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Fania All Stars: Una constelación de estrellas

Recordando a la banda que agrupó a los grandes talentos de Fania.

Grupo de los músicos de Fania

Cortesía Fania

Fania All Stars reunió a los mejores artistas de cada banda. Cada instrumento fue representado por el mejor de su género.

Cuando llegaron al continente africano, los recibieron como dioses. Celia Cruz, emperifollada como corresponde a la reina de la salsa, hizo delirar a las 80,000 personas que llenaron un estadio en la ciudad de Kinshasa. Héctor Lavoe cantó “Mi gente” arropado por un coro que incluía a Cheo Feliciano y los dos Ismael: Quintana y Miranda. Un arrebatado Johnny Pacheco bailó mientras conducía a una orquesta tan fastuosa que cada uno de sus instrumentalistas era una estrella de la música afrocaribeña, desde Ray Barretto y Roberto Roena hasta Larry Harlow y Bobby Valentín.

El año era 1974, y este periplo africano simbolizó la cúspide —estética, cultural y comercial— de la Fania All Stars. Para sus integrantes —visiblemente emocionados, como se los ve en la película Celia Cruz and the Fania Allstars in Africa— aterrizar con su música en Zaire fue un retorno a las raíces. Después de todo, el tumbao africano, trasladado a las Américas, fue fusionado con la sensibilidad autóctona y transformado en un sonido, el sonido de la salsa, que en los años 70 regaló alegría y frenesí bailable a millones de personas. La Fania All Stars fue un emblema de eso, la orquesta más glamorosa de toda la música tropical.

“Para un trombonista de Hoboken, Nueva Jersey, que creció enamorado de esta música, ser invitado a subirme al escenario y tocar con la Fania All Stars fue como una fantasía hecha realidad”, cuenta Jimmy Bosch. Uno de los representantes más ilustres de la salsa contemporánea —tanto en su carrera solista como acompañando al gran Eddie Palmieri— Bosch tocó con la All Stars en Europa, Sudamérica, Estados Unidos y Puerto Rico, inclusive cuando el cofundador de la Fania, Jerry Masucci, todavía estaba vivo.

“Observar cómo Johnny Pacheco dirigía a la banda me influenció profundamente, ya sea de manera consciente o inconsciente”, dice Bosch. “Ese fuego que tenía Johnny, su habilidad de mirar a los músicos mientras bailaba y tocaba el güiro, conduciéndolos a una nueva sección musical, eso es exactamente lo que yo hago hoy con mi propia banda. Viene de ahí”.

Orígenes humildes, grandes sueños

Se podría decir que todo empezó en 1964, cuando Pacheco, un joven director de orquesta dominicano, decidió tomar control de su carrera y se asoció con el abogado Jerry Masucci para fundar una disquera que empezaría con medios humildes. Inclusive, como cuenta la leyenda, distribuían sus primeros LPs desde el baúl de un automóvil.

Pacheco llegó justo a tiempo. Era parte de una generación maravillosa e inigualable que incluía a genios musicales como Charlie y Eddie Palmieri, Héctor Lavoe y Willie Colón, Roberto Roena, Papo Lucca, Ray Barretto y La Lupe, entre muchos otros.

Además de promover el trabajo de Pacheco —que sabiamente había dejado a la suave charanga de sus comienzos para desarrollar un conjunto a pura trompeta y sabor cubano— los primeros lanzamientos de la Fania presentaron a artistas fundamentales como Larry Harlow, Bobby Valentín, Colón y Lavoe.

Y ahí surgió una de las mejores ideas musicales del siglo. En 1968, la Fania se estaba llevando el mundo por delante y su elenco de artistas del género era el mejor de una época de por sí privilegiada. Para promocionar el sonido del sello, Pacheco creó una orquesta —la Fania All Stars— en la que todos sus músicos y cantantes eran estrellas de sus respectivas bandas.

Las presentaciones más emblemáticas del grupo perfilan la creciente popularidad de la salsa por esos años: desde el club nocturno Red Garter (1968), pasando por el Cheetah (1971) y culminando en el Yankee Stadium de Nueva York, el Coliseo Roberto Clemente de Puerto Rico (1973) y el viaje africano de 1974.

Al mismo tiempo que las cámaras del director Leon Gast documentaban estos recitales, enfatizando la importancia social del movimiento salsero, Pacheco había transformado a los estudios de la Fania en una fábrica de discos extraordinarios. Aprovechando la camaradería de su generación, grababa incansablemente en un clima que los testigos de la época recuerdan como de generosidad y altruismo. Gracias a su energía, la Fania All Stars grabó 15 discos de estudio entre 1976 y 1997, cuando la salsa se vio superada por nuevas modas musicales.

“Mi visión desde afuera es que esas grabaciones deben haber sido una locura”, cuenta Oscar Hernández, director de la Spanish Harlem Orchestra, con una carcajada. Hernández empezó su carrera como un pianista adolescente y aprendió de los maestros de la Fania y acompañando a artistas como Ray Barretto, Celia Cruz y La Lupe. “Cuando reúnes a muchos egos en un mismo cuarto, siempre hay diferencias de opinión y se pierde mucho tiempo. Si con mi orquesta, que son sólo 12 personas, tengo que ponerme duro para que los músicos dejen de platicar, imagínate lo que habrá sido con la Fania All Stars, que eran 20”.

Recuerda el trombonista Bosch, “Había mucho humor, peleas, discusiones y desafíos. Es decir, los elementos necesarios para cocinar un buen sancocho. El choque de egos se transformaba en una inmensa bola de energía y amor. La clave de la magia era captar el momento. Y la Fania All Stars tuvo muchos grandes momentos”.

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