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'The Good Liar': Ian McKellen y Helen Mirren brillan en un misterio digno de Hitchcock

Él ostenta el título de caballero británico y ella el de dama. Y su primera película juntos es un espectáculo digno de la realeza.

Clasificación: R

Duración: 1 hora 50 minutos

Actores: Ian McKellen, Helen Mirren, Russell Tovey

Director: Bill Condon

In English | Muhammad Ali vs. Joe Frazier sería una pelea de peso pluma en comparación con la pugna interpretativa entre Helen Mirren, de 74 años, e Ian McKellen, de 80, en su primer largometraje juntos: el misterio al estilo Hitchcock, The Good Liar, dirigido por Bill Condon, ganador de un Óscar por su último filme con McKellen, Gods and Monsters. Mirren y McKellen son como Hepburn y Tracy, según el Times de Londres, aunque en realidad recuerdan más a un Cary Grant y Eva Marie Saint maduros. Mirren interpreta a Betty, una hermosa profesora de Oxford jubilada que ha logrado ahorrar $3.6 millones, pero tiene tan pocas nociones de cómo invertir el dinero que de cómo decorar. Su casa, ubicada en un aburrido suburbio, parece haber sido arrasada por una ola de insipidez; es un entorno anodino e impersonal que contrasta con su personalidad radiante y vivaracha. Su cita amorosa, Roy (McKellen), comenta que visitar su residencia es como "asfixiarse en color crema".

Pero no se lo dice a la cara. Al cortejar a Betty, el apuesto y muy refinado Roy es la personificación de la cortesía británica, con un giro ingenioso. Él se muestra encantadoramente sincero sobre las mentiritas piadosas que incluyó en su perfil en la página web donde se conocieron, Distinctive Dating, y bromea que el sistema de citas en línea tiene como fin "conectar a los delirantes con los desesperados", consciente de que ella comparte ese temor. Y ambos saben que los años no perdonan. (La primera parte de la película transcurre como una comedia romántica: You've Got Mail en clave octogenaria).


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No obstante, Betty tiene demasiado aplomo como para mostrarse desesperada, y Roy, de hecho, es un elegante truhan, un estafador que les roba a viudas inocentes y a empresarios delincuentes. Tras su cita con Betty, se dirige inmediatamente a su oficina-guarida donde, junto con su cómplice —Jim Carter, de Downton Abbey, de 71 años, quien todavía muestra algunos rasgos de la dignidad del Sr. Carson—, engañan y le roban a una víctima ambiciosa en una escena que recuerda a la primera obra maestra de Annette Bening, The Grifters. Pero Roy saca de esa operación una cantidad modesta de seis cifras, por lo que invierte todo lo que tiene en seducir a Betty y sus siete cifras. Betty, quien enviudó recientemente, no está interesada en una relación física. En cambio, a Roy sí le interesaría algo de intimidad —además del dinero— y se ingenia un dolor de rodilla, sabiendo que la amable Betty lo dejará quedarse con ella hasta que se mejore. Si Roy solo fuese capaz de neutralizar al nieto desconfiado de Betty (Russell Tovey), tendría su fortuna de por vida y Betty acabaría en la calle.

Pero justo cuando empezamos a temer por la caída de Betty —especialmente tras ver a Roy asesinar a alguien con un aplomo atlético digno de James Bond— nos damos cuenta de que quizás no está siendo tan sincera con él como pensábamos. Cuando su nieto le hace a Roy preguntas impertinentes, un destello de diversión se vislumbra en el rostro de la mujer. Pero ¿se está mofando del joven o de Roy? ¿Y por qué siente Roy tanta reticencia de irse de vacaciones a Berlín, mientras a ella le interesa tanto?

Las respuestas resultan improbables a lo sumo, ni remotamente al nivel de las mejores películas de Hitchcock, aunque mejor que sus peores. Dicho eso, el gran final repleto de escenas retrospectivas resulta entretenido, y los actores se lo están pasando tan a lo grande que la diversión es contagiosa. No puedo esperar hasta su próximo filme juntos, y volvería a ver esta película ahora mismo.

También cabe destacar que plantea un problema social importante. AARP habló recientemente con McKellen y Mirren sobre la película. Dijeron que aceptaron con gusto la oportunidad de realizar un filme que pone de relieve la realidad del fraude a ancianos, y que la Red contra el Fraude, de AARP, existe para rastrear, denunciar y frenar a los estafadores. Pero se alegran incluso más de que el tema se aborda de una manera tan encantadora y con un entretenimiento tradicional, con papeles para actores mayores que no tienen nada que ver con enfermedades, discapacidades o demencia. Los personajes en The Good Liar gozan de plena capacidad y poder de decisión. Cuando les aflige un dolor físico, resulta ser una dolencia fingida por una persona tramposa con plena capacidad intelectual, pero sin moral.

El crítico de AARP Tim Appelo trabajó como editor de entretenimiento de Amazon y crítico de The Nation, Hollywood Reporter, EW, People, MTV, LA Weekly, New York Times, y Los Angeles Times.

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