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Ismael Miranda cosecha los frutos de su carrera

El salsero se encuentra en un excelente momento profesional y personal.

Ismael Miranda

Cortesía de Ismael Miranda

El salsero Ismael Miranda sigue activo en conciertos a sus 68 años.

Cuando el cantante puertorriqueño Ismael Miranda conoció la fama durante la explosión salsera de los años 70 en Nueva York, sus fanáticos lo llamaban “El niño bonito de la salsa”. Miranda era todavía un adolescente cuando grabó con la orquesta de Larry Harlow y se sumó a la Fania All Stars. Luego llegaría una carrera solista de extraordinaria calidad. Conocido por su profesionalismo y hábitos saludables, Miranda continúa grabando y presentando conciertos a los 68 años, su voz tan vital como siempre. AARP en español habló con el cantante sobre sus primeros pasos en la música, la muerte de sus colegas mayores y la posibilidad de jubilarse.

¿Cómo era ser el integrante más jovencito de todas las estrellas de la Fania?

Mi primer disco lo grabé a los 16 con la orquesta de Joey Pastrana. Después me fui con Larry Harlow y ahí empecé a buscar mi propia identidad y sentir más respeto por la música. Gracias a Dios tenía personas a mi alrededor que me cuidaban, pero también amigos que me halaban hacia donde no era.

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¿Y cómo hizo para tomarse su carrera en serio, siendo todavía un adolescente?

Justamente al principio no me la tomaba en serio. Siempre estaban las mujeres y las drogas. Nunca le falté el respeto a mis directores o al público; mis cosas las hacía callado. Cuando la fama te cae encima y no estás preparado, uno se convierte en una persona que no es muy agradable, que se cree que es más que nadie. Era un nene sin experiencia, pero fui engranando poco a poco. Amigos como Cheo Feliciano y Pete “El Conde” Rodríguez velaban por mí. Adalberto Santiago siempre estuvo a mi lado. Santitos Colón —el cantante de Tito Puente— se convirtió en mi compadre. Con toda esa gente que me rodeaba tuve que empezar a hacer las cosas como Dios manda para no perder su apoyo.

¿Cuáles fueron los cantantes que lo influenciaron en su juventud para crear un estilo propio?

Acuérdate que en ese tiempo estaban Cheo Feliciano, Ismael Rivera, Justo Betancourt, Ismael Quintana. Yo me crié con esa gente. Imagínate los maestros que tenía. Me gradué bien graduado. Aprendí de cada uno de ellos. Era como el hijo de todos estos compañeros.

La influencia de “Maelo” Rivera fue muy importante, ¿verdad?

Éramos hermanos. Me llevaba muchos años, pero fue un gran amigo hasta que murió. Maelo tenía una manera de cantar, algo se te tenía que pegar cuando lo escuchabas. Cuando fui a hacer mi prueba para cantar con la Orquesta Harlow, el que me abrió la puerta fue Ismael Rivera. Estaba sentado en un sofá y le dijo a Larry, “Este muchachito te conviene porque es joven. Yo soy un viejo con malas mañas. Conmigo vas a tener muchos problemas” [risas]. Entonces Larry me dio la oportunidad. Le estaré agradecido toda la vida.

Décadas más tarde, sigue siendo el más joven de todas esas estrellas de la salsa. ¿Cómo ha vivido la muerte de tantos colegas?

Ha sido lo más desagradable de mi carrera. Tuve que enterrar a toda esa gente: Héctor Lavoe, Celia Cruz, La Lupe. Es difícil quedarse solo después de tener tantos amigos. Hoy el mundo es cada uno por su lado. La Fania no era sólo una compañía de discos. Éramos una familia grande en la que todos nos queríamos mucho. Cada vez que oigo que se va otro músico, se me parte el alma. Prácticamente soy el único que queda. Pero qué le va uno a hacer. Acuérdate que estamos aquí prestados.

La vida de un cantante no es fácil. ¿Encuentra en su familia la alegría para seguir avanzando?

Somos una familia muy unida. Llevo 25 años con mi segundo matrimonio y también estuve otros 25 con mi primera esposa. Con ella nos hemos mantenido amigos y la ayudo en lo que puedo. Ella sabe que tiene la puerta abierta. Todos mis hijos están casados y tienen sus propios negocios. Tengo 13 nietos y dos bisnietos. Hace poco celebramos el Día del Padre juntos en Orlando. Nunca me separé de mis hijos. Ninguno de ellos puede decir que lo abandoné. Papá siempre estuvo ahí.

A los 68, usted está muy joven todavía. ¿Le queda pendiente algún sueño musical?

He vivido una carrera muy bonita. Dios me permitió ver lo mejor y lo peor de la música, viajando por el mundo entero. En realidad, no es mucho lo que me queda por hacer. Estoy lanzando un tema nuevo cada cuatro meses. El último, “Mi manera de amar”, está sonando en la radio. Dentro de unos meses sale mi nueva producción, Ismael Miranda: la última leyenda de la salsa. Son 12 temas grabados en concierto, que también los filmamos para poder incluir un DVD con el disco. Estoy empezando a tocar en teatros, lugares más chicos, entre 500 y 1,000 personas. Y pensando en parar un poquito y trabajar menos. Mis asuntos están en orden y no voy a sufrir de nada. Estoy terminando una casa nueva para poder estar ahí con mi esposa y mis animales. Queremos empezar a disfrutar la vida, tener más tiempo para estar juntos y viajar. Es un buen momento.

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