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Lee Trevino sigue pegando fuerte

Cincuenta años después de un emocionante triunfo en el Abierto Británico de Golf, este legendario jugador habla de cómo seguir activo.

golf legend lee trevino golfing

Phelan M. Ebenhack/AP Photo

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Creciste en la pobreza en una granja algodonera de Texas. ¿Quién te animó a escaparte?

Nadie. Me crie solo. Simplemente tuve suerte. El Señor cuidó de mí. Cuando me encuentre con Dios, quiero oírlo decir: “Te di mucho talento y lo aprovechaste bien”. Aunque no te toquen las mejores cartas en la vida, igual puedes ganar la partida. Para abrirme paso, tuve que fingir mucho.

Cuéntanos sobre tu incorporación al Cuerpo de Infantería de Marina.

El Cuerpo de Infantería de Marina hizo posible que un joven pobre dejara la granja donde probablemente hubiera permanecido el resto de su vida. Me hizo conocer el mundo. Fui a Okinawa, Taiwán y las Filipinas. Me dio una educación. Una persona podría graduarse de West Point y no aprender lo que aprendí yo.


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¿Quién te ayudó más a nivel personal?

Lo más maravilloso que jamás me ocurrió en la vida fue mi [tercera esposa, Claudia]. Te aseguro francamente que hoy no estarías hablando conmigo si no fuera porque me casé con ella. Es la primera persona de mi vida que no se comportaba de manera sumisa. Lo peor para un atleta es rodearse de gente sumisa. Desde el primer día me dijo: "Las palabras tienen consecuencias". Han transcurrido 38 años y me sigue tratando igual que en nuestra primera cita.

¿Te sentiste bien recibido en el PGA Tour?

Me sentí como un extraño. No tenía el pedigrí. Los otros competidores habían jugado golf en la escuela secundaria y en la universidad. Para ellos era como una reunión de exalumnos. Yo pasé directamente de mi trabajo en el campo de práctica al circuito profesional. No me conocían. Derroté a [Jack] Nicklaus en las semifinales del Abierto de Estados Unidos en 1971. Pero aun así no me sentía a gusto entre ellos. A la semana siguiente, [cuando jugaba] en un torneo Pro-Am, [el difunto golfista Bob] Goalby me abrazó y me dijo, “¡Vaya, qué gran orgullo nos dio que vencieras a Nicklaus!”. Por primera vez sentí que era uno de ellos.

¿Quién fue tu competidor más feroz?

Gary Player. A pesar de su altura de 5 pies y 7 pulgadas, era letal. Mejor tenerlo lejos. Era tan hábil como Arnold Palmer y Nicklaus.

Rápidamente te aceptaron como uno de los embajadores más populares del deporte.

Cuando salí del Cuerpo de Infantería de Marina, trabajé en un campo de práctica y en un campo de golf. La percepción del público era muy importante para mí, quería hacer felices a los demás. Cuando iba de gira, sentía que le debía algo a los aficionados. Pagan para verte. La única manera de demostrarles tu aprecio es dialogando un poco con ellos.

Lee Treviño besa la "Jarra de Clarete" después de su triunfo en el Abierto Británico de 1972.

R&A Championships/Getty Images

Lee Treviño besa la "Jarra de Clarete" después de su triunfo en el Abierto Británico de 1972.

Hace cincuenta años ganaste el Abierto Británico. ¿Qué recuerdas de ese triunfo?

Era el campeón defensor así que disfruté la competencia. Éramos seis parejas y alquilamos un castillo. Lo pasamos de maravilla. Apostamos por mí como ganador con los corredores de apuestas británicos. Inicié el torneo con probabilidades de 14 a 1. En la primera ronda no jugué bien y las probabilidades de ganar se redujeron. Apostamos otra vez. Después de mi triunfo, hicimos una fiesta en el castillo. Esa semana jugué bien y mal. Pero emboqué cuatro chips.

Conocías a Jack Nicklaus y a Tiger Woods. ¿Quién fue mejor jugador en la cumbre de su carrera?

No creo que Tiger hubiera podido contener a Jack [si ambos hubieran usado] los equipos de hoy en día. Los dos son golfistas sumamente talentosos y muy dedicados. Jack era mucho más fuerte que Tiger y hubiera golpeado la pelota mucho más lejos que Tiger. En su apogeo, Jack podía lanzarla más de 300 yardas con el equipo viejo. Hoy en día, sobrepasaría el green en un par 4.

¿Qué podemos hacer para animar a más minorías a participar en el golf?

Cuando empecé en el PGA Tour en el año 1967, teníamos casi dos docenas de hispanos y afroamericanos. El deporte no se está encaminando como quisiéramos. El golf es extremadamente costoso. Tenemos que buscar formas de que sea más asequible para los jóvenes. El precio nunca va a ser un problema para alguien de clase acomodada. El PGA Tour y la USGA tienen programas juveniles para que los niños aprendan a jugar, pero el problema es el costo, incluso en los campos de golf públicos. Cuando empecé a trabajar de caddie en 1948, podías jugar en un campo de golf público por $1.50.

¿Qué efecto tuvo el golf en tu cuerpo?

Me cayó un rayo en 1975. Perdí discos intervertebrales y se me desgarraron ligamentos en el pulgar. Tengo una placa de acero en la garganta por la hernia en seis discos del cuello. Tengo dos varillas de acero en la columna. Uno vive con dolor. Por más mal que me sienta, siempre encuentro a alguien que está peor que yo.

¿Cómo te conservas físicamente activo a los 82 años?

Lo más importante es la flexibilidad. Tienes que poder flexionarte y tocarte los pies. Debes ser capaz de ponerte los calcetines. Tienes que hacer ejercicios de estiramiento; andar un poco en bicicletalevantar pesas livianas. Yo no tengo un cómodo sillón reclinable en casa. ¿Por qué? Porque me pasaría el día sentado sin moverme para nada.

¿Qué te mantiene mentalmente ágil?

¡Me mantengo alejado de la gente! Si estás en un grupo grande, te expones a una enorme cantidad de negatividad. Muchos de ellos ni siquiera tienen la menor idea de lo que están diciendo. Yo también hablo mucho, pero absorbo lo que los otros dicen. Algunas personas simplemente inventan cosas para verse mejor ante los demás.

—Entrevista de Jon Saraceno