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Ray Barretto, el inmortal conguero boricua

El padre del gran éxito “El Watusi” aún es recordado.

Ray Barretto, conguero  boricua

Eric Cabanis/AFP/Getty Images

Ray Barretto, conguero profesional, fue el creador de "El Watusi", una canción que se convirtió en un "hit" de la radio.

El nombre Ray Barretto quizás no tenga la mística seductora de otras estrellas de la Fania como Héctor Lavoe o La Lupe. Pero conguero y director de orquesta estadounidense grabó algunos de los discos más explosivos del género afrocaribeño.

“Con Ray hicimos historia”, cuenta Adalberto Santiago, el sonero boricua que acompañó a Barretto en éxitos clave de la explosión salsosa de los años 70 como Arrepiéntete, Quítate la máscara y Qué viva la música.

“Él fue mi padre musical. Era un hombre muy responsable, dedicado a su orquesta, [alguien] que le daba una oportunidad a sus músicos”, dice Santiago. “Cuando grabábamos un disco juntos, Ray me presentaba el material y yo lo estudiaba por mi lado. Después trabajábamos en conjunto para mejorarlo. Era una persona a la que le gustaba compartir ideas”.

La gente que lo conoció dice que Barretto era un hombre sencillo, hipersensible. “A veces siento que soy parte del empapelado”, se quejó amargamente durante una entrevista que realicé un tiempo antes de su muerte, en el 2006, a los 76 años.

Barretto abandonó el circuito salsero para terminar su carrera amparado por la jerarquía del jazz. Pero su legado musical es rico en su diversidad.

“Ray era una enciclopedia ambulante de la música”, recuerda Oscar Hernández, que a los 25 años fue contratado por Barretto como pianista en su orquesta. Hernández debutó con el conguero en el clásico LP de 1979 Rican/Struction, y grabó varios discos con él durante la década de los 80.

“Era fanático del jazz —inclusive empezó su carrera en el jazz, antes de tocar música latina— y también le gustaba el género clásico”, agrega. “Tenía un excelente equipo de sonido y cuando íbamos a su casa, nos hacía escuchar discos de todo tipo. Para un pianista joven como yo, era excelente contar con su conocimiento musical. Ray era exigente y esperaba solo lo mejor de nosotros”.

Del barrio a los escenarios

Barretto nació en 1929, de padres puertorriqueños, y creció en el barrio de Spanish Harlem de Nueva York. Al regresar del ejército en 1949, se transformó en un conguero profesional. La década de los 50 fue decisiva para la fusión del jazz con ritmos antillanos y Ray apareció en la escena musical en el momento perfecto. Enseguida comenzó a trabajar furiosamente. Grabó con Tito Puente, el saxofonista Gene Ammons, el guitarrista Kenny Burrell y también con Dizzy Gillespie —padrino del Latin jazz— entre otros. 

En 1960, empieza a grabar LPs con su propia orquesta, favoreciendo el formato de la charanga, tan popular en ese momento (adoptado también por futuros salseros como Johnny Pacheco y Charlie Palmieri). La diferencia fue que Barretto logró lo que muchos otros no pudieron: en 1961, generó un éxito radial que causó furor en Estados Unidos.

El Watusi era una curiosidad musical, una travesura en formato de canción que jugaba con el exotismo de los ritmos latinos y su influencia africana. Pero los violines de la charanga vibraban con auténtico frenesí cubano, su coro era irresistible y pasaron muchos años antes que el conguero pudiera reemplazar la memoria del Watusi con nuevos éxitos de salsa dura.

Esto ocurrió en 1967, cuando tuvo la astucia de firmar un contrato con la Fania, compartir sello discográfico con Héctor Lavoe y Larry Harlow, y aventurarse en una fusión psicodélica de salsa y Latin soul. La presencia de Santiago como carismático cantante principal fue importante y cuando el boogaloo dio paso a la salsa sin cuarteles, Barretto se convirtió en protagonista del movimiento en Nueva York e integrante indiscutible de la Fania All Stars.

Pero en 1972, ocurrió la catástrofe. Cinco músicos fundamentales para la orquesta de Barretto —incluyendo, increíblemente, al mismo Santiago— desertaron para fundar el grupo rival Típica 73. Fue el momento más duro de su carrera.

“Cuando uno tiene un matrimonio de siete años, pasan esas cosas”, comenta Santiago, con una risa nerviosa. “Pero no hay mal que dure 100 años ni cuerpo que lo resista, como dicen. Ray era una persona muy sensible, pero siempre hubo comunicación entre nosotros. Fueron bastantes años de compañerismo. Para mí, Barretto ya no era un director de orquesta. Era un amigo, un familiar”.

Quizás a largo plazo el cambio fue positivo para Barretto. Grabó un disco de jazz-rock, trabajó con excelentes vocalistas como Tito Allen, Rubén Blades y Tito Gómez, para después retomar su colaboración con Santiago en grabaciones y conciertos especiales. Una vez que el movimiento de la salsa colapsó en la década de los 90, se refugió en el circuito del jazz, fundando el grupo New World Spirit. Cuando falleció, era celebrado como un héroe cultural tanto en el ámbito del jazz como la música latina.

“En 2004 celebramos la carrera de Ray en Puerto Rico”, recuerda Santiago. “El concierto se llamó ‘Toda Una Vida’, y estábamos todos los cantantes que pasamos por su banda. Creo que fue el mejor concierto de ese año en la isla. Había una energía tremenda en el aire. Después, su muerte llegó rápidamente. Son cosas que uno no las espera. Ray padecía de asma, pero siempre se veía fantásticamente bien. Era frágil, pero tenía fuerza de espíritu”.

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