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La familia Aponte

El cuidado de un padre por sus cuatro hijos a través de la distancia.

Don Alberto Aponte, a finales del 2019, en el hogar de ancianos

Christopher Gregory-Rivera

Don Alfonso Aponte, a finales del 2019, en el hogar de ancianos Hacienda Bella Vista en Guaynabo, Puerto Rico.

El cuidado de don Alfonso Aponte, un ingeniero jubilado y veterano de la guerra de Corea, fue un gran reto para sus cuatro hijos, dos en Puerto Rico y dos en Estados Unidos. Después del paso de los huracanes Irma y María por la isla, en septiembre del 2017, las condiciones no eran favorables para que don Alfonso, cuya salud se deterioraba rápidamente, continuara viviendo solo. La estela de desastre que habían dejado a su paso las tormentas obligó a los hermanos Aponte a enviar a su padre a pasar una temporada con su hija Maribel, en Virginia, y con su hijo mayor Alfonso, en Ohio.

El encuentro entre padre e hija en Virginia, donde don Alfonso celebró sus 88 años, en febrero del 2018, trajo cambios, explica Maribel. Aquel hombre activo e independiente que solía agradarla con un buen desayuno por las mañanas ya no razonaba igual e insistía en volver a la isla, a pesar de la crisis que allí imperaba. Finalmente, los médicos dieron su diagnóstico. Padecía demencia senil. 


Encuentra información y recursos para el cuidado de un ser querido en aarp.org/Cuidar


Eduardo Aponte lleva a su padre a disfrutar de un juego de pelota

Christopher Gregory-Rivera

Eduardo Aponte lleva a su padre a disfrutar de un juego de pelota en el estadio Hiram Bithorn en San Juan, Puerto Rico. Antes de que comenzara la pandemia, Alberto y Eduardo se aseguraban de que su padre continuara haciendo las actividades que le gustaban.

El regreso de don Alfonso a Puerto Rico sacó a flote sus problemas de salud. Tuvo varios accidentes de auto, olvidaba hacia dónde iba o cómo llegar a los lugares, y padeció cuatro derrames cerebrales que lo dejaron sin poder caminar y totalmente dependiente de ayuda.

“Mi hermano menor [Eduardo Aponte] y yo, que vivimos en la isla, empezamos a tomar turnos cuidándolo todas las noches. Pero nos resultó difícil porque ambos trabajamos a tiempo completo”, explica Alberto Aponte, el tercero de los hermanos. 

Alberto Aponte visita a su papá en el hogar de ancianos Hacienda Buena Vista

Christopher Gregory-Rivera

Alberto Aponte visita a su papá en el hogar de ancianos Hacienda Bella Vista en Guaynabo, Puerto Rico, antes del comienzo de la pandemia.

Para entonces don Alfonso requería una dieta estricta y cuidados permanentes. Los hermanos contrataron a una persona que lo acompañaba de diez a doce horas diarias, pero el gasto era insostenible.

Maribel se trasladó a la isla un mes para cuidarlo; sin embargo, debía regresar a su casa y a su trabajo en Estados Unidos. La imposibilidad de ocuparse ella misma de su padre fue una dura realidad; había que comenzar la búsqueda de un nuevo hogar para don Alfonso, donde recibiera la atención que requería y merecía.

Don Alberto y su hijo Alfonso

Cortesía de la familia Aponte

Con su hijo mayor Alfonso, quien viajó a Puerto Rico desde Ohio para celebrar el cumpleaños de su papá en febrero del 2020. Don Alfonso muestra con orgullo dos fotos de sus bisnietos.

“Mi papá lo es todo, nos dio educación, principios, respeto”, dice Maribel. “Yo vi cómo él se sacrificó por nosotros. Este era nuestro turno de sacrificarnos por él”.

Los cuatro hermanos hicieron frente a la situación, no sin a veces tener diferencias de opinión, pero con una comunicación constante apoyada en la tecnología que los ayudó a superar la distancia física. Después de buscar ayudas e investigar sobre las distintas opciones de cuidados a largo plazo, la familia decidió que Hacienda Bella Vista sería el nuevo hogar para don Alfonso, un acogedor espacio en el tope de una loma en Guaynabo, una ciudad a treinta minutos de San Juan y muy cerca de la casa de uno de los hijos. 

Maribel Aponte y su papá durante una videollamada

Christopher Gregory-Rivera

Maribel Aponte y su papá disfrutaban conversar a través de videollamadas, ella desde Washington, D.C., él en Guaynabo, Puerto Rico.

Para Maribel comenzaba una nueva etapa, la de cuidar a distancia. “Para mí, atenderlo a larga distancia era difícil porque lo más que podía hacer era ofrecer el apoyo emocional”, dice Maribel. “Yo me sentía culpable de estar tan lejos”. Y continúa: “El reto principal es la aceptación. Tener paz, tener confianza. Uno a veces quiere controlarlo todo”.

Maribel hablaba con su padre a diario y lo veía a través del teléfono; la tecnología fue cómplice de gratas conversaciones entre ellos, y en una que otra videollamada lo sorprendía disfrutando de una taza de café en una tarde cálida en Puerto Rico.  

Don Alberto, a sus 89 años

Christopher Gregory-Rivera

Don Alfonso, a sus 89 años, con una hermosa vista de fondo en Hacienda Bella Vista a finales del 2019.

Por suerte, don Alfonso se preparó para su jubilación. Aun así, entre los hermanos se dividían los gastos imprevistos o los que no cubría su pensión. Y con la certeza de que su padre estaba bien cuidado en su nuevo hogar, la familia Aponte se preparaba para las etapas que traería el proceso de deterioro ocasionado por la demencia senil.

El 12 de junio la familia Aponte recibió la triste noticia del fallecimiento de don Alfonso. Los médicos reportaron un fallo cardíaco.  

“Nuestro padre era un hombre activo, que al morir su esposa decidió ayudar con el cuidado de los nietos. Era muy independiente, se preparaba sus comidas. Le encantaba ir al casino. Cuando me visitaba en Virginia, se levantaba a las cinco de la mañana a prepararme el desayuno; cuando yo llegaba del trabajo la casa estaba limpia y yo feliz”, así lo recuerda Maribel.

El cuidado en Puerto Rico

Los ingresos del Seguro Social que reciben la mayoría de las personas mayores en Puerto Rico oscila entre $300 y $800 al mes. Un centro de cuidados para ancianos cuesta alrededor de $4,000 al mes. Los cuidadores que brindan servicios en el hogar cuestan más: las cifras pueden comenzar en los $5,000 al mes.

Un centro de cuidado como Hacienda Bella Vista, en Puerto Rico, con régimen de comida especializada y atención médica, puede costar unos $3,000 mensuales, un precio imposible de pagar para muchas familias puertorriqueñas. Miles en la isla viven bajo el umbral federal de pobreza y las pensiones que reciben muchos de los jubilados no superan los $300 al mes.

Ingreso familiar en Puerto Rico

43.1% - Porcentaje de puertorriqueños que vive por debajo del nivel de pobreza
$20,166 – Ingreso medio familiar
$12,451 – Ingreso per cápita
— Fuente: Censo de EE.UU. 

 

Nota del editor: Las entrevistas originales fueron adaptadas por la redacción de AARP en español para este formato. 

Esta galería de fotos forma parte de una serie sobre los retos de cuidar a nuestros mayores en Puerto Rico. A continuación, la lista de las historias:

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