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Qué hacer cuando tus hijos adultos te ignoran

Más padres que nunca se sienten desatendidos por sus hijos.


spinner image ilustración de una mujer mayor sola mientras otras personas pasan a su alrededor

No devuelven las llamadas. No leen los mensajes de texto. Rechazan las invitaciones a la cena del domingo.  

Algunos padres dicen que se sienten ignorados por sus hijos adultos y que no reciben la atención que desean o merecen. Y se sienten desolados. 

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De hecho, más de una cuarta parte de los adultos jóvenes afirmaron estar distanciados de uno o ambos padres, según un estudio (en inglés) que se publicó el año pasado en la revista Journal of Marriage and Family

Según los investigadores, parte del problema podría deberse a los cambios culturales. En algunos casos, los hijos adultos pueden estar poniendo límites debido a que existe disfunción familiar, pero otros pueden estar ocupados con su propia carrera, sus hijos y su vida, y consideran que dedicar atención a los padres mayores es una tarea laboriosa. 

Por otro lado, algunos padres tienen grandes expectativas. Una encuesta entre varias familias (en inglés) que realizó la Universidad de Virginia en el 2012 reveló que más del 27% de los padres querían ser el “mejor amigo” de sus hijos adultos. 

“Eso también es motivo de confusión en las relaciones actuales entre padres e hijos adultos, en parte porque se involucran mucho más, son mucho más reflexivos y mucho más cerebrales”, señala Joshua Coleman, psicólogo de San Francisco. Coleman es autor de When Parents Hurt y Rules of Estrangement, dos libros que tratan sobre las razones y estrategias de los conflictos familiares. “Probablemente gastaron más dinero en sus hijos que sus propios padres en ellos”. 

¿Los padres tienen expectativas poco realistas? 

Los desaires de los hijos adultos pueden resultar aún más dolorosos después de la pandemia, cuando muchos de los adultos mayores que se vieron obligados a estar en aislamiento ahora quieren socializar

Esos sentimientos surgen ahora que la tecnología ha simplificado la comunicación. Sin embargo, con la tecnología también resulta más difícil establecer límites. Por ejemplo, ¿cuántos mensajes de texto se consideran demasiados? 

Laurence Steinberg observa esta situación entre sus alumnos veinteañeros de la Universidad Temple de Filadelfia. 

“Tienen que apagar el teléfono durante la semana de exámenes porque sus padres les envían mensajes de texto muy seguido”, explica Steinberg, profesor de Psicología y Neurociencia en Temple y autor de You and Your Adult Child: How to Grow Together in Challenging Times. “No creo que ni ellos ni sus hijos tengan una idea clara de cuáles son los límites apropiados, porque no ha habido el tipo de límites que había antes”. 

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Steinberg, que ha investigado sobre la crianza de los hijos durante una carrera de 50 años, es uno de los expertos que consideran que las tendencias culturales y económicas influyen en el deseo de los adultos jóvenes de distanciarse emocionalmente de sus padres. Por ejemplo, debido a los elevados precios de las propiedades inmuebles, los jóvenes de entre 20 y 50 años pueden no haber establecido su autonomía con la adquisición de su propia vivienda, y ahora desean un poco de espacio. Sin embargo, para los padres es difícil que les den la espalda, sobre todo si han mantenido a sus hijos hasta la edad adulta.   

Al mismo tiempo, la sociedad otorga más importancia a la felicidad individual y menos al sacrificio por el bien del núcleo familiar, e incluso fomenta el concepto de familia “elegida” y la idea de que el respeto se gana y no se confiere, sostiene Coleman. 

Los padres suelen dedicar más tiempo a sus hijos y a su bienestar que a la inversa, señala. “En general, los padres valoran la relación de forma más positiva que el hijo adulto”, dice Coleman. 

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La vida se complica 

A veces, el distanciamiento en las familias es temporal, cuando la vida se vuelve demasiado agitada como para que los hijos mayores se mantengan en contacto. No obstante, en las familias en las que la interacción y el respeto por las generaciones mayores son algo habitual, el hecho de que no ocurra puede indicar que hay un problema más profundo. Eso es cierto en las familias afroamericanas, que suelen tener profundas tradiciones de cuidar a los mayores, explica Karen Lincoln, profesora de Salud Medioambiental y Laboral en el Programa de Salud Pública de la Universidad de California en Irvine y directora del Centro de Investigación sobre Disparidades en Salud Medioambiental. 

“Es muy significativo que no tengan interacciones frecuentes con sus hijos adultos, porque esas interacciones se dan por sentadas. Son culturales”, afirma. “Las repercusiones de no tener una interacción frecuente y franca con sus hijos adultos [pueden] ser bastante graves para la salud emocional e incluso para la salud física”.  

Todo esto significa que sentirse ignorado no es algo que deba pasarse por alto. Pero suponiendo que no puedes controlar las acciones de tu hijo adulto, ¿qué puedes hacer? Empieza por plantearte estas cinco preguntas, que se basan en los consejos de los expertos. 

1. ¿Tienes expectativas realistas? 

“Con los adultos mayores, el mundo irreal que vemos en la televisión, en Facebook o en un medio social no es auténtico”, nos dice Denise Tufts, una trabajadora social con licencia en Lunenburg, Massachusetts, que se especializa en el trabajo con adultos mayores. Si una amiga habla de las cenas familiares de los domingos, es fácil imaginar que todas las familias las tienen, explica. “Les digo a algunos de mis clientes: ‘No, no todo el mundo lo hace’”.  

Habla con tu familia sobre lo que es viable en términos de reuniones o comunicación, sugiere. Tal vez no sea realista hablar todos los días, así que ¿qué tal concretar un día y una hora? “A veces la gente no expresa sus necesidades y la otra persona no lo sabe y hace suposiciones”, indica. 

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2. ¿Respetas los límites (incluso con el celular)? 

“Lo que más oigo decir a los hijos adultos sobre sus padres en cada correspondencia es: ‘Tienes que respetar mis límites’”, relata Coleman. “Eso se observa en parte porque la línea que los separa se ha vuelto muy imprecisa”.  

Según Coleman, la percepción de invasión crea tensiones. “El hijo adulto siente que, bueno, aquí tengo mi propia vida y mis obligaciones, y no estoy aquí solo para estar a tu disposición cada vez que lo desees”, comenta. “Aunque no provoque un gran distanciamiento, sin duda puede desencadenar una relación más conflictiva”. 

3. ¿Reconoces las realidades de la relación? 

“A veces eso es parte de lo que los adultos mayores no están dispuestos a considerar o reconocer”, señala Tufts. “¿Hasta qué punto se sentían unidos? En aquel entonces las cosas eran distintas; los padres no se involucraban tanto, y por eso ahora los hijos adultos no se involucran tanto con sus padres porque así ha sido siempre la relación”.  

Ahora bien, los padres no tienen por qué perder todo el control si sus hijos adultos tienen una lista de quejas; deben tener compasión por sí mismos, explica Coleman. “La forma en que respondas a las quejas o las críticas es esencial, así que debes intentar no ponerte a la defensiva, sino simplemente encontrar la parte que hay de verdad”, añade. “Si sientes que tu hijo está reescribiendo la historia, puedes decirle: ‘Caramba, no es así como lo recuerdo, pero seguro que no me acuerdo de todo [y] no sabía que te sentías así’”. 

4. ¿Puedes adaptar tu perspectiva? 

Tufts recomienda que sus clientes formen una red de apoyo que no incluya a sus hijos, ya sea para expresar sus problemas de salud, ir al supermercado o cenar los domingos por la noche. ¿Eres una persona negativa, que solo se queja cuando habla con sus hijos? ¿Qué puedes hacer para ampliar tu perspectiva y tu sistema de apoyo y así no depender tanto de tus hijos? ¿Hacer un nuevo trabajo voluntario? ¿Integrarte a una comunidad religiosa o a un grupo de ejercicio? ¿Reanudar un pasatiempo? 

En vez de esperar ayuda, quizá puedas ofrecer ayuda a un hijo adulto, ya sea para cuidar a los niños, pasear el perro o comprar pizza a domicilio en un día laboral intenso. Los adultos mayores deben encontrar cosas que contrarresten los efectos negativos del envejecimiento, pero quizá la familia no sea la solución, añade: “Aunque su familia se involucrara tanto como ellos quisieran, tienen que encontrar su propio tipo de satisfacción”. 

5. ¿Puedes darle tiempo a la situación? 

Todas las relaciones pasan por momentos difíciles y quizá tomar un respiro pueda ayudar, sugiere Steinberg. Intenta darle a tu hijo algo de espacio y fíjate si las cosas mejoran al cabo de unas semanas. “Creo que, o no pasa nada y simplemente están ocupados, o sí pasa algo, y quizá deberías tener una conversación tranquila para intentar averiguar de qué se trata”, recomienda Steinberg. 

También podría ser que, al menos por el momento, la relación vaya a ser superficial y no se trate de la conexión profunda y franca que podría desear un padre, señala Coleman. Tal vez eso sea lo mejor que tu hijo pueda ofrecer en ese momento. Es más, quizá no tenga nada que ver contigo, sino con algo por lo que tu hijo esté pasando o haya pasado. “Ser un gran padre no te garantiza que tendrás una relación con tu hijo para toda la vida”, sostiene Coleman.  

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