanos llevan a cabo una cirugía a corazón abierto. El paciente permanece internado por el término de dos o más semanas para recuperarse. El cable que sale del abdomen y conecta la bomba con el controlador y la fuente de energía debe ser cuidadosamente higienizado a diario, a fin de prevenir infecciones. Los receptores de la bomba cardíaca no pueden nadar y deben tener mucho cuidado cuando se duchan. Los nuevos paquetes de baterías proporcionan una autonomía de hasta 14 horas —una gran mejora respecto de los modelos anteriores—, lo cual les permite a los pacientes mucha más independencia. No obstante, deben prever para el futuro y asegurarse de que las baterías estén cargadas y que puedan disponer de una fuente de energía. Asimismo, las baterías de 1½ libras pueden resultar pesadas, en especial para los pacientes de edad avanzada.

Aun así, la mayoría de los receptores superan los inconvenientes. “Por cierto, uno se preocupa por el cable que le sale de la panza y por las baterías”, dice Morris. “Soy fanático de los Yankees, y alguien una vez me preguntó si sentía como que mi vida estaba al final de la novena entrada, con dos outs y las bases llenas. Para decirlo de alguna manera, mi vida está en la etapa de entradas adicionales. Si hubiese tenido un infarto ocho años atrás, no estaría vivo. ¿De qué otra forma podría estar, sino agradecido?”

Peter Jaret es un escritor independiente que vive en Petaluma, California.

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