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Cómo resolver el problema de los adultos jóvenes que no han abandonado el nido

Lo criaste para que se independizara, pero vive contigo. Qué hacer con el joven que no se va de tu sofá.

Una ilustración de una pareja de padres de familia sentados en el sofá mirando a su hijo que se esconde dentro del sofá

Paul Blow

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¿Alguna vez quisiste desalojar a tu propio hijo? Una pareja en el estado de Nueva York, harta de su hijo treintañero desempleado, hizo eso exactamente hace unos años. La saga de la familia Rotondo con el hijo soltero que no se mudaba de casa figuró en las noticias internacionales. Pero una versión más tranquila se está desplegando a nuestro alrededor, a medida que cifras sin precedentes de jóvenes deciden no ir a la universidad ni trabajar, y vivir —por tiempo indefinido— donde sus padres.

“El hogar siempre se consideró como un punto de partida”, dice Julie Lythcott-Haims, exdecana de Stanford University y autora de Your Turn: How to Be an Adult. “Pero a veces, es cómodo como un sofá”.

Se estima que en marzo del 2020, el 60% de los hombres de entre 18 y 24 años estaban viviendo con sus padres, al igual que el 22% de los de entre 25 y 34 años, según la “Encuesta de la población actual”. Esa es la proporción más alta para el grupo de edad de entre 25 y 34 años en los últimos 60 años, y es significativamente mayor que para las mujeres de las mismas edades. La primavera pasada, unos 6.8 millones de hombres estaban en la universidad, en comparación con 10 millones de mujeres, según descubrió el National Student Clearinghouse Research Center. Y los hombres de 25 a 30 años fueron menos propensos a tener un empleo o a estar buscándolo que los de la generación anterior, según un informe del 2019 de la Oficina de Estadísticas Laborales de EE.UU.


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Encontrar su camino puede resultar más difícil para los muchachos, señala la psicóloga clínica Meg Jay, profesora adjunta de University of Virginia y autora de The Defining Decade: Why Your 20s Matter and How to Make the Most of Them Now. Una muchacha quizás dé prioridad al trabajo, el matrimonio o la maternidad, y tiene amigos con quienes hablar de esos temas, dice Jay. “Sin embargo, muchos hombres sienten que su vida no puede comenzar hasta que encuentren una manera de afianzarse en la fuerza laboral, y muchos no saben cómo empezar ni a dónde recurrir para obtener ayuda”. Según los especialistas en salud mental, los alquileres altos, la deuda estudiantil universitaria, las expectativas paralizantes de la sociedad (y de los padres) y los trastornos causados por la COVID son todos factores contribuyentes.

Ha surgido una industria de mentores personales y programas de tratamiento costosos que promete arreglar el “síndrome del nido lleno”. Pero quizás tu hijo no necesita todo eso, dice Mark McConville, psicólogo clínico en Beachwood, Ohio, y autor de Failure to Launch: Why Your Twentysomething Hasn’t Grown Up … and What to Do About It. “Si tu hijo que vive contigo está motivado, buscando empleo, lleno de energía activa, simplemente apóyalo”, señala. “El hijo que ha sufrido reveses y se aprovecha de la apatía es el que hace que sus padres se sientan frustrados e indefensos”. Si eso te resulta familiar, prueba estas estrategias.

Reúnanse

Programa una reunión en la habitación más formal del hogar, recomienda McConville. “Cierra la puerta y demuestra que no se trata de algo rutinario”. Deja claro que para seguir viviendo contigo, tu hijo atascado tiene que hacer algo provechoso —conseguir empleo o estudiar— al igual que contribuir al hogar familiar. “No hay ningún problema si los padres hacen preguntas difíciles, como, por ejemplo, ‘¿Cómo crees que será tu vida dentro de un año, dentro de tres a cinco años?’”, señala Jeffrey Jensen Arnett, académico sénior de Investigación de Clark University y autor de Emerging Adulthood: The Winding Road From the Late Teens Through the Twenties. “Un joven de 19 años que lucha con la pregunta ‘¿Qué quiero hacer?’ es normal”. En cambio, un joven estancado de 29 años podría estar inmovilizado debido a expectativas poco realistas de que conseguirá fácilmente el trabajo de sus sueños en el que le pagarán muy bien. “En algún momento, tienes que ir a trabajar, lograr la autosuficiencia económica y disfrutar de tu trabajo lo mejor que puedas”, dice Arnett.

Establece nuevas reglas

Establece expectativas acerca de ayudar con las tareas del hogar. “Siempre que un adulto emergente esté viviendo con sus padres, es importante que contribuya al hogar como cualquier otro adulto”, señala Arnett. Las posibilidades incluyen tareas como sacar la basura, limpiar a fondo, hacer reparaciones de vivienda, cuidar a las mascotas, e ir de compras y cocinar. “Demuéstrales a tus hijos adultos que confías en ellos”, aconseja Jay. “¿Por qué él o ella no puede ser capaz de conseguir un empleo, ir a trabajar todos los días y ayudar con las tareas domésticas? Millones de veinteañeros lo hacen. No le comuniques a tu hijo que tú piensas que no puede ser uno de ellos”.

Estudiantes inscritos en la universidad

Hombres
Primavera del 2011: 8.4 millones
Primavera del 2021: 6.8 millones

Mujeres
Primavera del 2011: 11.2 millones
Primavera del 2021: 10 millones

Introduce poco a poco las finanzas

Establece plazos límites en un futuro cercano para que tu hijo que no se ha independizado pague su cuenta telefónica, sus gastos de automóvil, su seguro de salud y su parte del costo de acceso a internet, sugiere McConville. “Un joven puede negarse a preparar la cena, pero si le cortan el servicio de su teléfono, tiene que encontrar una forma de ganar dinero”, dice. Sin embargo, Arnett dice que lo pienses dos veces antes de empezar a cobrarle un alquiler. “Si tu hijo tiene un empleo con salario mínimo, es razonable pedirle que pague un alquiler, pero quizás no pueda pagar por cursos en una universidad comunitaria ni ahorrar para el depósito de un apartamento”.

Deja de sobreprotegerlo

No sigas arreglando, rescatando ni controlando. Tu hijo puede hacer sus propias citas, buscar puestos vacantes y programar entrevistas de trabajo. “Cuando estamos empujando y halando al mismo tiempo, los hijos se vuelven pasivos en su propia vida”, dice Lythcott-Haims. “No sienten intrínsecamente que su vida es suya”. En vez de eso, anímalo de la manera en la que lo haría uno de sus tíos.

Haz menos de la mitad

Deja que tu hijo se encargue de la mayor parte del trabajo para resolver sus asuntos. “Si recortas anuncios de empleo y él no les hace seguimiento, o lo inscribes en la universidad o eres quien piensa cómo pedirle horas extras al jefe, estás haciendo más del 49%”, dice McConville. Ofrece ayuda, pero deja que él se responsabilice.

Repiensa tus expectativas

Tú esperabas que fuera médico o abogado, pero a él no le interesa seguir estudiando. Descubre qué es lo que lo entusiasma y apoya eso, aconseja McConville. “Convertirte en tu yo verdadero es el punto de referencia de la vida adulta”.

Sé proactivo acerca de la salud mental

La depresión y la ansiedad pueden dificultar el progreso de un adulto emergente, y las tasas de ambos trastornos han aumentado, en particular entre quienes tienen entre 18 y 29 años. Habla con tu hijo sobre cómo se siente y pregúntale si quiere tratamiento, recomienda Lythcott-Haims. “A un hijo con una depresión grave no se le dice que tiene que conseguir empleo en menos de un mes”, dice. Pero el identificar y obtener tratamiento para los problemas de salud mental hace que cualquier otro problema sea mucho más fácil de resolver. 

Sari Harrar es redactora colaboradora de AARP The Magazine y ha escrito sobre temas de salud, ciencia y asuntos del consumidor durante más de 20 años.