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‘Get Out’: Invasión de los usurpadores de cuerpos

Una película de horror que rompe patrones.

DIRECTOR: Jordan Peele
GUION: Jordan Peele
ELENCO:
Daniel Kaluuya, Allison Williams, Catherine Keener, Bradley Whitford, Caleb Landry Jones, Marcus Henderson, Betty Gabriel, Lakeith Stanfield, Stephen Root
DURACIÓN: 103 minutos 

Como portentos siniestros, varios filmes de horror capturaron el ambiente que se respiraba en la sociedad alemana en los años previos a la Segunda Guerra Mundial. Lo más aterrador que películas como El gabinete del Dr. Caligari (Dir. Robert Wiene, 1921) o M (Dir. Fritz Lang, 1931) revelaban es que el mal no estaba “entre nosotros”: éramos nosotros. Eso es lo que hace también más escalofriante a Get Out. Los monstruos que aparecen en la cinta de horror de Jordan Peele son tanto más aterradores en cuanto más “normales”. El mal, no como aberración, sino como regla, es el escalofriante mensaje que comparte Get Out con las cintas del movimiento Expresionista alemán.

Nadie es racista hasta que tocan a su puerta. Chris y Rose están a punto de descubrirlo en una inofensiva visita a los papás de ella un fin de semana. La pareja lleva cinco meses de relación y Rose quiere dar el gran paso de presentarlo a su familia. “¿Les dijiste que soy de raza negra?”, pregunta él con cierto recelo. “¿Por qué tendría que decirles?” responde Rose. Y, sí: ¿por qué tendría que hacerlo? Es la época actual y ellos son jóvenes, liberales y viven en Brooklyn, Nueva York; la raza de él tendría que ser solo un asunto académico. Sin embargo, Chris no está muy convencido y nosotros como público, tampoco. Anticipamos un escenario parecido a Guess Who’s Coming to Dinner? (Dir. Stanley Kramer, 1967). Después de todo no han pasado ni 50 años de que los matrimonios interraciales eran ilegales en varios estados de la Unión Americana; fue el 12 de junio de 1967 cuando la Corte Suprema levantó esa prohibición.

Daniel Kaluuya en una escena de la película Get Out

Universal/Cortesía Everett Collection

Daniel Kaluuya en una escena de 'Get Out'.

Chris se deja convencer por Rose de que todo irá de maravilla y se montan en el auto para dirigirse a la campiña. En la carretera un venado se les atraviesa y lo atropellan. Cuando llega la policía y le pide su identificación a Chris, aun sabiendo que era Rose quien manejaba, es ella la que se indigna. Sabe, como nosotros sabemos, que si Chris fuera blanco no se la pediría. Estos son los detalles en los que tácitamente Peele nos involucra como conocedores de que ese el estado de las cosas. Finalmente la pareja llega a la imponente mansión de los Armitage, que más tarde veremos con su pórtico y columnas frontales como no tan diferente a una plantación.

Tal como Rose se lo había dicho, los Armitage resultan una pareja moderna y progresista que reciben calurosamente a Chris. Ambos, exitosos profesionales; Dean, neurocirujano; Missy, psiquiatra que se especializa en hipnosis. La casual camaradería de estos típicos liberales de la costa este, resulta chocante después de un rato. Sobre todo él, quien insiste en hacer comentarios innecesarios para probar sus credenciales “no racistas”: “Hubiera votado por Obama una tercera vez, de ser posible”, le asegura a Chris, como si eso tuviera que ser en alguna manera asunto suyo.  El otro “elefante en el cuarto” es la sutil pedantería de quien se sabe en una situación económica privilegiada. Dean insiste en llevar a Chris a dar un tour por la elegante casa donde con forzada sencillez presume de su colección de artesanías recolectadas en múltiples viajes.

Es a Rose a quien más parecen incomodarle los torpes esfuerzos de su padre por hacer evidente lo abierto de mente que es, y la “naturalidad” con la que toma el noviazgo de su hija. Chris le asegura que no le ofende. Rose parece también avergonzarse de que sus padres tienen a dos trabajadores de raza negra empleados en la casa. Georgina la cocinera porta, además de un obsoleto uniforme rosa, una mirada perdida. Tanto ella como Walter, el jardinero, parecen autómatas. A Chris le empieza a parecer que hay algo raro en este retrato tan perfecto de armonía doméstica. Nadie dice nada fuera de lugar, excepto que hacen demasiado énfasis en que Chris no debería fumar. La madre le ofrece incluso hipnotizarlo para que lo deje, pero él declina. Cuando sale a fumar un cigarrillo en la noche al jardín, ve a Walter corriendo como un enajenado. La escena lo deja sacudido y cuando entra a la casa se sorprende de ver que Missy está despierta. Ella lo invita a conversar en su estudio y sin que Chris pueda evitarlo, lo hipnotiza. Chris se queda paralizado en la silla y empieza a tener visiones de que cae en un abismo. De repente, ya es de día y amanece en su propia cama. Esta a punto de desechar lo ocurrido como una simple pesadilla hasta que Missy le pregunta si le sirvió el tratamiento. Él efectivamente, ya no tiene ganas de fumar.

Hay un secreto oscuro que se esconde en la fachada perfecta de ese hogar y que se va manifestando en todo su horror poco a poco. Y lo peor es que Chris se da cuenta de que él también está atrapado. La influencia más directa de Get Out es Invasion of the Body Snatchers, pero Peele tuvo la intuición de sustituir a los alienígenas por gente “decente”. Esa, que en cualquier giro de las circunstancias históricas son perfectamente capaces de volverse cómplices de un sistema criminal. Get Out nos muestra el peor horror de todos: estar atrapado en la normalidad de otros.