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El temor a envejecer y cómo dominarlo

De la belleza física a las facultades mentales, 7 estrategias para afrontar estos miedos.

Retrato de mujer mayor con pelo gris dentro de su estudio de cerámica.

Trinette Reed/Stocksy

El temor a envejecer promueve la industria de la belleza y también da lugar a la discriminación por la edad. A mis 54 años, comprendo mejor ahora, que cuando era joven, ese sentimiento de rebasar otra década. También recuerdo los motivos que propiciaron mi única crisis de edad a los 25 años. Hace poco estuve en una conferencia de mujeres para firmar ejemplares de mi más reciente libro, y durante la firma, varias mujeres de todas las edades me confesaron que tenían miedo de envejecer. Desde las más jóvenes que tenían apenas 22 años, hasta las que me superaban en edad, a los 60 o más. A continuación, comparto contigo lo que en mi opinión esconde el temor a cumplir cierta edad —que tiene poco que ver con los años—, y lo que podemos hacer para subyugarlo.

1. Temor a perder la belleza física. Cuando equiparamos la belleza con la juventud física, entonces surge el temor a las arrugas, la flacidez, las canas y todo aquello que relacionamos con una edad avanzada. Si creemos que la belleza solo se refleja mediante una piel tersa, entonces tenemos la batalla perdida de antemano. La manera de contrarrestar esta creencia es cambiando nuestro concepto personal y, consecuentemente, colectivo de lo que representa la belleza. Si valoramos nuestra evolución personal, entonces podremos disfrutar de cada nueva década, una construida sobre el aprendizaje adquirido en la década anterior. Esto eleva la autoestima, lo cual impide que nos afecten los complejos y los cambios por el paso del tiempo.

2. Temor a los achaques o a caer enferma. La verdad es que afrontar los primeros achaques propios de la edad no es cosa fácil. Pero, afortunadamente, podemos tomar la iniciativa en lugar de esperar a que nos sobrevengan las dolencias; lo mejor es agarrar el timón de nuestro bienestar físico. Esto no significa que jamás vayamos a caer enfermas, pero sí que estaremos bien informadas de nuestro estado de salud y siempre preparadas para afrontar cualquier dolencia. Para ello, recomiendo hacerse los chequeos de rigor sin perderse ninguno; eliminar los hábitos nocivos para la salud, como fumar o beber alcohol en exceso; y llevar un régimen alimenticio saludable, así como hacer ejercicio regularmente, manejar el estrés y dormir lo suficiente.

Una pareja haciendo ejercicio.

iStockphoto/Getty Images

3. Temor a perder el acondicionamiento físico. Con el paso de los años, perdemos masa muscular y densidad ósea. Pero esto no significa que haya que conformarse y aceptarlo sin ponerle remedio. Está demostrado que hacer ejercicio físico ayuda a contrarrestar los efectos de la edad. En las mujeres, sobre todo, el realizar ejercicios de resistencia, como levantar pesas e incluso practicar yoga, ayuda a ralentizar la pérdida de masa muscular y densidad ósea. El ejercicio físico también contribuye a mantener la movilidad de las articulaciones y la flexibilidad del cuerpo, lo cual contribuye a mejorar el equilibrio. Uno de los temores más generalizados es el miedo a caerse y hacerse daño. Para contrarrestar esto, nada mejor que aprender a sentarse y levantarse del suelo sin ayuda. Un ejercicio tan simple puede ayudar incluso a prevenir caídas. Según vamos cumpliendo años, hay que moverse más, no menos. Sentir fuerza física y tener buen equilibrio aumenta la sensación de autonomía.

4. Temor a perder facultades mentales. A partir de una cierta edad, si perdemos las llaves del coche o la cartera, es fácil pensar que son los primeros síntomas de la enfermedad de Alzheimer. Olvidar cosas a veces es simplemente síntoma de estrés. En la madurez, en muchos casos, nos encontramos cuidando de hijos o nietos y de nuestros padres al mismo tiempo, además de continuar con nuestras actividades habituales. Para vencer el miedo a perder las facultades mentales, lo mejor es mantener a raya el estrés mediante el deporte, los ejercicios de relajación y la siesta. Dormir las horas necesarias es importante para procesar los recuerdos. También podemos hacer ejercicios para mejorar la agudeza mental, como crucigramas, rompecabezas, juegos de palabras o aprender de memoria poemas o canciones.

5. Temor a perder el empleo o medio de ganarnos la vida. No es lo mismo perder el empleo a los 20 años que pasados los 50, y aun así en cualquier momento de la vida vale la pena estar preparado antes de que ocurra. Ten siempre tu currículum vitae actualizado. Invierte tiempo en cursos y en el autoaprendizaje. Infórmate de los últimos avances en tu campo profesional. También merece la pena tener una ocupación de tiempo parcial que puedes convertir en tu principal fuente de ingresos si llegara el caso de perder tu empleo. Algunos ejemplos: venta directa, consultoría, diseño, manejo de redes sociales, traducciones, tutoría de estudiantes y cuidar niños, entre otros.

Mujer sosteniendo una pera en una cocina.

iStockphoto/Getty Images

6. Temor de no poder valerte por ti misma. Este temor está relacionado con todos los anteriores. La sola idea de ser una carga para los seres queridos nos abruma. Pon en práctica todas las sugerencias anteriores, que te pueden servir para paliar este temor común. También puedes planificar el futuro, prever si necesitarás ayuda de terceras personas. Incluso puedes hacer un testamento vital, que es un documento legal donde caben instrucciones sobre tratamientos médicos que fueran necesarios, en el caso de que en el futuro tu estado de salud no te permita expresarlo. Aunque esto no elimina la posibilidad de que en algún momento necesites apoyarte en los demás, te confiere el poder de decidir de antemano, en lugar de dejar el peso de ciertas decisiones sobre los demás.

7. Temor a la muerte, tanto a la nuestra como a la de nuestros seres queridos. El temor a la muerte es algo natural y común, porque se basa en el temor a lo desconocido. Aunque puede surgir a cualquier edad, según vamos cumpliendo años, y cuando amigos y familiares mueren por enfermedades, accidentes o causas naturales, es normal preguntarnos si nosotros seremos los siguientes en dejar de existir. Por el mismo motivo, es más probable que nos preocupemos por la muerte de nuestros seres queridos, sobre todo los que nos superan en edad. La fe sobre una base religiosa o espiritual, por lo general, ayuda a lidiar con el miedo a la muerte. También nos ayuda tener un propósito o una misión en la vida para llenar la sensación de vacío que genera el hecho de dejar de existir. Si además tienes hijos o nietos, piensa que a través de ellos dejas un legado. Todo esto puede ayudarte a ver la muerte desde un punto de vista positivo.

En resumen, se trata de poner todo de nuestra parte para que cada año, cada mes y cada día sea una experiencia enriquecedora. Tomar la iniciativa de cuidarnos ante el paso del tiempo nos ayudará siempre a enfrentar —a cualquier edad— los retos y también a disfrutar de los momentos gratos. El paso del tiempo es inevitable, ¡pero depende de nosotros abordarlo de forma positiva!


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