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El legado inmortal de Cheo Feliciano

Éxitos como Anacaona hicieron escuela en la música tropical.

Cheo Feliciano, su legado inmortal

Cortesía Fania Records

Cheo Feliciano fue uno de los cantantes que revolucionaron el mundo con la salsa

Durante la madrugada del pasado 17 de abril, el legendario intérprete de música afrocaribeña Cheo Feliciano manejaba a su casa en Puerto Rico cuando sufrió un accidente en Río Piedras. Pese a la insistencia de su esposa Cocó, él no acostumbraba a usar cinturón de seguridad, y falleció en el acto. Tenía 78 años y recientemente había sobrevivido una batalla contra el cáncer que tenía preocupados a sus colegas y admiradores.

Hasta ese momento, la longevidad de Cheo había malacostumbrado a los fanáticos de la salsa. En un ambiente plagado de muertes prematuras —desde Héctor Lavoe y La Lupe hasta Tito Rodríguez y Frankie Ruiz— Feliciano tenía la reputación de un recio veterano que había vencido las debilidades de su juventud, conservando el poder de sus cuerdas vocales mayormente intacto. Será difícil acostumbrarse a un mundo sin Cheo.

Afortunadamente, dejó un legado extraordinario, una discografía abundante que demuestra su talento para alternar entre boleros acaramelados y material bailable de alto voltaje.

El estilo inconfundible de Cheo —su fraseo, la elegancia permanente en su entonación y el particular timbre de su voz— marcó escuela en el género tropical. Rubén Blades ha declarado que se inspiró en el estilo de Feliciano cuando empezó a cantar temas de salsa. En canciones como Anacaona y Pa'que afinquen, Cheo demostró un entendimiento absoluto de la clave, generando el sentimiento de vértigo que es indispensable para el swing afrocubano, con la sofisticación de un cantante de jazz. Sus grabaciones celebran las raíces viscerales de la salsa, pero lo hacen con un porte aristocrático.

La elegancia fue una de las armas más efectivas de Cheo. Conoció el éxito con una de las agrupaciones más estilizadas de Nueva York en los años 60: el sexteto de Joe Cuba, que reemplazó la imprescindible sección de vientos de un combo tropical con la austeridad de un vibráfono.

Originario de Ponce, Puerto Rico, Feliciano se había trasladado al barrio neoryorquino de Spanish Harlem en 1952, comenzando su carrera musical como conguero y trabajando con Tito Rodríguez. Esta conexión con los aspectos rítmicos del conjunto afrocaribeño explica su don intuitivo para sonear con una electricidad en la percusión que pocos cantantes de su generación lograron.

Junto a Joe Cuba, Cheo conoció la fama a una edad temprana y compuso la guajira El ratón, uno de sus más grandes éxitos. A fines de los 60 empezó a trabajar con el visionario director de orquesta Eddie Palmieri. Lamentablemente, cayó preso de las malas costumbres del ambiente musical y empezó a consumir heroína. Su adicción se descontroló hasta que tomó la decisión de alejarse de la música, regresar a Puerto Rico, e internarse en un programa de rehabilitación.

Durante este período, el compositor boricua Tite Curet Alonso se mantuvo atento a la recuperación de su amigo. En efecto, le guardó algunas de sus mejores composiciones para que el cantante las utilizara en su debut como solista. Ese debut, el LP titulado Cheo de 1971, es uno de los discos fundamentales de la música latina, una obra maestra de 10 canciones inmejorables, grabadas por refinados intérpretes como el pianista Larry Harlow, siguiendo la modalidad de sesión rítmica con vibráfono que había dado a conocer Joe Cuba.

La asociación entre Feliciano y Curet Alonso funcionó a la perfección. “Cada vez que Tite me traía un tema, era toda una experiencia”, me comentó Cheo durante una entrevista realizada hace algunos años. “En las palabras del maestro, sus canciones para mí eran ropa hecha a medida. Fue una dupla maravillosa”.

El LP Cheo empieza con Anacaona, uno de los temas clásicos de Feliciano. La letra, sobre el cruel asesinato de una reina taína en manos de los conquistadores españoles, fue un grito rebelde de independencia caribeña. En la voz de Cheo se escucha la rabia por el sufrimiento de Anacaona, pero también la rabia de un Cheo finalmente liberado de las drogas.

El momento no podría haber sido mejor. La explosión salsera de los 70 estaba apoderándose de Nueva York y Cheo estaba asociado con Fania, la discográfica latina más poderosa del momento. Como parte de la orquesta Fania All-Stars, participó en el documental Our Latin Thing (1972) con una fogosa interpretación de Anacaona que se convirtió en símbolo de la Fania. Grabada durante un concierto en el club nocturno Cheetah de Nueva York, esta versión incluye a luminarias como Héctor Lavoe, Ismael Miranda y Adalberto Santiago en los coros.

De ahí en más, la carrera de Cheo quedó encauzada hasta el final de sus días. Durante los años 70 y 80, sus discos para la Fania combinaron éxito comercial con sutileza artística. Después de manejar su propio sello durante algunos años, se asoció en los 90 con la discográfica salsera RMM. Discos con la Rondalla Venezolana, nuevas grabaciones de bolero y la grabación en concierto Cheo En Cuba de 1997 le agregaron variedad a su obra. En el disco del 2012, Eba say ajá, finalmente colaboró con su alumno y amigo Rubén Blades, un proyecto que ambos habían planeado durante años. Fue un final particularmente dulce para una discografía llena de vida y color.

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