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Cómo combatir el dolor crónico

Existen nuevos tratamientos en proceso de desarrollo, pero ¿cuál es el mejor en estos momentos?

In English l Afectada, durante décadas, por dolores de espalda crónicos, lupus y varias otras enfermedades dolorosas, Mary Crossman, enfermera geriátrica jubilada de 59 años y oriunda de Federal Way, Washington, apenas recuerda algún día en el que no haya estado dolorida. Durante años, intentó encontrar alivio con medicamentos sin receta, analgésicos recetados, fisioterapia “y casi todo lo que le pudieran ofrecer”, cuenta. “Algunos días, me siento bien;   los demás, apenas me puedo levantar y mover”.

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Mujer haciendo yoga en la playa - El yoga puede ayudar a aliviar los síntomas de dolores crónicos

Foto: Mango Productions/Corbis

El yoga puede ayudar a aliviar los síntomas del dolor crónico.

Se estima que aproximadamente cien millones de estadounidenses sufren de dolor crónico cada año, de acuerdo con un informe sin precedentes elaborado por el Institute of Medicine (Instituto de Medicina) en el 2011. Las lesiones de espalda son una causa común, pero existen muchas otras, incluidas la artritis, la culebrilla, el daño nervioso asociado con la diabetes y los dolores posquirúrgicos. En Estados Unidos, se gastan hasta $635 mil millones por año para tratar el dolor crónico. Aun así, millones de estadounidenses siguen padeciéndolo.

Si bien aún no han inventado una solución mágica, los investigadores han adquirido nuevos e importantes conocimientos sobre la naturaleza del dolor y el proceso que convierte el dolor agudo de una enfermedad o lesión en un dolor crónico y persistente.

¿Por qué a mí?

“Tras haber sufrido exactamente la misma lesión, algunas personas se recuperan,  y otras desarrollan dolor crónico. La pregunta es por qué”, dice A. Vania Apkarian, neurocientífico de la Feinberg School of Medicine, de Northwestern University en Chicago. En el primer estudio para observar lo que sucede en el cerebro cuando se desarrolla el dolor crónico, él y sus colegas realizaron un seguimiento, mediante escaneos cerebrales, a personas que habían sufrido lesiones en la espalda. El equipo descubrió que la arquitectura del cerebro realmente cambia como una forma de responder a un dolor persistente. Lo que es aun más sorprendente es que los científicos descubrieron que cuanto mayor es la interacción entre dos áreas específicas del cerebro —el córtex prefrontal medio y el núcleo accumbens—, mayor es la posibilidad de que los pacientes desarrollen dolor crónico.

“La lesión en sí misma es importante, desde luego”, afirma Apkarian. “Sin embargo, lo que sucede en el cerebro predice, con una exactitud del 80 %, quiénes terminarán desarrollando dolor crónico”. Apkarian espera que este hallazgo conduzca al desarrollo de nuevos fármacos que puedan evitar que el dolor agudo se convierta en crónico.

El método más eficaz para tratar el dolor

Por ahora, el método más eficaz para aliviar el dolor crónico es un enfoque holístico que incluya el cuerpo y la mente, uno que comience con una dosis de realidad. “Son muchos los pacientes que llegan a nosotros con la esperanza de que podamos liberarlos del dolor”, comenta el Dr. Richard W. Rosenquist, M.D., experto en manejo del dolor de Cleveland Clinic. “Sin embargo, la realidad para muchos pacientes es que no lo logramos. No podemos curar la artritis. No podemos hacer que vuelvan a ser jóvenes. Pero podemos ayudarlos a manejar el dolor crónico y a retomar sus vidas”.

Por cierto, ahora varios expertos alientan a los pacientes con dolor crónico a centrase menos en su dolor y más en la función. “La pregunta de rutina que solía formularles a los pacientes con dolor crónico era qué calificación le darían a su dolor en una escala del 1 al 10”, dice Rosenquist. “Ahora, lo que me interesa saber es qué les gustaría hacer y no pueden a causa del dolor. Entonces, podemos buscar la forma de ayudarlos a manejar el dolor y a hacer lo que desean hacer”.

Los beneficios del ejercicio

Mantenerse lo más activo posible es crucial. De hecho, las investigaciones recientes demuestran que la actividad física —realizada en forma segura— es uno de los tratamientos más eficaces para el dolor crónico.

En un estudio llevado a cabo en el 2012 por investigadores del Hospital for Special Surgery de Nueva York, doscientos pacientes con artrosis que habían participado en un programa semanal de ejercicios informaron una significativa disminución del dolor y una mejora de la calidad de vida. El programa incluía disciplinas como el tai chi, el yoga, el baile y otras formas de ejercicio, adaptadas para personas que padecen artrosis. Otros estudios han demostrado que el ejercicio alivia el dolor crónico de espalda. Casi cualquier forma de actividad parece ayudar. Cuando los científicos de la Tel Aviv University compararon los resultados de los programas de caminatas vigorosas de seis semanas de duración con los del entrenamiento de fuerza en pacientes con dolor lumbar crónico, se pudo observar que ambos lograron mejorar el funcionamiento y redujeron el dolor.

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Los antidepresivos pueden ayudar a aquellos que sufren dolor crónico

Es igualmente importante tratar las consecuencias psicológicas del dolor crónico. El dolor agudo suele ser un síntoma de lesión o enfermedad. Sin embargo, cuando el dolor persiste se convierte en un trastorno en sí mismo, con su propio conjunto de síntomas, afirman los investigadores. Los síntomas incluyen la depresión y el enojo. En la actualidad, muchos centros de manejo del dolor ofrecen apoyo psicológico, técnicas para la reducción del estrés y cursos para controlar el enojo. Los medicamentos antidepresivos como la duloxetina (Cymbalta) y la desipramina (Norpramin) han resultado particularmente eficaces para algunos pacientes que sufren dolor crónico. Estos medicamentos no solo contribuyen a mejorar el estado de ánimo, sino también a calmar el dolor.

Los analgésicos, usados juiciosamente, suelen ser la primera línea de defensa. Sin embargo, es importante ser realista respecto del alivio que pueden brindar. “En el mejor de los casos, los analgésicos opioides otorgan un alivio de entre el 20 % y el 30 %”, dice Rosenquist. Al igual que muchos especialistas en dolor, advierte acerca del uso de dosis cada vez mayores para calmar el dolor, una práctica que puede conducir a la dependencia.

Yoga, meditación, masajes y otros

Otros métodos complementarios como el yoga, los masajes, la meditación, la bioretroalimentación y la acupuntura también ayudan a sentirse mejor. Por ejemplo, un estudio reciente sobre acupuntura, reveló que ayudaba a aliviar el dolor en pacientes con artrosis de rodilla. La masoterapia también puede ser beneficiosa en el caso de dolor lumbar. “Sin embargo, existe muy poca evidencia acerca de lo que funciona y de lo que no”, comenta el Dr. Michael Weinberger, M.D., director del Pain Management Center (Centro de Manejo del Dolor) del New York-Presbyterian Hospital. Al igual que muchos especialistas, adopta un enfoque pragmático. “Si algo ayuda a un paciente en particular a sentirse mejor, lo estimulo a que lo use o lo haga”.

Nuevos medicamentos en proceso de desarrollo

En cuanto a los medicamentos nuevos, se están investigando algunos fármacos prometedores que combaten el dolor en formas novedosas, según el Dr. Clifford Woolf, M.D., profesor de Neurobiología de Harvard Medical School. Un enfoque apuntaría al bloqueo de señales de dolor en su fuente de origen. Ahora, los investigadores también saben que se hereda cierta predisposición para el dolor crónico. Con el tiempo, quizás se encuentren tratamientos que puedan desactivar la incidencia de esos genes.

La enfermera jubilada Mary Crossman sabe mejor que muchos todo lo que tiene que hacer para sobrevivir un día más. “Utilizo la almohadilla térmica, lo cual ayuda. Las mañanas en las que me levanto mal, tomo uno o dos analgésicos. Trato de programar mis actividades para las horas en las que me siento bien”, afirma. Procura caminar todos los días y mantener su vida social.

Sin embargo, cuando el dolor aparece, “simplemente debo decir no, no puedo hacer eso hoy”. Como la mayoría de los pacientes con dolor crónico, Crossman ha tenido que aceptar que nunca podrá liberarse por completo del dolor. No obstante, afirma: “He aprendido que puedo convivir con el dolor”.

El problema con los analgésicos

Los analgésicos opioides de prescripción médica son, en la actualidad, la causa principal de muerte por sobredosis de medicamento en Estados Unidos, y cobran más vidas que la heroína y la cocaína juntas. Para controlar mejor el flujo de analgésicos, un panel asesor de la Food and Drug Administration (FDA, Administración de Alimentos y Medicamentos) recomendó, en enero, restricciones más severas a un grupo de analgésicos populares entre los que se incluyen Vicodin y Lortab, medicamentos que contienen hidrocodona y acetaminofeno. Estos pasarán a integrar la categoría de fármacos sujetos a mayores controles, que hoy día incluye a los analgésicos a base de oxicodona como el OxyContin y el Percocet, junto con la morfina y el opio. Los medicamentos de esta categoría son mucho más difíciles de conseguir, y cada nueva adquisición requiere de una nueva receta médica.

Aparte del riesgo de adicción o de sobredosis, las píldoras con los opioides oxicodona e hidrocodona presentan otros riesgos, en especial cuando se los toma por largo tiempo. Ciertos estudios demuestran que aumentan el riesgo de caídas, una verdadera preocupación para los pacientes de edad avanzada. También pueden hacer que los hombres pierdan interés en el sexo. Paradójicamente, los analgésicos opioides pueden, en realidad, aumentar la sensibilidad al dolor, condición denominada hiperalgesia. “En algunos pacientes que toman estos fármacos, todos sus otros dolores comienzan a molestar más”, comenta C. Richard Chapman, profesor del Centro de Investigación del Dolor de University of Utah. Los daños potenciales de los analgésicos opioides son tan graves que algunas de las principales clínicas del dolor ahora se centran en lograr que los pacientes dejen el medicamento. En el Centro de Rehabilitación del Dolor de Mayo Clinic, por ejemplo, uno de los objetivos del programa consiste en que los pacientes reduzcan la cantidad y la dosis de analgésicos. Alrededor del 57 % de los pacientes que ingresan en el programa toman analgésicos opioides. Al finalizar, dicho porcentaje se reduce a menos del 7 %.

Peter Jaret es un escritor independiente de Petaluma, California, cuyos artículos han sido difundidos en diversas publicaciones de alcance nacional.

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