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Sale el sol para Eddie Palmieri

El pianista boricua rememora su carrera y adelanta un nuevo álbum.

Eddie Palmieri y su piano

Earl Gibson III/Getty Images

Eddie Palmieri sigue creando música a los 77 años.

Si hubiera que elegir a un genio iconoclasta de la música afrocaribeña, un artista tan revolucionario y virtuoso que rompió con todos los esquemas para crear un sonido nuevo, ese sería Eddie Palmieri. Inspirado en la genialidad de su hermano mayor, Charlie —“el verdadero rey de las blancas y negras”, como él mismo lo define— Palmieri es un músico rebelde y malentendido, adelantado a su época y género musical. 

Lejos de descansar sobre las glorias del pasado, Palmieri continúa creando música con la misma energía infatigable de siempre. Su próximo disco, dedicado al jazz latino, verá la luz este año, mientras los reconocimientos a su trayectoria no paran de llegar. El año pasado recibió el Premio a la Excelencia Musical de la Academia Latina de la Grabación, mientras que en 2012 sus raíces jazzeras fueron reconocidas a través del prestigioso NEA Jazz Masters Award.

Podría haber sido un compositor clásico, alguien como Igor Stravinsky. Pero creció bajo el hechizo del jazz y la música cubana, un neoyorquino de padres puertorriqueños. Se dedicó a la salsa, participando en la invención misma del género, para después sacudir sus cimientos y experimentar con disonancia, teclados electrónicos, mensajes sociales y temas de más de 10 minutos de duración. 

Nacido en el barrio de Spanish Harlem en 1936, cursó estudios de música en The Juilliard School. Empezó como percusionista, pero se cansó de acarrear sus timbales y se dedicó al piano. Eran los años 50, época de oro para la música latina en Nueva York. Palmieri comenzó su carrera acompañando a las orquestas de Vicentico Valdés y Tito Rodríguez.   

En 1961, empezaron las innovaciones. Creó su propia orquesta, La Perfecta, basándose en una combinación inaudita: dos trombones y flauta de madera, un formato aguerrido y lleno de swing, que de ahí en más sería conocido como “trombanga”. 

“Todo ocurrió por una cuestión económica”, explica Palmieri, de 77 años, con una sonora carcajada. “En esa época todos tenían un conjunto con tres o cuatro trompetas. Yo también quería tener mi propio grupo, pero era difícil conseguir trabajo. Una noche fui a un club social donde Johnny Pacheco realizaba descargas los martes. Ahí me encontré con un trombonista genial que se llamaba Barry Rogers y lo contraté. Después llega el brasileño José Rodrigues como segundo trombonista, y se arma este fenómeno musical llamado La Perfecta”.

Durante la década de los 60, Palmieri transformó al conjunto en un laboratorio incansable de ritmos tropicales. En 1965, llega un momento clave para la música latina: graba “Azúcar pa’ ti”, tema de nueve minutos de duración, un éxito entre los bailarines que colmaban el club nocturno Palladium. En un extenso solo de piano, Palmieri logra lo inimaginable. Con una mano toca el tumbao rítmico, mientras con la otra improvisa un solo melódico.

“Eso se lo debo a mi maestro de piano, Claudio Saavedra, que me enseñó la independencia de las dos manos, la técnica de terceras y sextas”, cuenta. “Cuando la gente lo escuchó, me dijeron que había dos pianistas, o que había grabado las partes por separado”.

Pero La Perfecta fue solo el principio. En 1968, Palmieri decidió disolver la agrupación para incursionar en otras sonoridades y texturas. Era una época prodigiosa para la música popular, con el auge del rock progresivo, el jazz-rock y el funk. Palmieri les agregó mensajes políticos a sus rumbas (Justicia, 1969), grabó un disco en vivo en la cárcel de Sing Sing y transformó su repertorio en un mazacote subversivo de sintetizadores y solos disonantes contrastados con temas bailables.

Palmieri grabó todos estos discos para las compañías Alegre y Tico, que después serían adquiridas por el abogado Jerry Masucci para formar parte del imperio discográfico de la Fania.

A mediados de los 70, Palmieri reeemplazó a su cantante habitual, Ismael Quintana, con un puertorriqueño de solo 16 años: Lalo Rodríguez. El debut de ambos para la disquera Coco, The Sun of Latin Music, ganó el Grammy inaugural de mejor grabación latina en 1976.

Pero después llegaron los problemas. Palmieri comenzó a grabar un disco que se llamaría Kinkamache, no quedó contento con los resultados y abandonó el proyecto. En una brillante decisión comercial, el dueño de Coco, Harvey Averne, lanzó la grabación bajo el título de Unfinished Masterpiece —obra maestra inconclusa— y el disco le significó a Palmieri un segundo Grammy consecutivo.

“Les dije, si ustedes dejan salir ese disco, no les vuelvo a grabar jamás”, dice Palmieri. “Y entonces me encerré en mi casa, primero por tres años, y después dos más”.

Pero el sol de la música latina amaneció de nuevo.

En 1981, Palmieri regresó al conglomerado de la Fania con el famoso disco que lleva su nombre —conocido como “white album” por su portada blanca. Desde entonces ha resucitado a La Perfecta, auspiciado a la diva puertorriqueña India, y grabado sabrosas sesiones de jazz latino. Como su nueva producción, titulada Sabiduría, que verá la luz este año.

Palmieri promueve este trabajo con pasión: “Es el mejor CD grabado en el ámbito del Latin jazz”, dice entusiasmado. “Bajo las estructuras del mambo instrumental y el son montuno, lo que quiere decir que es bailable. Cuando lo escuche, usted me lo va a confirmar”.

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