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<i>We Bought a Zoo</i>, una historia del campo

Leones, tigres, osos, y una familia que le encantará.

No le preste atención a la campaña publicitaria de esta película, que se destaca por las imágenes de animales que se parecen a las que se esperarían ver en una línea de papel pintado para niños. También tiene un título aparentemente demasiado simplista, tomado de las memorias escritas en el 2008 por el periodista británico Benjamin Mee: We Bought a Zoo: The Amazing True Story of a Young Family, a Broken Down Zoo, and the 200 Wild Animals that Change Their Lives Forever (Compramos un zoológico: la asombrosa verdadera historia de una joven familia, un zoológico destartalado y los 200 animales salvajes que les cambian sus vidas para siempre). La versión cinemática del director Cameron Crowe de esta auténtica aventura, trasplantada desde Devonshire, Inglaterra al sur de California, es en efecto una rica historia de amor, pérdida, familia, resistencia, riesgo y amor de nuevo. Hará que el público adulto llore y ría, con frecuencia.

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Este es el relato de un padre, y Matt Damon, en el papel de Benjamin Mee, lo interpreta con complicidad. Lo conocemos cuando está trabajando como periodista, dispuesto a desafiar la muerte, caminar hasta lo más adentro de una selva o montarse sobre un cohete con tal de ser el primero en conseguir "la noticia". Todo cambia cuando muere el amor de su vida y madre de sus dos adorables hijos, y Mee decide que necesita comenzar de nuevo, por el bien de los chicos y su salud mental. Deja su puesto, busca una casa en el campo y se decide por una propiedad destartalada ubicada en un ondulado y seductor terreno que incluye un parque privado repleto de animales —incluso un león, un oso pardo y un puercoespín—.

En el parque trabaja un grupo variopinto de empleados, que esperan que les paguen sus sueldos mensuales, aunque no fueron incluidos en el precio de venta. Entre ellos está la guardián principal del zoológico Kelly Foster, interpretada por Scarlett Johansson, en una de sus mejores actuaciones últimamente; y su compinche, Robin Jones, papel desempeñado por Patrick Fugit (con su mono capuchino), que primero dejó su huella, también dirigido por Crowe, en Almost Famous (Casi famosos). El muy unido grupo al principio no confía en su nuevo dueño, y con razón. Mee le dice a los escépticos —entre ellos su hermano, Duncan, interpretado con facilidad por Thomas Haden Church— que definitivamente no se ha vuelto loco. Insiste que él sabe que ha hecho lo correcto —especialmente cuando le ve el rostro a Rosie (interpretada por la angélica y encantadora Maggie Elizabeth Jones), de 7 años, mientras se ocupa de una mamá pavo real y sus polluelos.

Pero todo no es dicha y felicidad. Dylan (Colin Ford), el hijo de 14 años, ya herido por la pérdida de su mamá, extraña a sus amigos de la ciudad y no comprende por qué su padre lo ha mudado al campo. Y Mee está gastando mucho dinero para cuidar a los animales mientras intenta rehabilitar el parque lo suficiente para cumplir los estrictos criterios del inspector que otorga las licencias, Walter Ferris (John Michael Higgins de Best in Show (Very Important Perros)) y volver a abrirlo, en la primavera, al público.

El dinero llega, a través de un milagro. Algunos podrían debatir que el resultado final es artificial. Yo digo, "De veras se requiere de todo un pueblo".

Crowe le dedica bastante tiempo, por medio de escenas retrospectivas, al relato de la historia de amor entre Mee y su difunta esposa (interpretada, casi sin diálogo, por la actriz de carácter Stephanie Szostak). Es una interpretación tierna y conmovedora, en la cual se basa Damon para interpretar a su personaje a medida que se desarrolla la acción en la actualidad. Mee se aflige con realismo —al principio defensivo, luego confundido, después triste y realista y por último tranquilamente resignado—. Vemos la encantadora sonrisa asimétrica de Damon no más de tres veces en el filme, y es perfectamente emblemática de Mee (o cualquier persona que haya sufrido una pérdida profunda) al haber logrado ese poquito de felicidad que es justo lo necesario. Si él no fuera un papá devoto (ambos en la pantalla y en la vida real), nada de esto funcionaría —pero no cabe duda de que sí funciona—.

P.D. Es un verdadero placer mirar los animales, y la música le encantará a aquellos nacidos entre 1946 y 1964, los boomers (el islandés Jónsi, que antes colaboró en How to Train Your Dragon (Cómo entrenar a tu dragón) y Vanilla Sky realizó la música) —Crowe tiene oído para nosotros—.

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