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Mel Brooks todavía nos hace desternillar de risa

A los 95 años, el famoso comediante reflexiona sobre su vida y su carrera en el nuevo libro All About Me!

Mel Brooks.

Jay L. Clendenin/Los Angeles Times/Contour by Getty Images

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¿Cuándo se dio cuenta por primera vez de que era gracioso?

Cuando hago mi monólogo cómico digo: “Supe que causaba gracia cuando la gente me miraba en la cuna y se echaba a reír. Allí mismo supe que así era como tenía que ganarme la vida, mostrando simplemente mi rostro cómico”. Tuve la infancia más feliz del mundo en Brooklyn. Pero todo terminó cuando, a los 9 años, me pidieron que hiciera algo que se llama tareas escolares. En ese momento comprendí que la vida no iba a carecer de esfuerzo. Pedían algo a cambio.

¿Por qué se cambió su apellido a Brooks?

Me cambié el nombre porque, siendo baterista [a los 14 años], pensé que “Mel Brookman” se vería mejor que “Melvin Kaminsky” en un bombo. Brookman era el apellido de soltera de mi madre. Comencé a pintar “Mel” y “Brook” en el tambor, pero no había suficiente espacio para “man”, así que en su lugar agregué una “s”. Después obtuve algo de fama como baterista y el nombre —Mel Brooks— quedó así.  

¿Qué le enseño la batería sobre la comedia?

En la percusión hay algo que se llama golpe de borde, donde la baqueta golpea el borde y el centro del tambor al mismo tiempo. Es un sonido fantástico. Es como el remate de un chiste. Tocar la batería se basa en el ritmo, y la comedia también.


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¿Qué aprendió de su trabajo con Sid Caesar?

Él hacía imitaciones, pero no de James Cagney o Edward G. Robinson. Imitaba a personas reales, como el hombre que trabaja en el Distrito de la Moda o el conductor de autobús. Y sus imitaciones eran brillantes. Tenía un talento enorme. Así que junto a él me beneficié de su fama.  

¿Cómo era el ambiente creativo en los espectáculos de Sid?

Nos insultábamos mutuamente todo el tiempo. La sala de los guionistas era como un campo de batalla. Pero al final, nos dábamos cuenta de que una buena idea divertida es como la marea alta: hace subir todos los botes.

Carl Reiner (izquierda) y Mel Brooks.

ABC Photo Archives/Disney General Entertainment Content via Getty Images

Carl Reiner (izquierda) y Mel Brooks.

Cuénteme sobre Carl Reiner, su socio en las grabaciones de 2,000 Year Old Man.

Carl disfrutaba atrapándome en una esquina como a un ratón, y entonces se sorprendía cuando yo me las ingeniaba para contraatacar con un chiste. A veces, si le respondía en forma inesperada, se caía literalmente al piso. Nos divertíamos al máximo [representando el acto] en las fiestas. Una vez me dijo: “Has tenido muchas esposas. ¿Cuál fue tu favorita?” “Shirley”, le contesté. “¿Por qué Shirley?” “Porque cada vez que Shirley venía a casa traía a su amiga Leila”. Y Carl se dio contra el piso. Hacerlo reír en forma descontrolada era una emoción insuperable.

¿Se caía de la risa? Debe estar exagerando...

¡Oh, no! Yo traía un tipo distinto de comedia. Una comedia inesperada, verdadera, humana, y quebraba a la gente. 

¿Cómo la definiría?

Es comedia humana. No es inventada. Surge de la vida diaria, de lo que todos sabemos sobre la vida y la muerte. Yo dejé la escuela de comedia Henny Youngman en las primeras etapas de mi vida. Es que las bromas del tipo "mi esposa dijo ‘ya no me llevas nunca a ningún lado. Entonces, la llevé a la cocina'" no llegan a nada. Tiene que surgir de las dificultades de las personas. Y entonces sí funciona.

En su libro habla de que todas sus películas son sobre el conflicto entre el amor y el dinero. ¿Cómo es eso?

¿Es avaricia o es amor? ¿Los personajes buscan el oro o la relación? Eso sucedió con mi primera película, The Producers, que se basaba en la idea de que puedes ganar más dinero en Broadway con un fracaso.

¿Eso surgió de la experiencia de su familia?

No, surgió de abrir los ojos a la esencia de la sociedad. La sociedad se basa en el éxito y el fracaso. Para lograr el éxito, tal vez quieras renunciar a ciertas cualidades humanas dulces y maravillosas. Pero ese es un precio muy alto si pierdes el amor de las personas que te rodean. Me di cuenta de que ese es un problema básico para toda la humanidad, no solo para mí.  

Usted también señala que las películas cómicas deben tener un tema serio subyacente.

No puede ser solo una comedia tonta llena de payasadas. Algo tiene que impulsarla. Blazing Saddles, por ejemplo, parecía una película frívola y alocada, pero el motor detrás de ella era el prejuicio racial. La idea de que debemos darnos cuenta de que todas las personas merecen respeto.

Mel Brooks (derecha), enfrentándose a Peter Boyle, como "Young Frankenstein".

Steve Schapiro/Corbis via Getty Images

Mel Brooks (derecha), enfrentándose a Peter Boyle, como "Young Frankenstein".


"La comedia surge de lo que sabemos sobre la vida y la muerte."

—Mel Brooks

Cuando comenzó a escribir guiones de comedia, se ponía tan nervioso que a veces vomitaba en el estacionamiento del estudio. ¿Cómo superó eso?

Mel Tolkin, nuestro escritor principal en Your Show of Shows, me envió a ver a su psicoanalista. Él me ayudó a identificar las razones de los vómitos nerviosos. Todo surgía de la falta de autoestima. Una vez que gané la confianza suficiente, no solo dejé de vomitar, sino que además exigí un aumento... ¡y lo obtuve!

Cuando estaba filmando Blazing Saddles, el director del estudio le entregó una larga lista de cambios que quería hacer, y usted no hizo ninguno. ¿A qué se debió eso?

No fui el único. El director de producción de Warner Bros. era John Calley, y él quedó tan atónito como yo cuando vio los cambios disparatados que pedía el estudio. Así que cuando arrojé la lista de cambios al cesto de la basura, él dijo: “¡El archivo correcto!” Y ahí supe que iba por buen camino.

¿Qué aprendió de Alfred Hitchcock sobre la comedia?

La esencia de Hitchcock es elegir el momento oportuno. Eso se aplica al drama, al suspenso e incluso a la comedia. Él me enseñó a llevar las escenas al punto de ebullición.  

¿Cuál es su ritual creativo favorito?

No es un ritual. Es muy simple: se llama ensayo. Cuanto más ensayas, mejor sale la escena.  

¿De qué modo le cambió la vida la pandemia?

Lo malo fue no poder ver a mis familiares y amigos. Lo bueno fue que, cuando salía, no tenía que firmar autógrafos porque nadie me reconocía con la mascarilla.

Si el “hombre de 2,000 años” viviera hoy, ¿qué pregunta le haría?

Por desgracia, no soy el verdaderamente talentoso Carl Reiner, y nadie podría hacerle preguntas como él al hombre de 2,000 años.

Anne Bancroft y Mel Brooks.

Jon Kopaloff/FilmMagic/Getty Images

Anne Bancroft y Mel Brooks.

Cuénteme cómo conoció a su segunda esposa, Anne Bancroft. Creo recordar que la vio en un ensayo de The Perry Como Show.

Ella era la estrella invitada, y cuando entró al escenario llevaba puesto un impactante vestido blanco. Era muy hermosa, y cantó maravillosamente. Cuando terminó, no me pude contener. Me levanté de un salto y dije: “Anne Bancroft, ¡te amo!” Ella dijo: “¿Quién diablos eres tú?” Respondí: “Soy Mel Brooks. No me conoces”. Y ella dijo: “Te equivocas. ¡Tengo tu disco!”. Después fui a los camerinos y la invité a tomar un café. Literalmente, nos enamoramos ese día. Ella era perfecta para mí, y al día siguiente le dijo a su terapeuta: “Más vale que me cures porque creo que acabo de encontrar al hombre con quien quiero vivir el resto de mi vida“.

¿Cuál es su secreto, Mel? ¿Cómo ha mantenido un nivel tan alto de creatividad a lo largo de su vida?

Diría que el repollo relleno es lo que me ayudó a seguir. Me encanta... No sé. Creo que hubo algo vívido y maravilloso en el hecho de crecer en Brooklyn. Era un lugar mágico, repleto de sueños, ideales y amor por la vida. Recuerdo ser niño y realmente estar encantado de estar vivo. Dicen que los comediantes generalmente tienen una infancia triste y la compensan con las risas y el amor del público. Eso no tiene sentido. Para mí, se trata de continuar el amor que recibiste de niño. Yo tuve mucho amor en mi infancia, y no quiero que ese amor se detenga.

—Entrevista de Hugh Delehanty