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La discriminación por edad es un problema que nos cuesta a todos

El prejuicio contra los trabajadores mayores le costó a la economía estadounidense unos $850,000 millones en el 2018, según un nuevo informe de AARP.

Un billete de un dólar con un gráfico que muestra una línea roja bajando

Getty Images

In English | Nuestro artículo de portada sobre la discriminación por edad en la edición de marzo del Bulletin ("La discriminación por edad en el trabajo: es hora de eliminar el último prejuicio que todavía es aceptable") generó una gran respuesta de los socios. Como nos dijo un lector: "me sentí alentado y triste al leer los artículos. Alentado porque me dio gusto saber que hay quienes reconocen que la discriminación por edad existe, a pesar de que hay leyes que supuestamente le pondrían un alto. Me sentí triste al darme cuenta de que no han cambiado las cosas".

La discriminación por edad puede afectar profundamente a los empleados y sus familias. Pero todos —jóvenes y mayores, aquellos con trabajo seguro, e incluso jubilados— pagan el precio. Un estudio nuevo de AARP que realizó la Economist Intelligence Unit muestra que la discriminación por edad en el campo laboral afecta negativamente a la economía en general.

El análisis toma en cuenta el crecimiento que se pudo haber generado si los empleadores hubieran tenido mejores prácticas de contratación y estrategias para retener a los empleados, y así, hacer frente a la discriminación por edad. Según el análisis, la economía de EE.UU. perdió la oportunidad de generar $850,000 millones en el 2018 a causa de las contribuciones que se perdieron de los empleados mayores de 50. Esa cifra es mayor que el producto nacional bruto de Suiza, y podría llegar a los $3.9 billones en el 2050. Según el informe, es posible que en el 2018 la discriminación por edad le haya costado al país 8.6 millones de trabajos y $545,000 millones en salarios perdidos.


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Como las personas logran vivir más tiempo saludablemente, se está convirtiendo en una norma el que hay una fuerza laboral multigeneracional. Hay más de 117 millones de personas de 50 años o más en EE.UU., y la mayoría de estos tiene planeado trabajar pasado los 65 años, la edad tradicional de jubilación. De hecho, la cantidad de trabajadores mayores de 50 ha aumentado en un 80% en los últimos 20 años, a un ritmo de más de cuatro veces por encima de la fuerza laboral en general. Y la cantidad de trabajadores mayores de 65 años ha aumentado en casi el triple durante ese período.

El grupo de trabajadores experimentados que va en aumento aporta conocimientos valiosos, aptitudes y perspectiva a las empresas y la economía, en especial cuando se considera que las personas mayores de 50 ya contribuyen más de $8.3 billones en actividad económica.

Pero las prácticas de empleo como la jubilación involuntaria, el subempleo y los períodos más largos sin trabajo y con menos oportunidades para volver a integrarse a la fuerza laboral, limitan las posibles contribuciones; muchos nunca nos enteramos de nuestro valor económico pleno.

Aunque la discriminación contra los trabajadores mayores afecta a todas las industrias, los sectores de tecnología y manufactura automotriz son los que tienen más que perder, les sigue la manufactura, y después los servicios empresariales y profesionales.

Debemos oponernos a las políticas laborales que obligan a los trabajadores mayores a jubilarse antes de lo que desean. Debemos cambiar los estereotipos anticuados que evitan que los trabajadores mayores obtengan empleos nuevos o continúen ascendiendo en los que ya tienen.

AARP apoya firmemente la ley Protecting Older Workers Against Discrimination Act (POWADA, Ley de protección de los trabajadores mayores contra la discriminación), un proyecto de ley bipartidista que otorgaría a los trabajadores mayores protecciones legales contra la discriminación por edad iguales a las que ya existen contra otros tipos de discriminación, como raza, color, sexo, nacionalidad y religión.

La Cámara de Representantes de EE.UU. recientemente aprobó el proyecto de ley, y ahora exhortamos al Senado a hacer lo mismo. De aprobarse la ley, esta restauraría los derechos que se perdieron a raíz de un fallo de la Corte Suprema en el 2009, el cual hizo más difícil que las personas ganen las demandas de discriminación por edad en el lugar de trabajo.

Como las personas viven más tiempo, están dispuestas a seguir formando parte de la fuerza laboral. Aportan un tesoro de experiencia a las empresas para las que trabajan, y al continuar trabajando, tienen recursos que les permiten consumir productos y servicios, y —por supuesto— pagar impuestos.

Todos ganamos cuando esto sucede.